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Yo en ti por Mascayeta

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Notas del capitulo:

Bien como todo lo que comienza acaba, este es el último capítulo de "Yo en tí", gracias por sus comentarios y por acompañarme hasta el final.

Mata ne

Ahí estaba parado frente a la puerta del restaurante vestido de blanco y negro según las indicaciones y sin la menor idea de que hacer o decir, ya que desde hacía mucho tiempo no asistía a una reunión que no fueran las organizadas por Marukawa.


Entregó la invitación, una vez verificado su nombre se le pregunto si quería ubicarse en una mesa o en la barra. Como no pensaba demorarse demasiado, prefirió la segunda opción.


El barman vestido al igual que los demás empleados totalmente de blanco con un antifaz negro, le dio la bienvenida pasándole un coctel sin licor de colores azules con un suave sabor cítrico. En la medida que lo probaba recordó el día que Yokozawa le sirvió de conductor y él por bromear, le envío uno parecido, podría asegurar que la mezcla era la misma. Antes de retirarse para conocer el local pregunto cuanto debía, solo obtuvo una brillante sonrisa con un "invitación todo incluido". Asumió por la mirada del castaño que el consumo era ilimitado. Tendría que agradecer a Tadachi por el tan inesperado regalo.


El restaurante tenía dos ambientes, el primer salón mantenía un estilo minimalista que guardaba los colores blanco y negro como decoración. Por un instante se sintió como parte de esta, quizás esa era la intención del anfitrión. Al fondo del lugar se abría un jardín decorado con vitrales y en donde se había establecido la pista de baile, predominando varias parejas de menos edad que las que se encontraban en el primero, y una gran cantidad de turistas de diversas nacionalidades.


En ambos lugares se encontraba una mesa de buffet con diferentes platos de la cocina nacional y algunos de la internacional. Su estómago le indico que casi no había comido en el día, así que acercándose a la mesa pudo sentir un aroma que le transporto a los momentos en que su vida era tranquila y con la esperanza de tener un hogar.


- Le recomiendo el estofado de puerco y el curry especial de la casa. – La voz de la anciana lo saco de su recuerdo, sonriendo acepto la sugerencia sirviéndose una porción de cada uno, sin poder negarse se vio recibiendo unas salchichas pulpo en un pequeño plato como si fueran una entrada - ¿Postre?


- Poco amante de ellos realmente, pero ¿qué me aconseja? – fascinada por la hermosa sonrisa del castaño la mujer se ruborizo. Retomando su postura – Él esta noche hizo dos dulces que al igual que a su hija me fascinan, ¿me harías el honor de compartirlos conmigo?


Zen ratificó con la cabeza mientras tomaba el plato de su acompañante para que ella pudiera recoger la bandeja que la joven mesera le entregaba. La chica mostraba un hermoso cabello castaño similar al suyo, y unos ojos brillantes que le hicieron vibrar al decir "¡Itadakimasu!", por un momento pensó que tenía al frente a Hiyori y recordó la foto de Yokozawa con el delantal de lunares rojos. Sintió lo lejano de esa época.


Agradeciendo con una reverencia, el editor vio los postres con terrible nostalgia. Las magdalenas de té verde junto al pudín de manzana que el asesor de ventas acostumbraba a prepararle a su hija, estaban bellamente emplatados con una tarjeta de "Feliz Año Nuevo", escrita de puño y letra del que debía ser el dueño del lugar.


La anciana lo miro con ternura, empujándolo a su mesa, le permitió recordar algo del cálido ambiente familiar de su adolescencia. Después del agradable momento se aproximó nuevamente a la barra pidiendo un trago pero esta vez con licor. El restaurante comenzó a vibrar con las luces y la música de moda que era colocada por el DJ contratado. Saco su celular y envió un mensaje a su hija. Para su sorpresa la adolescente le contesto advirtiéndole no ocuparse demasiado a media noche.


- ¿Su novia?


- Mi hija... - contesto Zen recibiendo la copa que le era ofrecida.


- Es el trago de la casa – cualquier duda tendría que ser resuelta después, ya que al igual que los demás empleados, el cantinero ocupo el rol que tenían para dar inicio al espectáculo de Noche Vieja.


Las mesas fueron vaciándose para llegar al jardín iluminado con antorchas cuyo techo fue abierto, para dar paso a una hermosa noche estrellada. Kirishima vio como cada uno de los presentes recibía un antifaz blanco, pero a él le entregaron un pequeño papel donde se leía una frase que comprendió no fue dada por simplemente casualidad:


La razón por la que fui capaz de enfrentarlo sin escapar... fue gracias a ti.


Esas palabras habían sido dichas por Yokozawa el día que se le declaro. Tratando de buscar a quien le había dado la tarjeta, camino entre la mascarada... su mano fue sujetada para obtener un nuevo documento:


Jamás creí que me enamoraría de alguien de nuevo, y antes de que me diera cuenta, tenía la mirada puesta en ti.


Esa frase era suya, la dijo cuando tuvieron la discusión por Yasuda. Su corazón latía fuertemente, por un momento pensó que quienes le veían podían escuchar el golpeo y lo agitado de su respiración. El barman que por alguna razón le pareció en ese momento conocido con esa sonrisa de príncipe de manga shoujo, que sin lugar a dudas había visto años atrás en Marino Books,  le entrego una servilleta con su bebida favorita.


Cuando vio el agitador, este lucía otro de sus discursos:


No puedo cambiar esa realidad y por esa parte de mi pasado, yo soy la persona que soy hoy en día... Es lo mismo para ti, ¿verdad?


La única verdad en ese instante era que quería matar a Masao; acaso la invitación era una forma de cobrarle el sufrimiento que causo a Takafumi o de enloquecerlo por completo. ¿Qué era esa estupidez? Indudablemente un juego macabro del que quería conocer el final.


Evadiendo a los que iban saliendo del primer salón que había quedado vacío, pudo fijar su vista en el varón recostado en una de las paredes del fondo... no podía equivocarse.


Inmediatamente lo reconoció a pesar del antifaz... a unos pocos metros suyo se encontraba el hombre que estúpidamente permitió fuera alejado de su vida durante cuatro años para convertirse en el despojo humano que actualmente era... antes de poder abrazarlo, el ojiazul le entrego una última tarjeta.


Tras leerla, tomo el rostro que amaba entre sus manos para besarlo como tanto evocaba…


En medio del ruido de los fuegos artificiales, detrás de las cajas de licores, sobre un mantel lanzado de manera descuidada en el frio piso de la bodega, escondidos como adolescentes, el Año Nuevo dio la bienvenida a los amantes entre gemidos, disculpas y promesas por cumplir.


Mientras se hundía una y otra vez en el cuerpo de Takafumi, Kirishima se prometió que cada día le agradecería que a pesar de todo lo vivido, él le hubiese recordado que su verdad era lo que decía esa tarjeta:


No tengo ninguna intención de dejarte ir.


Tú eres el único con el que quiero pasar el resto de mi vida.


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