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Lo Que Me Une a Ti por nubelin4

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Notas del capitulo:

ACLARACIONES:

 - Los personajes de Naruto no me pertenecen.

 - Al inicio Sasuke tiene 20 años y Menma 21.

 - Naruto no es hijo de Kushina y Minato.

 - Gaara es un Uzumaki.

 - Universo Alternativo 

1961


 


 


 


 


—¡MENMA! 


 


El grito desesperado de Sasuke hizo que el caballo en el que viajaban se agitara y soltara un breve relincho, mientras que el joven pelinegro que lo guiaba jadeó sobresaltado. 


 


—¡Deja de gritar, por favor! O Kokuo nos va a tirar —dijo entre divertido y exasperado. Su novio había estado reclamando durante todo el trayecto, lo que le hizo plantearse más de una vez si sacarlo de paseo fue realmente una buena idea— Eres insoportable, querido. 


 


Sasuke abrió la boca indignado. 


 


—Es fácil decirlo cuando no eres tú el que lleva puesta una maldita venda en los ojos hace media hora —refunfuñó arrugando la nariz al recordar la inmensa odisea que había sido convencerlo de cubrir su vista cuando se encontraba montado en un caballo— ¿Vas a decirme a donde vamos? 


 


—Te dije antes de venir que era una sorpresa —respondió el ojiazul suspirando ante la insistencia. 


 


—Vaya sorpresa —susurró Sasuke rendido. 


 


Menma y Sasuke cruzaban los extensos y verdes prados del Valle de la Hoja. El segundo comenzaba a desesperarse, pues paciencia era lo que siempre le faltaba, sin contar que el trasero y las piernas empezaban a dolerle. 


 


Como sabía que cualquier cosa que dijera no sacaría a su novio de su obstinación, apretó su agarre en la cintura de Menma y apoyó su rostro sobre su espalda, inhalando el aroma a lavanda y perfume de su chaqueta, aquel característico aroma que siempre lo embriagaba de paz. Cerró los ojos debajo de la venda y, por primera vez en todo el viaje, decidió permanecer quieto y relajarse. 


 


—¿Estás muy cómodo ahí? —oyó a Menma reír. Se había dejado tanto llevar por sus sentidos que no notó que, pasado un tiempo, se habían detenido. 


 


—Sí —contestó con una media sonrisa— Eres mi peluche personal. 


 


Kokuo resopló de fondo. 


 


—Pues tendrás que disculparme, porque acabamos de llegar. 


 


Sasuke reprimió un suspiro de alivio— ¿Puedo quitarme esta estúpida venda? 


 


Menma bajó de un salto del caballo y le dio unas cuantas caricias en las orejas. Luego, miró al azabache que seguía sentado sobre el corcel de brazos cruzados. 


 


—Espera un segundo. Yo voy a quitártela. 


 


Se acercó hasta él, y tomándolo suavemente de las caderas, lo colocó de pie en el suelo. Tomó su mano y lo atrajo hacia sí para quitar el nudo de la venda. Sasuke tuvo que parpadear para acostumbrar su vista a los rayos de sol que lo golpearon en el rostro. 


 


Caminaron tomados de la mano unos metros, y cuando se detuvieron, las cejas de Sasuke se elevaron y su boca se abrió, pero nada salió de ella. Miró sobre el hombro a Menma, quien se encontraba detrás suyo observándolo fijamente, expectante por su reacción. 


 


—Es un regalo de bodas adelantado —dijo sin apartar la mirada. 


 


—No lo hiciste —respondió Sasuke sin salir de su incredulidad. 


 


Frente a ellos, se imponía una hermosa y amplia casa rústica, situada justo al pie de una colina. Tras ella se alzaban frondosos árboles que le otorgaban un toque mucho más campestre. La casa, pintada de un color rojo ladrillo, constaba de dos pisos y varios ventanales enmarcados con madera. 


 


Menma comenzó a sentirse ansioso ante el prolongado silencio de su prometido. Fueron semanas de ardua búsqueda por encontrar el lugar adecuado en el cual vivirían por el resto de sus vidas una vez que estuviesen casados. Conocía lo suficiente a Sasuke como para saber que podía llegar a ser muy exigente con respecto a temas importantes, como lo era el escoger la casa ideal. 


 


—¿Qué te parece? —preguntó mordiendo su labio inferior, nervioso— No es tan ostentosa como tu casa, pero es del estilo que te gusta, y pienso que sería un buen lugar para -. 


 


Sasuke detuvo su balbuceo, posando una mano sobre su boca— ¡Por supuesto que me gusta, tonto! Es hermosa —exclamó con ojos brillantes y volteando a ver una vez más su futura casa. No pudo evitar saltar encima de él y darle un abrazo apretado. Cualquier cosa que proviniera de su tonto y querido Menma le encantaría. 


 


Una sonrisa apareció en el rostro de Menma— Me alegra que te guste —dijo en cuanto se separaron— Porque este será nuestro futuro hogar. 


 


Menma y Sasuke se conocieron hace dos años, salían desde hace un año y medio, y se habían comprometido hace uno. Los dos estaban a pocos días de casarse, boda que se realizaría el mismo día en que se cumplirían dos años exactos desde que sus miradas se encontraron bajo un cálido sol primaveral. Dos años que para Sasuke habían sido los mejores de su vida, ¿y qué otra manera de celebrarlos, que enlazando sus vidas para siempre? 


 


Sasuke estaba seguro de que Menma era aquel tipo de persona que sólo conocías una vez en la vida, ese alguien con el que sientes una conexión especial y tan difícil de explicar con simples palabras. 


 


Menma, por su parte, sentía exactamente lo mismo. Sasuke lo había cautivado con su belleza y carácter agridulce, pudo aprender a quererlo con todos sus defectos y virtudes. Desde el primer momento, supo con certeza que se convertiría en alguien muy importante dentro de su vida. 


 


Una hora transcurrió desde su llegada, en donde recorrieron hasta el último rincón de la vivienda, hablando y bromeando acerca de todas las cosas que harían una vez que vivieran en aquel sitio que con orgullo llamarían suyo desde la semana próxima. 


 


A mediodía, regresaron a la gran finca de la familia de Sasuke, ubicada a quince minutos del centro del Valle. 


 


El chofer de la familia, Shikaku Nara, estaba recargado de espaldas sobre uno de los autos mientras fumaba un cigarrillo, se precipitó a abrirles el portón de entrada. 


 


—Gracias, Shikaku —dijo Sasuke. 


 


El hombre volvió a cerrar el portón y se quitó el sudor de las manos— Para servirle, joven —respondió apagando el cigarrillo. Fijó su mirada en Menma— ¡Joven Uzumaki, que gusto verlo! Hace días no lo veía por acá. Sus hermanos llegaron hace poco. 


 


—También me da gusto verte, Shikaku —saludó Menma con una sonrisa y una inclinación de cabeza, para después desmontar a Kokuo y ayudar a Sasuke a bajar— Últimamente no he tenido tanto tiempo libre, el restaurante me mantiene ocupado —Shikaku asentía mientras Menma hablaba— Además hemos estado alistando los últimos detalles para nuestro matrimonio al que supongo asistirás, ¿no? 


 


Shikaku asintió enérgicamente— No me lo perdería por nada, joven. Allí estaremos con Yoshino. 


 


— Los esperamos entonces. Por cierto, felicidades a ti y a tu esposa por el bebé. 


 


— Gracias, joven Menma —dijo sonriendo— ¿Quiere que lleve a su caballo al establo? Ha de estar sediento. 


 


Menma aceptó y agradeció la atención. Una vez que Shikaku se alejó junto a Kokuo, Sasuke y él entraron a la casona. Se dirigieron al salón principal en donde los demás les esperaban. 


 


—¡Sasuke, Menma! Al fin llegaron, los estábamos esperando —los recibió Fugaku Uchiha, sacudiendo la mano de Menma y luego abrazando a su hijo. 


 


—¿Te gustó tu sorpresa, Sasuke-kun? —preguntó la hermana de Menma, Karin Uzumaki, sentada en uno de los elegantes sofás, cargando en brazos al pequeño Gaara, el menor de los hermanos Uzumaki. 


 


Apenas el pequeño pelirrojo divisó a su hermano mayor, sus grandes ojos turquesa se abrieron de emoción y comenzó a retorcerse en los brazos de Karin. Menma besó la brillante cabeza roja de su hermana, y se apresuró a cargar a Gaara quien no dejaba de gritar de alegría por su hermano mayor. 


 


— Debo reconocer que jamás me imaginé que Menma tuviera un gusto tan acertado, Karin. 


 


— ¿Tan poca fe le tienes a tu futuro esposo, hermano? 


 


Sasuke volteó a ver al azabache de ojos negros recién llegado al salón, que sostenía un ramo de rosas rojas y depositaba dentro de un florero de cristal. 


 


—Menma me ha dejado gratamente sorprendido, Charasuke. 


 


Charasuke le respondió con una sonrisa. Él y Sasuke eran hermanos gemelos, y como tales, crecieron unidos desde muy pequeños. Ambos poseían caracteres opuestos, sin embargo, aquello lejos de ser una barrera entre los dos, era lo que los hacía más unidos, ya que con sus personalidades podían complementarse el uno al otro. 


 


Fugaku, quien se había retirado del salón, reapareció junto a un sirviente que cargaba una bandeja con cinco copas de vino y un vaso con jugo de manzana, los que fue entregando uno a uno. 


 


— Antes de pasar al comedor, me gustaría que hiciéramos un brindis, aquí, por Menma, a quién con mucho gusto recibiré como un hijo más cuando él y mi querido Sasuke se casen en unos días -inició diciendo el Uchiha mayor alzando su copa— Y desde luego, también a la bella Karin y al pequeño Gaara, que al igual que su hermano, formarán parte de la familia Uchiha. A mi esposa Mikoto la pondría muy feliz ver cómo nuestra familia crece cada vez más -finalizó observando nostálgico el grande retrato de una hermosa mujer de largo cabello negro. 


 


Sasuke y Charasuke sonrieron tristemente. 


 


— Muchas gracias, señor Fugaku -dijo Menma— De verdad, jamás terminaré de agradecerle lo bien que nos ha tratado a mis hermanos y a mi. 


 


— Sólo deseo que hagas feliz a mi hijo. Con ello me consideraré pagado. 


 


— Lo haré, se lo prometo —respondió el ojiazul mirando a Sasuke con un brillo tierno en los ojos— Él es mi amor, jamás le haría daño. 


 


—¡Por los futuros esposos! —brindó Charasuke. 


 


Minutos después del brindis, Fugaku volvió a tomar la palabra. 


 


—Hay algo más que quiero comunicar. 


 


Charasuke enarcó una ceja— ¿Qué cosa, padre? 


 


—Ayer hablé con Itachi, y nuestra conversación me ayudó a reafirmar la decisión que he tomado. 


 


Todos los presentes lo miraron atentamente curiosos, a excepción de Gaara, que jugaba con unas figurillas antiguas sentado en el suelo. 


 


Fugaku se acercó a Sasuke y colocó una mano sobre el hombro de este- Lo he estado pensando hace muchas semanas, meses diría yo. Desde que eras niño siempre tuve la convicción de que estabas hecho para afrontar grandes cosas y desafíos, así que una vez que llegue el momento de que yo dé un paso al costado, quiero que te hagas cargo de Akatsuki. 


 


El azabache elevó sus cejas y abrió los ojos ante la repentina petición de su padre, por poco dejando caer su copa de la impresión. Aquella sería una de las pocas veces que Sasuke se quedaría sin palabras. ¿Había escuchado bien? ¿De verdad su padre planeaba dejar en sus manos la empresa de la familia? Sasuke no dudaba de sus capacidades, pero tomar el mando de Akatsuki, la abastecedora de recursos agrícolas más grande del Valle de la Hoja, era una enorme responsabilidad. 


 


Fugazmente buscó la mirada de Menma, la cual apenas encontró la suya, logró transmitirle la seguridad y tranquilidad necesarias para darle una respuesta a su padre. 


 


—Padre —comenzó diciendo. Su corazón golpeaba feroz contra su pecho- Es una decisión muy importante que me tomó por sorpresa. 


 


El hombre sonrió con cariño, dándole suaves palmaditas en el hombro— Lo sé, hijo. No es algo que deba tomarse a la ligera, y no deseo que te sientas presionado a darme una respuesta concreta ahora. Confío en tu brillante juicio. 


 


Para su disgusto, Sasuke sintió como su garganta se contrajo y sus ojos se aguaron. De pequeño, Sasuke siempre disfrutó pasar tiempo con su padre, ya fuera acompañándolo en sus largas horas revisando papeles en casa, recorriendo el sembrado o simplemente paseando por los frutales a caballo. Mientras Charasuke fue atendido por su madre, Sasuke se crió al lado de Fugaku. 


 


Y ya siendo un adulto, que él le tuviera tal grado de confianza como para dejar a Akatsuki en sus manos, realmente significaba mucho para Sasuke. 


 


—Se lo agradezco mucho, padre. Es un honor que ust-. 


 


El estruendo de un vidrio rompiéndose cortó la respuesta del pelinegro. Apartó la mirada de los ojos de su padre y vio a Charasuke sosteniendo la mitad de su copa quebrada y un leve rastro de sangre en sus dedos. 


 


—¡Cielos, Charasuke! ¿Estás bien? —preguntó Menma acercándose a él y examinando su mano. 


 


—¡Ay, te cortaste! —exclamó Karin. 


 


—¿Crees que debamos llamar a Sakura? —inquirió Fugaku. 


 


—No es necesario, sólo fue un corte pequeño. Le diré a una de las sirvientas que lo cure —contestó Charasuke riendo. 


 


—Te acompaño. 


 


—Gracias, padre —contestó soltando el agarre de Menma sobre su mano. Los dos caminaron hasta el umbral del salón, y antes de salir, Charasuke se giró hacia su hermano con una sonrisa— Felicidades, hermano. 


 


Alrededor de quince minutos después, Charasuke tenía tres de sus dedos vendados. Sentado en un banquillo de la cocina, esperaba el regreso de su padre que había subido a su estudio para atender una llamada importante. 


 


Acababa de pedirles -nada- amablemente a los empleados que se retiraran de allí, pues no quería ningún oído indiscreto oyendo lo que tenía que decir a Fugaku. 


 


—¿Te encuentras mejor? —preguntó la alta figura de Fugaku apareciendo al interior de la cocina. 


 


—No fue nada grave, por suerte. 


 


—Espléndido. Entonces volvamos al salón. 


 


Charasuke se puso de pie— Antes de eso, padre, quisiera hacerle una pregunta. 


 


Fugaku lo observó seriamente— ¿Qué sucede? 


 


El joven tomó una respiración profunda antes de hablar— ¿Por qué decidió entregarle Akatsuki a Sasuke? —formuló muy lentamente. Tuvo que usar mucho de su autocontrol para que el tono casi colérico pasara inadvertido. 


 


Al parecer, el hombre no se esperaba aquella pregunta, y parpadeó un par de veces guardando silencio. 


 


—¿Por qué te causa extrañeza? 


 


El azabache quiso rodar los ojos— Pues yo, al igual que todo integrante de esta familia, comprende la magnitud que significa entregar la empresa que ha sustentado a los Uchiha generación por generación. 


 


—¿Estás cuestionando mis decisiones? 


 


—Sólo pido razones, padre. No hay nada de malo en ello. 


 


—Me parece que las razones son más que evidentes —afirmó Fugaku frunciendo el ceño. No entendía la actitud de Charasuke— He envejecido, mi cabeza ya está demasiado exhausta para seguir manejando una empresa del tamaño de Akatsuki. Tu hermano, Itachi, ya tiene una vida hecha y no quiere tener nada que ver con la distribución de productos y la revisión de cuentas financieras. Pero estoy seguro de que Sasuke no tendrá problema alguno, él es capaz de seguir remando. 


 


—Sasuke estuvo cuatro años lejos de casa. No conoce los asuntos de la finca, entonces, ¿cómo podría saber acerca del manejo de la empresa? 


 


—Tu hermano es inteligente, y sé que ha aprendido lo suficiente estos últimos dos años. 


 


—Claro —masculló Charasuke entre dientes— Sasuke siempre ha sido su favorito. 


 


Fugaku suspiró con cansancio frotándose las sienes— Charasuke, no empieces con eso otra vez 


 


—¿Acaso estoy mintiendo? 


 


—No voy a perder el tiempo discutiendo estupideces —sentenció Fugaku negando con la cabeza. 


 


—Siempre lo que tengo que decir, para usted no es más que una estupidez. 


 


Las cejas de Fugaku se fruncieron cada vez más y su mirada feroz se acrecentó— ¿Será que tu querías obtener el mando de Akatsuki? ¿Tienes la mínima idea de todo el trabajo y sacrificio que eso conlleva? 


 


—Cómo he de saberlo, si usted ni siquiera me da la oportunidad. 


 


Su padre rió con sorna— ¡Por favor, escúchate Charasuke! No tienes los estudios ni la preparación adecuada para tomar esa responsabilidad. Cuando Sasuke viajó a Tokio para entrar en la universidad, tú preferiste quedarte aquí. 


 


Charasuke apretó la mandíbula— Mi madre...


 


—¡Tu madre ya no está! —alzó la voz, interrumpiendolo. Luego tomó una pausa antes de continuar— No estoy dispuesto a soportar más berrinches tuyos. Hoy es un día especial. No lo arruines —le advirtió levantando su dedo índice. 


 


Se dio media vuelta dando zancadas y desapareciendo de la cocina,  dejando a Charasuke con la palabra en la boca. 


 


¡Cuánta desdicha sentía! ¿Por qué su padre insistía en subestimarlo de esa manera? ¿Por qué entronizaba a Sasuke y a él lo hacía a un lado sin más? Podía sentir el avasallador fuego de la envidia quemándole las entrañas. 


 


— Te odio, Sasuke —expresó con la respiración agitada y entre lágrimas de rabia— No voy a dejar que te quedes con Akatsuki.

Notas finales:

Buenas soy lust4life :9 He perdido mi otro user y, sinceramente, dudo mucho que me regresen mi clave y pueda seguir usandolo :( Luego de reflexionarlo mucho, sólo me queda resignarme y comenzar a trabajar desde cero. No me gustaría dejar esta bella historia. Así que he tenido que resubirla. Al menos se trataba solo de dos capis :'c 

Sería lindo que las personas que leían el otro fic no me abandonaran en esta historia uwU (que técnicamente es la misma). 

Muchas gracias y terminaré de resubir el resto. Nos leemos :) <3


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