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Lo Que Me Une a Ti por nubelin4

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Notas del capitulo:

Lamento la tardanza :(

ADVERTENCIA [!]: Mucha Angst

 

Los personajes de Naruto no me pertenecen.

Sasuke estaba sentado en el borde de una camilla de hospital, retorciéndose los dedos y con los estribos al límite.

 

Había estado encerrado, literalmente, casi una hora entera después de que Sakura terminara de cocer el corte en su mejilla. Desde entonces, no se le permitió dejar la habitación, y cada cierto tiempo entraba un paramédico para verificar que no se hubiese movido de allí. Sasuke ya sentía que podía estrangular a alguien.

 

¡Tenía que ver a Menma cuanto antes! La incertidumbre lo estaba torturando. Perdió la cuenta de todas las veces que rogó por una respuesta, pero nadie decía absolutamente nada. 

 

El recuerdo de Menma tirado en el piso y lleno de sangre, se repetía incesantemente en su cabeza, provocando que su pecho se contrajera en punzadas dolorosas. 

 

Una pareja mayor los había ayudado llamando a la ambulancia, la cual por suerte no tardó en llegar. Durante el viaje hacia el hospital, Menma seguía respirando. Sasuke permaneció junto a él sosteniendo su mano, hasta que llegaron al hospital y a Menma lo trasladaron a la sala de cirugía y a él a la de curaciones. No dudó en oponerse a que los separaran, pero Sakura lo calmó y convenció de que la herida en su rostro debía ser atendida con urgencia, antes de poder contraer algún tipo de infección.

 

Frotó su mano contra su pecho en un intento de aminorar la terrible angustia que sentía. 

 

De pronto oyó la voz de su padre proveniente del pasillo. Probablemente Sakura lo había llamado. 

 

No pudo seguir esperando, así que se levantó y corrió con torpeza hacia la puerta. Apenas abrió y asomó la cabeza, se formó un nudo en su garganta cuando vio a su padre sentado y tomándose la cabeza con las manos. Charasuke estaba a su lado, con los ojos muy abiertos y cubriendo su boca con una mano. 

 

Sakura estaba de pie junto a ellos, dándole la espalda. Oyó el chirrido de la puerta y volteó a verlo. Ella tragó dificultosamente.

 

—¿Dónde está Menma? Quiero ir a verlo. 

 

Nadie respondió.

 

—¿Por qué nadie responde? ¡Dije que quiero ver a Menma! —Pese al nudo dentro de su garganta, alzó su tono de voz— Ha pasado una hora y sigo sin noticias de él.

 

Fugaku se levantó y fue a abrazarlo.

 

—¿Qué pasa? —preguntó Sasuke. El ritmo de su corazón se aceleró.

 

—Hay que decírselo —dijo Sakura en voz baja, evadiendo la mirada.

 

—¿Decirme qué? 

 

Fugaku lo miró, y tras unos segundos, suspiró con pesadez. Luego observó a Sakura y asintió.

 

Ella se acercó y con voz temblorosa, habló— Estaban operandolo, intentaron detener la hemorragia, pero uno de sus órganos quedó muy comprometido. Los médicos hicieron todo lo posible por reanimarlo, pero él no resistió la cirugía —Los ojos de Sakura se cristalizaron— Se ha ido, Sasuke.

 

Sasuke parpadeó incrédulo.

 

—¿Qué dijiste? —preguntó roncamente.

 

—Menma está mue...—.

 

—¡ÉL NO ESTÁ MUERTO! —rugió Sasuke sacudiendo la cabeza— Eres una mentirosa, no está muerto, ¡él no me dejaría!

 

Fugaku lo agarró del brazo— Sasuke por favor...

 

El rostro del pelinegro comenzó a enrojecer debido a la agitación. Pudo ver cómo las demás personas en el pasillo se giraban a ver lo que estaba pasando con miradas curiosas.

 

—Dije que quiero verlo. Si no me llevas tú, echaré abajo cada puerta de este maldito lugar hasta encontrarlo...

 

—Está bien, te llevaré —respondió ella vacilante— Es lo mínimo que puedo hacer.

 

Charasuke, quien estuvo ensimismado durante todo aquel tiempo, se aclaró la garganta— Iremos contigo, hermano.

 

Los cuatro se dirigieron al extremo opuesto del hospital y llegaron hasta la entrada de la sala de operaciones. Charasuke y un preocupado Fugaku esperaron afuera, mientras que Sakura y Sasuke ingresaron al interior.

 

La mujer de cabello rosa cerró los ojos con fuerza.

 

—Sasuke, si no te sientes preparado no es...—.

 

—Necesito verlo, por favor —contestó él. Su expresión y su voz no dejaron entrever ningún signo de emoción.

 

Sakura suspiró, y lentamente se movió hasta la camilla ubicada en el centro de la habitación. De ella sobresalía un bulto cubierto con una sábana de extremo a extremo. Con delicadeza, levantó la tela blanca y la corrió hasta la altura de la clavícula. Sasuke se colocó junto al cuerpo, observando atentamente el rostro pálido de Menma.

 

Extendió una mano temblorosa, y con la punta de sus dedos acarició su pómulo derecho. Su piel estaba tan fría. 

 

Sasuke mantenía la esperanza de que en cualquier momento esos hermosos ojos azules se abrirían. Sonrió débilmente y dejó escapar una risa. Sakura frunció el ceño.

 

—Parece que estuviera dormido —murmuró él con cariño. Se acercó más al cuerpo de Menma, y depositó un beso en su mejilla.

 

Tras unos pocos minutos de silencio, cuatro golpes sonaron desde la puerta y, seguido, esta se abrió a medias y asomó la cabeza de un enfermero del hospital.

 

—¿Sakura? —Ella se giró a verlo— La policía está aquí.

 

Y aquella se convertiría en la noche más larga en la vida de Sasuke.

 

Al día siguiente, la muerte de Menma Uzumaki, el quizás mejor chef que tenía el Valle de la Hoja, fue el tema principal de los cuchicheos entre los habitantes de allí. 

 

Eran las once de la mañana cuando Charasuke caminaba por las calles de la zona más apartada del Valle. A medida que avanzaba, las infraestructuras de las viviendas se veían empobrecidas y destartaladas. Apuró el paso. No sería conveniente que lo vieran en un lugar así.

 

Hizo una mueca, pues los pies comenzaban a dolerle. 

 

Tuvo que pedirle a Shikaku que lo dejara en el centro, y desde ahí recorrer casi un kilómetro a pie. Esto último sólo incrementó su malhumor. Asimismo, su aspecto no iba tan arreglado como a él le gustaba, ojeras se formaron bajo sus ojos producto de una espantosa noche de insomnio.

 

Entró a un edificio de fachada descuidada. Al interior estaba bastante oscuro, por lo que procurando no tropezar con nada, subió por la escalera en espiral que conducía al piso superior. Se dirigió a la segunda puerta del corredor y tocó tres veces. Del departamento aledaño salió un hombre, barbudo y desaliñado, dando un sonoro portazo e ignorando los gritos cargados de improperios que una mujer le lanzaba desde el interior. Miró con lujuria a Charasuke de arriba abajo sin ningún tipo de pudor, antes de seguir su camino y descender por las escaleras. 

 

Charasuke sintió que se le revolvía el estómago, y se recordó a sí mismo que aquella sería la última vez que tendría que pisar ese lugar tan desagradable.

 

Tocó la puerta más fuerte y durante más tiempo esta vez, hasta que oyó pasos acercándose y la puerta abrirse.

 

—Ah, estaba esperando tu visita —dijo el hombre frente a él, para luego apartarse y volver hacia el interior.

 

El pelinegro entró y cerró la puerta detrás suyo.

 

—Créeme que no estoy aquí por gusto.

 

Su anfitrión lo ignoró, yendo de aquí para allá mientras empacaba mudas de ropa en un bolso grande puesto sobre una mesa. Se movía cuidadosamente, y una gruesa venda que cubría parte de su brazo llamó su atención.

 

—¿Ya te vas? —preguntó Charasuke interesado.

 

El hombre lo miró— Ya es hora de largarme de aquí. Nunca me quedo mucho tiempo en un mismo lugar. ¿Me trajiste el dinero?

 

—¿Y todavía tienes el descaro de pedírmelo? —inquirió Charasuke riéndose con burla— Ni siquiera debí darme el tiempo de venir.

 

—Pero viniste porque sabes lo que te conviene —respondió él estrechando los ojos y en un tono amenazante— Yo no le trabajo gratis a nadie .

 

—No hiciste el trabajo como te lo pedí, Zabuza —masculló sosteniendo la mirada— Sasuke no está muerto.

 

Zabuza rio y caminó hasta un mueble cercano, desde donde sacó una cajetilla de cigarrillos y un encendedor.

 

—Ese era el plan —Con el brazo bueno, se metió el cigarrillo a la boca y luego lo encendió— Todo habría salido bien si el imbecil del novio no hubiese metido la nariz.

 

—Él murió anoche en el hospital.

 

El otro hombre asintió— No quiso obedecer cuando le dije que se mantuviera apartado. Él mismo se buscó ese final.

 

Un escalofrío recorrió la espalda de Charasuke. Era obvio que Menma nunca permitiría que dañaran a Sasuke. Ese hombre estaba cegado por su hermano, y honestamente, Charasuke aún no comprendía cómo alguien tan aburrido y desagradable como Sasuke, había hecho que un hombre de la gracia y caballerosidad de Menma, se enamorara tanto de él. 

 

Sasuke jamás mereció el amor de Menma. 

 

—Eso no cambia el hecho de que no hayas cumplido con lo que te pedí, y por lo que se te está pagando —reclamó Charasuke mientras caminaba por la habitación— No imaginé que algo así pudiera ocurrir, y ahora todos mis planes no valen nada.

 

Zabuza arrojó la colilla del cigarrillo al suelo— Bueno... uh, esta es la primera vez que fallo en uno de mis encargos, y no me gusta quedar mal con mis clientes. Puedo acabar con tu hermano, y esta vez será la definitiva.

 

Charasuke lo consideró un momento. Con Sasuke fuera del camino, tenía la certeza de que la compañía de su padre sería totalmente suya. Si Sasuke moría, su padre se derrumbaría, y entonces él estaría allí para él, dándole todo el cariño y apoyo que fuera necesario. Finalmente su padre lo apreciaría y admiraría de la misma forma en que admiraba a Sasuke.

 

Suspiró. Estaba a punto de cumplir su máximo objetivo, pero debía pensar con la cabeza fría y sin sentimentalismos.

 

—No. La policía no tardará en comenzar a investigar, y que ahora algo le pase a Sasuke sería demasiado sospechoso —Mientras hablaba, del bolsillo de su abrigo sacó un fajo de billetes y lo extendió— Aquí tienes la otra mitad. Cincuenta mil yenes. Lo ideal es que desaparezcas hoy mismo.

 

—Así que me estás regalando dinero. Vaya, que considerado —dijo burlón.

 

—Por desgracia. No me conviene que algo le pase a Sasuke. Tendré que seguir aguantandolo. 

 

Zabuza iba a recoger el dinero, cuando preguntó con disimulada curiosidad— ¿Por qué odias tanto a tu hermano?

 

El menor apartó rápidamente su mano extendida y apretó los labios— No te estoy pagando para hablar sobre mi vida —gruñó molesto.




 

Sasuke despertó de un sobresalto. Levantó la cabeza de la almohada, entreabriendo los ojos y distinguiendo mínimamente lo que había a su alrededor.

 

Emitió un quejido cuando un molesto dolor de cabeza lo golpeó al tratar de levantarse. Sentía que su cabeza iba a estallar y tenía la garganta apretada. Abrió completamente los ojos para descubrir que no se encontraba más que en su dormitorio, aunque todo estaba muy oscuro.

 

Tambaleante, se puso de pie y descorrió las cortinas de la ventana, haciendo que entrara la luz del exterior. Ya era de día. ¿Cuánto tiempo había dormido? Arrugando el ceño se pasó la mano por la cara para desperezarse, rozando por accidente los puntos de sutura.

 

El ardor pasó casi inadvertido porque, de golpe, todo lo acontecido la noche anterior se reprodujo como una película en su cabeza.

 

Menma. 

 

Su garganta se apretó aún más, y cuando trató de respirar para calmarse, un sollozo salió de su boca. Una potente sensación de angustia se adueñó de su pecho, y sus ojos se inundaron de lágrimas.

 

Fue como si le hubieran arrancado de un tirón el corazón del pecho. Dolía tanto, que le fue imposible seguir aguantando, y al primer sollozo le siguió otro, y otro más, y cada uno más desgarrador que el anterior, en compañía de un torrente de lágrimas que mancharon sus mejillas.

 

¿Qué mal habían hecho en la vida para que algo así ocurriera? ¿Por qué Menma estaba muerto y no él?

 

Estos pensamientos acrecentaron la opresión sobre su pecho. Pensar que ya no vería a su amor nunca más, que no podría besarlo ni sentir la calidez de su cuerpo en un abrazo, dejaba su alma en ruinas.

 

Tuvo la necesidad de gritar de angustia, rabia y dolor. Y eso hizo. Gritó como una forma de liberarse.

 

Cuando sus fuerzas menguaron, cayó de rodillas al suelo. Y su llanto no cesó.

 

En el salón principal, un hombre de tez blanca y brillante cabello negro se encontraba sentado en uno de los sillones, moviendo nerviosamente su pierna de arriba abajo.

 

Charasuke entró al salón y apenas lo vio, ensanchó los ojos sorprendido.

 

—¿Itachi? —preguntó incrédulo. El aludido lo miró y sonrió cariñosamente— ¡Hermano, estás aquí!

 

Itachi se levantó y fue abrazarlo. Hace cuatro meses no se veían, pues él trabajaba en el Departamento de Psicología en la capital de Japón, y actualmente cursaba la mitad de su postgrado, por ende su tiempo libre era escaso y pocas veces viajaba al pueblo para visitarlos. Por lo general, eran ellos los que viajaban hasta la capital para verlo.

 

—¿A qué hora llegaste? —le preguntó Charasuke en cuanto se separaron.

 

—Hora y media, más o menos —respondió él— Se supone que no llegaría con Izumi hasta mañana temprano, pero apenas padre me llamó y me dijo todo lo que ocurrió, tomé el primer tren para llegar cuanto antes.

 

El menor asintió. Se abrazó a sí mismo con los brazos, sintiéndose de repente muy nervioso. Se aclaró la garganta.

 

—Todavía no puedo creer lo que pasó.

 

—Tampoco yo —contestó Itachi cabizbajo— Dios mío, qué tragedia. 

 

—Sin lugar a dudas esto no tenía que pasar —Itachi no captó el sentido oculto en las palabras de su hermano.

 

—Nuestro padre está con Karin. Él se está encargando de los trámites para el funeral. Van a velarlo hoy en la tarde —Hizo una pausa, parecía conmocionado— Menma no merecía morir así... él era un hombre increíble.

 

Charasuke puso una mano sobre el hombro de Itachi, reconfortandolo- No imagino cómo debes sentirte, ustedes eran buenos amigos. Pero todos estamos consternados, hermano.

 

—¿Dónde está Sasuke? —preguntó Itachi pasándose una mano por los ojos.

 

—Dormido, probablemente. Fue muy poco lo que dormimos anoche. Luego de salir del hospital tuvimos que acompañar a Sasuke a declarar a la estación de policía. Cuando llegamos quise que Sasuke pudiera descansar así que le di una pastilla para dormir...—De pronto, fuertes gritos interrumpieron la charla. 

 

Sobresaltados, ambos se miraron y corrieron hacia la habitación de Sasuke.

 

El mayor de los tres hermanos abrió abruptamente la puerta del dormitorio, temiendose lo peor. Para su alivio, Sasuke seguía entero y sin ningún signo de haberse lastimado a sí mismo (lo cual era el mayor temor de Itachi), pero la imagen de él, tirado de rodillas en el piso y cubriendo su rostro con las manos mientras lloraba a gritos, hizo que un grueso nudo se formara en su garganta.

 

Tuvo que reprimir su propia tristeza y respirar profundo. Itachi nunca había visto a Sasuke así, devastado a tal punto. Con sus emociones a flor de piel.

 

Lentamente se acercó a él y se arrodilló a su lado. Dio una mirada fugaz a la puerta y vio a Charasuke apoyado en el marco, respirando agitadamente por la carrera. 

 

Puso su mano sobre la cabeza de Sasuke, acariciándolo al mismo tiempo que le susurraba palabras amorosas.

 

Por unos segundos el llanto de Sasuke se detuvo, y se quitó las manos del rostro— ¿Ita-...Itachi? —hipó.

 

—Shh... no hables, hermano —dijo él atrayéndolo en un abrazo— Llora. Llora hasta que tu corazón se sienta un poco mejor.

 

Sasuke se aferró como en sus días de niñez al abrazo de Itachi. El llanto regresó, pero esta vez de manera silenciosa. Charasuke puso su mejor cara de pena y se sentó al borde de la cama, dando leves caricias a la espalda de Sasuke.

 

—Todo... todo fue mi culpa —dijo Sasuke con voz temblorosa por el llanto— Él murió por mi culpa.

 

—¡No, Sasuke! ¡Eso no es verdad! —exclamó Itachi.

 

—Sí... debí dejar que me llevaran —Charasuke arqueó las cejas— Debí dejar que me llevaran —repetía cerrando los ojos con fuerza.

 

—Nadie podría haber previsto lo que pasaría. No fue tu culpa, Sasuke. 

 

—Todo fue un lamentable accidente —agregó Charasuke— Ahora lo único que podemos hacer es aceptarlo y seguir adelante, a pesar del dolor.

 

—Jamás voy a aceptarlo —sollozó Sasuke contra el cuello de Itachi— Cargaré con este dolor hasta mi último día...

 

—Todo estará bien, hermano —dijo su gemelo, besando su cabeza— Todo mejorará, lo prometo.

 

Horas más tarde se realizaba el velorio de Menma en el único templo que existía en el Valle. Era una tarde fría, el sol se ha escondido tras las nubes grises y no muestra ningún indicio de querer alzarse nuevamente en el cielo con sus rayos luminosos.

 

Es así cómo se sentía Sasuke. La luz que había en su vida se fue, y nunca más regresaría. Todo el mundo le daba el pésame, y después le decían que todo estaría bien, que el tiempo curaría la herida. Pero él sabía que no era así cómo funcionaba su corazón.

 

Un grupo reducido de personas estaba presente, no más de veinte invitados. Su padre e Itachi no le quitaban la mirada de encima, pero Sasuke los ignoró.

 

La familia se encontraba sentada en la primera fila, frente a un altar decorado con claveles y gladiolos. En el centro del altar, había una fotografía de Menma, vestido de traje y muy sonriente. Frente al altar, yacía el ataúd completamente cerrado.

 

El sacerdote daba un discurso de pie junto al altar, acerca de la muerte y la glorificación a Dios y la santificación del Alma. Era un hombre joven, de cabellos plateados y rasgos afilados.

 

Sasuke estaba sentado junto a Karin, quien no podía dejar de llorar. Él la entendía, ella sufriría el doble al perder a otro integrante más de su familia.

 

La culpabilidad comenzó a abrumarlo otra vez. Parpadeó un par de lágrimas, y por el rabillo del ojo, notó que Gaara lo observaba con sus grandes ojos turquesa bien abiertos. El niño estaba sentado a su izquierda, moviéndose inquieto en la silla y mirando todo lo que ocurría con confusión. Todavía era muy pequeño para entenderlo, debía sentirse asustado.

 

Cuando notó que Sasuke le devolvía la mirada, extendió sus bracitos para que lo cargaran. El azabache se quitó las lágrimas con el dorso de la mano y cargó al pequeño pelirrojo en sus brazos, abrazándolo y dejando que apoyara su cabecita en el espacio de su cuello.

 

Una vez que el discurso acabó, de a poco todos se fueron retirando. Sakura se despidió de él con un abrazo y palabras de apoyo. No mucho después le siguió Karin, el cansancio le estaba pasando la cuenta.

 

Su padre y sus dos hermanos la acompañarían junto a Gaara de vuelta a su hogar. 

 

—Voy a quedarme un poco más —dijo Sasuke— Llegaré a casa después.

 

A Fugaku en nada le agradó la idea, pero Itachi lo convenció de que se marcharan. 

 

En cuanto todos se fueron, volteó para enfrentarse al altar de Menma.

 

—Estuve a punto de no venir, ¿sabes? —comenzó a hablar, consciente de que no obtendría respuesta alguna— No creí que fuera capaz de verte, aquí... —Lentamente se acercó al ataúd, y colocó su mano sobre la superficie, con una expresión angustiada— Mañana íbamos a casarnos. Se suponía que mañana sería el día más feliz de mi vida... íbamos a casarnos, pero en lugar de eso estaré enterrandote y ahora...cada vez que pienso en ello, mi corazón se rompe un poco más. Todo lo que ideamos ya no existe —Su voz se quebró y el ardor en su garganta le indicó que ya estaba cerca de derrumbarse— Siento un vacío tan grande en mí...

 

Sasuke observó con los ojos vidriosos el cuadro de Menma.

 

—Por favor —sollozó— Sé que soy el culpable de todo esto, y que me merezco todo este sufrimiento. Pero no sé si pueda soportarlo sin ti. Vuelve conmigo, Menma, por favor. Vuelve o llévame contigo... te lo ruego.

 

Recargó la parte superior de su cuerpo sobre el ataúd de Menma, llorando en silencio. Nunca había estado tan desesperado, nunca deseó algo con tanta fuerza. Menma era su compañero, su otra mitad. Desde el día en que lo conoció, supo que ambos compartían un vínculo especial, el que a pesar del tiempo y de la muerte, jamás se rompería.

 

—Siempre te amaré... —susurró a la nada—...te lo juro. Siempre. 

Notas finales:

Gracias por leer ñ.ñ <3<3

En la siguiente parte aparece nuestro kitsune favorito.


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