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Como si fuera la primera vez por anomnilerr

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Notas del fanfic:

Los personajes le pertenecen a Togashi, pero yo los puse a follar.

No es culpa de nadie.

Notas del capitulo:

Espero sus comentarios exigiendo mi cabeza. Siendo sincera, estoy lista para venderla al mejor postor.

El beso (o el intercambio de estos) cesó rápidamente después de que ambos se vieron obligados a recuperar algo de aliento. 

La situación era está, una misión relativamente sencilla de recuperación de bienes robados. Todo había salido inicialmente bien, habían recuperado los artículos y se había apresurado a entregarlo bajo las formalidades correspondientes a su empleador. Solo que el pobre desgraciado había sido asesinado una hora con 43 minutos antes de su llegada; Las razones eran obvias, la guerra interna entre los Coraline (Ladrones) y los Montreal (víctimas); ambos grupos constituido por personas poderosas, habían empezado a tomar un rumbo más "Al estilo Soprano", como lo había descrito elocuentemente Leorio. Esto dio inicio a una guerra de territorios de la cual, ellos como empleados no habían sido informados hasta que se vieron en la mansión de su descompuesto jefe siendo apuntados hasta el cuello.

La situación se mantuvo bajo control debido a sus habilidades, sin embargo la urgencia les dictó soltar el tesoro, que ni siquiera habían visto con sus propios ojos, debido a que este se había manejado durante toda su transacción dentro de un maletín "Muy a lo Pulp Fiction" según Leorio, para variar y huir. Aunque Kurapika no se sentía cómodo dejando que dos familias se matarán (Aunque estás fueran de la mafia) era perfectamente consciente de que años de rivalidad no de solucionarían con la intervención de dos desconocidos, ya había estado en ese mundo. Los problemas de la mafia se resolvían por su curso y mientras no hubiesen inocentes involucrados, todo formaría parte de la normalidad ultraviolenta de aquella nefasta realidad. 

 

Llevaban caminando 4 hrs después de su huida. Lamentablemente, habían quedado sin paga y bajo el foco de matones, por lo tanto un hotel para poder retirarse de Omiahok ya no formaba parte de sus alternativas. El país era frío y la nieve solía cubrir la mayoría de sus bosques nativos de pinos, como cazadores podían resistir temperaturas de bajo 0 por bastante tiempo más que las personas normales; pero ya llevaban cuatro horas y habiendo luchado, la tarea les parecía más difícil que nunca. 

 

-Es la última vez que dejó que tú selecciones nuestras misiones- Se quejó Leorio. 

-Me disculpó, en realidad no sabía que el clima político entre ambas familias era tan inestable. 

-La mafia y la política, suena muy al estilo del padrino- Kurapika volteó los ojos, al menos a Leorio aún le quedaba fuerza para bromear. Por lo tanto, podía despreocuparse. 

-Gon también te propuso un cargo en su expedición. 

-Si, expedición junto al bastardo de Ging. No gracias, prefiero morir congelado. 

 

Kurapika sonrió, sabía que una de las cosas que más condenaba Leorio dentro de su oficio médico era el abandono prematuro de un padre. Tal vez tuviese que ver con que él no había conocido al suyo, tal vez con los niños que lloraban aferrados a su uniforme preguntando el porque ninguno de sus padres estaban allí para cuidar de ellos o puede que sólo fuera alguna arista de su orgullosa ética dulce y amorosa, pero desde las elecciones (E incluso antes) Leorio solo podía fingir un poco de animosidad frente al nombre de Ging, si este sólo era pronunciado por los labios de Gon. 

 

-Kurapika- El rubio elevó su mirada ante el llamado de Leorio, este le indico a la distancia algo que parecía ser una pequeña casa, más tapada por la nieve que por sus propias paredes. 

-Si tenemos algo de suerte, no se nos vendrá encima- Declaró el moreno- Pero que va, al menos morir aplastado es más rápido que morir de hipotermia. 

-Solo si mueres, efectivamente- Respondió el rubio.

-Mis conjeturas médicas aseguran que no puedes sobrevivir a toneladas de nieve y escombro.

-Tus conjeturas evalúan pacientes normales, nosotros somos cazadores.

-En ese caso o lo resistimos o estamos afuera antes de que se nos venga encima ¿Ves algún problema? Yo no. 

 

Leorio empezó a avanzar. 

 

-Nunca dije que tuviese uno.

-Entonces cállate y mueve tú congelado trasero más rápido, me estoy congelando. 

 

Les llevo algo de trabajo despejar la entrada, en un inicio el frío les dificulto el movimiento, sin embargo más tarde agradecerían la necesidad de este, debido a que les hizo que entrar en calor con mayor rapidez. 

Siendo las 00:36 en hora local, la pequeña casa abandonada en el bosque de había iluminado con el suave fuego de una chimenea que había visto su última luz hace años. Leorio se quejó, pensando que tal vez el hecho de encenderla había matado a alguna que otra rata que vivía en el cañón, Kurapika mientras lo escuchaba tendía los sacos de dormir sobre el piso de madera cerca del fuego, estában a salvo. Los matones no los perseguirán, sin la maleta no eran más que ratas contratadas que se fueron antes de que se necesitará exterminarlas, incluso si lo hacían, no soportaría todo el camino hasta este lugar. Recuperó uno de sus libros de la bolsa que traía consigo y se reincorporo a una lectura que había dejado pendiente, Leorio para ese entonces entendió que el rubio retomaría lo que sea que estuviese leyendo, de cierta forma ya  sabía cómo actuar en estos casos, un plan de acción inconsciente y bastante íntimo, que reflejaba la naturaleza de su tranquila relación. Le gustaba, parecía impresionante que solo hace cuatro horas estaban propensos a volverse coladores por fuerza de balas, Kurapika era imperturbable y eso, aunque de la mano con el estoicismo que a veces le molestaba, en ciertas ocasiones le parecía maravilloso.

Calentó algo de agua y solo molesto a Kurapika cuando el té estaba listo, el rubio cerró su libro para extender su mano hacia la taza que el mayor le ofrecía. 

-Gracias. 

-No hay de que. 

 

Ambos bebieron té en un silencio cómodo, Leorio se había sentado a su lado mirando hacia el fuego, eventualmente soltaba algún comentario divertido que hacía a Kurapika romper con su seriedad habitual. La estaba pasando bien al lado de Paladiknight, le gustaba estar cerca de él porque lo contenía perfectamente, le daba la libertad de soltar su paranoia, junto a él dejaba ir su estado de alerta, se apartaba de su actitud defensiva y se relajaba. 

 

No pasó mucho tiempo hasta que Leorio empezó a juguetear con su mano, arrastrándola ligeramente para tomar la de Kurapika en un acto orgánico. Kurapika no se molestó en voltear alarmado, ya había pasado un tiempo desde que hacían este tipo de cosas. El rubio ya había cumplido veintiuno después de todo, su venganza había culminado en un entierro personal masoquista que él mismo se había forzado a cumplir, después de eso todo se redujo a vacío y a una sensación inquietante de pérdida de todo sentido. Se encerró por un par de meses hasta que Leorio lo encontró, no tenía nada que hacer así que terminó siguiéndolo, usualmente habían tenido encuentros antes, pero nada concreto bajo el vaivén irregular de la venganza. Ahora sin está, ya no habían prisas ni excusas y podían retomar el hábito de pegarse a la boca del otro sin la ansiedad de tener la obligación de separarse tan tajantemente. 

 

Kurapika siguió mirando el fuego, mientras su mano se envolvía en la de Leorio, el moreno tomó lo que quedaba de su taza relajado, ningúno volteó para ver lo que pasaba, era una magia que solo existía cuando nadie la estaba espiando.

 

-En otro contexto, esto esto hubiese estado bastante bien- Kurapika asintió en aprobación a la declaración se Leorio. 

-Es agradable- Leorio se volteó para contemplar a su amante mirando el fuego, su rostro imperturbable luchaba por seguir allí, aunque en realidad, el sonido de su saliva bajando fuerte por su garganta evidenciaba su ansiedad por cortar el espacio entre ellos. Leorio ya no tenía que pedir permiso, se acercó a la cara de Kurapika y depositó un beso en su mejilla, el rubio cerró los ojos y se entregó sin rechistar al tacto de Leorio. Este enredó una de sus manos en las hebras doradas del otro, empezó a depositar besos lentos, delicados y cada vez más húmedos, desde el pómulo del rubio hasta el cuello. Kurapica entreabrió sus ojos, ya teñidos en rosado y miró a Leorio. Este lo había empujado delicadamente hacia la colcha, una vez allí, Leorio se posicionó sobre él para juntar sus bocas.

Al principio todo fue tímido, sin embargo, después de un rato sus gargantas se sofocaban y exigían beber más profundo del otro. Fue allí cuando Kurapika ya no pudo apagar su respiración agitada y tendencia al gemido, esto por supuesto, no hizo más que encender los sensores de Leorio, el cual igual de susceptible, decidió bajar por la camisa blanca y desordenada del rubio, para posicionar su mano con cuidado en uno de sus muslos y empujar el cuerpo menudo de Kurapika hacia el suyo. Aquella acción desencadenó que Kurapika rompiera el beso y le mirara con algo parecido a incertidumbre. Leorio notó esto y retiró su mano con cuidado. 

 

-Lo lamento- Jadeó, aún recuperando la respiración. 

-No... No, está bien- Kurapika, avergonzado por su falta de experiencia miró hacia otro lado, sus mejillas podían competir con sus ojos para ver cuál poseía el rojo más poderoso. 

 

-Pika…-Leorio llamó cariñosamente- No tenemos que hacer nada si no quieres. 

 

Había una realidad curiosa en la naturaleza de su relación, si bien sus encuentros cada vez se habían tornado más sugerentes, Leorio nunca fue capaz de avanzar sin el permiso explícito de Kurapika. Sabía de antemano que la forma de relacionarse con otros del rubio era diferente, había mencionado alguna vez que había hecho de todo por los ojos de su gente, viniendo de un mundo ilícito Leorio esperaba que eso implicara sacrificios como la entrega íntima; Aunque no podía asegurarlo, nunca le preguntó a Kurapika directamente sobre aquello, porque ahora que estaba con él sinceramente no le importaba. 

De todas formas, no quería ser un idiota, no era inexperto, había estado con chicas antes, pero Kurapika era delicado y diferente. Su vida había sido tormentosa, no había podido madurar en muchas formas debido a que estas necesidades pasaron a segundo plano con su venganza, por lo tanto era normal que estuviese nervioso, o incluso asustado. Probablemente había visto cosas horribles un largo tiempo y aunque siempre solemne, estás lo alejaron de las experiencias positivas. Kurapika había aprendido hace poco a no estar a la defensiva siempre, Leorio le había llevado a algunas fiestas, habían compartido algunas citas. Leorio temía cerrar todo aquel progreso con algo que pudiese ser demasiado rudo, por eso no pudo evitar culparse cuando tomó el culo de Kurapika para pegarlo más a él, era un idiota. Pero si se era sincero consigo mismo, el rubio era demasiado hermoso y tenerlo aferrado a su cuello bebiendo de su boca, lo ponía de tal forma que si se arrojaba a la nieve de afuera esta se derretía. 

 

-No es eso…-Kurapika, respondió- No se sintió mal, estoy bien- A pesar de aún no poder ser capaz de mirar a Leorio, su voz sonaba determinada y tranquila, su boca se apretó ligeramente, Leorio conocía esa expresión. 

-¿Qué quieres decir?- Kurapika frunció un poco el ceño, algo molesto de que Leorio pudiese entender sus gestos. 

-No me da la gana pedirlo- Respondió- pero sé que no seguirás si no lo hago de esta forma.

-¿Qué? 

-Solo digo que es ridículo que seas tan benevolente conmigo, soy más hábil que tú de todas formas. 

 

A Leorio le tomó un poco entender que Kurapika estába comparando su intimidad con una batalla, su incredulidad se esfumó con una pequeña risa que empezó a tomar forma de carcajada. El rubio finalmente volteó la vista, visiblemente molesto.

 

-No es gracioso, Leorio. Ya basta- Leorio bajo la cabeza casi tocando la frente de su compañero y paro de reír, lo miró con una ligera sonrisa. 

-No es lo mismo. 

-¿Qué? 

-Me refiero...Uh...- Leorio se levantó rascando su cabeza, buscando una forma de explicarle a Kurapika el porqué de sus cuidado sin que esté lo acusara de subestimarlo. Ambos se sentaron, Kurapika estaba despeinado a más no poder y su camisa estaba salida, Leorio pensó que no mucha gente tenía el placer de ver a su colega en ese estado. 

-No se como han sido tus experiencias anteriores y tampoco me importa, no debes decirme si las has tenido o no. Pero por lo menos, yo no quisiera ser invasivo. 

-Esta bien, puedo lidiar con eso. 

-No es una lucha, no tienes que mantenerte firme ante nada.

-Eso lo se.

-Entonces, debes decirme si te molesta ¿Es algo que pensabas hacer?

 

Kurapika se dió un momento. 

 

-Claro. 

-Estas mintiendo.

-No me someteré a algo que no me gusta por desición propia, no soy tan desinteresado de mi mismo- Leorio pensó que eso era lo que llevaba haciendo toda una vida y puso los ojos en blanco. 

-Te amo- Soltó de forma imprevista, cortando el discurso de Kurapika. Este lo miró serio, como si aquella declaración fuera más un argumento de peso que una confesión sentimental poderosa.

 - Y cómo ya sabes, esto hace que me autoimponga parámetros respecto a lo que hacemos, mi responsabilidad afectiva me dicta cuidar de tu terco trasero. Incluso si eso te molesta…-Leorio volvió a empujar a Kurapika delicadamente al saco de dormir- ...No es por subestimarte, solo quiero cuidarte porque te quiero y no quiero hacerte daño ¿Bien? 

 

Kurapika no pudo luchar contra un argumento tan íntimo, Paladiknight sabía de antemano que la ventaja de ser un poco más abierto que Kurapika respecto a las emociones, era que él sí podía recurrir a estas para ganar una discusión. 

 

-Bien- Kurapika aceptó, un poco ruborizado ante las palabras de Leorio- Sin embargo, no quiero dejarlo así.

-Podemos intentarlo. 

-¿En serio?- Kurapika se había vuelto a poner en alerta.

-Claro. Si te disgusta, puedes decirme, no me molestaré ni nada.

-¿No será incómodo para ti?

-Deja de preocuparte por eso, idiota. 

 

Kurapika sonrió débilmente y estiró su cara para poder besar nuevamente a Leorio. Retomaron sus besos, estos continuaron hasta que el más alto decidió recuperar el muslo del rubio. Kurapika se separó ligeramente. Leorio por su lado se apresuró a disculparse entre jadeos. 

-Yo lo…

-No te disculpes, está bien- Kurapika aseguró entre gemidos, parecía más confiado y esto tomó a Leorio por sorpresa, sobretodo cuando el rubio volvió a besarlo sin previo aviso. Paladinight descubriría que el roce constante hacía que Kurapika se pusiera impaciente, eso le gustaba. Normalmente, siempre era el rubio quien llevaba el control de las cosas, sin embargo, saber que en la cama era al revés. Hacía a Leorio embriagarse con un nuevo mundo lleno de posibilidades. 

La ropa empezó a sobrar, y el pecho cálido y trabajado de Kurapika chocando contra el suyo era suficiente para hacerlo sentir en cualquier cielo impuesto por cualquiera de las 570 divinidades del mundo Hunter. 

El momento llegó más temprano que tarde, a pesar de tratar de hacer durar aquella experiencia, la verdad era que ninguno de los dos se veía capaz de seguir alargando aquellos preliminares. 

Kurapika tragó saliva cuando sintió a Leorio cerda de su intimidad. 

-Oye ¿Todo bien?- Cuestionó el moreno, chocando su nariz con la de su amante. 

Kurapika solo pudo asentir nerviosamente. 

-Si te duele, debes decirme. 

-Lo haré. 

 

Leorio se introdujo despacio, sin mayor prisa. Los labios de Kurapika dejaron salir un quejido y su ceño se frunció levemente, Leorio se detuvo. 

 

-Shh, vale…-Se tomó un tiempo para continuar, aquella intromisión le había gustado más de lo que podía anticipar-...Puedo parar, si quieres. 

-No lo hagas.

-¿Seguro? 

-Ajamm- Kurapika asintió y junto su boca nuevamente con la de Leorio, este al tener el permiso correspondiente continuó con un ligero empujón que hizo que ambos liberarán un suspiro de satisfacción, lo más difícil ya había pasado. El resto fue lento, a veces un poco torpe, Leorio descubrió que Kurapika soltaba de vez en cuando palabras en Kurta cuando su cerebro no podía mantenerlas dentro debido a la conmoción exterior, también descubrió que esto le gustaba demasiado. 

A Kurapika le molestó un poco que Leorio hiciese una revisión de su estado cada cierto tiempo. Sin embargo, dadas las circunstancias el climax no tardó en llegar y con él una nueva experiencia para el rubio. Sintió por un momento que no merecía nada de eso, mientras sus piernas temblaban y su respiración agitada intentaba recuperar su ritmo normal, su mente viajaba a algún lugar en el cual las deidades le otorgaban el perdón absoluto por todas las atrocidades de su pasado, solo eso podía justificar tanta suerte y tanta felicidad.

Entreabrió sus ojos, al sentir los besos de Leorio depositarse en su pómulo. 

-Hey ¿Como estas? 

-Esto es nuevo- Se escuchó casi como un suspiro suave. Leorio pensó que Kurapika se veía gracioso cedado por el efecto de un orgasmo. 

-Ya veo.

-No siento las piernas. 

-Es normal. 

-Te ves bien sin anteojos.

-Te ves bien sin ropa- Kurapika sonrió ante eso. 

-Idiota. 

 

No dijeron mucho más, Leorio abrazo al rubio y procedió a entregarse al sueño. Kurapika parecía estar aún flotando en algún lugar distante, lo dejaría disfrutar aquella sensación mientras pudiese.

 

Al otro día se despertó solo entre los sacos de dormir, algunos malos recuerdos de antaño le hicieron sentirse inquieto, casi de forma inconsciente su cerebro le sugirió que no volvería a ver al rubio, que todo se había terminado. Este miedo interno solo se mantuvo hasta que una mano se posó en su hombro. Kurapika estaba inclinado a su altura, ya estaba casi totalmente vestido, sobre la estilizada figura con traje solo faltaba la chaqueta. Había recuperado su aspecto profesional y estoico, muy contrastante a como había sido anoche.

Leorio se relajo y con una sonrisa dejó salir un Buenos días. 

 

-Logre contactarme con Killua, enviará una aeronave para recogernos. Tenemos que estar en las coordenadas determinadas en cinco horas más.

-¿Que tan lejos está? 

-A siete horas, ya llevamos 3 de retraso.

-Bien, supongo que podemos hacerlo- Leorio se elevó de los sacos de dormir, Kurapika aunque imperturbable fijo su vista de forma indiscreta en su figura, antes de notarlo y voltear ligeramente. 

-Estare afuera, vístete rápido. 

-Como digas, jefe. 

 

El resto del camino fue normal, hablaron de una que otra cosa casual. Leorio contó algunos chistes horribles, a lo cual Kurapika respondió con algún comentario sarcástico sobre su pésima calidad de comediante. Una vez sobre el dirigible Kurapica se sentó a completar el informe correspondiente de la situación problemática entre ambas familias. Killua quien había ido personalmente por ellos se quedó observándolo un momento, antes de realizar alguna broma sugerente observó que su hermana estuviese hablando con Leorio a una distancia prudente.

 

-Entonces…-Dijo inclinando gatunamente una ceja- Fue divertido. 

-No veo como una emboscada puede serlo- Respondió Kurapika sin levantar la cabeza de lo que hacía. 

-Ya veo…-El peliblanco se levantó para adoptar su típica postura con la mano en los bolsillos- Parece doloroso.

-¿Qué cosa?

-Debieron golpearte en el cuello bastante fuerte. 

-Eso no pasó…-Kurapika procedía a ordenar la redma de hojas sin entender mucho a que se refería Killua- No fueron capaces de tocar…-El sentido implícito de aquella pregunta le cayó como un balde de agua fría. Soltó el informe, este se desplomó sobre la mesa acabando con todo el orden establecido y mezclándose entre sí. Las manos de Kurapika subieron a su cuello para cubrir defensivamente las marcas dejadas en este por Leorio. 

 

"Bingo" pensó Killua, mientras el rubio lo miraba con disgusto. 

 

-Pervertido. 

-Callate. 


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