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Reflejo insaciable por Nami Nkz

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Notas del fanfic:

PERSONAJES PERTENECIENTES AL GRAN EIICHIRO ODA

Notas del capitulo:  
Permanecía aburrido mirando su reino desde su balcón, sonriendo cuando los rayos del sol llegaron a él y el brillo de sus ojos miel destacaron. Escuchó el tintineo de las cadenas de oro que colgaban de su cuello, junto a las piedras preciosas de distintos colores debajo de esa enorme y llamativa corona que le obligaban usar en público. Llevó sus manos a ella y la bajó a su regazo, observando cada uno de sus pequeños detalles.
 
Suspiró cuando del otro lado de la puerta, sus damas de honor le avisaban de otra visita más. Se levantó y se dirigió al espejo, observándose de pies a cabeza antes de salir de su gran habitación, caminando hasta dónde las señoritas le señalaban.
 
Un anciano se arrodilló ante él cuando alcanzó el trono y se sentó en él rodeado de hombres con radiantes armaduras y espadas en mano, cuidando todos los movimientos de aquél que estuviera frente su rey.
 
El hombre llevaba en manos una gema del color del océano, le llamó la atención y preguntó al anciano qué le había llevado a su presencia, el mayor respondió.
 
-Querido rey... en éste día tan especial traigo ante usted un tesoro raro, una piedra preciosa extraída del océano hogar de un dulce y travieso espíritu vivo. El espíritu se alimentará de su energía vital mientras usted lleve éste amuleto, a cambio de deseos sin fin.
 
-¿Deseos sin fin, dices? - Alzó una ceja. El anciano explicó que tan sólo quería quedarse a dormir por esa noche y le concedería deseos sin límite. Suspiró profundamente antes de decir - Ayudar a éste hombre, dadle todo lo que él os pida mientras esté aquí.
 
El anciano bajó su cabeza mientras le agradecía y caminaba detrás de los guardias, que antes de irse habían recibido el tesoro de aquél hombre, entregándolo luego en las manos del gobernante.
 
Observó un momento aquella gema, parecía una esmeralda, pero de un profundo azul, como si una parte del océano se encontrase dentro. La guardó entre sus ropas, antes de levantarse e ir al cocina en busca de una botella de alcohol.
 
 ZS
 
Dormitaba en sus aposentos, disfrutando la suavidad de sus sábanas y almohada. Entre sus sueños se sintió entre las nubes antes de darse cuenta del peso en su pecho y caderas. Algo suave y húmedo se deslizó por sus trabajados pecho y abdomen luego de retirar delicadamente sus ropas con cuidado de no perturbar su descanso.
 
Abrió sus ojos rápidamente, encontrándose con el azul brillante en la oscuridad mirándole profundamente. Corrió a encender su lámpara en la mesita de noche, encontrándose con un ser de divino aspecto a su lado, que se recogía el cabello del rostro dejando ver su particular ceja en espiral.
 
-Uhm marimo... siento haberte despertado...- Sonrió alegre.
 
-¿Quién eres? - Preguntó - Espera, ¿Cómo me has llamado? - Le tomó de sus ropas, halandolo hasta que sus rostros se hallaron demasiado cerca, con su aura amenazante. - ¿Qué haces aquí?
 
-Uh - Gimió con una sonrisa en sus labios cereza - Te concederé todos tus deseos, marimo... - Acercó aún más sus rostros hasta casi besarse y lamió su mejilla con lujuria. 
 
"Hogar de un dulce y travieso espíritu vivo... que le concederá deseos sin fin..."
 
-Ah...- Dió una muletilla - Sí que eres dulce y travieso...- Sonrió mirando sus brillantes ojos azules en la casi oscuridad.
 
- ¿Ah? - El propio rubio acarició sus labios y luego de pensar un poco, sonrió y se liberó del agarre del moreno. - Normalmente... reflejo el alma del portador del amuleto, pero ésta es mi verdadera forma...- Se levantó y se miró a su mismo en el gran espejo de la habitación, dando un espectáculo sensual. - Soy un monstruo cuando me utiliza un alma mezquina... pero he visto solamente bondad en la tuya, marimo...- 
 
-¡Deja de llamarme así, cejas ridículas! - Exclamó, el rubio de cabellos largos solamente sonrió, volviendo a colocarse encima del trabajado cuerpo moreno. - ¿Qué haces, rubia?
 
-Déjame concederte todos tus deseos y anhelos, mi querido rey...- Lamió sus propios labios - Pero antes, debo decirte unas cuantas reglas - Anunció con uno de sus dedos - Número uno: no es posible jugar con los pensamientos o sentimientos de otra persona. Número dos: Mi magia tampoco puede hacerte ganar alguna competición al cambiar, agregar o modificar alguna destreza física o mental, número tres:No puedo resucitar a una persona y por último número cuatro: No es posible realizar ningún cambio en la historia pasada. Ésto es principalmente para evitar la creación de líneas temporales alternativas. ¿Has entendido?
 
-¿Cambiar, agregar o modificar... destreza física o mental? - 
 
-Es decir que no podré ayudarte a ganar nada usando trampas. ¿Queda más claro ahora?
 
- Por hoy... no deseo más que dormir una noche tranquila, así que aléjate un poco ¿Entiendes, rubia? - Pidió luego de que el ojiazul estuvo lejos de su cuerpo se acomodó entre sus almohadas y sábanas, dejando al rubio parado junto a su cama.
 
-¡Entendido! - Exclamó alegre y colocó sus delgados dedos en la frente del peliverde, que le miró confundido -¡Concedido! - Terminada esa palabra, el moreno rey cayó cual peso muerto en aquella enorme cama siendo lo último que logró escuchar la pequeña risita del ojiazul mientras susurraba. - Dulces sueños...-
 
Se detuvo un momento a mirarlo detenidamente, aquél hombre le llamaba mucho la atención. Dió algunas vueltas dentro de la habitación centrando su vista en tres espadas colocadas en la pared, al lado del espejo. Se sentó en la orilla de la cama y volvió a levantarse al sentir la corriente de aire frío proveniente de la ventana.
 
Horas después, cuando apenas se podían ver los primeros rayos de luz comenzó verdaderamente a aburrirse. Miró al peliverde aún dormido cómodamente en la gran cama y decidió acompañarlo acurrucandose a su lado cuidando no despertarlo mientras serpenteaba entre las sábanas.
 
Despertó angelicalmente al escuchar la melodía de los pájaros que visitaban su jardín, talló sus ojos y saltó de la impresión al ver al rubio acurrucado a su lado, descansando cómodamente sin almohada. El movimiento despertó al muchacho, que abrió sus ojos lentamente, maravillándose al ser los ojos miel lo primero que encontrase al despertar.
 
-¿Sigues aquí? - Preguntó.
 
-No me iré hasta que hayas completado todos tus propósitos conmigo. Hasta entonces debo vivir fuera de esa gema azul que siempre deberás llevar contigo. 
 
-¿Esas cosas no lo decides tú?
 
-Aun que quiera regresar a descansar, no puedo hacerlo hasta que hayas terminado y te encuentres satisfecho. Luego, deberías darle el amuleto a otra persona que consideres digna de deseos infinitos.
 
-¿Es así siempre? ¿Cuántos años tienes, rubia?
 
-¿Ah? Para alguien que vivirá eternamente como yo, 350 años no es ni el comienzo, marimo. 
 
-Vaya...- Se incorporó y se levantó de la cama, con la mirada del rubio encima suyo - Levántate y sígueme, rubiales. - Dijo cortante, lléndose fuera de la habitación.
 
- ¿A dónde me llevas, marimo? - Miró a su dirección por cortos instantes, antes de que el rubio le mirase alegre y empezará a caminar detrás de él, hasta encontrarse con un señorita de oscuros cabellos.
 
- Asearle y vestirle adecuadamente y cuando hayan terminado, llevarle ante mí. -Tomó al muchacho de la mano y lo haló hasta que se colocó frente a él. Al ver que permanecía inmóvil, dió un empujoncito al muchacho, que vestía un sencillo traje hecho de una fina tela blanca, que dejaba mucho a la imaginación además de ir descalzo.
 
La mujer hizo una reverencia y tomó al rubio de la mano para guiarlo dentro de los interminables pasillos. Vió el semblante serio y preocupado del ojiazul, quien procuró no despegar su mirada de la suya como si le llamase con la misma. Tropezó un par de veces antes de verse obligado de mirar hacia delante, jalado por la mujer de vestido rojo.
 
Al volver a su habitación, escuchó de unos guardias que el anciano al que le había permitido quedarse esa noche en el castillo se había retirado esa misma mañana a primera hora del día. 
 
 ZS
 
Llegaron dos hombres del reino vecino, buscando al anciano qué le había regalado el amuleto. Se vieron indignados al saber que la azul piedra ahora era su propiedad, pues explicaron que se trataba de un regalo del anterior rey a uno de sus hijos, quién debía ser el siguiente poseedor.
 
Aquellos dos hombres se retiraron sin decir nada más, dijeron que considerase el amuleto como el regalo de una completa nación.
 
Esa misma tarde sus sirvientes llegaron ante él y como se indicaba se arrodillaron frente al rey.
 
-Disculpe su majestad... se negó rotundamente a que le hiciéramos algo a su cabello. - Dijo una de ellas, vestida de verde, al lado de sus compañeras. 
 
-Hah...- Rió levemente - Traerlo aquí. - Ordenó, y sólo unos instantes después el muchacho llegó custodiado por un par de guardias de armadura de hierro, quiénes le obligaron a inclinarse ante el moreno. -Pueden retirarse. - Sus guardianes y sirvientes se inclinaron ante él y se retiraron, a excepción de quiénes cuidaban la entrada, que permanecía abierta.
 
-¡Marimo! ¡Parezco completamente una chica! - Renegó el rubio. - ¡Qué gustos tan extraños tienes!
 
-¡Cállate Idiota! - Llevó sus dedos a su entrecejo - Ese es el traje tradicional de éste país, ¡Idiota! -
 
-Ah ¿sí? - Sonrió nervioso, viendo al hombre levantarse del trono. - ¿Qué planeas, marimo? Te siento muy extraño...
 
-No me extraña que te hayan confundido con una mujer - Camino a su lado, analizándolo. - Ese cabello largo tuyo es muy bonito. - Tomó uno de sus mechones y acarició toda su extensión hasta que se deslizó por sus dedos, debajo de su hombro. - ¿Has considerado recortarlo?
 
-Marimo... no es que me queje, pero...- desvió la mirada - Esas chicas fueron poco discretas con mi trasero... antes de darse cuenta de que soy un chico...- Sus mejillas se pigmentaron de carmín. - Luego... ¡Se atrevieron a maquillarme el rostro! ¡Maldición! - Empuñó sus manos - Mi dignidad como hombre se ha ido automáticamente al diablo...- 
 
-No te ves como una mujer, tranquilízate un poco. - Acarició sus mejillas. - Las féminas aquí suelen llevar muchas joyas en el cuello, además de accesorios en el cabello, como flores o cosas así... también suelen exagerar un poco con el maquillaje y tener el pelo bastante largo. Es por eso que te dije que consideraras recortarlo.
 
-¡ No! ¡Idiota! ¡No puedes cortarlo con tijeras normales! - 
 
-¿Por qué? -
 
-¿No sabes que el pelo es una extensión del sistema nervioso? Conmigo... eh...- Buscó las palabras adecuadas para explicarle a una alga marina la importancia de su larga cabellera. -¿Qué te molesta de mi cabello, estúpido? ¡Dime! 
 
-Me encantaría que lo tuvieras más corto. Eso es todo. Cualquiera aquí puede confundirte con una mujer, eso sería molesto para ti y para mí -
 
-¿Y por qué no lo deseas, tonto marimo? ¡Además! Soy sólo un espíritu dedicado únicamente a satisfacer tus necesidades o deseos... no es necesario que me hagas ser parte de la corte.- 
 
-¿Tan importante es no cortarlo? - Ladeó su cabeza.
 
-¡Si, joder...! Yo... - Mordió su labio inferior y empuñó la larga tela que caía a sus espaldas. El marimo pareció entender un poco, y se alejó del más delgado.
 
-Deseo que tú cabello llegue un poco por debajo de tus orejas. -
 
-¿Es enserio? 
 
- Fuiste tú quien lo sugirió. - Se alzó de hombros.
 
-Ah... eh... - Rascó su nuca - ... Concedido... - Como si de arte de magia se tratase, su rubio y largo cabello se iluminó antes de hacer una explosión de colores y su cabello se volvió corto, ahora cubría uno de sus ojos con ceja particular. Se sintió extraño cuando ya no sintió el peso de su cabello sobre su cuello, llevando sus manos hasta él.
 
-Te queda mucho mejor así. - Se acercó a él y peinó con sus dedos las hebras doradas, llevando el mechón que cubría uno de sus ojos detrás de su oreja. -Me gusta mucho el color de tus ojos.
 
- Vaya deseo tan más estúpidamente gastado...- Sus mejillas se sonrojaron un poco. 
 
-No puedes discutir con tu amo - Se acercó a él y le tomó por las mejillas - Dijiste que me concederías todos mis deseos y anhelos...- Susurró a su oreja y sonrió lascivo antes de continuar. - ¿Alguna vez has cumplido uno de tipo sexual, dulce y travieso espíritu? - 
 
-... más de los que me gustaría recordar... que directo eres, hombre... - Regresó la mirada lasciva, que hizo sonreír al moreno.- Me llamo Vinsmoke Sanji, estúpido marimo. -
 
- Roronoa Zoro.- Se presentó - Bienvenido al reino de Silver Roth - Le abrazó para tenerlo en su pecho; ahora que lo miraba de cerca, era bastante más pequeño de lo que parecía. - Cumple todos mis deseos y anhelos, Vinsmoke Sanji - Mordió su lóbulo de la oreja, mientras los dedos delgados del rubio hacían tintinear sus aretes de oro. Recorrió su espalda con sus gruesas manos deslizandolas hasta sus glúteos, que moldeó a su gusto ante jadeos y gemidos encantadores de parte del ojiazul.
 
-Será todo un honor... mi rey. - Rozó sus narices, cerrando sus ojos por un segundo. 
 
 ZS
 
-¡Ngah!... Eres un bruto... - Gritó cuando el menor le lanzó en la cama luego de cargarlo en sus brazos durante todo el camino. Se aferró a sus hombros y el hombre peliverde comenzaba a retirar desesperadamente sus prendas únicamente distraído por sus labios.
 
-Y tú eres muy irascible...- Continuó con las caricias en el interior de sus muslos.
 
-Eso no es verdad...haah...- Jadeó el ojiazul cuando su lengua acarició su blanco pecho, poco después con un camino de besos llegó a su clavícula y luego a su cuello, en dónde se molestó en dejar pequeñas marcas rojizas. -Marimo...- Acarició con las yemas de sus dedos algunos de sus verdes mechones, para después jalarlos y jugar con ellos entre sus dedos.
 
-Eres muy dulce también - Tomó una de sus manos que acariciaban su cabello y lamió sensualmente sus dedos, escuchando los suspiros que salieron suavemente desde entre los labios carnosos del muchacho de cabellos dorados. -¿Podría... pedir algún vestuario específico? - Besó sus labios, hasta dejar que un hilillo de saliva se asomase por ellos - Quizá también... ¿Un objeto? - Susurró con tono sujerente al oído del blondo, quién se estremeció luego de sentir la mordida del peliverde a su oreja.
 
-¡Diablos marimo! - Con ambas manos trató de alejar al hombre de su cuerpo. - ¡Eres un pervertido! - Rió dejándose besar nuevamente por él, abrazándose a su espalda y con sus piernas a su cadera. - Eres muy extraño... 
 
-¿En qué sentido, rubia? -
 
-Eres el único que no ha pedido fama... riqueza... o poder - Se quedó pensando un momento. - Todos tus deseos han sido tontos, cosas materiales sin sentido o poca importancia. -
 
-Antes me dijiste que al reflejar un alma mezquina te conviertes en un monstruo...- Se abrazó a su pecho - ¿Qué era lo que ellos te pedían que cumplieras, Sanji? 
 
-Querían poder y riquezas... - Tembló. - Era yo quién hacía todo el trabajo sucio.
 
-¿Nunca puedes negarte a cumplir un deseo?
 
-Si no está prohibido por las normas que te mencioné antes, no puedo negarme a cumplir algo que mi amo quiera... mientras mi amo no lo quiera... jamás podré ser libre de la maldición de la gema del océano...- Lloriqueó - Seguiré concediendo deseos hasta que el amuleto se rompa, o hasta que el poseedor muera...- 
 
Se mantuvo pensativo un momento, el rubio había llevado sus manos a limpiar los restos de sus lágrimas. Pensó en qué bonito se veía el rostro del ojiazul aún hundido en la tristeza. Acarició su cabello con ternura y le miró a los ojos.
 
-En verdad el cabello corto te queda muy bien...- Acarició sus mejillas - La próxima vez quizá pida sake para toda la eternidad... -Bromeó
 
-Alcóholico...- Rió. -No creas que eres libre de hacer lo que se te dé la gana, marimo...- Cambió posiciones, colocándose encima de su cadera continuaron besándose con lujuria mal contenida. Entre mordidas lograron quitarse algunas prendas mutuamente, a excepción de los pantalones del moreno, aún que el ojiazul estaba casi totalmente desnudo.
 
- ¿Ah? ¿Qué es esto? - Presionó levemente el bulto en los calzoncillos del mayor, que gimió sin esperarlo y meneó su cintura ante el placer, causando una risa de parte del peliverde. - Eres muy pecaminoso, Sanji... ven aquí. - Le llamó a sus labios, el rubio corrió a besarlos de nuevo.
 
-Zoro...- Jadeó entre los labios del otro, que son dudar le regaló un par de mordidas en los suyos hasta hacerle gemir. El moreno no paró en cuanto a las atenciones en su entrepierna, hasta que la posición del rubio comenzó a cambiar, incorporándose sobre la cama para intentar quitarse el "dominio" de Sanji poco a poco.
 
El ojiazul gimió contra sus labios y emitió un pequeño grito cuando desgarró su ropa interior y liberó su hombría totalmente mandando al piso los restos de la tela. Sanji se sonrojó notablemente al ser el primero en quedarse sin ropa. 
 
-¿Te gusta lo que ves, pervertido? - Rió el mayor. 
 
-Es imposible que no sea así. - Rió de vuelta. - Ven aquí, levántate un poco - Con sus marcados brazos, guió a Sanji a colocarse en la posición que él deseaba y con ayuda de una de sus almohadas consiguió ubicarse entre las piernas del rubio mientras éste permanecía encima de él que se había recostado sobre la cama.
 
-Ésta posición...- Gimió al sentir el aliento del moreno sombrero su sensible piel. - De verdad eres un pervertido, marimo...- Fue lo último que pudo decir con la suficiente coherencia antes de caer víctima de los deseos carnales del hombre de cabello verde. Lo próximo que sintió fue la lengua del moreno alrededor de su miembro y un par de sus dedos tanteando su entrada.
 
-Te has puesto duro muy rápido... ¿Y me llamas pervertido a mí? - Con una de sus manos tanteaba el anillo de carne entre sus glúteos y con la otra sujetaba con fuerza la cintura del rubio mientras que casualmente acariciaba sus piernas y el ojiazul acariciaba y jalaba unos cuantos mechones de su verde cabello.
 
Al ver que no podría introducir sus dedos sin antes ser lubricados, deslizó su brazo hasta hacer llegar sus dedos en la boca del mayor, aprovechando lo distraído que éste estaba introdujo sus dedos en su húmeda y cálida cavidad. Sintió los dientes del rubio rozar con él un poco intentando no morderlo antes de acariciarlo finalmente con su suave y resbaladiza lengua. 
 
Cuando los sintió suficientemente lubricados, los regresó a su posición original, dando vueltas alrededor de su entrada para lubricar la un poco antes de penetrarla con un primer dígito, que hizo al cuerpo encima suyo estremecerse.
 
-¡Hyaan~! - Gimió largamente el blondo al sentir el primer dígito. Meneó sus caderas para sentirlo más profundo mientras soltaba melosos sonidos. Se estremeció luego cuando el moreno dejó un chupetón en la base de su miembro, le recriminaría más tarde por ello ¡¿Cómo se atrevía a dejar una marca en un lugar como ese?! pero por ahora, se dejaría llevar un poco más. El moreno le sacó de entre sus pensamientos al insertar un segundo dígito, éste le incomodó un poco al principio. - Aahm... ¿Marimo?
 
-¿Qué pasa?...- Preguntó sensual. - ¿Ha dolido?
 
-Esta posición es... - Se quejó antes de recibir un besito en la punta del glande.- E-es muy... i-incómodah~ - Gimió al aire al sentir una corriente eléctrica que pasó a través de su espina dorsal - S-si continúas a-así... e-ese lugar... ¡Aah~! ¡No~! ¡D-deten- Aaah~! - Arqueó su espalda hacia atrás. Aún que no pudo terminar la frase, el peliverde sabía perfectamente lo que pasaba.
 
-Es aquí ¿no es cierto?, ¿Te gusta~? - Atacó continuamente ese lugar, ésta vez con tres de sus dedos, a lo que el blondo no pudo callar sus gemidos. - Maldición... todo el palacio te escuchará como sigas así... - Rió un poco.
 
-Cállate... e-esto es... ¡tu culpa~! ¡Aah~! ¡Sii~! ¡Me encantaah~! - Sonrió embelesado con un hilillo de saliva escurriendo entre sus labios rosados. El marimo seguía atacando ese punto constantemente y no sabía cuánto podría soportar cuando sentía próximo el orgasmo. Su cuerpo inconscientemente comenzó a temblar y a aferrarse de lo que podía. - Yah~ no puedo... y-yo... -
 
-¿Vas a correrte? -
 
-Si sigues... a-agitándome así... voy a correrme...- Respiró profundamente para intentar controlar un poco más su voz, más la nueva sensación ardiente en su vientre le advertía del clímax cercano. - ¡Zoro~! ¡Sácalo~! ¡V-voy a...! - Arqueó su espalda y gimió refiriéndose a la boca del moreno en su miembro. Simplemente el peliverde hizo caso omiso y cuando no pudo más y se liberó, lo hizo dentro de su boca. - ¡Hyaaam~! ¡M-marimo~! 
 
-Te has venido mucho... - Acarició con uno solo de sus dedos toda la extensión del falo desde la base hasta la punta, esto bastó para hacer estremecer a Sanji, que se quitó de encima del marimo y se recostó cansado a su lado, aún disfrutando del anterior orgasmo. Zoro por su parte sólo rió - ¿Tan rápido te has cansado? Ni siquiera hemos empezado... - Volvió a colocarse encima, siendo su objetivo besar los labios carnosos de su acompañante, que no se lo negó y le recibió apasionado.
 
Se encargó de ubicarse entre las piernas del blondo mientras también besaba salvajemente sus labios. No notó cuando el mayor había bajado del zipper de su pantalón y había sacado y empezado a masturbar a su "amiguito". Vió la expresión de asombro del ojiazul quién no pudo evitar decir:
 
-No imaginaba que todo fuera verde...- Suspiró refiriéndose al vello de su entrepierna. Rió escandalosamente enfadándose un poco, pero logró disimularlo bien. Como una pequeña venganza una idea llegó a su cabeza. - ¿Marimo? ¿Por qué te detienes?
 
-Date la vuelta. - Dijo suavemente y casi al instante Sanji le obedeció dándole la espalda y hundiendo su rostro en las almohadas. Alzó sus caderas con sus gruesas manos y se aseguró de que el ojiazul tuviera un buen soporte en sus piernas y brazos. Se ubicó sobre su albino cuerpo y se rozó un momento entre sus glúteos. -Siéntelo, rubia ¿Te gusta? Es sólo para ti.
 
-Es... muy grande... - Suspiró. - Dolerá si no lubricas ahí abajo, marimo... - Se quejó al sentir la punta abriéndose paso lentamente. - ¡Marimo! ¡Espera! ¡Co-condon~!… ¡Oye! ¿Me estás escuchando?… Hey
 
-Debiste decírmelo antes...- Se detuvo un poco sólo para conseguir un mejor soporte, para después empujar con mayor fuerza. El rubio respingó y gimió meloso poco después mientras le sentía profanar sus paredes lentamente y se aferraba fuertemente de las sábanas. -¿Lo ves? Tu culo se ha rendido ante mi, Sanji...- 
 
-Que sucio, marimo~ - Movió sus caderas provocativamente, intentando acomodar aquél pedazo de carne de una mejor manera en su interior, sin éxito. 
 
-Te encanta ¿No es así? Que sea duro contigo. - Se quedó quieto un momento cuando sus testículos tocaron los glúteos de Sanji, había sentido todo su interior temblar por unos instantes y decidió no moverse hasta que el rubio se acostumbrase al tamaño de su "amiguito". Sanji arqueó levemente su espalda y segundos después cayó sobre sus hombros mientras con sus caderas comenzaba un pequeño vaivén. -Seré tan intenso que querrás huir de ésta cama...-
 
-Es... realmente grande...- Suspiró - Vas a ... partirme en dos...- 
 
-Eres tan apretado...- Gruñó a su oído y el ojiazul se estremeció. Colocó una de sus manos abiertas en su espalda baja, acariciando gentilmente el brote laxo de carne que colgaba entre sus piernas, obviamente ahora no era tan grande y grueso como antes y como la suya, sintió su ego elevarse y como consecuencia su miembro endureció dentro de las paredes de su entrada cuando el rubio lanzó un gemido al aire.
 
-Oh... ¡M-Marimooh~! - Mordió la almohada que abrazaba entre sus brazos - ¡Mh~! Aaah... M-marimo... y-yo... qu-quiero ver tu cara... ¡Aahh~! - Gimió cuando el moreno le dió la vuelta bruscamente sobre la cama, luego de sacar su miembro de su interior y elevó sus piernas hasta que tocaron sus propios hombros. La queja del rubio y su rostro colorado le hizo saber de su incomodidad al sentirse tan expuesto, aún que fuera con él. 
 
–Abraza tus rodillas, Sanji. –Le dijo para poder sostenerse correctamente de las sábanas a los costados del rubiales. Sanji le obedeció y sostuvo sus propias piernas desde el interior de sus rodillas, aún que esto provocó que se levantaran un poco y se separasen de su cuerpo. Ante esto, y luego de aburrirse de la posición colocó a Sanji sobre su costado derecho, mientras elevaba una de sus piernas en su hombro y la otra descansaba en la cama.
 
–¡Aahm~! ¡Hah~! M-marimo… ¡Ngyaah~! – Jadeaba y gemía con fuerza, el ángulo de penetración había cambiado y ahora rozaba en el lugar que Zoro había atacado antes llevándolo al máximo de los placeres. Un poco más y no lo soportaría más.
 
–Que rostro tan cachondo. – Jadeó con rudeza, acercándose al rostro contrario para robarle el aliento con un beso y acelerando la velocidad y potencia de sus movimientos, ésta vez atinando en el lugar sensible del blondo, quién gritó de placer. Moldeando sus glúteos a su gusto, recorrió su cadera hasta dar con su hombría, la cubrió con su mano y comenzó a bombear de arriba a abajo con frenesí.
 
–Necesito ver… tus manos… t-tocándome – Extendió su brazo izquierdo llamádole más tarde por su nombre, hasta que el cuerpo contrario se inclinó para alcanzarle y él le abrazó las cervicales para acercarle más a sus labios.– Recuerda… que mi deseo es igual… o mayor al tuyo, Zoro…–  El moreno se acercó más a su cuerpo y flexionó su pierna que descansaba en la cama profundizando la penetración al mismo que masturbaba su caliente erección y recorría con su mano libre el albino pecho. –¡Zo-Zoro~! ¡Aaahn~!
 
Cambió una de vez más colocando ambas piernas en sus hombros, Sanji sintió su rostro colorado y se aferró a las sábanas mientras sostenía con esa mirada clavada directamente en la contraria, diciéndole con ésta lo cercano que sentía el clímax. Dió una estocada con fuerza y el muchacho echó su cabeza hacia atrás y arqueó su espalda todo lo que ésta se lo permitió; él aprovechó esto para meter sus dedos en la separación entre las sábanas y su piel e inclinarse más sobre su pecho.
 
–Déjame probarte más… Sanji…– Gruñó contra su piel perlada por el naciente sudor, comenzando a recorrer con su resbaladiza lengua. Luego, dió varias vueltas alrededor de los brotes de carne en su pecho, ganándose otro jadeo de entre sus labios. – Prefieres que muerda ¿Eh, pervertido? – Rozó primero con sus dientes un poco antes de presionarlo entre ellos. Sanji parecía muy extasiado, sonrió malicioso ante ésto.
 
– ¡Marimo~! ¡E-estoy~! ¡N-ngyah~! – Gritó cuando Zoro le haló más hacía él, elevándose cada vez más de la cama. Estaba volviéndose loco con el ritmo que había cogido Zoro, parecía muy ocupado gimiendo incoherencias entre las que estaba el hombre aquél que abusaba de su ya nada virginal agujero, que ya se había enrojecido por el roce acelerado. Veía cerca el orgasmo de ambos, soltando lágrimas de placer extremo llevó su propia mano a autocomplacerse; no soportó más y se liberó sobre su propio abdomen, manchando un poco su cara.
 
El peliverde continuó con su movimiento desenfrenado, un par de minutos más y él mismo ralentizó sus movimientos mientras el rubio jadeaba al sentir al marimo embestirlo aún corriéndose en su interior. Se encargó que el ojiazul quedase bien impregnado con su esencia, quería déjale bien en claro que él era el único con el que podría hacer esta clase de cosas, especialmente sexuales. Sanji cerró sus ojos agotado y él se acomodó en su pecho luego de salir de su interior con cuidado.
 
– Haa~ te has corrido mucho, marimo~…– Dijo a su oído y abrazo su cuello, acomodandolo en una mejor posición. – Se… se está desbordando… ¡mngh~! – Gimió a propósito a su oído para provocarlo.
 
–¿Quieres una segunda ronda? Qué vicioso eres… – Soltó una risa, hundiendo sus dedos en sus costados, como un agarre que dejó una marca roja que duró sólo unos segundos– Eres magnífico. – Se incorporó para besar su frente y aprovechándose de su agarre en su cintura, dió la vuelta y le dejó arriba.
 
– Bañémonos juntos, marimito…– Se acomodó sobre su pecho, pero el moreno le ignoró queriendo ir a dormir –¡Anda marimo, levanta! – Se levantó de la cama como si nada hubiese pasado, desnudo caminó frente al hombre que quedó embobado con sus movimientos, aún que poco después se volteó para intentar dormir susurrando “Ve a bañarte solo” Sanji le mandó al diablo obviamente y le haló hasta levantarlo, guiándole al baño de la mano.
 
 ZS
 
Sonrió admirándolo desde el costado de la bañera a través del gran espejo mientras lavaba su cabello verde. Su infantil rubio jugaba con las burbujas y el jabón alegremente a la vez que enjabonaba su cuerpo sudoroso luego de la faena. Usando un par de sus dedos, el rubio logró inflar una burbuja en su mano, a la que sopló poco a poco para que se elevase por los aires. 
 
-Eres como un niño... cuidado con los ojos, Sanji. - Dijo mirándolo a través del espejo mientras sostenía sus torpes movimientos en su cabellera. La burbuja se reventó y el rubio retrocedió al sentir el ardor en sus ojos. No pudo evitar carcajearse al ver su rostro malhumorado con sus mofletes inflados mirándole a través del espejo. - Te lo dije.
 
-Ti li diji. Cierra la boca un momento, marimo. - Arremedó al peliverde mientras enjuagaba sus manos y su cuerpo para tallar sus ojos una y otra vez. Abrió sus ojos finalmente y lo primero que éstos enfocaron fue la trabajada espalda del moreno y cuando una idea llegó a su mente sus mejillas se pintaron de rosa. -¿Marimo...?
 
-¿Uhm? - 
 
-¿Cómo te hiciste rey de éstas tierras? - Preguntó y se preocupó luego de que el cuerpo contrario se tensó y retiró sus manos de su cabello, dejándolas en el aire. - No importa si no quie-
 
- Era único hijo, así que cuando murió mi padre no importó si yo quisiera heredar la corona o no; simplemente tuve que hacerlo para no dejar desamparado a este país y evitar que cayera en manos equivocadas. - Dijo rápida y calmadamente sin mirarle directamente, pero podía ver su expresión por el espejo. - Sanji... - le llamó por su nombre, sólo para captar su atención.
 
- Soy el ser más hermoso que has visto jamás. Lo sé. - Admitió agitando su cabello rubio ahora corto.
 
-Deja el ego un momento, rubia. - Rió. - Más importante. ¿Qué somos, Sanji? - El rubio paró todo su movimiento y lo pensó por varios minutos, en los que solamente había un silencio torturador. Zoro notó su nerviosismo, sabía que era lo que iba a decir así que continuó. - Si has terminado, volvamos a dormir.
 
-Déjame ayudarte con tu espalda, marimo. - Se levantó de la bañera, y mientras lo hacía el peliverde se le adelantó.
 
-No es necesario. -
 
-No, realmente quiero hacerlo. - Se ubicó detrás de él y con sus delgados dedos acarició la hendidura entre sus músculos. Zoro sonrió - Semejante cuerpo te cargas, marimo. 
 
- Si el reino cayese en guerra, no permitiría que ningún soldado estuviese delante de mí. - 
 
-Eres fascinante, Zoro. - El moreno se sorprendió, era de las pocas veces en que el ojiazul le llamaba por su nombre. Sanji, por su parte de abrazó a su espalda, mirándole a través del espejo por encima de su hombro izquierdo. - Me gustaría saber cómo te verías con una armadura de combate. En tu habitación ví tres espadas, al parecer son tus favoritas ¿No?
 
-Diste en el clavo - Rió. - Siempre quise ser un hombre libre, pero ahora tengo un país en mi mando. Cosas de la vida ¿No? - Fue el turno del rubio de reír. - Y ahora tengo el ser más hermoso que he visto jamás junto a mí. - Alimentó el ego del rubio, quién sonrió y apartó la mirada luego de que sus mejillas se pigmentaron de color carmín. El ojiazul comenzó con su tarea, pasando sus manos y algo más por toda la extensión de su espalda, el moreno pareció relajarse con ésto, cerrando sus ojos. -Cuando termines, vallamos a dormir
 
- ¿Estás cansado, marimo? - Sonrió gentil.
 
- Te recuerdo que te estás alimentando de mi energía vital, rubiales. Es esperable que no estés cansado. Pero yo dulce y travieso espíritu, estoy agotado.
 
-Hay algo que el anciano no te dijo. - Continuó luego de ver la expresión de confusión en su cara. - Entre más deseos pidas, más recortarás tu esperanza de vida. Es por eso que estás tan cansado.
 
-Oh, ¿Enserio? - Rió. - Tengo un plan. No te preocupes más por ello. Luego te lo contaré. - 
 
-Bien, marimo. He terminado aquí, enjuágate, yo te esperaré en la cama. No tardes, ¿Bien?
 
-Bien, no tardaré – El rubio salió descalzo del baño tomando una toalla entre sus manos, y cerró la puerta calmadamente detrás de él. Mientras tanto, él terminó lo que debía hacer, después de un tiempo salió igualmente del baño con una toalla alrededor de su cintura y otra pequeña alrededor de su cuello.
 
Cuando regresó a la habitación, el de tez blanca le esperaba sentado en la cama, con sus pies colgando y sus manos en su cabello con una toalla blanca sobre él. Secó un poco las gotitas de agua que caían a su rostro con la toalla enrrollada en su cuello. Se acercó a él y se sentó a su lado; se dió cuenta de que el rubio había cambiado las sábanas, pues habían hecho un desastre con las anteriores.
 
-¿Aún no te has vestido? -
 
-Te recuerdo que alguien desgarró mi ropa interior. -
 
-Puedes tomar lo que quieras de la mía, rubia. - Se alzó de hombros, el rubio se sorprendió y simplemente obedeció levantándose. Mientras tanto él se recostó en la cama, mirando atentamente al ojiazul que se había vestido con lo primero que encontró dirigiéndose a las puertas del terraza para cerrarlas y volvió a la cama rápidamente.
 
Las lámparas se apagaron y se dispusieron a descansar, especialmente él, que estaba extrañamente exhausto. En medio de la habitación oscura y mientras él ya no distinguía entre realidad e inconsciencia, sintió un cuerpo aferrándose a él. Sonrió y le abrazó con su brazo izquierdo.
  
ZS 
Varios meses después...
 
Caminaba por los pasillos de la fortaleza, deslizando sus dedos por las paredes de piedra y tarareando una canción dió con el gran salón. Se mantuvo detrás de la puerta, observando a el marimo masajeando sus sienes y su entrecejo ante el escándalo. 
 
Reyes y reinas habían acudido a su palacio al saber que el rey de aquellas tierras aún no había conseguido una esposa y decidieron reunirse a su alrededor para buscar algún acuerdo usando a sus hijas como puentes entre reinos. Obviamente el moreno no estaba a favor de los matrimonios arreglados, ya que su padre ignoró todas esas reclamaciones y se casó con quién él quiso.
 
-Su majestad, le presento a mi amada hija Isabel - Decía una mujer, vestida de rosa con una gran corona. - Hicimos un largo viaje desde-
 
-¡Silencio! Obviamente mis trillizas llaman mucho más su atención, Si usted así lo desea, ¡Puede casarse con las tres! - Exclamó un segundo rey proveniente de una cultura diferente, anunciando a sus tres hijas claramente bellas, pero muy tímidas. 
 
-Que desagradable...- Susurró para sí mismo, nadie más le escuchó. No podía creer que hubieran escogido ese día para llegar a hacer un escándalo como ese a su palacio.
 
Quedaban dos reyes y una reina que iba acompañada de su hijo mayor y sus dos hijas, decidió no escuchar lo que ellos tenían que decir. Hizo una señal a uno de sus acompañantes para que se acercara mientras los reyes discutían, el muchacho dejó la sala haciendo inmediatamente lo que le pidió. 
 
-Diganos, Roronoa. Usted tiene la última palabra. - Dijo un rey. - ¿Con cual de nuestras hijas le apetece a usted casarse? - Toda la y sala quedó en silencio y solamente se escuchó su suspiro.
 
Mientras tanto, detrás de la puerta no sabía que Sanji le observaba atento. No sabía por qué estaba tan nervioso, Zoro en verdad estaba en su derecho de elegir a una mujer que pasaría el resto de su vida con él y le ayudaría a dirigir su reino, sin embargo no entendía por qué tenía tanto miedo. Quizá sentía que sería dejado de lado y por supuesto eso no le gustaba.
 
Meses habían pasado y él sólo se dedicaba a conceder los deseos del rey, lo de aquella noche jamás volvió a ocurrir, pero eso no prohibía pequeños roces en los que alguien les terminaba interrumpiendo. Se ponía a pensar en los sucesos de aquella noche y sólo le entraban ganas de repetirlo, Zoro por otro lado no le daba mucha importancia.
 
Los deseos que había pedido eran todos muy tontos o eran peticiones de su pueblo, muy pocos eran realmente para satisfacerse a sí mismo. Hacía poco que Zoro había descubierto su talento para cocinar y lo disfrutó al máximo, eso no le molestaba al fin y al cabo él existía para servirle a su rey. 
 
Entre sus pensamientos, escuchó las palabras del moreno:
 
-Agradezco que hayan venido hasta aquí sólo por mi causa, sin embargo el matrimonio no es algo que me interese realmente por ahora. Puedo ofrecerles lo que necesiten quedarse en este reino hasta que regresen a su hogar - Una pausa -No los obligaré, pueden quedarse al banquete. Hablaré con cada uno de ustedes por privado en alguna otra ocasión - Dicho ésto se levantó y caminó fuera de esa enorme sala acompañado por un par de sus hombres.
 
-¿¡Qué!? - Gritó en un susurro, acompañado por un par de gobernantes insatisfechos en el salón. Una de ellos se retiró ofendida junto a su hija, sin embargo los demás decidieron quedarse, pronto los sirvientes les guiaron a donde se celebraría el gran banquete en dónde llegarían a un acuerdo entre naciones. -¡Marimo!
 
Corrió a encontrarse con el, fue estúpido lo que dijo pero no podía dejar de sentirse feliz. Pronto decidió no presionarle demasiado, así que solamente se dirigió a su habitación deseando ir a buscarle cuando la reunión hubiese terminado.
 
Lo que no se esperó fue ver al moreno en su habitación,  luego de  entrar y dejarse caer en la cama. El moreno le llamó por su nombre es inmediatamente, con las mejillas calientes y de color rosa se levantó y se posicionó frente a él.
 
-¡Marimo! ¿¡Qué cojones fue eso!? ¿¡Cómo te atreves a rechazar de esa manera a todas esas hermosas princesas!? - Le reclamó.
 
-Si estás enojado, entonces ¿Por qué sonríes? - Preguntó confiado.
 
-¡Cállate! ¡No lo sé! ¿Está bien? - Se sonrojó notablemente y el peliverde no pudo evitar reír. -¡No te rías! ¡Joder! - 
 
-Arréglate, quiero que me acompañes. 
 
-¿¡Qué!? -
 
-¿No quieres? - Se acercó a él lentamente, con la intención de besarlo. - Siempre que te hice la pregunta me evadías o simplemente no me respondías nada. Ésta vez es enserio, Sanji. ¿Qué somos?- El rubio abrió su boca, pero le interrumpió, conociendo lo que diría - No eres sólo un sirviente más para satisfacerme, para de una vez con eso. Háblame desde el fondo de tu corazón
 
-No lo sé...- Susurró. - No deberías sentir nada por mí, marimo ¿Qué-
 
-No hablemos de mí, quiero escucharte a ti. -Le interrumpió una vez más. - Has cumplido todo lo que te he pedido, pero jamás me he detenido para escuchar lo que tú deseas. Dímelo.
 
- Estoy... -Mordió su labio inferior, jamás pensó que detendría para escuchar lo que él deseaba, jamás pensó tener el derecho de decirlo. - Estoy harto de conceder deseos... quiero ser libre.
 
-¿Algo más? - 
 
-¡Joder! Quiero... Quiero pasar el resto de mi patética vida junto a ti... estoy enamorado, Zoro. - Cubrió su rostro con sus manos, sintiéndolo arder. - Te amo tanto.
 
El gobernante sonrió ampliamente, sabiendo claramente lo que sería su próximo deseo.
 
- Deseo que puedas tener una vida normal a partir de ahora y no tengas que vivir nunca más encadenado contra tu voluntad. - Vió al rubio aún tímido temblar al haber escuchado sus palabras. Pequeñas lágrimas mojaron el piso, escuchando aún sus quejidos. - Mírame, Sanji. ¿Ésto es lo que deseas? -
 
-Marimo... ¿Tu también me amas? - Ignoró su anterior pregunta y quiso quitarse un peso de encima.
 
-Yo también quiero pasar el resto de mi vida contigo, yo también estoy enamorado, Sanji. Te amo. - Al instante del abrazó a él y lloró en sus brazos. Sintió al peliverde acariciar su rubio cabello. - Hey... estás quitándome el aliento... relájate un poco.
 
-Marimo... antes de cumplir tu último deseo, me gustaría hacerte una pregunta. ¿Querrías tener un bebé? - Preguntó limpiándose las lágrimas, el marimo le miró estupefacto.
 
-¿¡ESO ES POSIBLE!? - Preguntó escandalizado. Probablemente todo el castillo le escuchó.
 
-Claro que sí- Rió. - Pero es...un poco complicado de explicar. 
 
-Eres increíble. - Le tomó por sus muslos y el rubio dió un saltito para abrazar al moreno con sus piernas y aferrarse a su cuello. - Cumple mi último deseo... cuando todo ésto termine, te juro que haré muchos minis Sanji junto a ti. 
 
-Era obvio que no estarías satisfecho con uno sólo. - Rió.
 
Se acercaron mutuamente, rozando sus labios levemente. El rubio respingó cuando alguien se atrevió a tocar la puerta, afortunadamente lo hizo antes de entrar y ver a un rubio avergonzado y completamente rojo hasta las orejas junto a su rey que no podía estar más divertido.
 
-Su... su majestad, todo está listo. Todos le están esperando. - 
 
-Ahora voy... pídeles que esperen un poco.
 
-Encegida. - El soldado se retiró rápidamente.
 
–¿Marimo? – Comenzó a retroceder hasta encontrarse contra la pared y el moreno que se veía con claras intenciones de besarlo. Cuando su espalda topó con la pared, el marimo aprovechó para intimidarlo un poco más, disfrutando su dulce aroma a frutas, contrastante con el suyo a acero y alcohol. –¡Marimo! ¡Están esperándote! ¡Largo de aquí!
 
–Que nos esperen un poco más… tu vendrás conmigo. Te presentaré como mi pareja y futuro príncipe de éstas tierras. – Tomó su mano y la besó. – Acompáñame a reinar este país, Sanji. Cásate conmigo. – Le miró a los ojos. –Que mal que no llevo un anillo lujoso conmigo, pero más adelante tendrás todo lo que me pidas, Sanji.
 
–¿Crees que me interesan las joyas y los tesoros? Qué estúpido, marimo… claro que me casaré contigo, Zoro. – Se abrazó de su cuello, juntando sus labios rápidamente con los del moreno. El peliverde le tomó de los muslos tentandole a saltar, pero le detuvo. –¿En qué estás pensando, estúpido marimo? Te están esperando.
 
– Eres muy pesado en llamarme así. Deja mi cabello en paz y arréglate rápido. Te veré ahí. ¿Te parece?
 
–Pero yo… – Se quejó tímido, desviando la mirada avergonzado y temeroso. – No quiero ir, marimo.
 
– Le daré una paliza a quién se atreva a criticarte o insultarte. – El rubio le miró, quedándose sin palabras. – Ahora, vístete adecuadamente. ¿De acuerdo? –
 
–¿Qué haremos después de la cena? 
 
–Terminaré lo que empecé. – Dijo sonriente caminando fuera de la habitación, mirando a Sanji por encima de su hombro – Terminará sin que te des cuenta, Rubia.
 
–Sí… claro que sí. – Susurró mientras veía la puerta cerrarse. Miró sus pies y empuñó la tela de su vestimenta, más tarde alzó la mirada y sonrió. – Más vale que termines lo que empezaste, idiota. – mordió su labio inferior deseoso por repetir las travesuras que ambos hicieron esa noche exquisita.
 
Notas finales:

Ha sido un tanto largo, pero espero que lo habéis disfrutado :3


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