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De peleas idiotas e idiotas enamorados por anomnilerr

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Notas del fanfic:

Los personajes son de Togashi pero yo los hice casarse, pelear y follar en un solo fic. 

Salud por eso.

Un portazo inauguró una de sus primeras y más grandes discusiónes. Kurapika entró hastiado arrancandose la peluca plateada con violencia. Leorio camino al refrigerador en busca de una cerveza, el camino había sido tenso y sabía por el ceño del rubio que las cosas no mejorarían.

-No se por donde empezar…-Leorio ya estaba sentado en el sofá tomando un gran sorbo, respiró con profunda molestia cuando Kurapika se puso frente a él a escupir su mal genio.

-...Tal vez por tu falta absoluta de profesionalismo, por tu temperamento incontrolable o tal vez, por tu falta absoluta de coherencia y razón. 

-Aqui vamos…-Leorio se levantó dispuesto a ignorar al rubio, no pudo verlo. Pero estuvo seguro que su ira se incrementó el triple cuando el pelinegro le dió la espalda. 

-¡Leorio! 

-¿Que diablos quieres? Tendrás una basura de monólogo recalcando como lo heche a perder y como tú nos salvaste del desastre que yo inicie... 

-Eso es exactamente lo que pasó. 

-Me importa un demonio. No estoy arrepentido y volvería a hacerlo, si estás tan jodidamente molesto dibuja mandalas o cualquiera de esos pseudo placebos que hacen que la gente se sienta mejor. Pero a mí no me sacarás ni una maldita palabra ¡Al diablo! 

 

Ambos estaban frente al otro, Kurapika entendió de inmediato que Leorio no estaba dispuesto a negociar o reconocer. Odiaba cuando ese era el caso, porque él tampoco pensaba ceder ni en lo más mínimo. 

 

-¡Pudimos haber muerto!

-Vaya ¿Tú preocupado por morir? No uses eso como una excusa para hacerme sentir culpable, llevas años siendo un maldito Kamikaze y nunca he podido recriminarlo. Pero de pronto yo hago uso de tus tendencias suicidas y soy lo peor. 

-¿Es enserio, Leorio?- Kurapika respondió incrédulo. 

 

¿Cómo habían llegado a eso? Era una ridícules. Habían estado de infiltrados en una misión por pedido de Gon, el fin de esta era obtener información acerca de unas piezas robadas pertenecientes a un templo sagrado. Kurapika había tomado el papel de una linda doctora experta en arqueología sin dinero para su investigación y Leorio suplía al magnate adinerado enamorado de la linda y joven chica, tan enamorado, de hecho, que se encargaba de costear la investigación completa de esta. Sin embargo, la peliblanca solo utilizaba de mala forma al pobre magnate, ya que está coqueteaba con los demás participantes del gremio financiero (En busca de información sobre las piezas, realmente), por ende, lo que debía haber pasado era que Leorio se enterara del "engaño" de Kurapika, cortaba lazos con ella y se encargaba de dar una imagen que hacía creer a los demás que se habían retirado por problemas amorosos y no porque ya tenían la suficiente información como para vaciar la bóveda y devolver aquellas reliquias a su pueblo natal. 

Leorio conocía el plan y lo había aceptado, estaban en la última fase de este, Leorio se había tomado el rol de tipo con el corazón roto demasiado en serio bebiendo un poco más de la cuenta, pero en general todo estaba saliendo bien; Hasta que momentos antes de irse, Leorio lo vió claramente. La mano salió de uno de los ancianos pretenciosos que pensaban que Kurapika era un perra, esta se posó con fuerza sobre el muslo del rubio haciéndolo saltar. Kurapika podría haberle partido la cara, y de hecho pensaba hacerlo, sin embargo, antes de que pudiera devolverle un puñetazo al desgraciado, Paladiknight ya estaba allí asestandole golpes. Al diablo el maldito plan, no permitiría que nadie tocara a Kurapika de esa forma y se saliera con la suya. 

Antes de que el rubio se diera cuenta, Leorio se había lanzado sobre el anciano para desquitarse con sus puños. Todo se volvió un caos, mientras intentaba separar a su enajenado esposo de su presa, este maldecía una y otra vez. Kurapika no tuvo opción y tuvo que usar una llave con Leorio para reducirlo, más molesto que consecuente este le gritó.

-¡Ya basta, Leorio!- Silencio absoluto, Kurapika mordió su labio, había revelado la identidad del mayor. El anciano se levantó cubriéndose la nariz con un pañuelo para detener el sangrado. 

 

-¿Leorio? 

-Mierda.

 

Era todo, tuvieron que enfrentarse a los usuarios de Nen que custodiaban a sus adinerados jefes y tomando en cuenta que era una exposición prestigiosa, fueron varios. 

Todo había sido para nada, ya que aquella revelación había llamado a alertar a los jefes para ocultar todo lo que sea que le hubiesen contado a Kurapika, incluyendo las piezas por las cuales habían estado allí para comenzar. 

 

Habían logrado escapar a penas. 

 

Volviendo al presente, las cosas no estaban más tranquilas. 

 

-Lo tenía bajo control. 

-¡Ese tipo se merecía cada puñetazo! 

-¡Eso debí decidirlo yo! 

-¡Oh claro, había olvidado que el sentido de estar casados era que siguieras haciendo todo por tu cuenta! 

-¡Al menos si las hiciera por mi cuenta tendría buenos resultados! 

-¡Bien, tú tienes razón! Siempre la tienes ¿Quién en este maldito mundo podría estar en contra de Kurapika?

-Sigues usando eso como argumento, pero aún no me has dado ninguna razón para pensar que yo estoy equivocado. 

-¿Qué querías que hiciera? Veo como un anciano te toca el…

-No lo menciones. 

-Como sea ¿Esperabas que me quedara tranquilo? 

-Esperaba que fueras profesional.

-Pues no todos podemos ser tan fríos como tú, a algunas personas les importa su matrimonio…

-¿Insinúas que no me importa? 

-No lo insinúo, lo doy por hecho. 

 

Kurapika mordió su labio. 

 

-Entonces vete- Escupió. 

 

El moreno no pudo evitar asombrarse. Por el tono de Kurapika, sabía que no estaba bromeando. 

 

-Kurapika…

-Si eso es lo que piensas, quiero que te vayas de una vez. 

 

Leorio quedó frío, pero endureció su rostro para que el rubio no pensara que había ganado ¿Quería que se fuera? Pues bien, lo haría. 

 

-Bien- Dejó salir secamente. 

 

Camino rápido y salió por la puerta soltando un portazo, Kurapika se quedó quieto en el vestido roto color lavanda que conformaba su disfraz. No se movió, sentía que algo lo anclaba al piso. La verdad era que apenas sintió la ausencia de Leorio ya había empezado a extrañarlo. De cierta forma, estaba consciente de lo que dijo, pero Leorio nunca lo escuchaba. Fue extraño verlo irse, normalmente siempre terminaba cediendo y agachando la cabeza. Pero ahora se había largado. 

Kurapika avanzó al dormitorio, la impresión que le había provocado la huida de Leorio había sido reemplazada por una molesta exagerada. Si quería irse, si realmente pensaba eso, entonces por el estaba bien. Haría sus maletas y pediría un taxi, no necesitaba en absoluto nada de esto. 

Pero la puerta dio tres leves toques y Kurapika no supo cómo, pero la ansiedad desconocida, camuflada bajo el enojo suplió su orgullo con una facilidad vergonzosa. No entendió cómo, pero abrió tan rápido que hacia el exterior había dado la impresión de que lo estaba esperando, de que lo había estado esperando años. Ambos se miraron por unos segundos en silencio, segundos que parecieron siglos. La mueca de Leorio y sus cejas ligeramente inclinadas dejaban ver la urgencia, era como un perro al que acababan de reñir, el no quería irse, dios, su orgullo no había podido superar el cruzar la calle. 

 Ambos se abalanzaron sobre el otro para juntar sus labios. Leorio tomó a Kurapika entre sus brazos, levantandolo en el acto y este le respondió aferrandose a su cuello. 

 

-Kurapika…-Solto entre besos.

-Callate…-Leves gemidos por parte del rubio se hicieron presentes- ...Eres un idiota. 

-Tienes razón, dios, siempre la tienes. 

-Nunca vuelvas a decir que no me importa, no es cierto…

-Lo se…

-Leorio...No te vayas. 

-Lo prometo.

 

Mientras el diálogo continuaba, de alguna u otra forma Leorio ya se las había arreglado para rasgar las medias de Kurapika y bajar sus propios pantalones. El rubio había envuelto el torso del contrario con sus piernas, mientras capturaba su cara y lo besaba de forma desesperada. 

-Aunque te lo pida…-Dejo salir. 

-Nunca hago lo que me pides, de todos modos. 

 

Con una leve sonrisa, iniciaron su reconciliación. Más tarde Kurapika se encontraba descansando sobre el pecho de Leorio, con unos de sus dedos acariciaba la clavícula de su amante, entonces su teléfono sonó. Somnoliento estiró su brazo por sobre la figura de Leorio. 

 

-No contestes…-Leorio había detenido su mano para quejarse con pereza. 

-Podria ser importante…

-Kurapika, son las cinco de la mañana…-La mano de Leorio arrastró la de Kurapika hasta sus labios, un suave beso se depósito sobre los nudillos de este -Sea lo que sea, puede esperar. 

 

Kurapika se dejó llevar, arropado por la ternura de Leorio a quien no podía decirle que no. 

 

En otro lado del mundo el teléfono de Gon lo arrojaba al buzón de mensajes del rubio, tragó saliva mientras Ging lo miraba irritado. 

-Ya contestarán y nos dirán cómo resultó todo. Je...


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