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Disonancia por Ayann

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Notas del fanfic:

Disonancia

 

Historia ©Αγáπη.

 

Personajes de Yu Gi Oh! ©Kazuki Takahashi.

 

La escena de la azotea de la escuela en el prólogo (excepto por el final) pertenece a Yu Gi Oh! El lado oscuro de las dimensiones ©Kazuki Takahashi y 4K Media Inc.

 

 

 

Prohibida su reproducción por cualquier medio y/o sin mi autorización escrita.

Prólogo


.


El riff de la guitarra, como alarma de su móvil, lo despertó, la batería le dio el empuje para salir de la cama.


Levantándome, de nuevo en las calles —cantó bajo la ducha, sin importar las delgadas paredes del apartamento—, tomó mi tiempo, me arriesgué hasta el último asalto, ahora estoy de nuevo en pie, solo un hombre y su voluntad por sobrevivir*.


Con la energía a tope, se alistó y, sin tomar alimento, salió corriendo porque ya se le había hecho tarde, como siempre. Tomó a su fiel compañera, su bicicleta, y se perdió entre las desoladas avenidas.


La melodía estableció el ritmo del pedaleo; llegó un par de segundos antes de finalizar el reparto de periódicos, el despachador soltó un profundo suspiro y negó con la cabeza, Joey simplemente mostró su brillante sonrisa con un inocente encogimiento de hombros, tomó su carga habitual y se apresuró por la intrincada ruta, la zona residencial de la ciudad.


Una hora y media después, todo un nuevo récord, le faltaba una entrega, la más pesada pues la residencia estaba en una de las pendientes más difíciles del vecindario, frente a la imponente mansión Kaiba. Cuando creyó que sus pulmones iban a colapsar, volvió a la letra en su cabeza:


Muchas veces sucede muy rápido, cambias tu pasión por la gloria. No pierdas de vista los sueños pasados, debes luchar por mantenerlos vivos*.


Con renovadas fuerzas, llegó a la reja de la casa y lanzó el paquete, en una perfecta parábola, el diario aterrizó en el tapete de entrada, alzó un puño en festejo silencioso, la última vez que se dejó llevar los perros del cliente lo persiguieron por más de veinte minutos.


En vez de volver para recoger la paga y dirigirse a la escuela, admiró la fastuosa mansión Kaiba siendo iluminada por los débiles rayos de sol. El movimiento de autos y guardaespaldas en la puerta principal, le indicó que el CEO estaba a punto de hacer acto de presencia, por mucho que se estiró no logró verlo, los autos avanzaron en caravana y, antes de que repararan en su presencia, Joey lanzó un saludo con dos dedos desde su frente.


Cara a cara, bajo el sol —entonó, dando media vuelta al tiempo que una limusina blanca salía por las altas rejas—, aguantando duro, hambriento. —No miró atrás y pedaleó con todas sus fuerzas, mientras el distinguido automóvil se alejaba por el lado contrario—. Mantienen las esperanzas hasta que volvamos a la calle a matar para sobrevivir*.


Dejándose llevar por el compás, en un suspiro, se vio en la azotea de la preparatoria, a cuatro minutos de la una de la tarde, almorzando un onigiride atún, parado entre Tristán y Bakura, frente a Mutō y Gardner, con unos granos de arroz en las mejillas, pasó el bocado y exclamó:


—¡No es cierto!, ¿entraste? Ese programa de estudios tiene suerte de tenerte, pero ¿no tienes miedo?


Téa le dio una criptica mirada, regresó la atención a su bentō y tomó una salchicha en forma de pulpo.


—Soy una profesional —dijo, estirando la mano con los palillos hacia el frente—, no debe darme miedo probar más de lo que puedo abarcar.


—Incluso con esos palillos tienes gracia —señaló Yūgi, la chica sonrió complacida—, seguramente lo lograrás.


Joey se sentó muy cerca de Ryō, el peliblanco alzó la vista y pronunció:


—Estoy muy orgulloso de que sigas tus sueños, Téa.


El rubio asintió con la cabeza.


—Al menos —interrumpió Tristán—, alguien lo hará. Mi papá quiere que trabaje en su fábrica al terminar la escuela. —El tono de resignación en su voz hizo a Joey acercarse y pasarle un brazo por los hombros.


—¡Ánimo, Compañero! —gritó el rubio, mientras se acomodaba para aplicar una llave de judo—, podría ser peor. Conozco a un ex luchador profesional. —Al levantarlos, el sándwich en la boca de Taylor casi lo ahoga, pero Joey siguió, provocando gestos de pena en Gardner y Yūgi—. La verdad es que aprendí algunos letales movimientos, llamo a este “El vete a dormir”.


Tristán, a punto de morir, golpeó los brazos del rubio.


—¡Me rindo! ¡Joey!


Wheeler lo liberó, Tristán se dejó caer.


—¿Joey? —llamó Téa con una inflexión condescendiente—, ¿sigues planeando convertirte en un duelista profesional cuando acabes la escuela?


El rubio cruzó con arrogancia los brazos sobre el pecho.


—Mhm, acostúmbrate, ¡seré el campeón muy pronto! —Alzó un puño triunfal—. ¡No hay nadie en el mundo que pueda vencerme! —En su cabeza la canción sonaba a todo volumen, «Ascendiendo directo a la cima», se contuvo de cantar a todo pulmón, «tenía las agallas, conseguí la gloria, remonté la distancia, ahora no voy a parar, solo un hombre y su voluntad por sobrevivir*».


Tristán arqueó una ceja.


—Excepto, el profesor que confiscó tu disco de duelo por usarlo durante la clase.


—Fue muy osado —aseveró Mutō, en tanto Téa se ponía de pie— hacerlo durante el examen final.


—Tu turno —demandó la chica emocionada—, Yūgi.


Mutō la miró desconcertado.


—¿Eh?


—Es hora de que les digas a los chicos cuál es tu plan.


—¡Oh!, claro, ¿por qué no? —aceptó Mutō, dejando su almuerzo a un lado—. Seguiré ayudando a mi abuelo en la tienda, pero, también, empezaré a crear mis propios juegos. —Joey elevó el pecho con orgullo, Taylor se levantó y dibujó una sonrisa en los labios—. Tal vez suene muy trillado, pero algún día… —El tricolor se puso de pie—. ¡Podremos jugarlos juntos!


Con la mayoría de pie, Ryō los imitó.


—¡Eso sería magnífico, Yūgi!


—¡Por supuesto! —soltó Joey entusiasmado—, de hecho, hagamos una promesa, cuando el juego de Yūgi sea el número uno en el mundo, nos reuniremos y lo jugaremos. ¿Qué les parece?


—¡Estoy de acuerdo! —coincidió Tristán.


—¡Sí! —siguió Ryō—, ¡hagámoslo!


Yūgi elevó las manos a la defensiva, su voz sonó algo temblorosa:


—Con número uno, ¿se refieren a…?


—No te preocupes —intervino Téa, el tricolor giró para mirarla a los ojos—, ¡lo lograrás! Solo recuerda que tus amigos creen en ti.


—Gracias. —Mutō cerró los ojos, al abrirlos miró al frente—. Yo…, también creo en ustedes.


El timbre sonó en ese instante, Joey fue el primero en caminar hacia la entrada, a sabiendas de que los demás lo seguían, se detuvo antes de tomar el pomo de la puerta, giró la cabeza por sobre su hombro, un férreo rayo cruzó sus ojos chocolate.


Es la mirada del tigre* —cantó, desconcertando al grupo.


—Es la emoción del combate* —entonó Tristán.


A la altura del desafío de nuestro rival* —coreó Bakura.


Y el último sobreviviente —terminó Joey— acecha a su presa durante la noche y nos observa con la mirada del tigre*.


El grupo soltó tremendas carcajadas, Wheeler volvió la vista al frente y abrió la puerta.


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Notas finales:

*Letra traducida de Eye of the Tiger, Survivor.


 

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