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Frontera por TadaHamada

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Notas del capitulo:

Antes le ponía título a los capítulos, pero la neta soy mala para eso xd

Los primeros capítulos son bastante cortos, pero ya después están larguísimos xd

Todo comenzó hace un tiempo en un pequeño pueblo de la frontera de México. Corría el año 2006, por el mes de mayo. Uno de los meses más calurosos del año, aunque ese mes fue particularmente más caluroso. La tierra estaba seca y el polvo volaba por todos lados con la más mínima brisa. 

 

Era un pueblo pequeño, de unos cinco mil habitantes. Más bien podría decirse que era un ejido, aunque tenía su propia alcaldía, estación de policía y, de no ser por la armadora de autos que había desde hacía un par de años ahí, se podría decir que era un pueblo olvidado y alejado de la mano de Dios. 

 

La calle principal era amplia, de terracería, con unos cuantos mezquites en los márgenes de ésta, pero que no daban gran cantidad de sombra, por tal motivo, la mayor parte del día la gente no salía, salvo los que trabajaban en la armadora y quienes tenían que hacer alguna diligencia al centro del lugar. En dicho centro había una pequeña plaza, con un kiosko, bancas que enmarcaban las jardineras y algunos árboles que brindaban un poco de sombra. Sin embargo, en esa época del año hacía demasiado calor como para ir entre las 11 de la mañana y las 5 de la tarde. 

 

A partir de las 6 de la tarde se reunía ahí un grupo de al menos diez jóvenes que cualquiera pensaría que eran unos vagos y que solo causaban problemas por la pinta que tenían, pero muy por el contrario, ellos se encargaban de mantener a raya a pandillas de pueblos cercanos que querían hacer desmanes. La policía local estaba compuesta por una veintena de elementos, pero eran insuficientes. Además, recibían un sueldo muy bajo y los jóvenes preferían trabajar en la armadora. 

 

—¿Qué onda? — saludó Esteban "Puk" Hernández, el joven que lideraba aquella pandilla, un muchacho de entonces dieciséis años. Vestía una camiseta blanca y pantalones de mezclilla algo desgastados que hacían juego con sus zapatillas deportivas negras en igual condición. 

 

—¿Cómo sigue tu jefa? — le preguntó Ignacio "García" Rodríguez García, el segundo al mando luego de chocar puños con él a modo de saludo. Él prefería ser llamado por su segundo apellido, que era el de su fallecida madre. 

 

—Mejor, gracias a Dios... —se sentó en la escalinata del kiosko, junto a sus amigos — Amaneció muy contenta por la comida de mañana. 

 

—Qué bueno, carnal —dijo Alejandro "el Gato" Ramírez Vega, animado. 

 

Todos los amigos de Puk le tenían gran estima a doña Susana, madre de Esteban y Antonio, éste último su único hermano y que tenía entonces 13 años. 

 

Puk trabajaba en la armadora, como todos sus amigos. El turno matutino era de 8 am a 5 pm y el vespertino de 1 pm a 10 pm. Los vigilantes trabajaban además en turno nocturno de 10 pm a 8 am. La armadora pertenecía a la familia Lascuráin Rubio, quienes habían llegado hacía dos años y tenían una mansión enorme cerca de ahí. 

 

—¿Entonces, siempre sí va a hacer la comida tu jefa? —preguntó Víctor "el Vicky" Martínez, con cierta preocupación. 

 

—Sí, ya ves cómo es re terca... Y ya tenía casi todo comprado, así que menos puedo convencerla de que no la haga —respondió Puk —. De todos modos ya le dije a doña Rosa, pa que nos haga el favor de ayudarle y que mi jefa no se canse tanto. 

 

Siguieron hablando, primero de la madre de Puk, luego de diversos problemas de cada uno, la mayoría económicos, y después de muchachas. Puk desde hacía un año tenía por novia a una muchacha muy bonita de quince años, hija de su vecina doña Rosa. La muchacha era muy tímida, recatada y estudiosa, y Puk siempre le insistía en que debía seguir en la escuela a pesar de que ella quería trabajar para ayudarle a su mamá. 

 

—Tú estudia, que para eso tu mamá se parte el lomo trabajando, pa que no termines como ella...— era frecuente que él le dijera eso y ella asentía, sabiendo que era cierto. El padre de Marcela, como se llamaba la jovencita, se había aventurado a ir "al otro lado", buscando el "sueño americano" hacía ya diez años, solo para volver en un ataúd a los pocos días. Marcela tendría cinco años entonces. 

 

Su mamá se buscó marido debido a la situación económica en que quedaron después de eso, pero el tipo resultó ser un verdadero vago, alcohólico y golpeador. Ambas soportaron tres años de abusos, hasta que sucedió algo que la madre de Marcela aún no se perdonaba ni se perdonaría jamás: el tipo, aprovechando que doña Rosa trabajaba limpiando en la alcaldía y siempre volvía hasta después de las cinco, esperó a su hijastra y la violó en su propia casa. Por suerte un vecino oyó y pudieron atrapar al tipo y le dieron ocho años de prisión. 

 

Puk conocía la historia de Marcela y sabía que ella era desconfiada, distante a veces, así que no la presionaba. Él era el único muchacho al que le había permitido acercarse. La mayoría de sus amigos tenían novia, un par de ellos estaban en busca de una o simplemente no tenían cabeza para eso de momento.  Había muchachas muy lindas, pero la mayoría se iba a la capital, que estaba a dos horas de ahí, en busca de oportunidades. 

 

—Creí haberles dicho que este lugar es nuestro... — oyeron Puk y su pandilla y voltearon a ver hacia donde habían oído esa molesta y conocida voz. 

 

—Y yo creí haberte dejado bien claro que la plaza no es tuya, "güero" — se levantó de su sitio para encararlo y sus amigos hicieron lo mismo. 

 

La pandilla recién llegada era liderada por Alan Daniel Lascuráin Rubio, nada menos que el único hijo de Diego Lascuráin Adalio, el dueño de la armadora. Esa pandilla era conformada por un número igual de miembros que la de Puk, pero la diferencia era que esos muchachos eran "riquillos" que solo buscaban fastidiar a sus contrarios. 

 

—Tengo el suficiente dinero como para comprarte a ti y esta mugrosa plaza... —respondió Alan, altanero —. Aunque no creo que valgas gran cosa... — espetó. 

 

Puk generalmente no se dejaba provocar con cosas tan tontas, pero Alan lograba sacarlo de sus casillas debido a que cada vez que se topaban, le provocaba problemas. Alan, como "junior" que era, siempre tenía el recurso de amenazarlo con hacerle perder su empleo, y ya varias veces había sido llamado a la oficina del señor Diego por problemas con Alan. 

 

Puk quiso irse sobre Alan, para golpearlo, pero sus amigos lo retuvieron. 

 

—Vámonos Puk, no vale la pena — le murmuró García, mirando a Alan con rencor. Los amigos de Alan parecían satisfechos con la reacción del líder de la pandilla enemiga. 

 

—Tienes un chingo de suerte, "güero"...— masculló Puk —. Vámonos... —dijo y comenzó a andar hacia la calle principal, seguido de sus amigos, que estaban alerta por si los otros los atacaban a traición. 



*-*



El sonido metálico de la maquinaria era capaz de ensordecer al que no estuviese acostumbrado, pero Puk trabajaba como si nada con la prensa con la cual hacía las enormes placas de acero que más adelante serían moldeadas para formar piezas de automóvil. 

 

Oyó por los parlantes que la secretaria del señor Lascuráin lo nombraba y le pedía presentarse en la oficina del jefe, así que resopló con fastidio y detuvo la máquina, se sacó las gafas protectoras y los guantes de cuero. Miró de reojo a su supervisor, que parecía negar con decepción y encogió los hombros. Como si no supiera que todo era culpa del "hijo de papi"... 

 

—...Al parecer, mi hijo y tú no caben en este pueblo... Tú eres uno de mis mejores empleados, solo por eso no te he despedido...— la retahíla de siempre... —... Pero esta vez ya sé que voy a hacer, voy a parar esto de una vez por todas...—bien, esta última parte si era inesperada. Normalmente Puk tenía que comprometerse a evitar confrontaciones con Alan. 

 

Puk alzó una ceja, curioso de saber la decisión que había tomado el señor Lascuráin, y que de seguro era solamente en beneficio de Alan. Apretó los puños, esperando oír el "estás despedido" y su cerebro comenzó a trabajar para idear cómo sobrevivir mientras conseguía algo más o se aventuraba a cruzar la frontera. 

 

—... Sé que mi hijo puede ser problemático, y debido a que en poco tiempo cumplirá dieciocho y le cederé el mando de esta fábrica... 

 

Puk se imaginó un escenario donde su familia lo pasaba realmente mal debido a su despido... No era su culpa que Alan fuese un niño mimado... No era justo... 

 

—... que ya no estarás aquí... Y no te preocupes por los detalles, te proporcionaré lo que necesites para la mudanza... — Puk despertó de sus cavilaciones, extrañado por lo que había oído. 

 

—¿Mudanza? — preguntó, sorprendido. 

 

—Supongo que querrás que tu familia esté contigo... El lugar donde abriré la nueva fábrica cuenta con un pequeño complejo de apartamentos, donde ubicaré a los empleados que lo soliciten... Por supuesto, tú te irías para ser Supervisor de Producción, con mejor sueldo... —explicó el hombre de cuarenta y pocos —. ¿Tienes alguna duda? 

 

—Nomás dígame dónde firmo — soltó Puk, divertido. 

 

—Perfecto, muchacho —le tendió la mano y Puk la estrechó con fuerza —. Le diré a Betty que prepare lo necesario... A más tardar el mes que entra tienes que estar allá. 

 

—Así será, jefe... El señor Lascuráin acompañó a Puk hasta la puerta de la oficina, mientras le contaba de sus planes de expansión de la empresa y de que el muchacho era una de sus mejores opciones para supervisar. 

 

—Bueno, me voy a trabajar. Gracias de nuevo, señor — estrecharon sus manos de nuevo. 

 

—Es lo mejor para todos —le palmeó el brazo —. Te avisaré en cuanto esté todo listo. 

 

Puk volvió a su estación de trabajo y un par de horas después sonó el timbre de la hora del almuerzo. 

 

—¿Y ahora pa qué te mandó llamar Lascuráin? — preguntó García, a sabiendas de que tenía que ver con Alan. 

 

—Pos pa decirme que ya no voy a trab...—fue interrumpido por García. 

 

—¡Y todo por culpa de ese cabrón hijo de su pin...! 

 

—Cálmate, déjame terminar... Va a abrir una fábrica en la capirucha* y quiere que yo me vaya pa allá —dijo. (*capirucha=capital

 

—¿Y qué va a pasar con tu jefecita y tu carnalillo? 

 

—Pos don Diego dice que allá va a haber departamentos pa los empleados y que me los puedo llevar. Nomás tengo que echar una platicadita con Susana y a ver qué dice. No creo que haya problema con el Toño... 

 

—Mira qué bien... Voy a ir a mentarle la madre al "princeso" pa ver si a mí también me ofrece un aumento —bromeó García y ambos se rieron. 

 

—Yo creo que a lo mejor va a mandar a otros de aquí... estaría chido que todos nos fuéramos... 



——v—— 



—¿Por qué no me lo dijiste a mí primero? — Alan le dio la espalda, evidentemente molesto, aunque don Diego no entendía por qué. 

 

—Hijo... lo único que quiero es ya no estar oyendo cómo te peleas con ese muchacho. Él es buen empleado y aquí nunca me causó problemas. Si así se llevan ahora, ¿qué me tengo que esperar cuando te deje a cargo para irme a la nueva sucursal? Lo que menos quiero es más problemas — explicó el padre mientras miraba a su hijo ir de un lado al otro de la oficina. 

 

—Sí... tienes razón... —murmuró, pensativo —. Pero igual, debiste decirme primero... Esteban es mi... rival... sin él no va a ser divertido este lugar. 

 

—¿Si tanto te diviertes con él, por qué no paran de pelear? Deberías mejor buscar ser su amigo —sugirió y Alan lo miró como si hubiese proferido la blasfemia más grande del mundo.

 

 —¡Yo jamás sería amigo de ese...! ¡Ese...! ¡Ese cholo! ¡Es un naco, por favor! — espetó y se cruzó de brazos. 

 

—Pues hasta donde yo sé, es un buen muchacho — encogió los hombros. 



——v—— 



Había vuelto a su casa temprano porque sentía que quería estar solo para pensar. ¿Por qué le molestaba que Puk se fuera? Quizá era porque su padre estaba siendo muy atento con su rival... Quizá porque le molestaba que siempre Puk saliera bien librado... 

 

Quizá porque se quedaría sin su más acérrimo rival... el único que había valido la pena de todos los que había tenido. La verdad era que él mismo sabía que lo extrañaría. 

 

Es lógico... No hay nada bueno en este pueblo sin él... sin su banda, quiero decir... Aunque su banda se quedará... pero no será igual... Es decir, Esteban es siempre quien me enfrenta... y nunca había tenido un rival con quien me emocionara enfrentarme así... Las pocas veces que llegamos a golpearnos... Fue lo más emocionante... No, no me puedo quedar sin Puk... No puedo…

 

Alan Daniel Lascuráin Rubio se prometió a sí mismo que no permitiría que Puk se fuera de ese pueblo... así fuera lo último que hiciera... 

 

Notas finales:

Gracias por leer, gracias por acompañarme estos 5 años con esta historia. Al principio pensaba hacer un par de parejas nada más, pero esto se descontroló xd

Feliz año nuevo 2021, esperemos que sea mejor :'v

 

Pásenla a salvo ;u; <33333333333333333333333333


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