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El Precio De Nuestras Mentiras. por Sia Weir

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Notas del fanfic:

Advertencia: Mención de posible tráfico de órganos, prostitución y asesinato.

Escapar de su mundo lo veía como un error. Fueron flores acostumbradas a permanecer en tierra fresca, sin carencias o alguna experiencia. 

 

La mesa de madera comprimida estaba rota del centro. Su último cliente fue demasiado agresivo y sus pertenencias habían sufrido las consecuencias de tener a un borracho como cliente. Se recordó que no debía volver a llevar a esos ebrios a su hogar y busco a la caja de galletas dónde escondía el dinero.

 

El invierno se estaba abriendo camino y pronto debía pagar las cuentas. Claro que debía arreglar esa ventana, pero pagar el alquiler y esa puerta con pintura desgastada tenían prioridad. Serían las primeras en tener su respectiva reparación. Todo era tan frágil y cualquiera podría romper sus cosas de una patada.

 

Se levantó del suelo, su ropa interior estaba del otro lado de la habitación y se maldijo por no tener dinero para el alquiler a tiempo; pensaba como poner la comida del día en la mesa y no encontraba respuesta.

 

Era conciente, sabía que habían pasado de tenerlo todo a suplicar por la comida. Scorpius era optimista, tanto que a veces lo enfermaba. El optimismo no ponía el pan en la mesa, no pagaba las cuentas y no le cubría los gastos de la escuela de medicina.

 

Escucho como tocaban a la puerta, tomo un cuchillo y se acercó. Pregunto rápido quién era. Le habían enviado un cliente. Apartó el cuchillo, lo ocultó de nuevo en la madera de la mesa, tomo los preservativos y abrió la puerta viendo a ese obeso que vendía droga frente a la escuela primaria a dos cuadras. 

 

–¿Tienes el dinero?– El hombre le dió varios billetes, miraba a los alrededores mientras él los contaba aprisa. –Bien, servicio de una hora y media.

 

El hombre le arrojó otro fajo igual, lo hizo a un lado y cerró con seguro la puerta. 

 

–Quiero el servicio completo, muñeca. Me han dicho que no tienes protección de nadie...

 

–Si quieres golpearme eso te costará más que está mierda. Yo nunca hago nada sin protección.– El hombre sonrió burlón, se bajó los pantalones sentándose en el sofá y abriendo sus piernas. 

 

–No hablo de esa protección. No espero que un prostituto entienda. 

 

Albus miro de nuevo el reloj, Scorpius no llegaría hasta dentro de dos horas. Bebió un poco de agua, dejo el vaso alejándose de la seguridad de su mesa y se arrodillado frente al narcomenudista. Agradecía que ese hombre no fuera como sus clientes frecuentes, tal vez ese hombre era un asco, pero nunca olía mal a comparación del resto. Le colocó el preservativo con la boca y volvió a hablar intentando calmarse. 

 

– Puedes tocar lo que desees, cariño, pagaste por lo completo.– Bromeaba cuando sentía que su estómago no soportaría. Siguió escuchando. No era normal que un hetero fuera hasta él. 

 

–Escuche en la calle que un tal Potter buscaba a una muñeca de tus características.–Su cliente suspiró, jaló los mechones de cabello negro y finalmente pregunto. –¿Debes dinero? Sabes que puedes conseguir más dinero conmigo.

 

El chico se levantó, quitó el suéter y bajo sus pantalones. 

 

–Tengo novio.

 

–¿Y él sabe lo que haces? Seré directo muñeca, odio hablar mientras como así que escucha mi propuesta. Mi jefe quiere un pulmón, por lo que sé eres de esas que no fuman.

 

Se detuvo. Lo miro por primera vez a los ojos. Ese sujeto no caería tan bajo, sin embargo esa sonrisa grande lo hizo temblar. Fue tomado del cuello y arrojándo al sofá. Su cerebro no lograba entender que pasaba. Le faltaba el oxígeno y quería luchar por respirar. 

 

–Lo... ¡Lo haré!– Gritó lo más alto que podía. –Lo haré, por favor.

 

–Entonces divierte conmigo antes de ir con él. Al, cariño, será mejor que seas compatible con su hijo o ese tal Potter sabrá dónde vives muñeca.

 

Dió el servicio como era habitual en él, gritaba como a él le gustaba y arqueaba su espalda para simular algo que no sentía. Deseó que el tiempo pasara más rápido y pensó volver a casa. Su hermano debía ser un gran jugador de quiddich para ese momento, Lily seguramente trabajaba en el profeta y su padre estaría orgulloso de ambos. Sabía que, incluso Scorpius mantenía una mejor imagen como muggle que él.

 

Se vistió sólo cuando Daniels se fue. El dinero de ese día le serviría para la comida. No habló con Scorpius, su novio le contaba cómo había encontrado finalmente trabajo en la morgue al otro lado de la ciudad. 

 

–Conseguiré dinero para nuestro hogar, Al, nuestros padres estarán orgullosos...

 

–Te gradúas mañana, por supuesto que lo estarán.– Dejo de lado su plato. Habían comido carne por primera vez en dos meses. –¿Sabes? He dejado de pensar en ellos. 

 

–Pero, podemos volver, Al, éramos jóvenes cuando...

 

–Mañana, saldré... ¿Podrías esperar en casa por mí? Es sábado y...

 

–No, iré a la morgue, empiezo mañana así que podríamos celebrar.– Albus sonrió. Prefería callar. 

 

–Te amo y estoy tan orgulloso de tí. Scopius ¿Aún tienes esperanza?

 

–¡Yo sé que esto servirá! Mi padre estaría orgulloso y... Se que todo esto fue tan rápido. 

 

–¿Volveríamos a nuestro mundo? ¿Eso es lo que quieres decirme?

 

–No, nuestros padres nos matarían sí saben que hemos vivido como vagabundos. ¡Dame un año y...!

 

–Ya no tenemos dinero.– Albus sonrió, siempre era comprensivo con su novio, él miedo de volver a pasar la humillación del último año se apoderó. Ya no lo valía. –Mañana te veré un poco más tarde.

 

–Confío en tí, Al. Sólo no tomes alcohol...– Ahí estaba de nuevo, la sonrisa de Scorpius que tanto valor le daba.

 

Tal vez no era su mejor idea, sin embargo, era sólo un pulmón, podía vivir sin él.

 

Su compañera le explicaba cómo funcionaba la morgue, los muggles eran la clase de humanos que pensaban al matar, sus objetivos y sus mentes eran más creativas que los magos. Entró con el respeto que se merecía el lugar y escuchó atento a su jefe.

 

–Hombre de 22 años, prostituto como las tres víctimas anteriores, sus órganos fueron extraídos y reemplazados por sacos de unas monedas extrañas. Es su primer día, Señor Malfoy, puede decirme sí hubo abuso sexual. 

 

Su compañera lo miro, su piel normalmente pálida paso a un color enfermizo, su ojos estaban vidriosos y su jefe suspiro fastidiado.

 

—Sí es mucho para usted tal vez...

 

–Es mi esposo...– No podía sentir, quizás porque estaba a nada de hiperventilar y dejar de respirar. —¿Albus?

Notas finales:

Al fin lo publique, al principio era parte de un reto, pero nunca termino de convencerme y como ayer estuve escuchando Film Out de BTS y me decidí a publicarlo hoy. 


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