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BREVES MEMORIAS por MINARAI

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Notas del fanfic:

Los personajes no me pertenecen, son propiedad de MASAMI KURUMADA.

Notas del capitulo:

Espero les guste. No está muy largo para no aburrirlos.

CAPÍTULO 1. No puedo quedarme.

 

Dejamos atrás algo de nosotros mismos al salir de un lugar. Permanecemos ahí a pesar de habernos ido. Y hay cosas en nosotros que solo podemos encontrar de nuevo cuando regresamos allí.

Viajamos a nosotros mismos al ir hacia un lugar donde vivimos parte de nuestra vida, sin importar lo breve que haya sido. Pero para viajar hacia nosotros mismos debemos confrontar a nuestra propia soledad.

¿Y no es que todo lo que hacemos es por miedo a la soledad? ¿No es por eso que renunciamos a todo lo que nos arrepentimos al final de nuestras vidas?

MEMORIAS DE UNA VIDA. Alberttini R.

 

Bajó del tren sintiéndose cansado, había viajado toda la noche con atropellados periodos de sueño. Caminó seguro de a dónde ir por las estrechas y adoquinadas calles, los contrastes del blanco de las paredes con el suelo rojizo ayudaban perfecto al tiempo que parecía haberse detenido, los árboles amarillos afilados en todas las bajadas y subidas al frente de hermosas pero antiguas edificaciones. - Una ciudad vieja, ¿por qué aquí? — Se preguntó - Por la misma razón que yo he regresado — Se respondió a sí mismo. Llegó a su destino, era como volver de la tienda a la habitación del pequeño hotel donde aguardaban por él, pero habían pasado trece años desde aquella vez.

- Buen día.

- Buen día. — Miró todo con real atención, todo seguía igual por dentro, el pequeño mostrador de madera bien pulida, un ventilador pegado al techo, solo el hombre gordo de aspecto cansado había cambiado.

- ¿Puedo ayudarle?

- ¿Tiene disponible la habitación nueve?

Lo miró de arriba abajo, su aspecto era diferente a los turistas normales que se hospedaban cargando con valijas llenas de cosas innecesarias, él no, él solo cargaba con una pequeña mochila sobre el hombro izquierdo. Le recordó a ese viajero que atendió apenas hace unos días, de igual apariencia física, pero más cálido y amigable para dirigirse a él, tampoco llevaba equipaje y también miró todo el lugar como reconociéndolo.

- Es la habitación con la mejor vista al mar.

- ¿La tiene? — Insistió parco, como siempre.

Recibió su llave y subió las escaleras de madera con alfombra roja en el medio, la habitación seguía pintada de verde con los marcos de rosa pálido, los muebles de madera envejecida y el piso revestido de moqueta en color madera, la habitación en sí no le había gustado, echó un vistazo a la puerta entre abierta de la derecha y vio el baño, también era rosa y seguía sin espejo en el lavabo, dejó caer la mochila en el sillón de la esquina, se acercó a la ventana, corrió las cortinas de par en par y volvió a recordar - La vista al mar lo vale — Le había dicho después de haberlo escuchado renegar por todo. Para haber vivido la infancia que habían vivido se le hacía demasiado modosito, una actitud así la hubiera esperado de alguien más, pero no de él, tal vez por eso llamó su atención.

Habiendo recorrido los siete continentes cualquier parte del mundo era igual a sus ojos, todos con sus problemas socioeconómicos sin importar ser primer o tercermundista todos eran exactamente iguales. La primera vez que se fue hace trece años, pensó que recorriendo el mundo y conociendo gente le ayudaría a olvidar ese pasado tormentoso que tuvo que vivir apenas tuvo conciencia, ese horrible lugar en el que vivió por seis años y llenar esa parte de su alma que no terminaba de entender, pero siempre lo había hecho solo y ahora no tenía por qué haber diferencia menos aún si la persona que pretendía mantenerse cerca le recordaba todo ese pasado.

Cerró las cortinas nuevamente y se tendió en el colchón boca abajo, cinco, diez, quince minutos y no pudo dormir, giró su cuerpo mirando al techo y volvieron a él los mismos recuerdos que perturbaron su sueño durante el viaje nocturno y que no le habían permitido descansar, pero ahora estaba completamente despierto y si antes lo vio como un sueño, ahora su mirada triste se mostraba nítida en su mente, esa mirada que no le permitió separarse de él aquella primera vez que lo intentó.

 

 

 

 

 

- ¿Por qué tú? ¿Por qué ahora? ¿Por qué no envía a alguien más?

Apenas informó de su inminente partida y en menos de un minuto ya tenía tres cuestionamientos - No es nada personal — Respondió mesurado, omitió decir que él lo había solicitado y no porque necesitara pedir permiso, más bien porque por primera vez buscaba un pretexto para no causar daño, algo que nunca antes le había importado.

- Es que no entiendo, había dicho que nos permitiría un tiempo antes de retomar...

- Han pasado seis meses — Cortó su verborrea antes de tener que dar explicaciones.

- mju — Bufó molesto, después de tres Guerras Santas seguidas, varias batallas extras y sobre todo lo último por lo que tuvo que pasar pensó que al menos un año si le daría su Diosa.

Lo conocía lo suficiente como para saber qué algo rondaba su mente - Es a mí al que requiere, tú puedes seguir descansando.

- ¿De qué hablas? — Se levantó de inmediato, su pose desgarbada después del acto sexual se perdió. - Por supuesto que iré contigo.

Se tensó, se suponía que ahí quedaría todo, seis meses de una relación que había durado más de lo previsto, por los lazos que habían estrechado no quería lastimarlo, no era esa su intención, nunca lo fue, aunque al final eso fue lo que logró. - ¿Qué hay de tus sueños? No podrás estudiar si vas de un lado a otro.

- Eso aún no lo he decidido, ¿o es qué no quieres que vaya contigo?

Si no hubiera volteado a verlo, si no hubiera conectado su mirada, si no hubiera visto ese halo de tristeza en su mirada se hubiera podido negar, pero le había llegado al alma y por un segundo su dura coraza se debilitó, para él fue solo un segundo, para el otro fue toda una eternidad esperar por la respuesta - No es eso, pero no quiero que pierdas el...

- No perderé nada — Sonrió - Voy a empacar.

Con un sentimiento mitad regocijo mitad resignación lo vio ir y venir por la habitación asignada a su amante llenando esa pequeña maleta más que de ropa de anhelos de una vida que jamás tendría, por lo menos él no estaba dispuesto a dársela, por ahora el menor estaba feliz, lo demostraba con esa gran sonrisa pintada en sus labios, haciendo planes anticipados sobre un futuro incierto.

Sorprendiendo a todos los habitantes de la mansión partieron a primera hora hacía Marruecos, un mes le tomó completar la misión, él se había sentido libre y con nuevos bríos para continuar, la presencia del menor no le había incomodado en lo más mínimo, al contrario de lo que había imaginado y vivido a su lado la madurez mostrada combinada con sensatez lo había sorprendido sobre manera.

 

 

 

 

 

 

 

 

- ¿Y ahora qué? — Preguntó dos noches después de terminada la misión, habían ido a cenar y caminaban por los pasillos de una galería que exhibía por medio de pinturas, objetos y mapas la caída de un imperio.

Comprendió la pregunta hecha, su corazón ahora estaba en paz y eso le gustaba mucho, parecía que todo iba bien y así seguiría, decidido a continuar así respondió acertadamente - Podemos hacer lo que nos venga en gana e ir a dónde queramos ir. — Le sonrió, estaba feliz y podía ver en sus ojos la misma felicidad que él experimentaba. Nunca se imaginó a sí mismo caminando por los pasillos de una galería de arte y ahí es justo donde se encontraba.

- Aquí — Se acercó a unos de los mapas exhibidos y colocó su dedo índice justo sobre el nombre de aquel lugar - Iremos aquí.

Su sonrisa se hizo más visible - ¿Así nada más? — Le gustó el sentido aventurero que estaba descubriendo en él.

 

 

 

 

Actualmente Lisboa fue donde colocó su dedo, se trasladarían del Continente Africano a Europa Continental para llegar allá, esto no lo molestó en lo más mínimo, más bien lo llenó de energía. Sus viajes no eran patrocinados por la fundación, ninguno de ellos quiso aceptar nada, desde el principio había sido así y eso tampoco cambiaría, trabajaban en lo que podían sin comprometerse en nada, lo único que deseaban era poder costear sus viajes y poco a poco se iban acercando, de paso conociendo.

- ¿Por qué no nos quedamos aquí? — Fumó su cigarrillo, después de hacer el amor lo acostumbraba, lo relajaba y platicaban mucho más de lo usual.

- ¿Qué dices? — Sus brazos sosteniendo su cabeza por debajo con los dedos entrelazados era su manera de manifestar su plena comodidad, recostado como estaba solo con bóxer puesto y las piernas abiertas.

- Que aquí estamos bien...creo. — Desvió su mirada. Apenas estaban a medio viaje antes de llegar.

- ¿Crees? — En cambio él posó su mirada en los azules ojos, siempre hacía lo mismo, parecía no tener interés por nada, todo le daba igual.

Dudaba, eso también era algo nuevo en él. - Realmente no tenemos que llegar hasta allá, aquí ya tenemos trabajo, no necesitamos nada más — Para nada que quisiera quedarse, menos establecerse, pero le encantaba retarlo, saber hasta dónde estaba dispuesto a llegar por cumplir con lo que quería, lo había visto varias veces, una y otra vez desde niños y eso no había cambiado con los años.

El menor rodó a su izquierda algo contrariado - No es que necesitemos nada de allá, es un objetivo. — Dijo con esa seguridad muy característica en él.

Ese gesto endurecido en su cara lo excitaba, lo provocaba y lo deseaba, atrapó sus labios con un beso muy rudo, lo amaba. - Amor, obvio que no — Ese pensamiento lo enfrió de inmediato y se levantó de un brinco hacía él baño, era mejor refrescar su cabeza antes de que le siguiera jugando malas pasadas.

El viaje continuo hasta llegar a destino, les tomó un mes llegar allá. - Ese está bien. – Señaló el pequeño hotel más cercano. Su voz sonó cansada, habían recorrido un largo camino y casi no habían dormido, sin contar la incomodidad de venir sentados tanto tiempo, sus traseros pedían clemencia y su cuerpo entero un buen baño de agua tibia.

- No me gusta.

- ¿Por qué no? ¿Es un hotel como cualquier otro?

- No está bien pintado.

Lo miró incrédulo, habían estado en otros que a simple vista lucían peores que su comentario lo desubicó - ¿Qué rayos está pensando? - pensó.

- Si así está por fuera debe estar muy descuidado por dentro y quiero pasar estás vacaciones en un mejor hotel. – Sin esperar la respuesta de su novio caminó buscando otro mejor, y nada, debían ir más al centro si quería un mejor lugar, la ciudad era vieja, el pueblo también y por ende todas las edificaciones lo eran.

Con las maletas cuesta arriba, estuvo a punto de aventar todo y largarse a descansar en el primer hotel de mala muerte que encontrara, pero no, sus pies seguían caminando atrás del más joven rogando a los dioses porque se decidiera por alguno.

- Estoy cansado.

- ¡¡En serio!! – Salió de su boca en automático, el que iba como burro de carga era él, el otro solo llevaba una pequeña mochila al hombro y en sus manos un mapa, ¿cuánto podía cansarlo?

- Si quieres te ayudo. – Sonrió.

- Déjalo, no te vayas a cansar más. – Bromeó, sus sonrisas lo hechizaban no en su favor, seguiría cargando con todo el equipaje hasta que él encontrara el mejor lugar para hospedarse.

- Ok.

Fingió estar molesto, pero no podía. Tuvo que seguir así por treinta minutos más, qué sí no tenía buena vista, qué sí no había tienda en la esquina, qué sí olía mal el lugar, qué sí no estaba bien iluminado, qué sí el encargado del mostrador tenía mala cara, qué sí etc. etc. etc.

- Quiero su mejor habitación.

- Claro, esa es la habitación número nueve.

Subió observándolo todo, las escaleras gruñían a su paso. Llegaron a la mejor habitación, encendió la luz y empezó a renegar - Qué colores tan...tristes ¿no te parece? – Abrió la puerta del baño y continuó - No hay espejo en el lavabo – Escuchó que abrió las llaves de la regadera - Creo que no hay agua caliente. – Salió después de lavarse las manos, aventó la mochila en el sillón de la esquina y se sentó en la cama para continuar con sus quejas - El colchón está muy suave.

A él le parecía que habían pasado por otros hoteles mejores que ese, según el menor dijo que el hombre encargado era amable y sonreía, que seguramente era una persona feliz y no causaría daño y con esos vagos argumentos decidió no alargar más su búsqueda, él para terminar con la larga caminata sólo pronunció - La vista al mar lo vale – Apenas había dejado el equipaje de ambos y abierto las cortinas, solo quería respirar un poco de aire fresco.

Se levantó de la cama y caminó hasta él, se coló entre los brazos del mayor que descansaban recargadas en el barandal del balcón colocando sus manos sobre las suyas - Ya ves, valió la pena la caminata – Dijo todo jocoso mientras miraba el atardecer.

Era momento de hacerle pagar su osadía, haberlo dejado cargar todo a él solo, no haber comido hasta encontrar el mejor lugar para descansar y esa sonrisa que lo estaba volviendo loco. - Ya cállate – Le dijo mientras lo abrazaba con fuerza por detrás y mordía su cuello.

- ¿Ya no me quieres escuchar? — Fingió molestia.

- Prefiero oír los ruidos que salen de tu boca en la intimidad.

Lo llevó hasta la cama y ambos cayeron abrazados, el mayor reclamó su cuello, lo besó, lo mordió y después descendió arrancándole la ropa a jalones.

- Dioses – Apenas empezaban y su respiración estaba agitada, nada le molestaba cuando se trataba de amarse, se entregaba por completo sin reparos, eso lo amaba el mayor.

Se incorporó y le zafó el cinturón, bajó de un solo tirón el pantalón de mezclilla y la ropa interior, el menor ya se había zafado los zapatos mientras peleaba contra la playera de su amante. Bajó su mano hasta la entrepierna del otro para sentir su miembro completamente erecto, lo encendía al instante - Ikki, Ikki…mi amor.

- ¿Te gusta? ¿me quieres…dentro?

- Sí…oh Ikki mmmm.

- Pídemelo, anda…te quiero oír. – Ahora él estaba a cargo, nada le gustaba más, su dedo se movía en círculos dilatando la entrada del menor.

- Métemela, hazme tuyo.

- Bésame, bésame. – Ikki zafaba su cinturón lo más rápido que le era posible, se deshizo de su pantalón y bóxer de un solo movimiento mientras el menor se aferró a su cuello besando sus labios frenéticamente, lo miró por un momento asegurándole así el placer que le haría sentir, se acomodó entre sus piernas y lo penetró - oooohhhhh…Ikki.

Aferrado a la cabecera de la cama se movía entrando y saliendo del cuerpo del menor, adoraba ver el rostro perdido de placer de su amante, su cuerpo sudoroso, su propio placer le impedía continuar con tan morbosa visión, descendió su mano hasta el pene del menor atrapándolo en un acompasado vaivén. El menor no se quedaba atrás, con dolorosa fuerza ayudaba a Ikki en ir y venir dentro suyo hasta que sus cuerpos se tensaron, su culminación llego - Ikki…Ikki…

Generalmente se dormía, después de hacer el amor terminaba exhausto, desde que se entregaron físicamente Ikki encontró el mejor remedio para su insomnio y ahora también se sentía consentido, el menor demostraba su amor por él de la única manera que tenía, cuidándolo, mimándolo, a veces podía desquiciarlo con su verborrea, pero para demostrar sus sentimientos lo atendía de la mejor manera si despertaba primero, rara vez sucedía, cuando pasaba se iba a buscar algo rico de comer y la cerveza que más le gustaba.

Adormilado como estaba aspiró el aroma inconfundible de la salsa de tomate y albácar.

- Traje ravioles.

- mmmm, que rico huele.

- También una cerveza…artesanal, dicen que está muy rica.

Cubrió su rostro con sus manos y talló sus ojos con sus dedos, completamente despierto vio la escena del menor muy apurado preparando la mesa, un mantelito a cuadros rojos y blancos, en el centro había un florero improvisado por un vaso de cristal con un pequeño ramito de flores del campo, al parecer las había cortado recién - Ve a lavarte las manos y vienes porque ya voy a servir y esto se come caliente o ya no sabe igual.

Volvió a aspirar el aroma - Ya voy, huele delicioso – La lasaña, ravioles y fettuccine eran sus comidas preferidas y su pequeño amante lo sabía, como también sabía que odiaba las etiquetas en sus playeras o que sus calcetines no estuvieran perfectamente doblados con la técnica japonesa “Uruwaza” una manera ingeniosa para no hacerlos bola, churro o pelota y poder acomodarlos con un procedimiento que parece casi papiroflexia y se pueden plegar para ocupar el menor espacio posible, e incluso uno encima del otro, Ikki era un hombre por demás organizado con sus cosas personales.

También odiaba la cerveza tibia o la comida fría, no bebía agua mientras comía si era simple y esperaba hasta el final, tomaba té a cualquier hora del día y usaba cubiertos para comer, no le gustaban las servilletas de papel y le gustaba algo dulce después de comer. Todo eso lo sabía bien y se lo procuraba, poco a poco iba descubriendo esos secretos de la vida íntima que sólo son posibles de saber con la convivencia diaria, en la intimidad de una vida en pareja, con sus problemas a diario, sobre todo cuando el otro está dispuesto a conocerlos y tomarlos en cuenta para hacer feliz a su pareja.

Notas finales:

Poco a poco se irán despejando dudas, espero no confundirlos. Nos vemos en el próximo capítulo.


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