Login
Amor Yaoi
Fanfics yaoi en español

Inconexo por lpluni777

[Reviews - 0]   LISTA DE CAPITULOS
- Tamaño del texto +

Notas del fanfic:

Saint Seiya es obra de Masami Kurumada.

Advertencia: elementos de no-consensual y bipolaridad.

Inconexo

 

 

 

Culpabilidad no era algo que el santo de Sagitario se pudiera permitir sentir, no cuando disfrutaba tanto de aquella situación y el mismísimo santo de Géminis fuera quien le rogó llegar hasta ella. Si se arrepentía de algo, era de haber ignorado —a propósito— tanto a su compañero que éste debió rebajarse a rogarle; rogarante él, ante Aioros, quien lo veía como un dios pese a ser consciente de que Saga era tan humano como él mismo.

No podía sentirse cohibido por las lágrimas de su compañero cuando éste no le permitía alejarse más de dos milímetros antes de tirarlo de regreso hacia él y así juntar sus pieles de nuevo, como si la corta lejanía le doliese en el alma y su reunión lo sanara al instante.

Aioros simplemente no quería sentirse mal por complacer a su compañero; por no saber cómo negarse a hacer algo que el otro santo decía desear, mas claramente no lo hacía al momento de la verdad. En lugar de ello, Sagitario sonreía y llenaba de ánimos y halagos a Géminis, porque sabía que lo peor que podía hacer en ése punto era contradecirlo.

Además, Aioros había deseado conectar sus cuerpos de aquella manera tan íntima y atesorada desde hacía tiempo. Tal vez idealizó el encuentro en su cabeza, pero, también fue consciente en todo momento de que Saga era un maestro en romper sus ideales.

Saga era hermoso, incluso Afrodita lo catalogaba como tal, y aunque bajo términos normales Aioros odiaría ser la causa de su sufrimiento, tampoco podía evitar imaginar que aquellas lágrimas traicioneras sumadas al rubor de su rostro brindaban un brillo único a su mirada. Aquél debajo suyo debía ser la versión más hermosa de Saga que Aioros hubiese conocido.

Al final, entre temblores que sacudieron los cosmos de ambos santos, un miedo inexplicable y un silencio sepulcral, Saga se aferró a Aioros con más fuerza que nunca. El santo de Sagitario, por demás extasiado e incapaz de moverse en su incómoda posición, no pudo evitar reír sobre el tórax de Géminis.

—No te burles —masculló Saga cuando se resignó a liberar a su compañero.

El santo de cabello castaño se impulsó para llevar su rostro a la altura del rubio y plantó un cortó beso sobre los labios ajenos.

—Soy incapaz —admitió como si fuese un hecho irrefutable—. Te adoro.

—Ah —Saga limpió sus propias lágrimas con la funda de una almohada que en algún punto entre los últimos treinta minutos dejó de cubrir a su dueña.

Aioros simplemente lo observó hacer. Saga era un enigma para él, un acertijo indescifrable que lo tentaba a intentar mover las piezas hacia un lado y hacia el otro, o, a veces, le impedía continuar y debía buscar la manera de regresar todo a un punto en que se sintiera seguro de poder proceder para llegar a algún sitio. Géminis apenas le dirigió una mirada antes de acomodarse sobre un costado.

El santo de Sagitario supuso que su compañero debía estar agotado física, cósmica y emocionalmente, puesto que se hallaban en un dormitorio muy bien oculto dentro del laberinto de Géminis con el único propósito de no ser encontrados aquella noche. Aioros se enorgullecía de ser la única persona capaz de atravesar todos los laberintos de Saga incluso con los ojos cerrados.

—Te amo —dijo Sagitario mientras seguía el ejemplo de su amigo y se recostaba sobre el colchón.

Como siempre, Saga sonrió agradecido y no correspondió su sentir con palabras. Hacía tiempo que Aioros aprendió a no sentirse mal al respecto, tanto como que la idea de una relación no tenía cabida en la mente de guerrero de Géminis, quien insistía en que solo tenían derecho de amar a Atenea.

—¿Te irás? —cuestionó Saga con los ojos cerrados cuando Aioros se apartó para alcanzar las sábanas al pie de la cama.

—¿Me invitas a vivir aquí sino? —bromeó el de Sagitario—. Veré que te duermas primero —sería más sencillo encontrar alguna excusa para el patriarca —porque seguro el pontífice tendría preguntas sobre el laberinto—, si no pasaban la noche entera juntos.

Saga abrió y cerró la boca varias veces sin que palabra alguna saliese de ella. Aioros aguardó por lo que ya imaginaba que oiría.

—… No quiero volver a hacer esto, Aioros —finalmente lo admitió.

—Sí, creo que yo tampoco —concordó el de Sagitario—. Pero, Saga, ¿te molestaría si quisiera recordarlo?

—Tú eres el dueño de tus pensamientos, Aioros. Haz lo que quieras con ellos —juzgó Saga antes de darse media vuelta para dormir.

El santo de Sagitario los arropó con una sonrisa y se conformó con disfrutar de la cercanía física de Géminis un tiempo más, pese a saber que aquél era uno de los tantos puntos desde los cuales debía dar marcha atrás para poder continuar conociendo a su compañero de otra manera.

¿Hubiese sido distinto el resultado si él hubiera tomado la iniciativa, aunque fuese la iniciativa de detenerse a sí mismo, en algún momento?

No es que importara, porque Aioros podía realizar miles de milagros mas manipular el tiempo no era uno de ellos.

Notas finales:

Creo que es el tipo de cosas por la que una debería pedir perdón, así que perdón. De hecho, la parte más bipolar de Saga la borré y reescribí algo distinto, pero bueno, no puedo recordar qué había escrito exactamente y ya no encaja acá.


Si quieres dejar un comentario al autor debes login (registrase).