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La profundidad de nuestra mirada por I am Blue

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Notas del capitulo:

Espero que os guste este capítulo y que os intereseis en la historia ^^ la narración está escrita en primera persona pasado. 

Todos guardaban un secreto en su interior, yo no era la excepción a esa regla. ¿Por qué esa persona estaba triste o por qué había compañeros de clase que hacían bullying? Muchas veces esas preguntas tan simples, tenían una respuesta larga y complicada de dar. Nunca se sabía al cien por cien qué había pasado para llegar a ese punto o a ese extremo. Aunque, estaba seguro de qué muchas veces los comportamientos no tenían ningún fundamento, existían personas que hacían las cosas porque sí.

 

La psicología siempre había sido uno de mis intereses desde que era pequeño, me gustaba ser observador y mirar a mi alrededor, apreciar los gestos de mis padres dándose un beso o cargando a mi hermana pequeña en brazos. Como se demostraban ese cariño innato de una familia a pesar de las dificultades que pasábamos y seguíamos pasando.

 

 A pesar de todo estaba seguro cien por cien de que, todos éramos especiales para mis padres quienes se habían esforzado para crear una bonita familia. Aunque a veces la curiosidad por saber el por qué de todo, del por qué a veces había peleas o gritos, traía consecuencias, y no buenas para mi desgracia, mi curiosidad tenía un límite y a veces no era capaz de pararme a mí mismo. Trataba de ayudar, y me preguntaba si llegar a ser lo que me gustaría, si llegaría a ser bueno en ello Había también otras pasiones, otras cosas que me emocionaban, la psicología era lo mío.

 

En esos momentos estaba en la librería de la ciudad en la que vivía, Sídney, era bastante grande y amplia, variedad garantizaba, señores. El olor a libro nuevo y conocer historias que me transportaban a otra realidad completamente distinta me emocionaba, y hacía que mi corazón latiese desbocado. Podía ser una tontería, pero a mí la lectura me apasionaba.

 

Las estanterías estaban ordenadas por géneros, y yo me estaba dirigiendo a la de fantasía, era el género que se me apetecía leer. La decoración me gustaba, con algunas plantitas de un color verde intenso, con grandes ventanas por las que entraba la luz de la tarde. No había mucha gente, y mis pasos resonaban en el parqué marrón.

 

 Sonreí cuando encontré el libro que buscaba, una segunda parte que se había agotado y me había tocado esperar unos meses hasta poder tenerlo en físico.  La razón por la que el corazón me iba desbocado. Parecía un niño, uno que esperaba con ansias sus regalos de cumpleaños.

 

Alcé la mano para alcanzarlo, estaba más o menos a la altura de mis ojos, y eso quería decir que no estaba muy alto, era un tanto enano. Entonces, cuando lo iba a coger, una mano que no era la mía y un tanto pálida se cruzó en mi camino, quitándome mi preciado tesoro. Era una mano  no muy grande, con dedos largos y bien cuidados, llevaba varios anillos y un reloj de marca en su muñeca. Su vello era escaso y rubio, no quería ser muy descarado pero le seguí mirando. Tenía una leve sonrisa, como si no se hubiera percatado aún de mi existencia, pues sus ojos azules miraban con intensidad lo que ambos buscábamos.

 

Se dio cuenta de mi presencia cuando nuestras manos se rozaron, y me miró. Me apostaría cualquier cosa a que se había asustado por semejante espécimen, o sea yo. Para algunas cosas tenía alta autoestima, para otras no tanta en realidad.

 

—¿Estás bien? —me preguntó con el ceño levemente fruncido.

 

—O-Oh sí, por supuesto, perfectamente—me apresuré a contestar, intentando no parecer un rarito. Era vergonzoso cuando se trataba de relacionarme con personas desconocidas.

 

—¿Buscabas el mismo libro que yo? —su voz era grave y varonil. Vi en su rostro una leve sonrisa, interesado y por instinto, se la devolví un tanto avergonzado. Asentí con la cabeza, pues—Si quieres te puedo ayudar a encontrar otro, y si no hay te lo puedes quedar, no tengo problemas.

 

Llevaba una camisa blanca con los dos primeros botones desabrochados. Se le cayó un ricito rubio sobre la frente y rápidamente se lo echó hacia atrás.

 

—Si no es mucho problema para ti, estaría bien—le sonreí un poco más tras decir aquello, y él parecía de acuerdo en acompañarme a buscar otro ejemplar, si es que lo había claro. No se trataba de un libro que pasase desapercibido.— Por cierto, me llamo MinYung Bae.

 

Sin entender bien el por qué ensanchó su sonrisa al haberme yo presentado, se mostraba seguro de sí mismo, no había titubeado en ningún momento desde que empezamos a hablar. Sus ojos tenían ese rastro de rebeldía que provocaba que me cuestionase ciertas cosas, como por ejemplo si era así o si por ciertas circunstancias ante las demás personas, mostraba esa faceta como escudándose para protegerse.

 

—¿Vamos a preguntar si tienen otro? —asentí con la cabeza, porque para mi desgracia por allí no había otro salvo el que sostenía el chico, claro— Es muy popular, pero siempre se agradece encontrar a alguien con el que hablar—tenía un acento fuerte que no podía reconocer.

 

—Tienes razón, no siempre hay gente con la que hablar de nuestros gustos. Además, ese giro argumental del final fue la hostia—contesté mientras gesticulaba con las manos, trataba de dejarme llevar.

 

—¡Sí! Lo vi venir, pero igualmente me sorprendió y cuando vi que la segunda parte estaba sin stock, me cagué en todo—se llevó una mano a la frente y haciendo un gesto de sofoco. Ambos reímos.

 

—Yo también, miraba todos los días a ver si la editorial lo reimprimía. Me volví un poco loco

 

Nos acercamos a un empleado, el cual estaba ordenando una de las estanterías, pues era la parte de los libros para niños pequeños y estaba un poco patas arriba, me compadecía de él a sabiendas de lo que era tener hermanos pequeños revoltosos, y desordenados. Uno tenía que ir detrás de ellos para que ordenaran sus cosas, a veces con resultados exitosos y otras veces no tanto.

 

El chico fue a revisar en el ordenador para ver si en el almacén de la tienda tenían más ejemplares, por lo visto no era así, pero pronto traerían más lo cual para mí era un alivio, así que pude respirar un poco más tranquilo. A momentos era un poco exagerado, pero era así con mis prioridades. Por su placa vi que se llamaba Alexander.

 

—Muy probablemente venga para la semana que viene, ¿quieres que te lo reserve? —preguntó de forma cordial, mirándome a mí. Antes de que pudiese responder, el de los rizos se adelantó.

 

—Leo rápido, en dos días o tres podría dártelo, de esa forma no tendrías que esperar una semana más—sonrió mostrando los dientes, y abrí los ojos por la sorpresa que aquello me provocó.

 

—¿Te refieres a regalármelo?

 

—Claro, bobo, ¿a qué si no? No nos conocemos de nada, pero ahora tenemos la oportunidad, ¿no es así? —se mostraba ilusionado y no se veía mal chico, en realidad no tenía por qué negarme, no tenía motivos.

 

—Ya, pero no sé, que seas tú qui...—traté de decir, pero no me dejó terminar, interrumpiéndome.

 

—No pasa nada, lo pago yo y en cuanto lo termine, te lo quedas—accedí si eso era lo que deseaba, podría ir la semana que viene y comprarle uno a él, sería en realidad lo mismo, y esperaba a que aceptase el gesto de buen grado.

 

—Gracias, es muy amable de tu parte.

 

Se rio levemente como respuesta, su risa no era muy ruidosa, era suave y calmada, como la calma que me transmitía esos profundos ojos azules. Me recordaban a la profundidad del mar, como si guardase muchos secretos que aún no fueron desvelados. A veces cuanto más tratabas de bucear al fondo de forma forzosa, al final esa persona más se alejaba de ti, había que ir poco a poco, paso por paso. Entonces las cosas irían saliendo a la superficie. De momento me conformaba con perderme en ese azul de su mirada.

 

Mientras pagaba sin querer ser mi evidente, le miraba de reojo, sin perderme ni un solo detalle. Allí era común ver a personas bronceadas y rubias, estábamos en Australia al fin y al cabo, así que su tez pálida llamaba mi atención de sobre manera. Podría ser un turista, o también alguien extranjero que se había mudado de manera reciente. El turismo  estaba a la orden el día. Las razones eran simples, por las hermosas playas y los paisajes llamaban mucho la atención. También por las actividades, como el buceo y el surf. Mi hermana mayor era un claro ejemplo de aquello, el surf era su pasión.

 

Una vez compró el libro, nos dirigimos a la salida, ninguno de los dos tenía más intenciones de comprar libros. Me llevé una mano a la frente como para tratar de hacer sombra con esta, los rayos del sol eran fuertes y no me quería quedar medio ciego. No siempre estaba soleado, pero en esta ocasión era así.  Él se sacó unas gafas de sol de la mochila, me reí por ello, no sabía si era mi impresión, pero pensé que era un tanto pijo el rubiales.

 

Llevaba un pantalón negro rajado por las rodillas y unas converse un tanto desgastadas, realmente iba guapo y arreglado como para ir tan solo a una librería. Quizás había quedado con alguien más tarde y estaba haciendo tiempo conmigo.

 

—Eh, ¿te parece bien si vamos allí y nos sentamos un rato a charlar? —preguntó señalando la plaza que teníamos justo en frente. Había una fuente donde varias palamos revoloteaban por ahí, y otras se bañaban.

 

—Claro, vamos—accedí, y a continuación hice un comentario un tanto infantil. A pesar de que dentro de nada empezaba bachillerato, muchas veces me dejaba llevar, si mis padres me vieran entonces sería otro asunto.—El último que llegue es tonto.

 

Tras decir eso no tardé en salir corriendo, así era yo cuando me dejaba llevar aunque fuese un poco por las emociones. El rubiales no tardó en seguirme. Aunque trató de agarrarme el brazo con tal de no perder en este estúpido juego que habíamos empezado, llegué antes.

 

—Eso me pasa por ser un vago, por eso perdí no por otra cosa—alzó el mentón y yo puse los ojos en blanco por ello mientras sonreía. Habíamos entrado en un ambiente cálido, donde nos dejábamos llevar. Me daba la sensación de que no me juzgaría. Lo cual me hacía estar calmado y no con tantos nervios como anteriormente.

 

—Ya, ya, qué mal perder tienes—ambos soltamos unas risas. Él por su parte se rio aún más cuando hice un gesto con la cabeza para acomodarme el flequillo, debía admitirlo, era un poco presumido.

 

Nos sentamos en los banquitos de la fuente, y él sacó su móvil. Un Iphone último modelo, sí, lo que yo decía, todo un pijo, aunque eso en realidad no me molestaba, que tuviese dinero no significativa que fuese un falso, no le iba a juzgar y no lo haría por mis malas experiencias con gente que preferiría olvidar. Podía admitir a pesar de todo que yo no me libraba, también cometí mis fallos, unos de los que me arrepentía y hacía que me avergonzase.

 

Le hizo una foto al libro, y después me lo tendió.

 

—Hojéalo antes de que lo secuestre, y me lo lleve—bromeó para luego reírse. No sabía cómo era capaz de mantenerse tan animado, pero lo hacía y eso provocaba que yo también riese. Acabaría con dolor de cara de tanto estirar esos músculos, pero valdría la pena.

 

—¿Cuánto tendré que pagar por su rescate? —le seguí la broma mientras dirigía mi mirada al libro. Tenía la mala costumbre de leer la última la palabra de los libros, pero él me detuvo mirándome con los ojos abiertos con sorpresa.

 

—Oye no, eso es un crimen aunque lo mío también por secuestrarlo—eran algunas manías que tenían los lectores—¿No sería mejor tener paciencia y no estropearte el final?

 

—Hago lo que quiero, pero en realidad tienes un poco de razón, pero solo un poquitín—hice un gesto con dos dedos y dejando un espacio minúsculo para demostrar lo poco a lo que me refería.

 

—Qué orgulloso eres, Minyung—ambos volvimos a reír. Éramos los típicos adolescentes que nos reíamos por cualquier tontería que soltase el contrario, y no me importaba en lo más mínimo. Lo pasábamos bien y eso era lo importante.—Por cierto, vamos a intercambiar números.

 

Asentí con la cabeza, y eso justamente hicimos para seguir en contacto, esperanzado de que esa amistad que parecía estar floreciendo siguiera adelante de la mejor manera posible. Al menos me esforzaría para ello, ya que Lenya (ese era su nombre), me había dado muy buenas vibraciones desde el principio, y no me molestaba que leyera él el libro primero.

 

Al poco tiempo después se despidió de mí, ya que había quedado con una chica. Además de pijo era un ligón, y no pude evitar sonreír ante ese pensamiento que se me cruzó por la cabeza. Habían quedado en una cafetería cercana de allí, por lo que al seguir en la misma fuente y no moverme de mi posición, los seguía viendo.  Se dieron un largo abrazo, uno de estos íntimos y que duró más de la cuenta para ser simples amigos, tal vez era su novia.

 

Saqué los auriculares y me los puse, iba a volver de camino a casa mientras escuchaba música, y  estaba en mi mundo, una maravilla por completo.

 

Fui al paseo marítimo, vivía en una casa cerca de la playa con unas vistas increíbles, y donde daba la brisa marina, ese viento helado que podía congelarte un poco dependiendo de la resistencia que tuvieras al frío en tiempos de invierno y otoño. En verano era una cosa completamente diferente.

 

Era común ver a gente haciendo surf, y windsurf. Yo era una patata para ese tipo de cosas, así que prefería quedarme en tierra y hacer mis cosas de ermitaño, tampoco lo era tanto ya que necesitaba a mis amigos y a mi familia, por supuesto, pero también me podía saturar si socializaba durante más tiempo del necesario, tenía un límite.

 

A quien le gustaba hacer surf era a mi hermana mayor, había ganado varias competiciones incluso, mis padres nos habían inculcado desde que éramos pequeños el amor por el deporte, por mi parte elegí hacer baile y nunca he dejado de hacerlo, aunque ya no voy a ninguna academia, al fin y al cabo no es eso a lo que me quiero dedicar profesionalmente.

 

Ella ya no estaba en casa por haberse independizado, no siempre la veía pero estaba bien en realidad, íbamos a visitarnos pero no perder el contacto. No éramos de esa clase de hermanos que se peleaban por cualquier cosa, teníamos nuestros roces pero en general bien.

 

Había una pequeña caminata desde la librería hasta mi casa, pero no me importaba, no tenía necesidad de gastar dinero en un taxi y tampoco lo deseaba, podría haber llamado a mis padres para que me vinieran a recoger, pero tenía ganas de caminar de vuelta.

 

Introduje la llave y entré en casa, o más bien debería decir chalé, mis padres eran personas de dinero y yo también era un poco pijo, como Lenya en realidad. Mis hermanos pequeños estaban a su bola en el salón, les saludé y le di un beso a mi madre antes de irme a mi habitación.

 

 

 

Tal y como Lenya me había prometido me devolvió el libro al cabo de tres días, ¿qué hacía este chico? ¿Se fumaba los libros en vez de leérselos? Me parecía que se lo leía bastante rápido, pero no le culpaba pues a veces las ansias, y la intriga podían con cualquiera. No por nada me puse a leerlo después de que este se fuese.

 

Entonces me percaté de dos cosas; la primera era que me había escrito algo en una de las hojas que parecía ser ruso, y la segunda había subrayado en color rosa una oración.

 

‘’—¿Te sientes solo? —le preguntó Anna al vampiro’’ 

Notas finales:

Eso es todo, actualizaré cada semana y espero reviews para saber si os ha gustado, en qué podría mejorar, si os he hecho reír y lo que queráis decirme ^^

 

Gracias por leer <3


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