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Inefable por Menma Lightwood-Uzumaki

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Notas del fanfic:

Advertencias:


1_ Esta historia se encuentra ubicada en el canon oficial de anime, aunque obviamente se comienza a desviar en algún punto para hacerlo más interesante.


2_ A pesar de que en las advertencias he puesto "Lemon", quiero aclarar que no es uno explícito y fuerte, más bien algo suavecito, romántico y más indirecto que nada. Esto se debe a que el sexo entre ellos no es el enfoque principal de la historia, de modo que si lo que deseas es leer una historia en plan de "Ven papi, fóllame bien duro que solo por tí me palpita el ano" pues los invito cordialmente a continuar con su búsqueda, que fanfics de ese estilo abundan en la página; No son mis favoritos, pero respeto si son los tuyos.


3_ Es como una obligación para mi ser lo más apegada a la personalidad de los personajes a pesar de la situación en la que los ponga, sin embargo y por obvias razones, es normal suavizarlos un poco a veces para que la cosa fluya. No obstante y para que quede claro, les digo de una vez que aquí no van a ver al  Uchiha/Azotador/Sadomasoquista/Desgraciado/Manipulador/Tóxico, ni muchísimo menos al Deidara/Sumiso/Llorón/Caeme a coñazos que así me gusta.


4_ Conste que las teorías conspirativas que verán a continuación no me las he sacado del culo xD Investigué mucho (Demasiado, diría yo) antes de hacerlas y a pesar de que tiene factores de mi propia invención, no es nada que no pudiera llegar a ser posible si lo piensan bien.


De cualquier forma, si desean comprobarlo por su propia cuenta, pueden hacerlo sin problemas.


Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, simplemente los utilizo porque el final del anime me sigue dando arrechera y Kishimoto le tuvo miedo al éxito.

Notas del capitulo:

Weeeenas, he vuelto, señores! No tengo mucho que decir, me di unas largas vacaciones y sigo más o menos en ellas, es decir que no actualizaré tan seguido, pero ya estoy escribiendo la continuación del otro Fanfic y Finalizando este, así que tampoco tardaré tanto.

No he puesto sonfic en las advertencias pero los capítulos tienen de título la letra de diferentes canciones, pero solo allí, no habrán más letras en medio así que por ello no he puesto la advertencia. Ah, y si quieren saber el título de la canción solo preguntenlo, yo no lo pondré porque me da ladilla y así xD

Esta historia está dedicada a mí hermana de otro país. Allá donde estás te mando todo mi amor, eres una persona fantástica <3

Y ya, espero que disfruten la historia UwU

I

Never face each other

One but different covers

We don't care anymore

Two hearts still beating 

On with different rhythms

Maybe we should let this go

      

Estaba paralizado.

Estaba mirando fijamente un camino de tierra como cualquier otro que no tenía nada de especial salvo lo que representaba para él: Un escape, una salida; Tenía frente a sus ojos la culminación de todo por lo que había trabajado durante tantos meses, pues justo al final de ese camino se extendía un mundo completo y nuevo que estaba listo para recibirlo entre sus brazos; Era joven, apenas tenía diecinueve años, en poco tiempo cumpliría los veinte y quería hacer muchísimas cosas, quería hacer más arte, quería entrenar y volverse más fuerte, quería seguir volando edificios y concentrarse en lo que era bueno.

Pero...

Chasqueo la lengua cuando sintió los pasos en su espalda, sabía que lo que quería era que voltease, que lo viera, que mirase sus ojos y le repitiera lo que acababa de decirle, pero era tan difícil...

¿Porque tenía que ser tan difícil?

"¿Como llegué a este punto?" Se cuestionaba eso una y otra vez, preguntándose si había algo que pudiera haber hecho diferente para no terminar de esta forma, pero no encontraba respuesta, comenzando por el hecho de que no sentía haberse equivocado en algo realmente.

Es más, ni siquiera sentía que había hecho algo malo, simplemente vivir.

¿Tan malo había sido querer vivir?

Él sabía que no, pero el mundo parecia empeñado en hacerle sentir que sí, volcandolo en esta situación de la cual no se sentía con la determinación suficiente como para huir; La sensación de quedarse era casi tan poderosa como la de irse, y joder que deseaba poder hacer ambas a la vez, pero no podía. Se suponía que debía irse, debía hacerlo... tenía qué, ese había sido el trato, así lo había escogido él mismo.

Resultaba tan divertido. Él, que había destruido casi una ciudad entera en un acto egoísta. Él, que participó en la extracción de demonios para un fin apocalíptico. Él, que con crueldad había asesinado a cientos de personas sin sentir el más mínimo remordimiento. Él, quien tan firmemente había asegurado que no le importaban los sentimientos... estaba quieto en ese lugar sin poder avanzar, luchando con las ganas de devolverse y cambiar su destino.

El suplicio en el que ahora se había transformado su vida había comenzado de forma muy silenciosa, casi como una sombra que se arrastra hasta que ya te tiene completamente atrapado, y la suya había aparecido en forma de un hombre alto cuyo nivel de odio hacia él le impedía reconocer lo mucho que secretamente tenían en común.

– Deidara – Saludó al pasarle por un lado en su habitual tono de cortesía neutral.

– Uchiha – Se limitó a contestar en un tono que distaba mucho de ser agradable.

No existía nada más aparte de aquello, nunca tenían mayor interacción que esa en Akatsuki, eran literalmente dos desconocidos para todos excepto para sus compañeros de equipo. Él particularmente solía hablar mucho con el suyo, puede que Sasori fuera malhumorado y gruñón, pero su edad le transformaba a la perfección en ese padre o abuelo que te puede aconsejar si necesitas algo. Y a él que le veía como a un estudiante, le tenía más paciencia que a los demás.

Para ser Sasori, eso era todo un evento milagroso.

– ¿Que fue esta vez? – Viéndose algo cansado y apático, el renegado de la arena hizo girar la silla en la que estaba sentado para mirar a su nuevo compañero vendarse el brazo izquierdo.

Un joven Deidara apretaba casi con furia las vendas, gruñendo en todo el proceso.

– Error de cálculos.

– ¿Intentaste escapar de nuevo? – No le hizo falta una respuesta directa, el porte de resignada molestia era  suficiente; Resopló un poco, no llevaba ni tres semanas conociendolo y ya le había dado más dolores de cabeza que nadie – ¿Cuántas veces debes estar a punto de morir para que aprendas?

– Las veces que sean necesarias hasta que escape o me muera, supongo – Su sarcasmo a su compañero no le dió gracia alguna.

– ¿Sabes, Deidara? No es que me agrades precisamente, pero al menos no eres tan desagradable como lo era mi compañero anterior – Apenas conocía al pelirrojo, más podía empatizar con sus palabras. Sabía muy poco de aquel ninja llamado Orochimaru, pero era de conocimiento público que era alguien retorcido y poco tratable – ¿Quieres un consejo útil? Deja de intentar revelarte cuando no tienes oportunidades de ganar.

– ¿Insinuas que me rinda? – Casi mostrando los dientes ante aquella suposición tan ofensiva.

– Lo que estoy diciendo es que aún eres un mocoso en comparación a todos los que estamos en este grupo, ¿Crees que un poco de vandalismo y una recompensa por tu cabeza te hace un criminal? Lo único que logras con eso es ser un peligro, y uno muy fácil de eliminar, por lo que veo – Ojeo sus heridas con desdén; Deidara chasqueó la lengua y Sasori le miró seriamente – Si realmente quieres lograr algo más aparte de ser una escoria cualquiera en el mundo ninja, entonces deja de lloriquear como un niño y ponte al nivel que Pain cree que puedes conseguir; Entrena, crece, busca un objetivo y enfócate en eso. Verás con el tiempo que la experiencia puede resultar tu mejor aliada cuando menos te lo esperes – Se giró de nuevo en su silla, continuando con su trabajo de armar un brazo de madera. Su voz ruda pero sabia – ¿Dices ser un artista, no? Entonces hazle honor a ese título. Bastante tienes con el precedente que sembraste tras la pelea con el Uchiha como para que además te rebajes a ser un ninja promedio. Usa ese orgullo para algo más que soltar gritos insoportables y trabaja en lo que si puedes hacer – Le observó de reojo – No te garantizo que sobrevivas o escapes algún día, pero si van a deshacerte de tí por lo menos no se los dejes tan fácil.

Aún si en aquellas épocas Deidara era incapaz de sentir algo de apego hacia alguien, si hubo un momento en el que sintió algo similar a la admiración por una persona fue con Sasori justo en ese momento.

– ¿Cuál es el tuyo? – Habló el joven ninja con interés.

– ¿Hmm?

– Tu objetivo.

– Utilizo las rutas de viaje que hace Akatsuki para buscar nuevos materiales y evolucionar mi arte – Alzó su obra el progreso, dejando que el chico la viera unos segundos – El desierto, como entenderás, es amplio pero muy seco. Mis opciones eran limitadas y estar en el equipo me da acceso ilimitado a todo lo que necesite, de modo que es mi colaboración a cambio de seguir con mi arte. Un trato justo, si me lo preguntas.

– Al menos para tí lo es – Se recostó bruscamente contra la pared. Sasori no se volteó pero no le hizo falta, sentía su molestia sin problemas.

– Podría funcionar el mismo acuerdo para ti también. Tarde o temprano necesitarás más arcilla si quieres progresar y ser de utilidad.

– No creo que para mí funcione, el maldito de Pain apenas me deja salir.

– ¿Y qué esperabas? ¿Que se sintiera confiado de dejarte salir cuando lo único que haces es traer problemas? Por favor, chico. Te creo estúpido pero tampoco exageres – Buscó algo entre sus cosas y continuó con su minuciosa labor – Ya te lo he dicho, no conseguirás nada quejandote. Mejor concéntrate en madurar, o por lo menos en hacerle creer a Pain que lo has hecho. Una vez tengas su visto bueno podrás hacer muchas cosas, incluso si que él se de cuenta. Todo es cuestión de práctica, paciencia y control.

Deidara, quien había tenido una expresión de concentración mientras le escuchaba, cambio su rostro a uno más sarcástico.

– Pero si tú no tienes paciencia por nada.

– Ni por nadie tampoco, pero no estamos hablando de mí – Y de entre la falsa piel rígida de las mejillas, se asomó por unos segundos una sonrisa torcida. Luego volvió a ponerse huraño – Ahora cállate y déjame trabajar.

Tal vez habían muchas cosas de las que Deidara podría quejarse de Sasori, pero jamás podría discutir su sabiduría.

Con el paso de las semanas y tras aquella conversación, el inmaduro artista comprendió el significado de la discreción y la prudencia. Ciertamente aún no le resultaba aplicarla todo el tiempo, pero conocer el concepto básico ya era bastante progreso para él. Aún si no concordaba en lo absoluto con el concepto de arte que Sasori manejaba, entendió que lo mejor de las cosas eternamente preciosas es que se pueden sacar muchísimas ventajas de ellas gracias a su inagotable duración. Su maestro le instó a ver Akatsuki como una cárcel eterna llena de poder, un obstáculo que superar pero que a su vez le podía generar mucho conocimiento si sabía cómo utilizarlo.

Le costó, pero terminó ganándose la suficiente confianza como para sentir que estar en Akatsuki no era tan malo. Ahora le dejaban explotar todo lo que quisiera siempre y cuando no obstruyera la misión, podía hacer todas las esculturas que se le ocurriesen y lo mejor de todo, podía volar en su arte todos los kilómetros que deseara con la condición de decir a dónde iba, aunque mucha falta no hacía. Sabía que Zetsu era capaz de encontrarlo con facilidad, así como estaba consiente de que nunca sería completamente libre. Eso siempre le molestaría, más nunca apagaría su espíritu.

Un día en particular unos meses más tarde, Sasori se encontraba encerrado en su habitación experimentando con nuevos venenos. Recientemente les habían informado que harían su primera misión como compañeros oficiales y que se preparasen para partir en los siguientes días. Deidara obedeció a su manera ya que su habilidad no le exigía recluirse en una cueva, por ello se entretuvo entrenando sus habilidades en combate y moldeando nuevas figuras de arcilla que poder usar en las peleas. Terminó casi entrada la noche, permitiendose reposar en lo que miraba el horizonte desde el enorme agujero en la pared que tenia el abandonado y destruido último piso de la base de Akatsuki. Faltaba concreto en varias partes del techo y la lluvia se filtraba a mares cuando llovía, pero no le importaba. Le gustaban bastante las alturas.

Decir que era feliz donde estaba resultaba una gran mentira puesto que por lo general no experimentaba felicidad muy seguido. Eso, sin embargo, no le quitó la sensación de orgullo personal cuando Konan le comentó que hizo un buen trabajo eliminando a unos ninjas que descubrieron la ubicación de la base.

Sasori le había asentido con aprobación, y eso inevitablemente le subió el ego.

Entonces la aparición de una presencia le cortó la fluidez de sus pensamientos, se pudo molestar por la interrupción, pero la sorpresa reemplazó rápidamente a la molestia cuando vió al mismísimo Itachi Uchiha entrar, luciendo tan sombrío como acostumbraba.

Alguien más sensato se habría ido para cederle privacidad, pero él definitivamente no era sensato. Aparte había llegado primero, se quedaba si le daba la gana.

Le miró unos segundos con el ceño fruncido antes de volver la vista al frente, el Uchiha no le había mirado a él en ningún momento, pero poco le importaba, así como tampoco le importaba demasiado su presencia; Deidara le escuchó quedarse en silencio unos segundos, tal vez reparando en su existencia. Pareció pasarla por alto con rapidez, sentándose a unos seis metros de distancia para mirar hacia abajo de la misma manera que él; No hizo gesto alguno que reconociera que Deidara estuviera ahí, así como él tampoco lo hizo. Ambos se limitaron a quedarse callados, mirando como el cielo dejaba caer algunas solitarias gotas de agua sobre el paisaje.

Esa fue la primera vez que compartieron algo aparte del oxígeno y la vestimenta, porque exceptuando cosas bastante distintivas como las bocas en las manos de Deidara o el Sharingan en los ojos de Itachi, por unos escasos minutos solo fueron dos hombres que veían un panorama tan hermoso como trágico.

La siguiente vez no estaba lloviendo, Deidara solamente había querido ir para buscar algo de soledad luego de que Sasori le riñera por una imprudencia que había hecho, y encontró al Uchiha sentado en su esquina de la vez anterior. Se pudo haber ido, pero su maestro tenía razón en algo: Él no era alguien prudente. Por lo que ignorando cualquier tipo de precaución posible, él hizo lo mismo y se sentó en su propio lado.

Era un hecho innegable que ellos no compartían absolutamente nada, no se parecian en carácter, físico ni mucho menos en convicciones. El artista estaba más que convencido que de hablar no se llevarían bien, por lo que si lo único que podían compartir sin que quisiera sacarle los ojos era ver el cielo en silencio, pues que así fuera.

Se ignoraban con una maestría envidiable, apenas moviendo los ojos cuando el otro aparecía. Era casi como un desafío, uno implícito que terminó por convertirse en una rutina que se repetia una y otra vez, un día, una semana y un mes tras otro...

Hasta que pasó un año.

Había cumplido sus diecisiete años el día anterior, pero no sé lo comentó a nadie porque estaba seguro que a ninguno de ellos le importaba. Que va, ni él mismo lo hacía. Lo único que le generaba nostalgia era el recordar que hace un año celebró su día como le vino en gana, y ahora debía pedir permiso para hacer absolutamente todo y a la vez nada, porque hasta si quería un descanso debía informar.

Cuando subió al último piso ese día no encontró raro ver al Uchiha en su puesto. Sin embargo, no se sentía de humor para estar acompañado. De modo que por primera vez en más de un año se quedó quieto en la entrada, lo pensó, y una vez decidió que lo que realmente quería era estar solo y no pasar el rato junto a alguien, se dió la vuelta para irse por donde había llegado.

Pero otra cosa también ocurrió por primera vez ese día.

– ¿No te quedas?

A Deidara le tomo poco menos de un segundo reconocer su voz puesto que ya la había oído antes, pero necesitó otros más de ellos para comprender que esta vez le estaba hablando a él.

– No – Y como no podía ser él si no hacia algún comentario impertinente, le miró de reojo con altanería – Hoy el lugar es todo tuyo, Uchiha.

Realmente a Deidara no le interesaba Itachi más que para buscar la forma de matarlo algún día, pero habría sido un pecado no sentir curiosidad cuando le vió levantarse de su lugar, aparentemente para irse también.

Y no le encontró lógica.

– ¿Tampoco te vas a quedar?

– No – Y así como él, el Uchiha también sintió una mínima curiosidad por el gesto en su rostro – ¿Que?

– No tiene sentido – Le dejó caer entonces con acritud – Si el chiste es tener tranquilidad, no tiene sentido que te vayas cuando puedes estar solo.

Itachi le había mirado directamente, aún a la distancia que estaba podía ver sin problemas el negro resaltar con un sutil interés.

– Para tener tranquilidad no es necesario estar solo.

– Para mi lo es – No es que quisiera conversar, no necesariamente, es solo que le daba cierta satisfacción llevarle la contraria – Comencé a venir por lo mismo.

– Aquí no has estado solo.

– Al principio sí. Era agradable – Añadió entonces de una forma que no podía ser más grosera, pero su rebeldía no tuvo la reacción que esperaba.

– Siendo así ¿Porque seguiste viniendo las demás veces?

A Deidara le hubiera gustado decir que tenía una satisfactoria respuesta para eso, pero no la tenía. Aparte que tampoco es como si la compañía de Itachi resultase tan desagradable si a la final apenas se hacía sentir, pero como prefería morir antes de aceptar que no tenía razón, se limitó a mirarlo con la dosis recargada de odio que le tenía reservada antes de irse a otro lado.

"Maldito bastardo arrogante..." Le dió una enfurruñada patada a la base de su cama antes de dejarse caer en ella. Sasori le alzó una ceja cuando se dió una vuelta buscando algunas cosas que él le guardaba, más se guardó sus opiniones. Un Deidara con malas pulgas no era algo con lo que quisiera lidiar ese día.

Intentado no hacer una estupidez que pudiera romper la frágil fé que sus líderes tenían en él, dejó correr ese día encerrado en su habitación, esculpiendo unos nuevos modelos de arcilla que tenía en mente. Sin embargo, su mente traicionera vagaba de vez en cuando a las últimas palabras que le había dicho el Uchiha, dejándole seriamente pensativo mientras lo consideraba. Técnicamente era cierto que no estaba solo, pero para el ruido que hacía ese hombre literalmente es como si no hubiera nadie más ahí, y cuando realmente hacia algo que le hacía mirarlo de soslayo como cambiar de posición, suspirar o sacar el brazo izquierdo de la capa, tampoco le dirigía la palabra, por lo que su atención inevitablemente se perdía tres segundos después.

Por mero capricho, dejo de subir al último piso. Y aún si se moría de ganas por ver el lugar, se conformaba con árboles altos o sus propias creaciones como punto de apoyo.

El detalle... es que no hubo ninguna diferencia.

Podía ver desde el suelo a ese Uchiha seguir usando su lado de siempre, atesorando la vista que él había encontrado en primer lugar. Y le fastidió. Le fastidio porque si no le hubiera provocado en un principio, él ahora podría estar en ese lugar que ya consideraba su favorito en todo el presidio que era Akatsuki en vez de estar aplastado en el piso como un imbécil.

Para tener orgullo no era obligatorio ser un Uchiha. Y vaya que Deidara se cargaba uno de lo más jodido.

Tardó tres semanas, pero volvió.

Se hizo mente de que él era Deidara, y a Deidara solo lo sacaban a puñetazos. De modo que a menos que el Uchiha le fuera a correr directamente o utilizar algún Genjutsu torturador, él se quedaría si así quería hacerlo.

Entrar y sentarse no fue difícil, su carácter de explosiva rebeldía le impedía sentir vergüenza o nervios casi la mayoría de las veces. Tal vez era por eso que decían que moriría joven, y puede que tuvieran razón.

Sin embargo...

– Dilo.

El artista volteó a mirarlo con el ceño fruncido, encontrándose con un rostro petreo y libre de casi toda expresión salvo ese brillo curioso en los ojos negros.

– ¿El que?

– Eso que quiere decir.

Sasori una vez le había dicho que el miedo era sano, pues aún si eras casi inmortal te recordaba lo frágil y voluble que puede ser la vida.

A lo mejor y por eso si se moría joven, porque eso de ceder al miedo como que no cuadraba con su carácter.

– Simplemente me parece curioso que para alguien que no necesita la soledad para estar tranquilo le vaya tan bien estando solo – Lo había pensado los últimos días, y ciertamente lo estaba pensando ahora. Que Itachi lo supiera no era raro realmente, leer mentes era casi como su superpoder. Le seguía impresionado más el que quisiera hablarle – Eso es todo.

Fue apenas una ladeo de cabeza unos centímetros a la derecha, pero Deidara se cortaba un brazo a que algo le resultaba divertido.

– ¿Crees que me va bien estando solo?

Deidara hizo un gesto de desinterés.

– Te ves menos insoportablemente serio cuando no tienes a nadie cerca para lamerte los pies.

– Interesante – Fuera una especie de burla o no, resultó lo suficientemente creíble al posar sus ojos en él – Sin embargo, si se seguimos con esa idea, no se puede decir que estoy completamente solo.

– No cuenta si no eres la razón por la que esa persona también está ahí.

– ¿Y cuenta cuando la mira de lejos?

Deidara parpadeó en lo que se giraba un poco, movido por la pequeña impresión que le dió al ver que había prestado atención a ese detalle cuando podría haber jurado por su arte que ese Uchiha no le había visto ni de reojo en las últimas semanas; Maldiciendo su breve momento de titubeo, se reincorporó con las cejas fruncidas.

– El que alguien te mire por menos de un minuto no quiere decir que esté acompañándote.

– Más de uno – Acotó él, viéndose particularmente entretenido en lo que Deidara echaba los ojos a un lado.

– Lo mismo da cuanto tiempo sea, aplica la misma regla.

– ¿No crees que lo vuelves muy complicado?

– ¿No crees que fastidias mucho para lo conforme que deberías estar por irte bien estando solo? – No tenía ni idea de que hacían discutiendo el asunto, pero no sé iba a retractar. Mucho menos cuando sentía que esos ojos solo buscaban molestarlo.

– Jamás dije que me fuera bien estandolo.

– Pero tampoco lo negaste.

– Ni tampoco lo supuse, eso lo hiciste tú –  Puede que no fuera su intención, más resultó imposible no sentirse ni un poco entretenido cuando le vió entrecerrar los ojos azules como si quisiera ahorcarlo – No te enfades si es la verdad – Le encomendó sabiamente.

Aunque claro, Deidara se pasaba su sabiduría por donde mejor la pareciera.

– Me enfado si me da la gana – No se fijó que ya tenía su famosa expresión de mal carácter hasta que sintió sus cejas intentando fundirse con el puente de su nariz; Bufó, ahí se iba el lugar tranquilo para buscar paz – Que estupidez... – Murmuró por lo bajo, más no obtuvo ningúna respuesta.

Pegó la cabeza al concreto que tenía al lado. Se quería largar, pero no lo haría porque su orgullo era demasiado grande para eso. Odiaba perder en cualquier sentido de la palabra, y aún si se daba el caso, siempre mantenía la cabeza en alto con dignidad.

A pesar de todo, hubo algo que si logró distraerlo un poco del mal humor unos minutos después, y fue ese singular sonido de respiración variante ligado con una mirada que, aunque concentrada, no parecía fijarse en nada que tuviera en frente.

Entonces se le iluminó la cabeza, comprendiendo que si se le prestaba a alguien la suficiente atención, podía entender muchas cosas; Esa cara era de pensar, y supuso que él mismo debió tener una muy parecida en su momento, razón por la cual ese Uchiha le había hablado en un principio.

Posiblemente no era una buena idea, pero como lo que es igual no es trampa, no se abstuvo de hablar nuevamente.

– Ahora tú dilo.

A diferencia de él, Itachi no puso demasiadas trabas para exteriorizar sus pensamientos con esa parsimonia casi celestial que se cargaba.

– Dices que observar no es acompañar.

– No, no lo es – Prácticamente saltó, internamente feliz de dejar en claro que aunque le pudiera observar de vez en cuando eso no significaba que le importase en lo más mínimo si no le volvía a ver.

– Y en este caso, acompañar tampoco.

– Si no hay interés, no.

– ¿Y lo hay? – Casi haciéndole creer que de verdad le importaba la respuesta.

Deidara no lo pensó demasiado, porque teniendo en cuenta que tampoco estaba ahí por él y prueba de ello es que no socializaban, la respuesta era fácil.

– Para nada, sigues estando solo – Entonces puso los ojos en blanco – Y a saber si bien o no.

Al Uchiha se le crearon breves arrugas en las esquinas de los ojos, como si hubiera estado tentado a sonreír, aunque no lo hizo.

– Viéndolo de esa forma, ¿Que dirias que estás haciendo ahora, entonces?

– Umm...

No sé podría decir que se sintió presionado por contestar puesto que él también tenía esa duda en la cabeza, principalmente porque llevaba meses compartiendo el mismo espacio con él pero acababa de afirmar que técnicamente no le estaba acompañando, al menos no de la forma usual. Decía que no le interesaba si algo le pasaba pero de una u otra forma terminaba volviendo al mismo lugar, buscando tener algo de privacidad en un sitio en el que ya había una persona, y cuando no la había, tampoco es que le perturbase que apareciera unos minutos después; La cosa al final resultaba muy contradictoria, lógico entonces que le hiciera esa pregunta.

A Itachi Uchiha podía desprestigiarlo todo lo que quisiera, pero el sujeto era listo como nadie.

El joven artista en progreso pasó por otra temporada privado de la belleza que podía ofrecer esa opaca y desolada habitación en las alturas. No por orgullo y necedad en esta ocasión, de hecho apenas notó que el tiempo había pasado hasta que finalmente logró encontrar una respuesta que le parecía lo bastante satisfactoria como para mantener su mente tranquila.

Por lo que cuando un nuevo mes se abrió paso unos días más tarde, esta vez fue a Itachi al que no le resultó muy sorprendente encontrar una larga cabellera rubia reposando en su lugar correspondiente.

Hizo una pausa, le miró fijamente la espalda con una expresión indescifrable y luego se fue a su propia esquina. Su rostro mostrándose apenas un poco menos duro al dirigirse a él.

– ¿Que haces, Deidara?

El rubio giró la cabeza para mirarlo, y aunque su porte seguía siendo igual de altivo y receloso, un aire de diversión le cruzó por el azul en los ojos.

– Te acompaño a estar solo.








Continuará...

Notas finales:

Como ya puse en las notas del Fanfic, aquí pondré varias teorías que me parecen posibles en lo que hago un drama así triple HD 4K como a mí me gustan, metiendo risas y romance, claro está jajajajaja pero weeno. Volveré pronto con la siguiente parte, me parece que la historia tendrá unos 27 o 28 capítulos, algunos son más cortos que otros así que solamente diré que lo disfruten.

Amo esta parejita UwU 

Nos vemos la próxima.

Un saludo.

Menma.


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