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No tengo la opción de amar por ClaireStone

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Jiang Cheng se tomó dos días libres.

 

No era mucho, pero no podía aplazar todo el trabajo por una situación que tarde o temprano le mordería.

 

Jin Ling llegó preocupado por su tío y Jiang Cheng ladró su disgusto.

 

―No me iré hasta que sepa que estás bien.

 

―Pequeña mierda... ¿Ahora quieres encargarte tú? 

 

Jin Ling se cruzó de brazos y mantuvo el control. Para muchos, la forma de hablar de su tío era irrespetuosa, pero Jin Ling sabía que aquel hombre sólo quería intimidarlo. No caería en la trampa como otras veces. No ahora que era adulto.

 

―Cállate, anciano.

 

―¿Anciano? Ven aquí, mocoso.

 

Zidian lanzó pequeñas chispas y Jin Ling tragó saliva.

 

―Tío... No es justo.

 

―¿No es justo? Crié a un mocoso malcriado.

 

―Sólo estoy preocupado por ti.

 

―No, no lo estás.

 

―Sí, lo estoy. Estás en la cama y el sol todavía está alto en el cielo.

 

―¿No puedo tomarme días libres?

 

Jin Ling le sonrió. Jiang Cheng se mordió la lengua. Había hablado demasiado.

 

―¿Cuándo te has tomado días libres? Eres un mentiroso. 

 

―Cállate, A-Ling.

 

―¡¡¡¡Tío !!!! Dime la verdad.

 

¿Cómo era posible que este mocoso actuara tan altivo y luego pareciera una niño a punto de llorar? Tan dramático.

 

Jiang Cheng suspiró.

 

―No pasa nada. Te lo contaré todo. Pero antes vamos a comer algo.

 

 

 

 

 

Jiang Cheng pidió a la cocina abundantes platillos. Todos los favoritos de su sobrino. 

 

―Entonces... ¿Estás diciendo que necesitas un compañero?

 

―Grítalo más fuerte. En Qinghe todavía no te han escuchado.

 

Jin Ling agachó la cabeza.

 

―Lo siento, tío.

 

―Déjalo. Todo irá bien.

 

Lo que Jiang Cheng no había dicho era que si no conseguía un compañero para unirse, era posible que se consumiera en el delirio de la fiebre. Una condición extrema que podría traerle graves consecuencias a su salud.

 

-------

 

Había llegado el día de la ceremonia.

 

Jin Ling se comportaba como un líder de secta y su majestuosidad era tal que realmente parecía un gran pavo real agitando sus plumas. Su sobrino lucía con orgullo la peonía bordada en el pecho de su delicado atuendo.

 

Cada líder de secta se había reunido en el salón principal y cada uno brindaba por el nuevo líder de secta Jin.

 

Jiang Cheng estaba con su delegación y desde lejos pudo distinguir a Lan Xichen. Lan Xichen se percató de su presencia y levantó su copa en señal de saludo.

 

Jiang Cheng imitó la acción y siguieron cada uno en lo suyo. Lan Xichen parecía un poco más delgado, pero aún conservaba su porte de alfa y gran cultivador. Junto a Lan Xichen estaban Hanguang-Jun y su marido, Wei Wuxian.

 

Wei Wuxian buscó su mirada pero Jiang Cheng cerró toda comunicación como había hecho durante todos estos años.

 

Wei Wuxian había tomado su decisión.

 

Jiang Cheng también.

 

Y ya no quería continuar esta relación tóxica con su ex- hermano jurado.

 

Su segundo al mando, Jiang Shi, le susurró al oído y Jiang Cheng asintió. Se levantó, se excusó con Jin Ling y salió del gran salón.

 

---------

 

―Líder de la Secta Jiang. Haré todo lo que pueda para que mi trabajo esté bien hecho. Sin embargo, el Líder de la Secta Jiang sabe que los rumores son difíciles de disipar.

 

―Lo sé muy bien, Madame Susu. Sé que tiene una gran reputación como casamentera. Me pondré en sus manos.

 

La mujer mayor quedó satisfecha con las palabras de Jiang Cheng.

 

―Gracias, líder de la secta Jiang. Ah, una última pregunta... Tu lista... ¿Has pensado en cambiarla?

 

―¿Cambiar la lista?

 

―Sí. Sé que a muchos alfas no les gusta parecer inferiores. Su lista es muy... Osada. 

Aunque... Creo que eso dice mucho de lo que buscas en una pareja.

 

Jiang Cheng lo pensó.

 

¿Qué podía cambiar? ¿Qué podría añadir?

 

No. Dejaría todo como está.

 

Jiang Cheng se aclaró la garganta.

 

―No cambiaré nada.

 

―Está bien. Lo veré dentro de unos días en Yunmeng.

 

Jiang Cheng asintió y mostró sus respetos a Madame Susu.

 

La mujer sonrió complacida. Y regresó con su séquito.

 

Jiang Cheng calmó sus nervios. No podía permanecer mucho más tiempo en el mismo sitio, no quería levantar mas sospechas en Jin Ling. Se había prometido que después de su ceremonía comenzaría con todo este maldito tema de encontrar un Alfa que sea compatible con él.

 

Así que emprendió su camino de regreso al salón. Después de dar unos pasos, vio en el jardín a Lan Xichen.

 

Jiang Cheng pensó en seguir pero el líder de la secta Lan parecía tan solitario que Jiang Cheng tuvo este impulso inesperado de acercarse.

 

Jiang Cheng se presentó frente a Lan Xichen. 

 

―¿El líder de la secta Lan quiere compañía?

 

Lan Xichen lo miró y en sus ojos se podía ver una lejanía tan profunda que Jiang Cheng se preguntó que estaba pensando.

 

―¿Líder de Secta Lan? Sí. Jiang Wanyin aceptó su compañía.

 

Jiang Cheng se burló de esto.

 

―Entonces me quedaré, Lan Xichen.

 

Permanecieron un rato en silencio, admirando los jardines de la secta Jin. 

 

―Espero que me disculpes...

 

―¿Eh?― Jiang Cheng lo miró desconcertado.

 

―Mientras daba un paseo, yo... Accidentalmente vi a Jiang Wanyin hablando con Madame Susu.

 

Jiang cheng quería abofetearse la cara. Si quería discreción no lo estaba consiguiendo. Madame Susu era bien conocida como la mejor casamentera de todo el mundo del cultivo. Además, como pariente de los Jin, Madame Susu era muy llamativa. 

 

Jiang Cheng no sabía si hablar de este tema con Lan Xichen. El hombre era un alfa muy respetado y honorable. Si hablaba con él sobre su situación... Tal vez encontraría algo de ayuda extra. Pero, ¿no sería demasiado para este hombre que había salido recientemente de su reclusión?

 

―Lan Xichen... ¿Volverás a los Recesos de las Nubes una vez que la ceremonia haya terminado? ¿O te quedarás como invitado de mi sobrino?

 

Lan Xichen parecía estar desconcertado por el cambio en la conversación. Pero más que nada por la pregunta. Jiang Cheng se sintió como un tonto por creer que Lan Xichen se quedaría más tiempo en la Torre de la Carpa Dorada después de lo ocurrido con Jin Guangyao.

 

―Yo, debes disculparme. No pretendía hablar fuera de lugar.

 

Lan Xichen entendió lo que quería decir.

 

―No te disculpes. Este lugar me trae muchos recuerdos... Felices y tristes. No puedo cambiar el pasado. Para responder a tu pregunta, todavía estoy pensando qué hacer. ¿Qué recomienda Jiang Wanyin?

 

Lan Xichen le preguntaba seriamente.

 

Jiang Cheng resopló con un poco de desdén.

 

―¿Quieres mi recomendación? Bien. Ven al Muelle de Loto conmigo.

 

Lan Xichen abrió los ojos y un ligero rubor cubrió sus mejillas y orejas.

 

¿Qué había dicho mal?

 

Los Lans eran muy extraños.

 

Si quería un confidente... ¿No sería Lan Xichen una buena elección?

 

-------

 

Lan Wangji no podía creer que su hermano quisiera pasar unos días en el Muelle de Loto.

 

A Jiang Cheng no le importaba lo que pensara el gran Hanguang-Jun. Después de todo, el hombre lo odiaba.

 

―Xiongzhang, vamos contigo.

 

―Es una buena idea, Lan Zhan. Tengo muchas ganas de beber buenos vinos. Extraño la sopa de loto con costillas de cerdo. Nadie igualara a la sopa de A-Jie... Pero hay buenos puestos dónde podemos probar el platillo.

 

Jiang Cheng cerró la mano en un puño. Escuchar el nombre de su hermana de los labios de Wei Wuxian no debía molestarlo. Pero lo hizo. Wei Wuxian parecía resolver su vida con facilidad. Muy digno de él.

 

―No―dijo Lan Xichen.

 

―Xiongzhang.

 

―No. Espero que escuches lo que te digo Wangji. Aprecio tu apoyo pero creo que te estás extralimitando.

 

―¡Hermano Xichen! No puedes hablar en serio.

 

―Lo digo muy en serio. La invitación fue hecha sólo para mí. Confío en el Líder de la Secta Jiang y en su gente. 

 

―Pero...

 

―Estaré bien, Wangji. ¿Puedes confiar en mí?

 

Lan Zhan mantuvo su expresión seria pero sus ojos decían lo contrario. Miró fijamente a Jiang Cheng y luego a su hermano. Jiang Cheng sintió el desprecio.

 

―Confío en mi Xiongzhang.

 

Pero Jiang Cheng también escuchó las otras palabras no dichas:

 

No confío en Jiang Cheng.

 

Y también lo hizo Lan Xichen.

 

―Wangji― Lan Xichen advirtió―. Hablaremos de esto cuando vuelva. Pero como parte de la secta Gusu Lan te sugiero que pienses en como estás actuando en frente de otro líder de secta.

 

¿Lan Xichen amonestando a su hermano? ¿Jiang Cheng estaba soñando? No podía creerlo.

 

Pero debería, porque ya instalado en Muelle de Loto, Lan Xichen habló de este tenso asunto.

 

―No tengo más que gratitud para Jiang Wanyin. Su invitación es muy oportuna. Es un buen momento para mi salud.

 

―Nunca he tenido un invitado tan importante. 

 

De hecho, nunca he tenido un invitado más que su sobrino Jin Ling. 

 

Lan Xichen le dió una suave sonrisa.

 

―Pero no sólo quiero agradecerle su hospitalidad, sino que también deseo disculparme en nombre de mi secta y de mi familia.

 

―¿Por qué?

 

―Sé que tú y mi hermano no se llevan bien.

 

―Corrección. Él no se lleva bien conmigo. Tu hermano cree ciegamente que soy el mal que rodea a su marido. 

 

―No puedo justificar el comportamiento de Wangji. Ya no. En mi reclusión pensé en muchas cosas que había pasado por alto. No puedo redimir años de enemistad. Pero puedo detenerla. Mi tío ya me había hablado muchas veces de esto y sólo ahora puedo entender que las acciones de mi hermano podrían haber traído un gran conflicto para nuestras sectas.

 

 Jiang Cheng lo miró a los ojos.

 

―Así es. Me alegra que digas eso. Todos piensan que fui injusto con Wei Wuxian. Pero no todos vieron las cosas que hice por él. No importa si las cuento o no. Ya no sirve de nada. La gente estará sesgada por sus pensamientos y emociones. Pero tienes razón. Tu hermano me ha faltado al respeto en más de una ocasión y tú has sido testigo la mayoría de las veces. Pero eso no fue lo único... también le faltó el respeto a mi sobrino, conociendo su futuro estatus. Ya había discutido este asunto con el Gran Maestro Lan y muchas veces calmé sus temores. No soy el villano que tú hermano quiere que sea, pero tampoco dejaré que me sigan pisoteando. Por eso hace tres años decidí no tener más relación con Wei Wuxian.

 

―Soy consciente de la situación. Por eso necesito disculparme.

 

Lan Xichen se inclinó. 

 

Jiang Cheng no registró los movimientos de Lan Xichen hasta que vio que su frente tocaba el suelo. Este hecho lo sobresaltó. Mierda.

 

―¿Qué estás haciendo? 


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