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Romeo&Romeo por 011crucifyXsorrow

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Notas del fanfic:

Bueno...El primer fanfic que publico aquí.

Espero que os guste, es un poco chorra (se me ocurrió viendo una obra de Romeo y Julieta del instituto ._.) pero me estoy divirtiendo escribiéndolo, y eso es lo que cuenta ¿no? =D

Notas del capitulo:

El primer capitulo sé que es un tostón de descripciones y tal, pero prefiero hacerlas al principio y así la historia es más fluída n_n

También quiero pediros que cualquier fallo que veáis me lo digáis, y así podré mejorar =D Mi ortografía puede ser algo mala por que no acostumbro a hablar el castellano u.u

En fin, espero que os guste, me repito xD

Estamos a punto  de aterrizar en el aeropuerto de Narita. Por favor, abróchense los cinturones de seguridad. La temperatura exterior es de 27ºC y el clima, soleado. Nipponair desea que hayan disfrutado de su vuelo y les da las gracias por haberlos elegido.

Romeo bajó el plástico duro para cubrir la ventanilla. No quería marearse al ver el descenso que haría el avión, así que se limitó a empotrar todo lo que pudo la espalda contra el respaldo acolchado, aferrándose con las manos sudorosas a los reposabrazos del asiento. No le daba miedo volar, pero tampoco era algo que le entusiasmara.  Después de casi doce horas metido dentro de ese claustrofóbico avión repleto de gente, y a pesar de haber parado en un aeropuerto y cambiadas de avión, el cuerpo le pedía aire fresco y necesitaba estirar las piernas.

La voz de la azafata sería, seguramente, la última italiana que oiría por mucho tiempo. Tenía planeado quedarse a vivir en Tokyo con su madre, harto de aguantar el estricto control al que estaba sometido en el internado donde había vivido desde la separación de sus padres, once años atrás, cuando él contaba siete.  Sayoko, la madre, echaba muchísimo de menos su país natal, la melancolía creció hasta tal punto que le causaba migrañas y depresiones. Su marido, Enzo, se negó rotundamente a trasladarse a Japón, por lo que la joven decidió coger a sus dos hijos, Romeo y Regina, e irse a vivir a Yokohama, de donde era originaria. Pero Enzo no iba a permitir que además de largarse se llevara a los niños consigo, así que se las arregló con los temas judiciales y se quedó la custodia.

Así fue que Romeo permaneció en ese espantoso internado religioso de Italia, hasta que pudo salir una semana atrás por haber cumplido la mayoría de edad.

Y ahora se encontraba en Japón, en el aeropuerto de Narita, Tokyo, con la maleta en la mano y bajando del avión. Sus pobres piernas estaban entumecidas, por lo que le costó un poco andar al principio.

Se dirigía a la zona de taxis. El chico dominaba perfectamente el japonés, ya que su madre siempre se había dirigido a él en ese bello idioma, pero de ninguna de las maneras logró esconder el acento cantarín de las tierras italianas que teñía su habla.

Antes de llegar a la carretera le llamó la atención una gran masa de jóvenes, mayormente chicas, que rodeaban un cartel colgado en una columna, gritando y riendo. Le sorprendió aún más oír su nombre, tan poco común fuera de Italia, por lo que se acercó para ver lo que ocurría.

-…Romeo-sama tiene una voz tan…perfecta…-Logró escuchar entre el griterío.

-Juliet-chan a la guitarra…quiero ser como…

No logró oír nada más, pues la aglomeración se  desplazó bruscamente, tirando a Romeo al suelo, y desapareció por la terminal A del aeropuerto, voceando cosas como “Han vuelto”, “Bienvenidos a Japón”, “Os queremos”. Se levantó, algo molesto, y se dispuso a examinar al causante de semejante alboroto.

 Un grupo de música. Un cartel que anunciaba un festival de algo llamado “Visual Kei”.

-…¿Llave visual?-Se preguntó antes de levantar la vista para estudiar más profundamente el  póster.  Unos profundos ojos castaños que parecían mirarlo provocativamente a través del papel fue lo primero que observó. El resto de la cara de la persona a la que pertenecía la penetrante mirada resultó ser un chico, de rasgos extremadamente suaves que realmente hacían dudar sobre su género, de tez  pálida. Los finos labios, algo oscurecidos, se curvaban en una irresistible sonrisa de superioridad, el inferior estaba adornado con un aro negro abierto, con el extremo en forma de cono.  Sobre el ojo derecho caían mechones de pelo dorado, tirando a panocha y matizado con mechas y reflejos negros, que daban un aspecto desenfadado al peinado imposible que lucía el artista. Sostenía un micrófono con rosas rojas que se enredaban en el palo, por lo que Romeo dedujo que debía ser el vocalista, su tocayo.

A su izquierda aparecía una chica aparentemente tan frágil como una muñeca de porcelana, vestida como una aristócrata de los años versallescos, mas lo único que rompía esta estética era la falda que dejaba ver medio muslo.  En su vestuario abundaba la blonda y la cinta, combinando varios tonos oscuros de púrpura y azul, con detalles en cuero. El pelo, tan rubio que rozaba el blanco, se retorcía en preciosos tirabuzones que descansaban en sus hombros  descubiertos; el flequillo, completamente recto, parecía haber sido cortado con  regla, se separaba de los tirabuzones con una diadema de encaje.  Sostenía una guitarra escarlata como si de un bebé se tratara, por lo que Romeo dedujo que sería Juliet. Su mirada azul se perdía a lo lejos, como si añorara algo.

En los extremos superiores del cartel se encontraban otros dos chicos: uno lucía un pelo rojo, muy llamativo y largo, peinado  y levantado hacia atrás despejando el rostro, muy atractivo. Se apoyaba en la batería y sostenía entre los labios una baqueta, mientras miraba desafiante al chico del extremo opuesto.  El bajista, de facciones muy parecidas a las de la chica, tenía el mismo color de pelo que ella, muchísimo más corto y completamente liso. Su expresión era serena, y miraba comprensivamente al batería con su único ojo descubierto: el otro estaba tapado por un antifaz veneciano plateado, con sutiles detalles en negro.  La mano que no aguantaba el bajo se posaba suavemente sobre una espada labrada a juego con el antifaz.

Por último, Romeo se fijó en el nombre del grupo: “Revenant Verona”, Verona Renacida. Sonrió, se alegraba de leer algo que, aunque solo fuera literariamente, estaba unido con él y con Italia.

 

-¿Tú también eres fan suyo?-Preguntó el taxista mientras paraba en un semáforo.

-¿De quién?

-De Revenant Verona.- Afirmó, pronunciando el nombre del grupo de una manera peculiar, algo así como “Ribenantsu Verona”. Romeo ladeó la cabeza.- ¿No les conoces? De todas formas… No pareces de por aquí.-  Debía haber notado el acento, mas Romeo tenía apariencia japonesa de pies a cabeza: medía poco más de metro sesenta y tres, de complexión delgada pero saludable, pelo muy liso y negro como el carbón. Lo único que había heredado de su padre era el color de sus grandes ojos rasgados, un marrón miel.-

-Soy de Nápoles.-sonrió- pero mi madre es de Yokohama. Como ve, acabo de llegar. Es la primera vez que piso Japón.

-Haces  bien, hijo- le contestó risueñamente.- Los críos estos dan un concierto el mes que viene, y un cliente perdió una entrada en mi taxi. A mi hija todo este tema del Visual Kei no le va mucho y sería una pena que la perdiera, así que… ¿La quieres?

Romeo se lo pensó varias veces antes de aceptarla. La entrada que el simpático chófer le ofrecía  debía valer un ojo de la cara, y quizás el hombre podría haberse ganado un dinerillo extra si la revendía.

Agradeció agradablemente  al conductor antes de bajar del coche, para su sorpresa el trayecto hasta su nuevo hogar no fue ni la mitad de caro como creía.  Miró a su alrededor: grandes edificios, altísimos, que parecían estar forrados de cristal transparente, la luz reflectaba por las calles, insistentes carteles de neón a pleno día anunciaban productos de lo más variado; chicas vestidas como la guitarrista de Revenant Verona posaban para los turistas… Todo un espectáculo urbano, que le dejó fascinado.

Notas finales:

No sale nada yaoioso en este capitulo, pero tiempo al tiempo... :J

No sé si os habréis dado cuenta que soy aficionada al visual kei *¬*

 

Gracias por leer~


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