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Sólo era una pesadilla...

Autor: LinaInverse87

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Notas del fanfic:

Los personajes de Bleach son propiedad de Tite Kubo

Otra vez la misma pesadilla, la misma oscura agonía que se apodera de mi espíritu una noche cada tantas. Siempre despierto bañado en sudor, intentando recuperar la respiración, que el manantial que fluye por mis mejillas se cierre para siempre. No hago más que repetirme que es un sueño, que tus heridas no fueron mortales, que dentro de unas horas voy a verte, que no vas a desaparecer... No sé como distinguiría lo que me rodea sin tu luz, Byakuya Kuchiki. Mi capitán.

Aunque consigo volver a conciliar el sueño, me despierto cansado y débil, aunque procuro que mi capitán no se dé cuenta y llevar a cabo mi trabajo lo mejor posible. Una ducha fría para despejarme y rumbo al cuartel de nuestro escuadrón. Entrenar a los cadetes, organizar a la gente para que hagan las cosas como es debido... Las tareas de todos los días, nada fuera de lo normal. No te veo por ninguna parte y, aunque procuro centrarme en mi trabajo, mis ojos terminan buscándote con disimulado desespero. Ya casi termina el entrenamiento y al fin nos honras con tu magnífica presencia. Avivas los ánimos de los cadetes y sus esfuerzos. Todos quieren ser tan fuertes y brillantes como tú. Son tan ilusos como perros que intentan alcanzar la luna con sus ladridos, tan ilusos como lo fui yo. Alcanzarte nunca nos será posible. Siempre en lo alto, luminoso y sereno pero también distante. No dejo de preguntarme día tras día si te sentirás solo ahí arriba.

Al fin diriges tus ojos hacia mí, haciendo una silenciosa y urgente llamada a la que acudo de inmediato por propia voluntad, aunque por el camino pienso que ojalá tus ojos no fueran tan fríos. Nuestra conversación es una fotocopia de la que mantuvimos el día anterior. Cómo ha ido el entrenamiento, novedades, algún cadete que destaque, ... Una cómoda y ordenada rutina, fácil de seguir.

Aunque últimamente todo está muy tranquilo siempre hay una montaña de papeles en tu escritorio, da igual que hayas terminado con todo el día anterior. Sin decir palabra, entro detrás de tí, cierro la puerta y preparo té. Por muy teniente que sea, es todo lo que puedo hacer por ti. Al dejar el vaso sobre la mesa, tus finos dedos rozan mi mano al intentar cogerlo inmediatamente. Procuro retirarme lo más rápido posible sin perder la compostura, dando como excusa vigilar a los nuevos encargados de las mariposas negras. Me dedicas una fría mirada a modo de autorización y vuelves la vista.

Tomo el camino más largo a mi destino sin dejar de recordar la suavidad de tus dedos y su calidez, una caricia de la que no me estimo merecedor ni en un millón de años. Al llegar, puedo comprobar que los cadetes la han líado buena. Por lo menos puedo dejar de pensar en tí mientras los ayudo a poner a las mariposas en sus jaulas. Ignoro cuanto tiempo ha pasado, pero es más de mediodía. Una bronca rápida y vuelta a la oficina. Al abrir la pureta me encuentro con una visión maravillosa: yaces dormido plácidamente en el sillón del despacho, con los labios entreabiertos y una expresión tan dulce y pacífica que nadie creería que tienes. Lo primero que hago es buscar una manta para que no cojas frío, lo que implica acercarme aun más a tí, con tus labios tentándome cual pecaminoso fruto del Edén. Doy gracias al cielo porque hayas abierto los ojos, recordándome mi lugar.

"Lamento haberle despertado, Kuchiki-taicho. No quería que enfermara."

Las palabras salen con orden y soltura, porque tengo miedo de que adivines lo que pienso, igual que procuro que tus ojos no se encuentren con los míos, porque tengo miedo de que puedas ver el alma que tras ellos escondo.

"Gracias, Abarai."

Tal vez mi imaginación me haya jugado una mala pasada pero juraría que, durante un instante, te he visto sonreír. Vuelves al trabajo dejando la manta sobre tu regazo, con actitud impasibe.

"Necesitaré que te quedes aquí para que me ayudes a organizar unos documentos. Sólo tendrás que consultar los nombres en los tomos de la estantería de la derecha."


Has vuelto a hacerlo... Has vuelto a leer en mis ojos las palabras que se quedaron sin salir.

"A sus órdenes, Kuchiki-taicho."


Nos hemos pasado lo que quedaba de mañana y toda la tarde entre libros, nombres y fechas. Estoy agotado y me duele la cabeza, y sin embargo tú estás fresco como una rosa. Probablemente cualquier otro capitán estaría mentalmente muerto.

"¿Traigo algo para cenar, capitán?"

Ya hemos terminado el trabajo y por eso no quiero separarme de tí. Quiero que estemos juntos por algo que no tenga nada que ver con ser shinigami. Asientes y salgo casi volando de la habitación rumbo a las cocinas. No presto real atención a lo que hay en el menú. Simplemente quiero correr otra vez a tu encuentro. Al menos esta vez no estabas dormido. No hubiera podido volver a resistirme a besar tus labios, aunque me esperara la muerte al instante siguiente. Comemos en silencio, tranquilos. Tampoco me esfuerzo en sacar ningún tema, sé cuanto aprecias el silencio y la calma.

Al terminar, sólo quedamos nosotros y el silencio. Tus ojos vuelven a encontrar a los míos para dejarme sorprender por tí una vez más...

"Voy a las termas... ¿Vienes Abarai?"

No puedo más que asentir y seguí mansamente tu voluntad. Tienes aura de mando y por ella te seguiría hasta el mismo infierno. Es más tarde de lo que pensaba. No se ve un alma en el camino. En los baños procuro darme prisa al desvestirme y no mirarte. Mi mente ya está bastante alterada y mi cuerpo deseoso del tuyo.

"Le espero en el agua, capitán."

El agua caliente de las termas deja una agradable sensación en mi piel, relajando mis sentidos, pero esa calma se desvanece de pronto entre el vapor. La imagen de tu cuerpo, casi desnudo, avanzando directo hacia mí, se lleva la poca paz que pudiera quedar en mi espíritu. Eres como una visión del cielo que me lleva a un infierno de tentaciones del que intento escapar. Tu piel nívea, combinada con la pacífica expresión de tu rostro ahora que has cerrado los ojos, te da un aura de inocencia e indefensión por la que quisiera abrazarte, protegerte entre mis brazos. Procuro sacar esos pensamientos sacudiendo mi cabeza, intentando que el sonrojo producido por esas imágenes desaparezca de mi rostro, pero no lo consigo. Me sumerjo por entero en el agua, dejando que mi pelo se quede hacia atrás al salir. Al menos, así tendré una excusa si preguntas por mis mejillas.

"Abarai..."

El eco de tu voz tras de mí me saca de mis pensamientos, haciéndome girar demasiado rápido. Voy a caer, pero una mano sujeta firmemente mi cintura y otra mi muñeca. Tus ojos... Esa pareja de oscuros orbes ha encontrado a los míos, escudriñando lo que hay más allá de ellos. Siento una extraña y agradable emoción en el pecho a la par que un miedo terrible a que descubras lo que siento pero, no puedo apartar la vista.

"Eres como un libro abierto, Abarai..."

Tus palabras me dejan en blanco, pero al posar tus labios sobre los míos me dejas sin aliento. Suave y casi tímido primero, hambriento y casi lujurioso después... No puedo más que corresponder tus besos, abrazándote. Si eres un sueño, quiero asegurarme de grabar en mi mente cada instante, pero al separar nuestros labios me doy cuenta de que eres real... Vuelves a sonreír de la misma manera que había creído ver antes. Al recapacitar sobre lo que está sucediendo me separo de tí... Alguien como tú no debería mezclarse con un perro del rukongai.

"Capitán yo... usted no debe andar con alguien como yo y..."

Tus brazos rodeándome desde atrás hacen que dejen de hablar.

"Escuchame de una vez Abarai... Eres la única persona que no me mira simplemente como a un Kuchiki, un capitán, un noble o un enemigo... No pretendas que renuncie así como así a los únicos ojos que me miran por quién soy, no por qué soy o mi apellido."


Podría morír ahora mismo, porque he escuchado abrirse las puertas del cielo para mí pero sé que no soy digno de tan magnífica morada. Sé que mi sonrisa es triste y doy gracias porque no puedas verla, como las doy por no tenerte frente a frente, porque no podría decirte como me siento.

"Pero... ¿qué es lo que tiene de especial un perro del Rukongai para alguien tan luminoso y puro? No lo entiendo..."

Admitir que a tu lado sólo soy un perro es arrastrar mi orgullo por el fango, cosa que sabes que no dejaría hacer nunca a nadie. Siento como tu abrazó se deshace, con cierto alivio para mí, pero que dura poco al verme volteado por tus brazos para volver a la prisión de tus ojos, en la que estoy indefenso.Tu expresión vuelve a ser seria, pero no tan fría. Con un último esfuerzo, bajo mi rostro para ocultarlo de tu luz, para volver a ser alumbrado cuando lo alzas por el mentón.

"Déjame ser tu amo entonces y te mostraré qué tiene de especial mi perro del Rukongai..."


Tu boca hambrienta volvió a la mía en busca de nuevo sustento, encontrando lo que desea y dando a la mía lo que durante tanto tiempo creí tener prohibido y fuera de mi alcance. Te abrazo fuerte contra mí, para cerciorarme de que eres real, mientras tus manos recorren mi espalda y tus labios inician un periplo por mi cuello, despertando mi ansia por tí, creciente a cada caricia y cada beso.

"Ven conmigo Renji."

A la órden de tus labios, contesto con un beso sobre tu cuello. Sé qué es lo que esperas de mí y a donde me llevas y acepto encantado tu mandato. Es lo que hacen los perros respecto a sus amos. Nos vestimos rápido y en un abrir y cerrar de ojos estamos ya en tu mansión, siendo recibidos por tu mayordomo, al que das orden de que nadie se acerque a tus aposentos por la importancia de los asuntos a tratar con tu teniente. Suenas tan distante y frío como si el tiempo hubiera retrocedido y volvieras a ser el de hace unas horas.

En tu habitación vuelves a tu nuevo ser, desnudándome con impaciencia mientras tus labios no hacen más moverse a placer por mi cuello y más tarde por todo mi cuerpo, acompañando a tus manos, arrancando gemidos de mi garganta, entregado a los cuidados de tu ser entregado a la lujuria y el placer...

Me despierto en una habitación que no conozco al principio, pero que enseguida recuerdo, al verte a mi lado. No puedo evitar sonrojarme al recordar todo lo que hicimos la noche anterior, cuantas veces me hiciste tuyo, cuantas veces mi semilla corrió por tus labios y la tuya por los míos... Cuantas palabras de amor salieron al mundo entre los delirios de la carne. Intento calmarme un poco, mirandote dormir plácidamente, con una sonrisa, ríendome del sueño de ayer. Al fin y al cabo sólo era una pesadilla, algo lejos de la realidad.

Fin

Notas finales:

Muchas gracias por leerlo y espero que os haya gustado.

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