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Dos caras de la misma moneda

Autor: Hyunnieyeol

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Notas del capitulo:

13.06.09. Elegí la fecha a propósito. Es el primer trabajo que me atrevo a compartir desde que he regresado a escribir. Tengo una cuenta más, donde publico de SHINee. Ahora, he decidido crear esta para publicar mis historias sobre los chicos de INFINITE. Veamos qué nos depara el futuro.

Capítulo I. De los nuevos desafíos que rompen las costumbres

 

Myungsoo detiene sus pasos al escuchar una voz conocida llamarle. Es curioso, porque es una rutina desde hace años y justo esta mañana le sorprende. Da media vuelta y le mira de frente. Una sonrisa adorna su rostro. Es una sonrisa distinta a las otras. Algo parece diferente en él, o puede ser en su propia persona. Ambos han cambiado en estos dos años. Incluso más que en los otros tres antes de volverse novios. Novios. ¡Qué extraño suena en este momento! Le regresa el gesto a duras penas, recordando de pronto que debe sonreír. Un suspiro deja sus labios. Es incómodo; muy incómodo.

            Lee Sungjong es eso que él siempre quiso, al menos en apariencia. Un año más chico, alto y delgado, con un rostro aniñado y voz cantarina. Su mejor amigo le confundió con una chica la primera vez que le vieron; cosa que ninguno de los dos ha olvidado y que mantiene entre ellos cierto rencor aún ahora. Tan infantiles ambos. Han sido una pareja estable por veintiún, casi veintidós, meses; redondeado a dos años, y amigos por más de cuatro, tirando a cinco. Lo que llevan de relación es el tiempo que le falta a Myungsoo para ingresar a la universidad. No sabe por qué está pensando en un “nosotroslejano cuando Sungjong se encuentra tan cerca. Es cierto: no lo está. No ahora. Nunca más. Al menos del mismo modo. Ya no se pertenece el uno al otro. O quizá debería decir, mejor, que ya no lo harán, porque está a punto de pedirle algo que cambiará, aún más, las cosas.

— Tengo algo que decirte…

            Siempre al punto. “Tan propio de ti, Sungjong”.

—…aunque debes haberlo notado para este momento, porque…

            “Tus ojos brillan de nuevo. ¿Te ha pasado algo bueno?”

—…muchas cosas han cambiado…

            “¡Oh! También te has dado cuenta.”

—…incluyendo los sentimientos, y por eso quiero que…

            “A la cuenta de tres. 1… 2… ¡3!”

— Terminemos.

            La voz de Myungsoo suena un poco ronca; mitad por la resignación, mitad por la decisión. Los ojos de Sungjong reflejan la sorpresa, pero una nueva sonrisa se forma en sus labios y ahora todo él brilla, ya no sólo sus orbes marrones. Finalmente entiende todo. Eso, la separación -inminente, necesaria- es lo que ambos desean. Sungjong no es para él; y Myungsoo no es más para Sungjong. No se arrepienten. Tampoco lo harán en el futuro.

            Sus labios se encuentran. No es un “hola”, tampoco un “adiós”. Myungsoo cree escuchar un “el último” contra su boca. Percibe la urgencia de Sungjong cuando sus manos le tocan el cabello, hundiendo sus dedos en los mechones oscuros. Cede despacio, reacio y entreabre los labios para recibir la lengua del más chico. Con Sungjong no hay caricias suaves, todo es pasión desbordante. Es lo opuesto a su imagen frágil, pura y delicada. A Myungsoo no le gusta; y Sungjong lo sabe. A Sungjong no le importa; Myungsoo lo sabe. Ambos están cansados. Se separan sin ese sabor a despedida, porque lo que terminó es su relación de novios, no la amistad que inició antes de ingresar al instituto y se consolidó durante los primeros años de éste. Ese pensamiento tan cursi le enferma.

— Iré a clase — Myungsoo asiente en silencio, arreglando su cabello. — ¡Nos vemos en el almuerzo! — los pasos de Sungjong lo llevan lejos de él. Rutina de lunes, sin duda.

            Escucha el sonido de una lata de aluminio al ser pateada y busca la dirección de donde proviene. Un chico aparece, pero sólo es capaz de ver su espalda. Es alto, lleva el largo cabello castaño recogido en una media coleta desordenada. Sus pesadas botas negras hacen pedazos el bote de refresco antes de seguir su marcha. Myungsoo siente algo extraño. La vergüenza le inunda de pronto, interrumpiendo la tranquilidad de sus pensamientos matutinos. Está seguro que él ha observado su escena con Sungjong. No sabe cómo, pero lo sabe. Se ruboriza.

— Eres tan ridículo, Myungsoo — se regaña en voz alta, como si con eso la situación fuese a mejorar. — Oh, diablos. Llegaré tarde.

            El profesor cierra la puerta justo cuando entra al aula. Myungsoo suspira aliviado de no quedarse fuera y avanza a su asiento rápidamente. Es el último de la fila del centro. Dasom se encuentra sentada a su derecha. Le dedica una pequeña sonrisa y él se la regresa al instante. Fuera de ella, Myungsoo no mantiene relación con alguien más dentro del aula.

            Sus mejores amigos son Nam Woohyun, un año mayor, y Jang Dongwoo, que está en su primer semestre universitario. Los conoce desde elemental. Son inseparables. Y… bueno, también está Sungjong. O eso supone. Es una enorme ventaja para ellos que el instituto abarque desde el nivel pre-escolar hasta el superior-universitario. Es un ambiente tan familiar que a veces resulta aburrido. Siempre las mismas personas, los mismos compañeros, las mismas caras…

            Woohyun, Dongwoo y Myungsoo suelen reunirse a la hora del almuerzo, en la cafetería, y disfrutar juntos de sus cuarenta minutos de descanso. El tiempo se va entre bromas por parte de ellos y vagas sonrisas por parte suya. Aún no logra comprender cómo se hicieron amigos. Ellos son… bueno, él no es como ellos. Es más… introvertido. Eso es.

— Sr. Kim, si la clase no le interesa, puede retirarse cuando lo desee — la voz del profesor lo despierta de su letargo. Niega rápidamente, prestando atención al montón de fórmulas en la pizarra. No le desagradada cálculo, pero tampoco le tiene un gran aprecio. — Bien.

            La mañana pasa lento. Cálculo, Ciencias, Literatura, Sociología… Es fácil odiar la escuela. Lo único bueno, desde el punto de vista de Myungsoo, son los talleres, las clases extra y los clubes. Todos ellos se desenvuelven después del almuerzo. Myungsoo ha tomado Música como optativa, Actuación como pasatiempo y su vida es el Club de Fotografía. La escuela no es tan mala como quiere hacer creer.

            El reloj marca las 11:00 AM y suspira en señal de agradecimiento. Dasom se despide con la mano, reuniéndose con una de sus amigas en la puerta. Es una chica encantadora… Myungsoo no puede decir más. Guarda sus cosas sin mucho esmero, dejando caer algunas hojas cuando se dispone a meter la carpeta en su bolso. Una fotografía escapa de un sobre que ni recuerda portar. Sungjong y él. Qué curioso. “¿De dónde habrá salido?” La mira con cuidado. Apenas y recuerda el día que la tomaron, justo mes y medio después de que comenzaron a salir. Lucen tímidos y torpes, inexpertos en el romance, mucho más idiotas que ahora. Son buenos recuerdos. No lo niega. Pero sólo eso: recuerdos. Además, Sungjong ha encontrado a alguien que puede hacerle feliz. No lo dijo. Myungsoo sólo lo sabe. Ese brillo en su mirada. Esa sonrisa. Ese rubor en sus mejillas. Los cambios en su tono de voz cuando habla del Club de Danza…

            Sungjong es apasionado en todo lo que hace, en cada cosa que le gusta, con sus amigos y su pareja. Myungsoo se enamoró de su belleza, de ese rostro angelical de niño bueno, de su voz de pequeño consentido, de la inocencia desbordándose de sus ojos. Con el tiempo descubrió que él era mucho más que esa imagen. Lo idealizó de un modo absurdo y chocó de frente con su carácter fuerte, su determinación, su valentía.

            Myungsoo se cansó. Se cansó de su entusiasmo, de sus toques ardientes, de los besos demandantes. Se rindió ante él muchas veces, pero no lo suficiente para llegar con él más lejos de lo que dictaba su consciencia. Sungjong no despierta en él sentimientos mayores al cariño y el amor inocente, casi fraternal. Nunca lo hizo. Myungsoo no puede ser el amante que Sungjong desea y aún ahora le sorprende que el otro soportase tanto tiempo su deseo de una relación basada en pasos lentos. Sungjong también se cansó. Myungsoo no lo culpa. ¡Al contrario! Lo comprende bien.

            Camina en dirección a la cafetería, donde seguro le esperan los otros. Sungjong, por primera vez, no se encuentra ahí cuando llega. Dongwoo y Woohyun detienen su charla para mirarle. Se han dado cuenta, eso es seguro.

— Hemos roto esta mañana — les cuenta antes de que lancen el primer ataque. — Ambos nos hemos cansado de la situación y decidimos darlo por finalizado. Él está bien, yo estoy bien, y somos tan amigos como antes.

— Así de simple — afirma Woohyun, y Myungsoo no sabe si espera una respuesta de su parte o no. — Lo veía venir, de todas formas.

            Todos lo hacían, de hecho.

— Es agradable saber que son lo suficientemente maduros para acabar en tan buenos términos — señala Dongwoo, mordiendo con fuerza su manzana. La fruta capta la atención de Myungsoo. Brilla hermosamente. De seguro es dulce; deliciosa. Estira la mano sin darse cuenta y el mayor sonríe antes de dársela. Myungsoo se apena, pero la toma de igual forma. — No sé si podría estar tan tranquilo si terminase con la persona que ha sido mi pareja por dos años.

— Ellos son especiales — Myungsoo frunce el ceño. No sabe si es por el comentario de su amigo o por la decepción al probar la manzana. — No es de extrañar.

— ¿Saben qué si es extraño? — pregunta el mayor de ellos, riendo ruidosamente. — Parece que tres personas se han transferido este día.

— ¿Con el curso así de avanzado? — Myungsoo regresa la fruta a su dueño, limpiándose los labios con una servilleta que ha robado de la bandeja de Woohyun. — ¿Quién hace eso? Además, aquí no se permiten esas cosas, y tampoco ingresa cualquiera. Deben ser…

            Woohyun cubre la boca de Myungsoo con una mano y Dongwoo señala en dirección a la puerta. La cafetería queda en silencio cuando ésta se abre. “¡Cuánta gente chismosa!” Los nuevos ingresan juntos. Por alguna razón, los ojos de Myungsoo se pegan a ellos. Hipnotizado. Al centro se encuentra un chico de estatura promedio, con el cabello de un rojo intenso; sus ojos son pequeños, muy pequeños, pero el fuerte delineado negro los resalta, sonríe con arrogancia y sigue su camino. Un paso atrás, a su izquierda, un chico bajo y de cabello oscuro sonríe con confianza; su cuerpo parece bien trabajado. Y a Myungsoo casi le da envidia. Casi. Del otro lado está… “¡El chico de la mañana!” Reconoce su cabello y su vestimenta. Aunque, pensándolo bien, todos ellos visten de una manera similar: ropa negra, pesadas botas militares, chaquetas de cuero… Buscapleitos, señala una vocecita en su cabeza. Son chicos problema, de esos que esperas encontrarte en una calle desierta por la noche, no en un colegio de excelente reputación. Todos ellos van maquillados, con los ojos acentuados. El castaño es el más alto. Myungsoo supone que el pelirrojo es algo así como el líder de la banda. Por alguna razón, no siente miedo al verles, como debería ser normal. A su lado, Woohyun y Dongwoo se muerden el labio inferior. Myungsoo conoce esa reacción. Sus amigos han encontrado a los nuevos tan interesantes como él mismo.

— Ah, qué divertido — Myungsoo aparta la mano de Woohyun apenas escuchar esa voz cerca de su oído. Sungjong les sonríe y luego se sienta al costado de Dongwoo, sin borrar su sonrisa sarcástica. — Los nuevos son entretenidos, ¿a que sí? He escuchado hablar de ellos toda la mañana. Lucen mejor de lo que cuentan las malas lenguas.

— ¿Qué sabes, pequeña nenita? — se traga la risa. Tan temprano y los otros ya comienzan sus discusiones. Son muy, muy, muy, infantiles.

— Pensaba contarlo todo, pero ahora… — el menor fulmina con sus orbes a Woohyun y él comienza a lanzarle corazones de un modo ridículo. Como de costumbre. Dongwoo logra convencerlo de que se quede un poco más. Myungsoo se siente cómodo en su presencia, como si no hubiesen roto esa misma mañana. — El pelirrojo es Sunggyu, acaba de cambiarse de carrera, así que probablemente Dongwoo se lo encuentre en el Departamento de Artes. El más bajo es Howon, de tu línea, gran imbécil… — Nam frunce el ceño, molesto por el fraternal apodo. —…me lo crucé camino al Club de Danza hace un rato. Del otro… — suspira, cruza sus piernas bajo la mesa y frunce el ceño también. Está inconforme. — No sé absolutamente nada. Es ese gran enigma que todo alumno nuevo desea representar.

— Así que al final estás tan perdido como nosotros — se burla Woohyun, iniciando una nueva discusión. — ¡Pequeño estafador!

— ¡Estúpido conejo!

            “Ya comienzan”

— ¡Niña caprichuda!

— ¡Idiota egocéntrico!

            “Ay, Dios. Mátame ahora”

— ¡Dramática!

— ¡Maricón!

            “Bien. Eso es nuevo”

— ¡Retira eso!

— ¡No lo haré!

— ¡Tú…!

— ¡Ya basta! — Dongwoo se levanta de la silla y golpea la mesa. El silencio reina en el lugar. Todas las miradas se posan en ellos, excepto las de tres personas. — Me desesperan. Lo siento.

— Bueno… — comienza algo inseguro el más chico. — Estaba pensando que quizá, y sólo quizá…

— ¡Escúpelo de una vez!

— ¡Ya voy, Woohyun, deja de presionarme!

— ¡Mira, niña…!

— ¿Empezarán de nuevo? — Myungsoo se roba la manzana de Dongwoo mientras éste reprende a los otros por segunda vez en el día. La media son cinco, así que se mantiene en silencio. — ¿Qué pensaste ahora, Sungjong?

            “También siento curiosidad. Mucha curiosidad”.

— Creo que sería divertido si Myungsoo…

            “Ya no me interesa saber. En absoluto. Para nada. ¡Nunca!”

—…es quien se encarga…

            “Cállate ahora, Sungjong. No hagas que te deteste”

—…de conocer al chico nuevo.

— ¡¿Eh?! — al menos no es el único sorprendido.

            Sungjong explica con detalle su plan, pero Myungsoo presta poca atención. El más chico sabe que han terminado porque se cansó de su actitud rebelde cuando sólo quería a alguien dulce; entonces ahora pretende que trate al chico rudo y pruebe algo diferente. O al menos a esa conclusión llega Myungsoo en su mente. “Rompimos esta mañana y el me busca una nueva pareja. ¿A qué se encuentra jugando?”. Tal vez sea su modo de sentirse menos culpable por tener a alguien ya. Sí, puede ser. A Myungsoo no le gusta la idea. Él no es un jugador. Es demasiado distraído para intentar seducir a otra persona y demasiado tímido para hacer frente a una mirada -tres miradas, en realidad- acentuada con delineador negro. “¿Se habrá puesto todo el lápiz o…?”

— ¿Qué dices, Myungsoo? — no es Sungjong quien pregunta, lo que le sorprende. — Puede ser entretenido. Además, sería una nueva experiencia.

            Myungsoo asiente. “Seguro soy el idiota más grande del mundo. ¿Qué clase de experiencia se supone que es esta?” Una idea le cruza por la cabeza también. Sonríe. “Es ahora o nunca”. Piensa un poco más. “¿Por qué demonios estoy haciendo esto?” Lo sabe: también está cansado de ser siempre un chico bueno, de ser dócil y obediente. Necesita un reto en su vida. Algo que sea complicado, que le haga sentir vivo. Dirige una mirada a la última mesa y sus ojos se encuentran con los del castaño. Un escalofrío le recorre.

— Lo haré con una condición — ellos esperan. No es propio de Myungsoo ceder ante sus ideas. Menos a las de Sungjong. — Ustedes dos… — Dongwoo y Woohyun le miran, impacientes. —…irán por los otros. El castaño es mío.

            No puede creerlo. ¡De verdad que no! Esa mañana su vida era normal. Rutina de lunes, dijo. Sungjong y él se reunieron en la entrada, como siempre; sólo que rompieron, cosa nueva. Clases aburridas, almuerzo con amigos, costumbre; nuevos alumnos, novedad. Y ahora, de pronto…

— Será divertido. Muy divertido.

            Sungjong se aleja entre risas. Myungsoo parpadea. ¿Qué acaba de ocurrir? Por alguna razón, sólo sabe que se encuentra ante un muy buen desafío.

Notas finales:

Esto es un tanto introductorio. Sin embargo, da una idea general sobre el tipo de historia que estaré contando. ¿Son distinguibles las dos caras de Myungsoo? Supongo que con Sungjong fue fácil entenderlo. Estaré de vuelta la semana que viene.

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