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El príncipe mestizo

Autor: CielTrancy

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Notas del fanfic:

Hola:

Esta es mi primera historia con Slash y del fandom de Harry Potter.

Esta historia no se apega completamente al canon, habrá similitudes, pero no será como si leyesen nuevamente el libro.

Si desean saber de avances o actualizaciones visiten mi blog.

Soy nueva en el mundo del slash así que si encuentran algún error en el blog, avísenme.

http://cieltrancy.blogspot.com/

Notas del capitulo:

Esta historia si bien empieza desde primer año y encontrarán algunas similitudes con el libro no es fiel al canon así que no será como leerlo nuevamente.

No he leído los libros, sólo vi unas cuantas películas y muchos fics de Harry Potter y cuando digo muchos, lo digo en serio.

XD

Sin más espero que les guste.

El príncipe mestizo.

 

 

Capítulo 1: King Cross.

 

 

“Muchas veces Dios te da un espejo con un reflejo de carne y hueso”

 

 

Charles James Potter veía a su primogénito frente a la chimenea con las maletas a su costado, vestido con ropas negras.

 

Los ojos de su amada le observaban con indiferencia en ese rostro.

 

—Pad…papá ya es hora de irnos. La abuela me dijo que estaría esperándonos en la estación.

 

Bajó las escaleras con rapidez y al verle se recordó a sí mismo yendo por primera vez a Hogwarts, los nervios y la emoción le invadían a diferencia de su hijo.

 

Aquella noche a penas pudo dormir con la emoción de alejarse de casa, de su madre con los deseos inmensos de vivir libremente, hacer amigos, aprender hechizos y ver lo maravillosa que la escuela era.

 

Decían que la magia recorría cada pasillo, cada puerta, cada rincón de Hogwarts estaba desbordante de magia pura.

 

Hablaban de lo grande que era y de las numerosas habitaciones y pasillos que yacían ocultos quizás por siglos, lugares de los cuales quizás nunca podrías salir.

 

— ¿Emocionado? —le preguntó.

 

Su hijo levantó las cejas y de pronto sintió como si  nuevamente fuese  un niño y frente a su madre hubiese dicho algo estúpido.

 

—Sí supongo—le respondió.

 

—Mándame una carta cuando seas clasificado en una casa.

 

Sus ojos verdes adquirieron vida al abrirse con sorpresa.

 

—Había olvidado la selección de casas.

 

Sonrió, el rostro de su hijo estaba teñido por la vergüenza.

 

—De seguro serás un Gryffindor  como tu mamá y yo, es una  casa excelente harás grandes amigos ahí. Nuestra jefa de casa es una mujer muy estricta, pero supimos encontrar la diversión, espero que hagas honor a los mereoradores—terminó desordenando sus cabellos.

 

Realmente se había esforzado en la mañana para verse presentable, sus cabellos eran como los de su padre desordenados e indomables y era algo que detestaba a veces.

 

Su abuela se encargaba de arreglarle y dejarle presentable cada día, pero a ella le había surgido un inconveniente por eso él había tenido que arreglárselas solo en la mañana.

 

Había demorado muchas horas frente al espejo intentando lograr lo imposible y su padre lo había arruinado en unos pocos segundos.

 

En Hogwarts seguramente esperarían que se comportase como su padre, que fuese la perfecta versión de un pequeño James Potter volviendo a recorrer los pasillos de la escuela, pero él no tenía la más mínima intención de ser como él.

 

—Aún no sé en qué casa quiero estar.

 

James tomó a su hijo del hombro encaminándolo hacia la gran chimenea de piedra negra.

 

—Verás que Gryffindor será un excelente hogar para ti—insistió con firmeza.

 

La sonrisa orgullosa no se iba de sus labios creando un gran contraste con la expresión apática del rostro de su pequeño hijo.

 

¿Gryffindor, eh?

 

 

 

 

 

La estación de King Cross estaba rebosante de padres y alumnos que se dirigirían a Hogwarts ya sea con la emoción y los nervios de la primera vez, la monotonía por la rutina de un año más o la nostalgia por abordar el tren por última vez.

 

Cada padre tenía una relación distinta con sus hijos  y al fijarte mejor podías  observar alumnos solos abordando rápidamente el tren porque no había nadie que vendría a despedirlos.

 

Las familias sangre pura y de  portadores vestían con excelentes ropas: elegantes, hermosas y costosas. Logrando que los espectadores creyesen que estaban frente a dioses de carne y hueso.

 

Miraba con asombro oculto la estación, el enorme tren que desprendía humo por la chimenea, alumnos de grados superiores ingresando con bufandas que tenían los colores de sus respectivas casas.

 

—Tú debes ser el pequeño Harry.

 

Un hombre extraño se le acercó y revolvió sus cabellos, retrocedió huyendo de la odiosa caricia.

 

¿Quién era ese hombre sin modales?

 

—¡Arthur!

 

Su padre se veía feliz, orgulloso.

 

Supuso que era un amigo de su padre, sus ropas se veían gastadas por el constante uso, a penas pasables.

 

Buscó con la vista a su abuela.

 

—James, ¿tu hijo va a primer año también? —preguntó con una sonrisa en su rostro.

 

—Sí, es el primer año de Harry—respondió mirando a su hijo—está muy emocionado ¿no es cierto Harry?

 

Levantó un poco la cabeza para ver a su papá a los ojos.

 

—Sí, estoy realmente emocionado—dijo con timidez.

 

Su padre colocó una mano sobre su hombro obligándolo a platicar con el extraño.

 

— ¿Cómo está Ronald?

 

—Ron está bien.  Harry, Ron tiene tu edad espero que se vuelvan buenos amigos.

 

El hombre trataba de ser agradable, pero él simplemente no tenía los mismos gustos que su padre.

 

—Sí. Yo también

 

La mujer llevaba puesto un vestido largo azul marino tenía adornos con encaje, el cabello sujeto con una peineta de plata con joyas incrustadas en el borde.

 

La elegante y orgullosa mujer miró a su único nieto junto a su hijo frente a Weasley, no pudo evitar mostrar el desdén en su rostro al acercarse hacia ellos.

 

—Y… ¿dónde está Ron? —preguntó ejerciendo presión en el hombro.

 

—Está con su madre y sus hermanos ahora, el próximo año también estaré aquí para despedir a Ginny. ¿Quieres venir a conocerlos?

 

Tragó saliva, no quería ir.

—Siento el retraso James—interrumpió la dama.

 

—No te preocupes aún no es hora—deshizo el agarre—Arthur ella es mi madre, Dorea Potter—le presentó—mamá, él es Arthur Weasley trabaja en el ministerio.

 

La mujer le inspeccionó con la mirada y pensó que era realmente sorprendente que fuese un sangre pura.

 

—Mucho gusto señor Weasley—le saludó.

 

James miró a su madre, no sonreía ni parecía querer estar ahí.

 

Estaba seria, su madre rara vez sonreía e incluso cuando lo hacía parecía una sonrisa ensayada, mostrada con un fin en mente y desde su unión con Lily las sonrisas desaparecieron completamente.

 

—El gusto es mío señora Potter.

 

Ella asintió levemente con la cabeza mientras que con su mano disimuladamente le hizo una seña a su nieto para que se acercase a ella.

 

Harry avanzó a un ritmo normal hasta llegar al lado de su abuela.

 

—Buenas tardes abuela.

 

Ella depositó un beso en la mejilla de su nieto con la elegancia innata de un sangre pura.

 

—Harry, ¿qué pasó con tu cabello? — le preguntó consternada.

 

Sin que ambos hombres se percatasen se alejó de ellos con su nieto, lo suficiente para no escuchar su conversación.

 

—Padre me revolvió el cabello y ese hombre también.

 

Los ojos grises le vieron con cansancio.

 

—No tiene importancia, lo solucionaré—le contestó.

 

Su abuela agitó su varita sin pronunciar palabra alguna

 

—Ya está bien. No te ensucies siempre debes estar presentable y saber elegir  correctamente  tus amistades—le aconsejó— ¿Recuerdas lo que te enseñé?

 

—Sí, abuela prometo no decepcionarte.

 

La mujer miró en dirección al tren para luego dar un breve vistazo a las personas que estaban en la estación.

 

— ¡Cornamenta!

 

Harry notó el disgusto bajo la máscara en el rostro de su abuela, Dorea no entendía por qué tenían que ser tan ruidosos.

 

Ella se había opuesto hasta el final al enterarse, pero su hijo no había cedido. Sirius Black sería el padrino de su nieto.

 

—Canuto.

 

Dorea les dio la espalda jalando a su nieto junto con ella y quizás fue casualidad o como algunos dicen lo inevitable.

 

Dorea vio a Narcisa Black, ahora Malfoy  junto a su esposo y su hijo cerca del vagón para abordar.

 

Ella era muy perceptiva especialmente con Harry y al voltear a verlo comprobó su presentimiento sobre su pequeño nieto.

 

Él miraba hacia la misma dirección pero a otra persona, él miraba al hijo de Narcisa, el perfecto modelo de un portador y sangre pura.

 

El niño de cabellos rubios veía a los demás como inferiores, su cabeza estaba en alto, su cuerpo tenía una perfecta postura  mientras escuchaba las indicaciones de su padre.

 

— ¿Quién es? —le preguntó.

 

Y esa fue la primera vez que le vio.

 

—Es el heredero de la familia Malfoy.

 

— ¿Cómo se llama?

 

Su abuela sonrió con tristeza, uno de los pocos intereses de su nieto, uno de sus pocos deseos que había sido tan fuerte que se había atrevido a preguntar.

 

Pero que jamás podría obtener.

 

—Draco Lucius Malfoy Black.

 

—Dra-co—pronunció con una sonrisa en su rostro.

 

El nombre se hacía natural en sus labios.

 

Su nieto hubiese sido un hermoso submisivo.

 

Miró a su hijo hablando animadamente con ese amigo suyo sobre Harry y a la vez ajeno completamente a sus deseos.

 

Su nieto podía ser un niño muy solitario, ella lo veía en sus ojos, el vacío que se volvía una incertidumbre al compararse con otros niños.

 

Draco Malfoy.

 

— ¿Su familia tiene una conexión con alguna casa en especial?

 

Tomó del hombro a su nieto y le hizo enfocarse en ella.

 

—Slytherin—le contestó.

 

Le vio sonreír nuevamente mientras el odio se alojaba en su corazón.

 

Él nunca sonreía tanto.

 

Él nunca deseaba nada, no tenía las ganas de hacer algo como otros.

 

No le gustaba nada.

 

Sólo seguía las órdenes de otros, las ordenes de su padre y de su abuela.

 

Ni siquiera sabía a qué casa quería pertenecer, no estaba emocionado como los demás.

 

—Slytherin es una buena casa—le dijo mirándola a los ojos.

 

Acababa de encontrar algo que quería.

 

Notas finales:

Espero que les haya gustado, no se olviden de dejar comentarios.

Si tienen alguna duda, crítica, voy a estar gustosa de corregirla.

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