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Criatura verde

Autor: nezalxuchitl

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Notas del fanfic:

Porque las criaturas verdes montadas en hongos rojos con motitas blancas son lo mejor.

Caleb volvió en si desconcertado. Le parecía que había caído de alto, muy alto. Desde el cielo y más allá. Y probablemente así fuera, puesto que alrededor no estaba la cocina de la casa de los padres de Ian. No sonaba la música, ni las risas. No había fiesta a su alrededor, más que de colores.

Los colores de todo lo que le rodeaba: el cielo, las nubes, el pasto; todo era tan intenso, tan estimulante. Tan como lo había leído en El silmarillion, o en El señor de los anillos: colores nuevos, frescos, jamás vistos. Aires jamás respirados. Cortó una brizna de hierba y olía a pizza. A pizza, hermano.

Se sentía desconcertado. Claro, la caída, desde otro mundo, desde otra dimensión.

-Tú, ¡hey, tú! – le hablo una rana sentada sobre un hongo rojo con puntitos blancos. – Si, tú, ven acá.

Caleb se acercó. No era una rana: era una extraña, pequeña, criatura verde. No podía describirla pero sería aproximado decir que tenía ojos de sapo y cuerpo de alien, el típico alien de Roswell con forma delgada y humanoide, miembrecillos delgados, membranosos. Pero verde. Su criatura era verde, con pintitos de verde.

-¿Cómo te llamas?

-Oye tú, ¿quieres dinero, poder y fama?

-Por supuesto.

-¿Quieres que Ian te lo pregunte?

-¡Por supuesto!

-Ayúdame a buscar la Sagrada perla de los Gigantes y todo se te concederá.

-¡Lo sabía! Yo estaba destinado a hacerlo, ¿verdad?

-Sí, tú y solo tú, porque eres el único doncel de pelo rubio y pupilentes verdes que solo lo ha hecho siete veces desde que perdió su virginidad anal.

-¡Lo sabía! Oye, ¿Por qué da vueltas el cielo? ¿Qué son esas luces?

-¡Rápido! Toma mi hongo y salta. Es un portal mágico.

-¿A dónde nos llevara?

-¿¡Cómo quieres que lo sepa?! ¡Rápido!

Caleb cortó el hongo con una cimitarra brillante que colgaba de su nuevo cinturón de príncipe. Todo su nuevo atuendo de príncipe, como de las mil y una noches. Saltó por el portal mágico: presentó resistencia, una fría, dura, resistencia, pero al instante se quebró. Caleb rodó, con la pequeña criatura verde. Rodó y rodó y de pronto se encontró frente a las murallas de una alta ciudad gris, amurallada, con un puente levadizo que estaba alzado.

-¿Cómo podremos salir de aquí? – preguntó a Verde.

-No lo sé… - la criatura se frotaba la cabeza - ¡Con el talismán, con el talismán dorado!

Caleb comenzó a buscarlo. La ciudad parecía abandonada. Sus pasos resonaban por las calles de piedra, sus gritos hacían eco en las desiertas casas. Telarañas y polvo, era todo cuanto había. Inquietante, muy inquietante, una ciudad abandonada de esa forma. No había rastros de guerra, peste, incendio. Todo estaba ordenado, pero abandonado, polvoso. Y él estaba tan cansado de cargar el hongo con Verde.

-¿Dónde está el talismán, Verde?

-¡No lo sé, no lo sé! ¿Dónde estaría si esto fuera un videojuego?

-¡Adentro de una olla! Adentro de una vieja vasija llena de polvo.

Busco la casa de las vasijas. Abrió su puerta. Estaban alineadas ahí, hileras tras hileras de vasijas. Algunas brillaban, otras despedían humo. Caleb comenzó a romperlas todas, arrojándolas al suelo sistemáticamente, obteniendo explosiones, líquidos, serpientes, pero no el ansiado talismán. Cada vez se sentía más ansioso encerrado en aquella ciudad abandonada. Las maravillas del mundo mágico lo aguardaban fuera de sus murallas y él estaba ahí, solo, atrapado. Comenzó a hiperventilar. ¿Acaso el asma iba a seguirlo en este nuevo mundo de maravillas?

-¡Rápido, rápido! – lo urgía la criatura. – Ahí viene! – le advirtió antes de que un rayo, una luz cegadora, lastimara sus ojos.

-¡Basta, basta!  - gritó - ¡Me duele!

La Gorgona emitió sonidos inintelengibles. Se alzaba, amenazante, se interponía entre él e Ian.

-¡Pero que tonto he sido! – dijo al palparse el bolsillo.

Todo el tiempo había estado ahí: el talismán dorado que abria todas las puertas. Lo uso para abrir la que hacia descender el puente levadizo. La Gorgona estaba tan detrás de él que tuvo que pudo sentirla tocarlo. Gritó, y desenvaino su cimitarra. El poder del arma la ahuyentó, y antes de darle tiempo a regresar, corrió por el puente levadizo, que todavía no terminaba de caer, y como en las películas saltó para alcanzar la otra orilla, abrazando el hongo contra su pecho.

Corrió y corrió. Tenía tantas fuerzas, en este nuevo mundo. Paisajes de noche y paisajes de día se sucedían, era un espacio abierto, abierto y habitado. A lo lejos vio hadas, que se esfumaron al acercarse, cariñosos perros de tres cabezas, elfos y trovadores. Quiso detenerse a cantar con ellos, pero ellos no podían ver a Verde.

-¡Rápido! – lo urgía Verde - ¡No hay ni un momento que perder!

-¿Por qué no pueden verte?

-Porque ellos ya han sido tomados analmente más de siete veces.

-¿Ellos? Ufff! No puedo creerlo. Él es igualito a Adrien, y es un apretado.

-Eso fingía, ante ti, para que le ayudaras en clase de literatura pero en realidad le daban asco tus vellos enconados.

-Aquí no tengo vellos enconados, ¿verdad? – preguntó tocándose la mejilla.

-La Perla de la verdad te dirá que es lo que necesitas para que Ian se enamore de ti eternamente.

-Busquémosla, entonces.

-No te vayas, Caleb. – le pidió el falso Adrien – No te ves bien.

-Eres tu el que no se ve bien, con esos tontos suéteres escogidos por tu madre.

Los ojos llorosos del elfo le brindaron una pequeña satisfacción. Se sentía mareado de tanto correr, un poco cansado.

-Muerde mi hongo. – dijo la criatura.

-Pero si lo hago desaparecerá un pedazo.

-No, no lo hará, porque es mágico. Vamos, hazlo, te dará fuerzas.

Caleb lo hizo y contempló admirado como el pedazo de hongo se regeneraba. Cuando volviera al mundo humano, seria genial fundar una compañía de computadoras con el logotipo de un hongo mordido.

El hongo de Verde era realmente prodigioso. Sintió que las fuerzas volvían a él y continuó caminando. Arroyos, montañas, flores exóticas y manadas de animales que migraban pasaron a su lado. Ian, Ian; al final de aquella aventura, Ian seria su premio. Su caballero en negra armadura, con un dildo en forma de lanza en la mano, para complacerlo.

El estruendo profundo, poderoso, reverberó en sus oídos a pesar de la distancia. Eran los gigantes, ya podía oírlos. Correr no bastaba y hecho a volar. Surcó los cielos, esos cielos caleidoscópicos, vibrantes, de colores nunca vistos por el humano. Planeaba, era libre, y Verde le murmuraba al oído todas las obscenidades que Ian y el harían cuando fueran novios.

-Espera – le dijo Verde – ocúltate detrás de esta montaña. Aunque tu cimitarra curva como un plátano es un arma legendaria, eres uno solo para enfrentarte a esos gigantes. Míralos que altos son, negros, hechos de puro granito. Te molerían, si te aplastaran entre dos. Míralos como brincan, chocan. Escucha el primitivo retumbar de sus tambores.

-Tengo que utilizar mi astucia, para arrebatarles la Perla, en medio de su ritual pagano, ¿no es así?

-En efecto, en efecto.

Verde ahora tenía un gorrito. Un gracioso gorrito rojo, de duende.

Caleb lo miró con suspicacia.

-¿Quién me garantiza que no robaras la Perla cuando la haya conseguido? ¿Qué no me abandonaras, como todos?

-Confía en mi: tengo un gorrito. Soy tu único amigo, Caleb, tu único amigo de verdad.

Los gigantes se lanzaban la Perla, en medio de su lanza ritual. Era una perla enorme, más grande que una bala de cañón, mucho más grande. Grande como la cabeza de uno de los gigantes.

-No poder cargar por mí solo esa Perla, necesitare un encantamiento.

-Cántalo, yo te acompañare con la flauta y la Perla se volverá ligera como la pluma, daré alas a tus talones y podrás huir.

-De acuerdo.

Tenía miedo, pero su amor por Ian era más fuerte.

-Lo haré.

Soltó el hongo, y este fue flotando detrás de él. Las notas, en colores brillantes, surgían de la flauta de Verde y noqueaban a los gigantes, protegiéndolo. Persiguió al que la tenía, que no lo atacó por el poder de su encantamiento. Le paso la perla a otro, se lanzó sobre el gigante, derribándolo al suelo.

-¿Qué haces? ¿Qué te pasa? – preguntaban los gigantes, pero ignorándolos, él se apodero de la Perla y corrió como nunca en su vida. Corrió por los aires, y de verdad tenia alas en los talones, alas que aleteaban y se veían lindas.

La perla era una esfera luminosa, perfecta, hermosa. Podría pasarse la vida contemplándola, y al demonio con Ian.

-Pídele un deseo – susurraba la criatura verde – La Perla dice que te hagas un tatuaje.

-Me lo haré amigo, me lo haré. Serás tú, mi único y mejor amigo. – estrechó a Verde hasta botarle los ojos. Estos regresaron a su lugar y el hongo los siguió flotando.

Un tatuaje. Era una idea genial: Ian vería que era un chico malo, atrevido, y no el ratoncito de biblioteca que decían que era. Era un aventurero, y no le temía al dolor.

Estaba cansado, por lo que tomó una carroza de calabaza que pasaba. El postín era un ratoncito mágico, que lo insulto porque se bajó de la carroza en movimiento a una calle de donde le había dicho, al lado opuesto de donde se encontraba la tienda de tatuajes, porque no tenía dinero para pagar.

Había pasado tantas veces por ahí, admirando los atrevidos dibujos. Dibujos bellos, exagerados, en colores fuertes. Y al hombre que tatuaba, un motociclista alto, fumador.

Esperando que los gigantes no hubieran tenido la misma idea de tomar un carro calabaza entró al local. Estaba entre dos concurridas tabernas, una con juego de billar, la otra con mozas que se desnudaban.

-¿Qué haces aquí, chico?

El tatuador lo atraia. Siempre había tenido la tentación de proponerle lo que iba a proponerle, porque sus mesadas no le alcanzarían nunca para pagarse un tatuaje.

-Quiero que me tatúes a la criatura verde sobre el hongo que flota. Y hazlo rápido, que los gigantes pueden perseguirme.

-No seas tonto, aunque los gigantes te hubieran perseguido y tomado un carro calabaza, ¿Cómo sabrían a donde dirigirse? ¿Diciendo siga a ese taxi? – lo tranquilizó la criatura verde.

Caleb se carcajeó.

-Tienes razón, en verdad que tienes razón, Verde. Oye tú – el motociclista lo empujaba, le decía que se fuera – te pagaré con mi cuerpo: puedes tomarme mientras me tatúas.

Asumió su pose más tentadora, se abrió su lujosa ropa de príncipe. Esperaba no tener que ofrecerle la Perla de la Criatura verde, pero si tenía que hacerlo, lo haría. El tatuador hablaba mucho, y él también lo hacía, pero era como si otra persona lo hiciera, como si un sirviente, con su misma voz y su mismo cuerpo se ocupara del tedioso tramite, en lo que el contemplaba a la criatura verde.

Despidió a su sirviente cuando el tatuador lo subió a la silla de tatuajes. Era un artilugio extraño, un tanto pervertido, como de la inquisición. Había correas para sujetar muñecas y tobillos, se decía que para sujetar los miembros para que no se movieran con el dolor del tatuaje pero en verdad se rumoreaba que era una silla de sádicos juegos sexuales que el motociclista practicaba con las desnudistas luego de cerrar el local.

Ahora Caleb estaba ahí, desnudo, expectante, como si fuera su primera vez, con Verde flotando a su lado en su hongo rojo con pintitos blancos, dándole el apoyo que tanto le había faltado en su verdadera primera vez. El tatuador tomó la máquina y los juegos previos empezaron. El dolor no era tan malo, ni el placer tan bueno.

-¿Puedes verlo? ¿Si puedes verlo? – preguntaba Caleb mientras el tatuador extendía su pezón con sus dientes tanto que debía de serle doloroso.

-Sí, claro, verde, como un sapo alien. Deberías dejarme perforar tus pezones. Tengo argollas aquí.

-¿Y me atarías cuerdas a ellas para jalármelos?

-¡Por supuesto que sí! – se carcajeo el tatuador. – Vamos, bebe. – lo bañó con una botella de cerveza, lo lamió.

Caleb comenzaba a sentir sueño. El ruido de la maquina tatuadora lo arrullaba. La primera perforación lo hizo aullar de dolor. Excitado, el tatuador tomó una máquina sin aguja, solo el cilindro, y trató de penetrarlo con ella.

-¡Ah, ah! ¡Mas aceite! – dijo gozando el movimiento que hacía.

Ya tenía una argolla. El tatuador, un tipo barbudo y algo gordo, se aseguró de que estuviera bien sujeta con sus dientes. Sacó su polla, pero por más que la frotaba, por mas que castigara, no se le paraba.

-Pídeselo a la Perla. – le dijo Caleb.

Pero el tatuador masculló algo, lubricó más su máquina y lo penetró con ella. Dolía, pero no era tan malo. Las líneas se veían borrosas, los colores perdían vivacidad. Tener sexo sucio con un tipo rudo enfundado en cuero era lo mejor que había hecho. Lo mejor. Se sentía tan sucio, penetrado así, bajunamente. Como un objeto, un deseable objeto sexual.

 

***

 

-¡Drogado Caleb, drogado!  - gritaba su madre completamente histérica - ¡Iras a terapia por el resto de tu vida, jovencito! ¡Y no mas juegos de rol! ¡Amenazar a tu tía Alice con su mejor cuchillo de chef y perderlo!  De verdad que tú e Ian no tenéis vergüenza, organizando esas malas fiestas. No quiero que salgas más con Ian, es una mala influencia, con esa música satánica que escucha y todo vestido de negro.

-¡Pero mamá! – aguantaba sumiso todo, como de costumbre, excepto la posibilidad de perder a Ian – Ian solo es gótico.

-Y devolverás el balón a los jóvenes del equipo de basquet, -dijo su madre sin escucharlo - y les pedirás disculpas. ¡Dios mío! Un hijo mío metido en todo esto. ¿Has oído?

Caleb asintió, sus gafas resbalaron por su nariz, pues había perdido un lente de contacto. Su madre salió, el tardó un rato en levantarse, acercarse al espejo y bajarse el pantalón.

Desde su cadera derecha, muy cerca del pubis, la torcida sonrisa de la criatura verde que lo había utilizado para encarnar en este mundo, se mofaba de él.

 

 

 

Notas finales:

La inspiracion para este relato me vino viendo un episodio de Tattoo nightmares; un tio que decia que habia comido hongos alucinogenos en pizza y habia alucinado con una criatura verde que le indico que le diera algo, el obtuvo la esfera brillante de los gigantes y como premio la criatura le dijo que se hiciera un tatuaje... y ahi estaba, años despues, cubriendoselo con no me acuerdo que. Pero la criatura verde sobre el hongo rojo con mottitas blancas era genial, asi que pense en hacer esto, las drogas como explicacion a una tipica aventura de chico magico... en fin.

Gracias por leer, y si quieren una recomendacion de un anime muy yaoi, ahi les dejo Arslan sekai. Si fueron fans de Fullmetal alchemist lo amaran <3 

http://jkanime.net/arslan-senki/16/

 

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