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Redtail Byrd

Autor: Karenlauren

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Notas del fanfic:

RENUNCIO A LOS DERECHOS DE AUTOR

Si estáis leyendo esto significa que la estupidez me ha vencido…


Hace mucho tiempo, unos veinte años atrás, cuando yo tenía doce… le conocí, un chico capaz de anular todos los poderes pero más tarde descubrimos que también podía robarlos… Nuestra situación no era la mejor y, después de la muerte de su madre que tuvo el honor de presenciar, le encerraron en la sección prohibida, protegida por una barrera que le hacía invisible a mis ojos y mudo a mis oídos… a pesar de que su existencia ya se había desvanecido de nuestras vidas, su recuerdo perduraba como quién no quiere dejarse ir del clavo ardiendo a base de pura cabezonería, que estúpido fui.


La Navidad llegó en un abrir y cerrar de ojos y, a pesar que pasaba noches enteras buscándole, jamás llegué a oir su voz o ver sus ojos por última vez… No podían arrebatárnoslo así de fácil, aunque todos se hubieran hecho a la idea y, la mayoría del tiempo se pasar preguntándose “¿Qué estará haciendo ahora Naruto?” Nadie podría imaginarse como ese pequeño rayo de sol, encerrado en una triste y oscura habitación, podría haberse convertido en el ser más solitario de todos.


Sin embargo, la noche de la fiesta de Navidad nos dejaron enviarle unos libros como regalo. El mio fue Rapunzel, muy adecuado para su situación y dentro puse una nota, “de Sasuke para Naruto, te prometo que te salvaré”. Pero nunca pude cumplir mi promesa, estuve toda esa noche pensando en lo solitario que se debería sentir… sabía, por el director, que estaba aislado en una celda y que una vez a la semana iba el dueño de la escuela a exigirle que usara su poder para curarle pero Naruto le enfrentaba con su imponente y persistente carácter. Siempre le decía que no… sino ya hubiera regresado con nosotros, después de todo el dueño solo accedió a dejarnos libres a los implicados a cambio de su encierro…


Podía imaginarle, mientras corría por la nieve, llorando por su madre, por su soledad… y por la poca esperanza de poder volver a vernos una vez más.


La última vez que nos vimos nos dijo des de lejos “¡Definitivamente, nos volveremos a ver!”


Pero meses han pasado y ni tan siquiera una pista de dónde le han escondido. No puede escapar y no le podemos ver pero entonces ocurrió un milagro, un benefactor anónimo debilitó la barrera lo suficiente como para que pudiera escalar por el balcón y nos encontráramos.


Nuestro primer impulso fue abrazarnos pero… la barrera no se había debilitado lo suficiente, nos conformamos con sostenernos las manos y compartir besos fugaces… De repente vi una luz aparecer de su mano y supe que jamás iba a poder olvidarle.


“Dicen que las piedras que creamos son parte de nosotros, yo creo que son parte de nuestro corazón…” me miró fijamente con esos ojos que me encandilaban con una facilidad atormentante “…así que yo quiero darte mi corazón, para que siempre esté contigo… por favor, tan solo… no me olvides…”


Esas palabras partieron mi corazón, su rostro estaba bañado en lágrimas de nostalgia, ambos sabíamos que esa era la última vez que podríamos vernos pero ninguno podía aceptarlo… No existía un futuro sin el otro. Le prometí, juré y supliqué que volvería a por él que me esperara… pero su mirada reflejaba la verdad que ninguno iba a reconocer en voz alta aunque su sonrisa me mostraba cuán feliz era en aquellos instantes. Quería morir junto a él.


La barrera me obligó a retroceder y, antes que desapareciera me dirigió unas últimas palabras, una confesión que nunca tuvo respuesta, le grité que yo también le amaba pero nunca volví a oír su voz…


Pasó el tiempo y las cosas se tranquilizaron, los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses y al poco tiempo ya nos habíamos graduado de la primaria… y Naruto fue desapareciendo de nuestros corazones aunque, en nuestros recuerdos, seguía vivo, aunque olvidado.


Nos graduamos de la secundaria y yo empecé a salir con la mejor amiga de Naruto, Hinata, quién podía crear objetos de la nada… Nos queríamos y, aunque durante algunos años me hizo olvidar a Naruto, jamás podré olvidar esa sonrisa bañada en lágrimas que me dirigió durante nuestra despedida…


Cuando nació nuestro segundo hijo, al cabo de unos cinco años, me di cuenta que había roto todas y cada una de mis promesas. Jamás volví a por él. Y lo más probable era que él siguiera atrapado en esa habitación, solo día tras día.


No fui capaz de soportarlo, empecé a llamara a antiguos amigos nuestros para buscarle, la mayoría aceptaron aunque sabíamos que era demasiado tarde.


Le encontramos pero ya no era el mismo. Ya no sonreía, ya no hablaba, tan siquiera sabíamos si escuchaba… Intentamos convencerle para que saliera de la habitación pero cada vez que nos veía a través del cristal era como si nuestra presencia fuese nula ante sus ojos. No podía tan siquiera imaginar cuántas veces habría soñado con que cumpliera mi promesa, hasta el punto de pensar que en esos momentos era un espejismo creado por su mente.


Y me odiaba por eso, no tendría que haberle olvidado… Debería haber ido a por él antes pero… ¿qué excusa puedo dar?


Simplemente seguí adelante, sin mirar atrás… dejándole desprotegido ante el dueño. Aún recuerdo la primera vez que le vi después de tanto tiempo, había crecido aunque sus rasgos era infantiles, sus preciosos ojos azules seguían robándome el aliento y estaba muy pálido, su piel no había visto la luz del sol des de hacía mucho…


Espero que podáis perdonarme pero el volver a verle me ha hecho perder la cabeza y, aunque muera, moriré a su lado. 

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