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STRAY CAT

Autor: Karenlauren

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- Mira a tu alrededor… - confundido, miré hacia todos lados… - ¿Qué ves?

Nada, no había nada… solo árboles, una arboleda inmensa se extendía a lo largo de mis atentos ojos. Pero no veía nada fuera de lugar.

Recibí un golpe que me hizo caer al suelo.

- ¡Levántate! – Cumplí su orden a duras penas – Cierra los ojos y dime qué ves.

Me golpeó de nuevo… no se tomaba muy bien las miradas incrédulas el viejo.

A regañadientes y con las mejillas hinchadas me senté como un indio y respiré hondo antes de cerrar los ojos pero… volvió a pasar… tuve que abrirlos casi al momento para calmar mi agitada respiración… No podía ser posible…

- ¡No abras los ojos! – otro golpe que hizo retumbar esa molesta voz en mi cabeza. - ¡No pienses! ¡No lo detengas!

Volví a cerrar los ojos tragando con dificultad. Estaba aterrado.

Un mundo luminoso se abrió ante mí.

- ¡Deja que fluya! – cumplí su orden por temor a que volviera a recibir. Y el resultado fue… extraño, sentí una energía extraña recorrer mi cuerpo. Ya no me dolían las mejillas, los golpes, la cabeza… tan siquiera estaba seguro de sentirlos.

Me dejé llevar y observé a mí alrededor.

- ¿Qué ves? – miré a la derecha.

- Hay… - sonreí dulcemente – una familia de lobos a un par de kilómetros de aquí, están alimentando a sus crías…

Esperó a que dijera más así que esta vez miré hacia la izquierda.

- … No… no sé qué… es muy… - asustado, abrí los ojos y miré con terror a mi maestro. Él enseguida comprendió que lo que había visto debía ser terrible. Me imitó y miró hacia esa dirección. Su rostro, siempre en calma, cambió a uno de pánico en cuestión de segundos…

Él nunca se mostraba aterrado pero… Acabábamos de presenciar la matanza de nuestro clan… Ahora solo podíamos huir.

Cogimos las cosas y le seguí a través de la arboleda.

- Es arriesgado – su voz resonó hasta mis oídos. – Pero tienes que volver a hacerlo, no hay otra forma de salir de aquí.

Ambos abrimos nuestros ojos a la magia, cerrando los que limitaban nuestras capacidades, enseguida el mundo se transformó y pasó de ser… normal… a uno… ¿luminoso? No, esa no era la palabra exacta pero… ¿realmente existía alguna para describir lo que se me permitía ver?

Todo era movido por energía, esta se movía por la naturaleza, nosotros teníamos nuestra energía propia que a su vez se unía a la de la tierra en nuestros pies. Era casi mágico.

Mi habilidad aún estaba muy verde, después de todo aún tenía que cerrar los ojos para acceder a mi invocación pero el maestro podía hacerlo con los ojos abiertos… él era genial… era un honor que él me estuviera entrenando.

Llegamos hasta la manada de lobos que nos acogieron con suaves gruñidos de amenaza pero era normal, después de todo sus crías eran casi recién nacidas.

- Recita conmigo. – le obedecí de nuevo, en unos instantes nuestros cuerpos dejaron de ser humanos, ahora éramos cachorros de lobo… celosamente cuidados por sus padres.

Nos acoplamos a la pequeña manada y nos resguardamos con ellos casi un año.

Pasado ese tiempo decidimos transformarnos de nuevo y volver a la civilización.

El maestro me enseñó todo lo que sabía durante tres años, que estuvimos viviendo en un pueblo pacífico y alejado de las grandes poblaciones.

Me enseñó todo lo que necesitaba saber y más. Me enseñó a luchar contra espíritus y a purificar almas en pena. Me enseñó a luchar y defenderme como los mejores. Me enseñó a ser fuerte y tener orgullo. Me enseñó a usar mi magia sin tener que cerrar los ojos para acceder a esta.

Ya no le temía a la magia.

Ahora le temía a los cazadores.

Le temía a los Haruno.

 Quiénes les encontraron de nuevo, el viejo les distrajo… para que pudiera escapar de nuevo. Estaba solo. El Estado me encontró.

Terminé en un orfanato, pensaba que nadie me iba a adoptar pero estaba equivocado, aún había gente que buscaba la compañía de chicos de quince años.

Los Senju me adoptaron, la abuela fue muy amable conmigo… a pesar que no hablaba mucho y cada vez que no me gustaba algo le gruñía y ella me daba un zape… me gustaba… era como si el viejo la hubiera mandado para cuidarme.

Enseguida congeniamos, a nuestra manera pero de alguna manera nos hicimos casi familia. Pero ella murió, inesperadamente… tenía demasiados problemas con el alcohol y eso le destrozó el hígado, tubo cáncer… terminal… Y no me dijo nada, tan siquiera hizo testamento.

Fueron los seis meses, tres días, ocho horas y dieciséis minutos más felices des de la muerte del abuelo.

Su hija, Shizune, me devolvió al orfanato ya que ella solo vivía para la empresa y no  podía ocuparse de un chico problemático como yo, fue un duro golpe pero apenas me dieron tiempo a recoger mis cosas para irme de aquél lugar. No me dejaron asistir al funeral.

Y así las dos personas más preciadas en mi vida desaparecieron, sin más.

No lloré, ellos simplemente habían vuelto con las corrientes de energía pero aún así dolía. Mi pecho se comprimía de forma inexplicable… mis ojos sufrían un ligero escozor…

Fui a  la escuela pública del Estado, no hice amigos. No quería perder más gente, no podía permitírmelo.

Una tarde, mientras guardaba las cosas del gimnasio en la caseta, vi como los Uchiha, los idols de la escuela, hablaban en secreto… tuve curiosidad y me acerqué a echar un vistazo pero no esperé encontrarme con un demonio salvaje.

Parecía que tenían problemas así que empecé a lanzarle pelotas de tenis a esa bestia parecida a un zorro pero con nueve colas… era gigante.

Ellos estaban demasiado lejos y el zorro era demasiado rápido. Me gritaron que me apartara, que me fuera pero en microsegundos el animal ya estaba enfrente de mí, mirándome con furia. Alcé el brazo y lo puse en su cabeza. Antes que ninguno pudiera reaccionar un sello apareció en el estómago del zorro y este se volvió pequeño y débil.

Me fui de ahí antes que los chicos me alcanzaran.

No quería que me preguntaran cosas innecesarias.

Pasó casi un mes des de aquella pérdida de mi férreo control.

No pasó nada, hasta que una tarde, en el orfanato hicieron una sesión de puertas abiertas para recaudar fondos.

Y ellos tuvieron que aparecer.

Estaban radiantes, al lado de sus padres, con esas hermosas sonrisas, llenas de seguridad en si mismos. Parecían ángeles. Me escabullí de la fiesta en milisegundos al verles. Pero… ellos ya no se acordarían de eso… seguro.

Más seguro salí de mi escondrijo y fui al patio, dónde debía dar un espectáculo… era el único de dieciséis años así que debía representarnos pero no me había preparado nada así que hice lo único que sabía hacer.

Magia.

Cerré los ojos y dejé que ese maravilloso mundo lleno de paz me condujera por sus ríos hasta que alcancé a un espectador. Alcé mi mano y él me imitó, me puse en posición de vals y empecé a bailar mientras el público nos miraba entretenido. Paré de moverme pero no solté al chico, hice una reverencia y él me imitó. Cuando me aplaudieron le liberé e hice uno de mis trucos favoritos.

Me puse de espaldas al público mientras una nube de chackra rojo me rodeaba. Dejé que ellos soltaran un oooh de asombro y solté pequeños dragons de color amarillo que envolvieron al público que no dejaba de soltar suaves ovaciones mientras los pequeños jugaban intentando atraparlos… pero tan solo eran ilusiones, había atrapado la energía del público y me había colado en sus mentes, dejando que vieran falsas ilusiones, esperanzas de un futuro lleno de sueños.

Hice desaparecer los dragones en un mar imaginario y disipé la niebla de chackra haciéndola entrar en forma de espiral en mi estómago mientras el público me miraba con pesar y asombro, no hacía falta leerles la mente para saber que una pregunta rondaba por su mente… ¿ya ha terminado?

 Volví mi mirada a la realidad abriendo los ojos y encontrándome con unos azabache que me miraban intensamente.

Un escalofrío recorrió mi espina dorsal… ¿cazadores?

Si así era debía salir corriendo como alma que llevaba el diablo de ahí. Me retiré después de las ovaciones del público. Cuando pensé que ya todo había pasado una mano me retuvo por mi hombro.

Enseguida miré al padre de los príncipes Uchiha.

- ¿Eres mago? – me solté y le miré con indiferencia mal disimulada.

- No sé de qué me habla.

Anduve hasta un rincón dónde estaban los pequeños jugando, que me arrinconaron y no me dejaron ir hasta que les prometí volver a enseñarles los dragones dorados.

Después fui hasta mi habitación y empecé  a hacer la mochila, puse un par de prendas, mis ahorros de mi trabajo de medio tiempo y algo de comida que había cogido del comedor sin ser visto.

La puse en mis hombros, me puse la capucha de la sudadera naranja y salí sin ser visto de la propiedad.

No era idiota, esos iban a dar la orden de “busca y ejecución” en cuanto pudieran. Pero no iba a permitir que los conocimientos de mi maestro se echaran a perder. No mientras yo fuera su alumno.

Salí por la parte de delante sin que nadie me viera y corrí calle abajo hasta perder de vista la institución.

- ¿A dónde te crees que vas? – dijo una voz detrás de mí en cuanto alcancé un parque natural cerca de la ciudad. Me giré para encontrarme con los príncipes Uchiha y una chica de pelo rosa que me miraba con desprecio… no me daba buenas vibraciones.

- ¿Es a mí? – dije señalándome. Ellos me miraron incrédulos.

- ¿Ves a alguien más por aquí, idiota? – dijo la chica… No pude evitar lanzarle un gruñido ante el insulto, cosa que sobresaltó a los otros…

- Calmaos. – Esta vez habló el que parecía mayor. Dio un par de pasos hacia mí pero retrocedí, alerta. – No queremos hacerte daño.

Gruñí de nuevo ante esa declaración.

- No le gruñas a mi hermano, monstruo. – Sasuke habló con voz calmada mientras el mayor le miraba con reproche… Monstruo…  Yo… era… Un monstruo, es cierto…

Y por eso me odiaba… No debería existir…

Por eso nos exterminaron.

- Sasuke, eres un cabeza hueca. – El mencionado tan solo le devolvió la mirada mientras la chica se le abrazaba. – Vamos, tan solo queremos hablar… Y ser amigos si tú quieres.

- Yo no tengo amigos. – Por su rostro pude adivinar que mi voz sonaba más infantil de lo que debería pero es que ellos ya habían cumplido los diez y ocho, yo tan solo era un cachorro… en mi especie empezábamos a entrar en la adolescencia hacia los treinta años de vida… ahora tan solo aparentaba unos trece apenas, era bajito y con el pelo largo hasta la espalda. De rasgos aniñados. – Y no voy a morir aquí.

Todos se sorprendieron.

- ¿Quién ha dicho que te vayamos a matar? – enseguida miré  a la chica con rencor… La reconocía con suma facilidad… después de todo su chackra era parecido a los de su clan… una Haruno… - Sakura, vete.

- ¿¡Qué!? – Replicó enfadada ante el mayor - ¡Pero si yo no he hecho nada!

Enseguida gruñí, llamando la atención de todos.

- Hace cuatro años y medio… - su rostro se puso blanco de golpe.

- No puede ser… - Asentí mientras dejaba la energía fluir a través de mi cuerpo, no me hacía falta cerrar los ojos delante de ellos, después de todo… éramos parcialmente iguales.

- …matasteis a toda mi familia, mis padres, mi hermano mayor, mis tíos…

Ambos pelinegros miraron a Sakura que ya parecía haberse olvidado de su presencia.

- ¡No hubo supervivientes! – una sonrisa siniestra nació en mi rostro.

- Lo sé, después de todo el viejo pervertido me escondió muy bien… Os olvidasteis de dos…

- ¡Os perseguimos y dimos caza! – Ambos peli negros empezaron a entender la situación y no les gustó para nada… caza a otro clan iba en contra de las normas, con pena de muerte…

- Os olvidasteis de mí… - Junté las manos en la posición del dragón mientras invocaba al zorro que sellé la primera vez que salvé a los príncipes Uchiha.

Ellos se sorprendieron de ver al animal y empezaron a atacarle para vencer la cuenta pendiente que tenían… Sakura y yo cobramos cuentas por nuestro lado.

Con un solo golpe la vencí, supongo que la princesita Haruno jamás se tomó muy en cuenta su entrenamiento.

Miré su cuerpo inerte en el suelo…

Eso iba por el viejo, me acerqué al zorro quién me permitió volver a sellarlo sin problemas.

Los príncipes miraron con frialdad el cuerpo de la chica… Eran sus leyes, duras pero eficaces. Ellos habían terminado con un clan entero así que no podían intervenir en su castigo.

- ¡Espera! – dijo Sasuke al ver mi ademán de irme. - ¿Cómo lo has hecho?

Le miré con intriga.

- ¿No te han enseñado lo que es la Energía?

- ¿la Energía? – sacudí la cabeza negando, eso era propio de mi raza, ellos solo eran cazadores. - ¡Un momento! – me detuve de nuevo - ¡Dime qué es!

- ¿Estás seguro? – mi mirada era seria, no bromeaba. Era maravillosamente peligrosa, la energía que me recorría cada vez que la usaba era… adictiva.

El asintió, eso fue todo lo que necesité.

Mis ojos se volvieron rojos de nuevo y abandonaron ese precioso color azul cielo, un sello apareció en mi estómago, me acerqué al pequeño príncipe Uchiha y puse las manos suavemente sobre sus ojos mientras un chackra rojos me recubría, en cuestión de segundos ambos estábamos conectados por esa niebla roja.

Dije las palabras que limitaban su visión y su cuerpo se retorció, conocía el proceso… era algo doloroso pero nada que no pudiera soportar. En cuanto terminé me retiré con cuidado, él hizo ademán de abrir los ojos.

- ¡No los abras!

- ¿Por qué? – cuestionó aunque me obedecía.

Sonreí y le dije las palabras de mi maestro.

- ¿Qué ves?

- ¿Nada? – dijo con sarcasmo. Fruncí el ceño.

- Fíjate, concéntrate, déjala fluir… - enseguida sus cejas se alzaron sin abrir los ojos.

- ¿Qué dem…?

Un silencio se hizo de pronto en el lugar…

- Es… hermoso…

- Lo sé… - Sonreí con melancolía, recordando mi primera vez mientras me ponía pálido y mis ojos de color azul cielo se apagaban.

-Pero… tú luz… se está apagando… - Sasuke abrió los ojos de golpe, aprovechando su momento de sorpresa y aturdimiento le cogí de las mejillas y junté nuestros labios. Se unieron suavemente, deposité todos mis conocimientos en una parte de su mente, ahora él sabría cómo usar ese don.

- Suerte. – Susurré mientras me retiraba y mi cuerpo se convertía en un polvo dorado mientras una lágrima se deslizaba por mi mejilla.

- ¡NARUTO! – Sasuke me llamó mientras trataba de detener mi  muerte.  Una mano le detuvo.- ¿Itachi?

- No puedes hacer nada por él… - el mayor le miró con tristeza. - …ellos son conocidos por ser una raza sabia, transmiten su conocimiento dentro o fuera de su clan para que este perdure… Los Uzumaki, los medio demonio…

- Pero él no era un Uzumaki, él era Naruto… Y nunca he conocido a alguien que soporte un dolor mayor que el mío.

Itachi miró a su hermano pequeño, este se hacía responsable de la muerte de su mejor amigo a manos de un demonio, no pudo protegerle y des de entonces nunca fue el mismo pero para que él dijera esas palabras… hacía falta un milagro.

Casi le dio un infarto al verle llorar mientras se abrazaba a si mismo.

-¿C-como puedo…? – sollozó - ¿… como pudo guardar tanto dolor durante tanto tiempo…?

Itachi observó el suave cielo en silencio mientras se arrepentía de haber seguido al chico… Sasuke ahora no tendría que sufrir así si le hubieran dejado en paz.

 

 

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