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9000 veces. por nezalxuchitl

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Notas del fanfic:

Oceano pacifico, a unos 40-45 grados de latitud sur, cerca de la costa de Chile. Algun vago, muy vago año, de tiempo casi ciclico, mitico como el de los Cien años de soledad, quiza 1814, y una pareja que ha estado junta por mas tiempo del que recuerda, siempre navegando y haciendo la guerra, no necesariamente al enemigo.

Notas del capitulo:

Fanfic de mi saga favorita, la saga Master&commander, de Patrick O'Brien.

 

-Oh, Stephen, aquí estas.

Jack entro en la cabina con un movimiento agil que desmentia su edad. La verdad era que, como una persona de carácter alegre, animoso y no demasiado inteligente, Jack Aubrey permanecería joven por mucho mas tiempo que el.

Toco una nota realmente melancolica con su violinchelo, contento de haber terminado de afinarlo antes de que el llegara.

-Eso fue perfecto, Stephen.

Stephen asintió y lo vio coger su violin y obtener una nota menos satisfactoria. Mantuvo sus hermosos ojos claros fijos en el, sin dejarlo concentrarse. Habia canas en sus sienes rubias y estaba exactamente tan pasado de peso como le gustaba, aunque nunca lo admitiría.

-Me temo que esta noche mi violin no estará a la altura de tu violinchelo. – dijo, poniéndolo en su estuche. Stephen enarco una ceja – Tomate una copa de oporto conmigo, Stephen.

No habia manera de resitirse a las invitaciones de Jack. Al menos, el, nunca la habia encontrado.

La gran cabina de popa de la Surprise estaba reluciente. Recien la habian pintado y dorado sus detalles. Los amplios ventanales estaban abiertos y en una se reclino Jack con dos copas.

-Mira que hermosa fosforescencia.

-Debe extenderse al menos dos millas. – Stephen tomo un sorbito a su lado.

-Sin duda. Las estrellas brillan y tu estas de un excelente humor, Jack.

Desde hacia varios días, hubiera podido agregar, pero el acerco su rostro de improviso, turbándolo del buen modo.

-La pregunta es, ¿lo estas tu, querido?

Cerro los ojos y nariceo su mejilla, como un cachorrito solicitando cariño.

Stephen arrojo el contenido de la copa al mar y le hecho los brazos al cuello. Jack lo alzo con facilidad, no porque fuera bajito y delgado sino porque era muy fuerte. Le dio un besito, y otro, y otro, hasta convencerlo de abrir la boca y fundirse en un lengua a lengua. Apenas noto el ruido que hizo la copa al romperse, cuando la solto para mesar los cabellos de su compañero. Fue el quien termino besándolo con voracidad, pidiéndole algo mas.

Jack lo sento en el borde del ventanal, con lo que Stephen en automatico se aferro a el. No seria la primera vez que caia, y una vez  habian estado a punto de quedarse abandonados en una isla desierta.

-Te tengo, cariño. Solo quiero quitarte la ropa.

-Oh Jack… - se arqueaba adelante, hacia el, buscando la seguridad de su contacto, el placer de las caricias de sus labios.

El capitán era un experto desnudando al doctor. Pronto su pequeño cuerpo quedo al descubierto, tentador en su palidez, en las discretas curvas de muslos y caderas. Jack se agacho, sosteniéndolo firmemente de los muslos, para tomarlo en su boca y saborearlo, pero Stephen no se sentía tranquilo. Era placentero, excitante, pero,

-Jack.

Habia temor en su tono y era lo ultimo que quería hacerle sentir. Volvio a abrazarlo y Stephen se fusiono a el, rodeándolo con sus piernas y besándolo con vehemencia.

-Ven, cariño. – lo bajo y le dio la vuelta – Seria una pena que te perdieras esta hermosa noche.

Se desabotono la chaqueta, para no lastimarlo con sus botones, saco la virilidad de sus calzones y doblando las rodillas la restregó entre las nalgas de Stephen. Su estremecimiento le comunico que consentia y tomando un vial del bolsillo interior de su chaqueta vertio el aceite sobre sus dedos y los llevo abajo, entre las piernas de Stephen, sobando su orificio antes de penetrarlo con el dedo corazón, y luego con los dos dedos, dilatando, lubricando. Dando y recibiendo placer.

Jack estaba particularmente amoroso. No dejaba de besuquearlo y el quería hacer algo mas por el que aflojar su cuerpo y entregárselo, responder con jadeos a sus acciones. Pero a Jack le gustaba tomar el control (la mayoría de las veces) y a el le gustaba que lo tomara.

-Apoya tus brazos en el alfeizar. – le solicito, alzándolo por los muslos, desde atrás, pegándolo a el.

Era una manera interesante de hacerlo. Sintio un gran alivio en el momento en que Jack entro en el, su polla que se ajustaba perfecta a su culito.

Jack se movia despacio, conteniéndose, perdiéndose en el estilizado posterior del cuello de Stephen como tantas veces, con ojos y boca, labios y nariz.

Su calculo habia sido correcto y la luna despunto en el horizonte.

-Mira treinta y cinco grados a babor, cariño.

Stephen miro en la dirección contraria y el gentilmente le volteo el rostro.

-¡Oh!

Era un espectáculo maravilloso. La forma luminosa parecia surgir del mar, un mar oscuro, azulado, rico en color, que solo se diferenciaba del cielo por sus reflejos liquidos. La luna surgio rápidamente, como si escapara de las aguas, y luego parecio quedarse ahí, estatica, aunque ascendia lentamente.

-Mira que maravillosos efectos produce su luz en el agua.

-Prefiero ver los que produce en tus ojos.

Los de Jack no eran tan hermosos como los de Stephen, pero la belleza de los sentimientos que ahí habia superaba a la de cualquier astro y efecto de la óptica.

Jack continuo moviéndose, y Stephen contra el; lo apretaba en su interior, se volvia para besarlo, y luego, conforme el ritmo subia con el tono de sus jadeos, miraba a la luna y al mar y a la maravillosa noche.

-Cariño…

-Stephen…

-Solo un poco mas, amor, aguanta un poco mas.

Jack jadeaba y sentía tanto placer. Tanto. Una profunda embestida, una succion a la nuca de Stephen y un gemido largo y satisfecho.

Y luego la luna, que seguía subiendo.

 

***

 

-Oh, estas aquí Stephen.

-¿Dónde rayos querias que estuviera?

A veces, todavía, le exasperaban ese tipo de comentarios de Jack. Aunque a veces, también, los imitaba.

-Quiero decir que me alegro mucho de verte.

Se subio de un salto a un coy desocupado de su enfermería. Habia dado de alta a los dos últimos marineros fracturados de la mas reciente tormenta, y su enfermería estaba sola, bien ventilada y luminosa.

-Me viste en el desayuno.

Todos los días, Stephen compartia el segundo desayuno de Jack, quien se levantaba mas temprano.

-No me canso de verte. – le sonrio.

Se habia acomodado en aquella pose sexy que invitaba a subírsele encima y tomar el control.

-Ni yo, cariño.

Habia pensado que a menos que a un malvado marinero se le ocurriera accidentarse, podría disponer del dia para ventilar y echar mas pimienta a su colección de aves peruanas. Le horrorizaba pensar que esas esplendidas alas se arruinaran.

-El doctor escribe y escribe. – canturreo moviendo el pie.

Stephen no pudo evitar sonreir, aunque lo habia ignorado adrede para que se fuera.

-Jack, ¿no tienes un barco que gobernar?

-Con este viento entablado y barómetro alto, me sorprendería si a la caída de la noche tuviéramos que tocar un cabo.

Seguia viéndolo. De ese modo. ¡Oh cielos! Se le estaba empezando a antojar. Pero la cadera le dolia. El frio de la cordillera andina se le habia metido hasta los huesos, y como comenzaba a ser viejo… Tres veces en una noche le exigían descanso al dia siguiente. No como cuando navegaban por el Mediterraneo en la Sophie.

-Cariño… – se acerco a el y le acaricio la mejilla. Jack tomo sus dedos y beso las puntas – creo que tu violin es muy fogoso para mi violinchelo.

Con tristeza se habia planteado que ese podría llegar a ser un problema, por como se habia portado últimamente. Al principio habia creido que era por el reencuentro luego de dos largos meses separados, pero el ardor de Jack  no habia disminuido. Ni daba trazas de disminuir.

-Sere gentil. – prometio con la mirada tierna y sumisa de quien pretende derrotar sin alzar las armas.

-Oh Jack…

-Por favor – dijo alzándolo en vilo y colocándolo sobre el – Hace mucho que no lo hacemos en la enfermería.

-Jack – todavía trataba de resistirse a su erección firme bajo su trasero y a sus manos sobre sus muslos – si estuviéramos en tierra creería que has hecho algo malo. – le cogio el rostro con una mano – Jack, ¿has hecho algo malo?

-No. – se defendió con natural indignación.

-Estas demasiado cariñoso.

-No. Asi me gustaría ser siempre – le rozo la mejilla – pero a veces el viento o el deber, tuyo o mio, no me lo permiten.

-¡Oh Jack! – se conmovio Stephen - ¿Me extrañaste mucho?

Jack se dio la vuelta con el en el coy y empezó a hacerle el amor.

 

***

 

El doctor se acarició el brazo, desnudo en su cabina. Se cambiaba la camisa por la camisa de dormir. Todavía tenía fresco en la piel el recuerdo de la agradable sesión en la enfermería, sin prisas y sin embestidas demasiado violentas que le hicieran doler la cadera.

-Jack… - susurro, poniéndose la vieja, grande y gastada prenda que Jack le había heredado, y en la que a veces aun creía distinguir vestigios de su aroma.

-Aquí estoy, cariño.

El susurro lo espanto.

-Maldito seas Jack, haces menos ruido que un gato.

-Y tu eres mas esbelto que uno.

Lo rodeo por la espalda y le jalo la prenda para descubrirle un hombro. Acerco sus labios.

-No.

Stephen se escurrio y lo encaro de frente.

-No se que rayos te pasa, pero no. Estoy cansado.

-Descansaste toda la tarde.

-De lo que me hiciste en la mañana. ¿Comiste algo raro? ¿Compraste alguno de esos elixires milagrosos? Ya te he dicho que pueden ser peligrosos.

-No Stephen, no he comprado nada desde que me curaste del malestar que me provoco la Panacea para todos los males del Dr. Phil.

-Tu deseo sexual esta muy elevado. Sientate y abre la boca. – balbuceos inintelengibles – Ya te he dicho que no hables cuando te examino.

-Stephen no pasa nada malo con mi deseo sexual. – repitió mientras le jalaba los parpados para examinarle los ojos.

-Claro que si. Estas como burro en primavera y mis pobres caderas ya no lo soportan.

-Cielo, eso fue por montar llamas.

-Que llamas ni que demonios. Es tu excesiva dieta la que te pone asi. Te genera un exceso de sangre y de humores vitales y como no hay nada mas vital que el impulso de propagarse yo salgo perjudicado.

-Oh, vamos Stephen, si no has salido perjudicado en 8978 veces, no creo que la 8979 vaya a afectarte mucho.

Stephen se quedo callado. Aquellas habían sido cifras muy especificas. Recordo que cierta vez, en Melbury lodge, Jack había gritado mil al terminar en el y el le había preguntado si estaba loco. Y una vez, sin querer, vio encerrado en un corazón la fecha en que habían tenido sexo particularmente bueno y el numero 5000 escrito al lado.

-Jack – pregunto tembloroso – no lo hemos hecho 8978 veces, ¿verdad? ¡Es una cantidad horrible!

-Por eso hay que ir por la 8979. – le sonrio, volviendo a sus intentonas.

-¡Oh Jack! – se horrorizo - ¡Es totalmente horrible, escandaloso!

-Stephen! ¿Qué te pasa?

-Me han sodomizado 8978 veces, ¿te parece poco? ¡Oh, no puedo creerlo! ¡Es tan indecente! ¿Qué diría mi pobre madre, si viviera?

-Probablemente, que le hubiera gustado tener una vida tan placentera.

-¡Eres un monstruo! – le pego - ¡Un monstruo sodomizador!

-Stephen, vamos, ¿de verdad no tenias idea? ¿un calculo aproximado?

-¡No!

-Vaya. Pues es muy fácil de calcularlo…

-¿Es un aproximado, entonces? – lo interrumpio - ¿No estas seguro?

Iba a matarlo si lo había espantado asi de balde.

-No, estoy seguro. La de en la mañana fue la 8978.

-¿Cómo puedes estarlo?

-Porque llevo la cuenta.

-¿Llevas la cuenta?

Los ojos claros lo miraban como si fuera un bicho raro.

-Si, ¿sabes? La primera vez que lo hicimos estaba tan contento que no podía creerlo. ¡Posei a Stephen, posei a Stephen!, no dejaba de gritar en mi cabeza. Y cuando tu accediste de nuevo y de nuevo, ¡vaya! Era tan maravilloso, cada vez, que me parecía un sueño. He poseído a Stephen tres veces, cuatro, cinco. Casi la pierdo cuando nos reconciliamos luego de lo de Creta. Para que no me pasara, comenze a anotarlo en mi propia bitácora, algo muy discreto – se apuro a señalar al ver que Stephen abria la boca – que solo yo podría entender. Y luego ni falta me hizo, tengo muy presente cuantas veces te he hecho mio, y cada vez sigue siendo maravilloso.

Jack lo miraba con dulzura y había habido tal cariño en el tono de su voz… aunque extraño, retorcidamente matemático, era su manera de homenajearlo. Su relación. Pero que fueran 8978 veces no dejaba de dolerle.

-8978 veces – mascullo, con carita linda de lo horrorizada – con razón me duelen las caderas.

-8978 veces y se me hacen pocas. – trato de tocarle el brazo.

-No me toques, sátiro, lubrico.

-Bueno cariño, llevamos juntos mas de catorce años y… nunca te habias quejado.

-¡Porque no sabia cuantas eran!

-Y ahora que lo sabes, ¿hace la diferencia?  ¿Querrias que una sola no hubiera sucedido? Porque yo no.

Stephen apretó los labios. No, no habría querido. El también recordaba vívidamente cada vez, bueno, no las 8978, pero estaba bastante seguro que de proponérselo, podría recordar cualquier vez en especifico. Aquella bajo las estrellas, en Mahon. La primera luego de que lo violaran, cuando se sentía asqueroso y sucio y creía que Jack no lo querria mas. En cierto modo, superada la primera impresión, lo verdaderamente doloroso era saber que no lo habían sodomizado 8978 veces, sino tres mas, y esas tres, que no habían sido con Jack, eran las que odiaba profundamente y querria borrar de su pasado.

Jack le había rodeado los hombros con su brazo, y le rozaba le mejilla con la nariz.

-No, no querria. ¡Oh Jack! Nos hemos amado 8978 veces.

-Si. Es increíble, ¿verdad?

-Lo es. ¿Y no te aburres de mi?

Jack parpadeo, consternado.

-No.

-Te amo tanto. ¡Tanto! – repitió, volteando los ojos.

-Muchisimo – se rio Jack. – Pero Stephen, debo confesarte algo: en las 8978 veces están incluidas las veces que solo nos dimos placer con la boca, yo a ti o tu a mi.

-Vaya. ¿Entonces no sabes específicamente cuantas veces me sodomizaste en forma? – meneo la cadera para ser mas claro.

-Lamento mucho decirte que no. Tenia la cuenta muy clara cuando estábamos en la isla Desolación, y preferias hacerlo asi para no desvestirnos por el frio, pero luego las fui confundiendo y con las horribles cosas que vivimos en Botany Bay la segunda vez que estuvimos ahí, perdi la cuenta por completo.

-Oh, esta bien. – Stephen inclino su cabeza en su pecho – En cierto modo me gusta mas que sea asi.

-Stephen… - no sabia que era mas suave, si la manera en que pronunciaba su nombre o los dedos sobre su mejilla – si te duele la cadera, podrias abrir la boquita…

-Cerdo. – le espeto, falsamente ofendido.

 

***

 

Stephen lo habia preparado todo cuidadosamente. No porque 8983 fuera un numero notable, sino porque tenia ganas. Durante la ceremonia (del domingo), investido de autoridad mientras leia el Codigo naval, Jack se habia crecido un palmo… no como en las batallas (no siempre) sino por las miraditas que el malvadamente le habia lanzado. Pestañazos, suspiros, pequeños gestos de amante que solo otro amante podría entender.

Benditos fueran los calzones blancos, que dejaban tan poco a la imaginación. Y el no habia sido el único en notar que el prodigioso calibre del capitán se hacia aun mayor: guardiamarinas y gavieros lo habían notado tambien y se iban a quedar con un palmo de narices porque era solo suyo. Se habia dormido con guantes impregnados en aceite de almendras, saboreándose lo que iba a hacer.

Jack habia cerrado de golpe el libro y de inmediato lo habia llamado a su cabina, lo que demostraba cuan excitado estaba, pues tenia la absurda convicción de que era imprudente hacerlo mientras los marineros trabajaban en la cubierta, ya fuera montando y desmontando mamparos o limpiando.

Lo recibió con un ardiente beso que se habia agachado para darle, llevando las manos a su chaqueta. Sonreia cuando lo tomo de la mano para llevarlo al dormitorio, lo acostó vestido en la cama (la enorme cama empotrada) y lo ato de manos y pies al extremo de la misma.

Jack se dejo, relamiéndose, pensaba que hacia tiempo que no le tocaba a aquella fantasia en especifico, la del cirujano sometiendo al capitán, y, como todas, le encantaba. Stephen lo beso y el le transmitio su deseo chupando su labio inferior. Stephen paso su mano por el centro de su cuerpo, por su vientre, por su entrepierna. Paso la mano sobre sus bolas una y otra vez. Estaba tan excitado que dolia.

-Stephen…

-Shhh… - lo conmino su dulce tormento, posando un dedo sobre sus labios.

Sigio masajeando su paquete hasta que una manchita humeda apareció en los impecables calzones. Entonces se los abrió y libero el prodigioso miembro, su viejo amigo, y lo miro con tal afecto que Jack estuvo a punto de sentirse celoso de el. Con gusto lo hubiera besado, pero no era esa la intensión del dia.

Stephen tenia las manos muy suaves y lo tomo con firmeza. Lo masajeo con convicción, con gesto concentrado. Jack se lo agradeció, necesitaba un alivio. Se estiro, complacido, esperando que se lo llevara a la boca, pues lo veía con tales ganas. Pero no lo hizo, sigio sobándolo, sobándolo, y con la otra mano masajeaba sus bolas.

Aquellas bolas rubias le encantaban. Todo el vello de esa área, de hecho. Un resplandor dorado que hacia un triangulo de punta alargada desde su pubis hasta su ombligo. De momento no estaba visible, pero en su pecho tambien habia un poco mas de vello. Dejo de masajear la polla para hacer arañitas con sus dedos por toda aquella suavidad rubia.

Jack comenzaba a impacientarse. Era agradable, pero quería mas; un estimulo mas conciso, directo. El impulso de penetrar tan pronta, rápida y vigorosamente como fuera posible seguía latiendo, a pesar de los años y de los esfuerzos para convertirse en un mejor amante para Stephen. Las caricias, lamidas y demás cosas muy sibaritas que le habia enseñado su pequeño doctor le gustaban, pero como preludio al acto sexual por excelencia, del que estaba convencido la máxima de su héroe era la que mejor se le aplicaba: atacar con decisión.

Stephen volvió a masturbarlo, sentadito sobre sus piernas a su lado, a dos manos, con las palmas extendidas y en direcciones opuestas, como si batiera chocolate. Un rico chocolate en su polla. La friccion se concentraba arriba y abajo, en el tronco; solo de vez en cuando los pulgares rozaban. Era bastante agradable, y mas lo hacia ver a Stephen tan concentrado en lo suyo.

Vario el angulo: lo fricciono en diagonal, cada vez mas rápido, tan rápido como pudo, gozando del tamaño, del enrojecimiento. Aquello metido dentro de el le habia dado mas de nueve mil orgasmos, estaba seguro. Jack era una maquina de follar como lo era de matar, y en ambos oficios se destacaba por su arrojo y talento. Habia tenido que pulirlo un poco en el aspecto sexual, pues su ignorancia respecto a las cosas que podian hacer dos hombres juntos contrastaba con su experiencia, en general. Costaba creer que un hombre tan mujeriego, tan ardiente, supiera tan poco de la teoría del sexo, mientras que el, mucho mas casto, sabia perfectamente todo lo que habia y no habia hecho.

Jack creía haber entendido la dinámica del juego y se dejo llevar. Stephen lo acerco, lo acerco peligrosamente al punto de no retorno. Tenias que conocer muy bien a tu amante para saber cuando detenerte, y Stephen lo sabia. Se detuvo, y comenzó a rozar, a rozar apenas la puntita con su dedo. Pequeños golpecitos de la yema en los alrededores de su hendidura; cuando rozaba esta era casi doloroso. Doloroso cuando Stephen la toco, yéndose por abajo. Abajo le gusto, abajo entre la cabeza y el tronco. Stephen era tan delicado, tan certero. Le humedecio la yema con las gotitas que expulso.  Que ganas de comérselas sintió Stephen, pero las aprovecho para lubricar todo el miembro, y darle otra frotada de lujo.

Lo masturbaba con habilidad, lo tocaba como si fuera un instrumento y en verdad obtenia música: los quedos, sensuales ruiditos que hacia Jack lo electrizaban, se sentía tan duro que dolia, pero alternaba las manos en Jack, una, otra, las dos. Las tensas bolas de Jack, bien delineadas en el escroto por la proximidad de soltar su carga. Una cucharada por andanada, aproximadamente: dudaba que el mejor cañon de su majestad, equivalentemente, fuera tan efectivo.

Pronto saldría el semen; lo masturbaba con vigor, sin quitarle el ojo de encima. La polla de Jack, eyaculando, se veía gloriosa: que lastima que la mayoría de las veces soltaba su carga adentro de el, pero ahora… Ahora daba gusto verla. Tenia casi su propia personalidad: podía distinguir sus gestos; su manera de curvarse un poco justo antes, el hermoso tono sonrojado que adquiria, las venas henchidas, la manera de palpitar de la abertura, liberando esas explosiones que se convertían en arcos, en chorros. En semen calientito, espeso, blanco; justo como a el le gustaba, escurriendo por su propia polla desde su mano.

Lo lamia de la palma como si fuera lo mas delicioso del mundo cuando Jack dijo entre jadeos:

-Oh, Stephen, eso fue increíble.

-Me alegro cariño. – le ronroneo lamiendo su mejilla – Esa fue la 8983.

-¿8983? – antes de conocer a Stephen, Jack jamas hubiera considerado una paja una vez, un acto sexual en forma – Indudablemente.

Stephen ya estaba sobre sus labios mientras le desataba las manos.

 

***

 

-¿Sabes Jack? – le dijo mientras reposaban en la noche, suavemente mecidos en el coy.

-¿Qué? – respondio modorro; la parte cansada del ejercicio la llevaba el.

-Deberiamos hacer algo especial por la vez 9000, es como una especie de aniversario.

-Por supuesto cariño. La vengo planeando desde que íbamos como por la 8001.

-¿¡Y no me habias dicho nada?!

-Bueno Stephen, habia pensado decírtelo cuando llegaramos a las 10000, un numero cerrado y hermoso, digno de recordarse.

-¿Por qué no me habias dicho nada antes?

-Tenia miedo de que lo consideraras una tontería, una simpleza de mi parte. ¡Y recuerda como reaccionaste cuando te enteraste de cuantas iban!

-¡Me impacto la cantidad! Si aquella vez que gritaste mil como un loco me hubieras dicho de que iba…

-Te hubieras negado a seguirlo haciendo. – lo miro acusativo Jack.

-Bueno, tal vez, un poco, al principio… - se excuso Stephen – Pero hubiéramos podido celebrar cada aniversario redondo, cada mil veces.

-Lo hicimos. Excepto la tres mil, fue cuando estábamos en Mauricio y no tenia tiempo de nada. Simplemente me esmere en que lo pasaras bien pero no planee nada.

-Aquella vez, en Kattegat, con las florecitas silvestres…

-Seis mil.

-¡Oh Jack! Eres tan romántico. Me hubiera encantado compartirlo contigo. Eres un maldito tarado.

-Lo siento, Stephen. – dejo de pellizcarle el cachete.

-No soy bueno con las fechas… - ni con la puntualidad, le constaba – pero tambien hubo veces que me esmere en complacerte.

-Oh si, lo note. Aquella vez en Boston, que me dejaste penetrarte con una vela entre vez y vez.

-Pervertido. – se sonrojo Stephen.

-O aquella vez, en esa islita que no figuraba en los mapas…

-¿Cuál… - Stephen tardo en recordar - ¡Oh, aquella! Tus ojos se veian tan dulces en la penumbra que sentí que me volvia a enamorar de ti. Pero la vez que lo hicimos rápido, justo antes de la batalla, ¡que locura!

-¿De la ultima batalla o de cuando dejamos ir la presa frente a Menorca?

Stephen se rio de buena gana.

-¡La presa perdida frente a Menorca! Creo que los marineros sospecharon algo.

-Casi se amotinan; la vez que mas cerca he estado.

Stephen meneo la cabeza y se dejo acariciar suavemente por Jack, hasta que se quedo dormido.

 

 

 

Notas finales:

Disculpen la falta de tildes y los posibles errores de dedo, pero es mas rapido pedir disculpas que poner tildes. Sinceramente, no tengo un minuto que perder, como la gente de la Armada inglesa.

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