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Mafia

Autor: mistdowner

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Notas del capitulo:

¡Hola!

Tanto tiempo :c 

Lamento haber estado TAN PERO TAN perdida, sobre todo porque dejé algunas cosas ( muchas cosas :c ) sin terminar. Ha sido un tiempo de cambio rotundo en mi vida, y bueno. Me consumió muchísimo más de lo que pensé. 

Les dejo esta idea que me tiene muy emocionada. Espero y les guste(?) 

Así leen el fic mientras trato de terminar el resto :'v 

La suela de sus zapatos causaba eco en sus oídos cada vez que chocaba contra el suelo, como era costumbre en su elegante caminar. Sabía muy bien que debía ayudar con aquel tema, sin embargo, no le parecía lo más adecuado tener su tutela. Vamos, ya era alguien mayor y respetado como para ser simplemente la niñera de un chico caprichoso. Sin embargo, trataba de pensar en positivo. La familia Overland era una gran aliada, y si le pedían semejante favor, no habría de ser por otro motivo más que la desesperación. Siendo sincero, no conocía al chico. Recordaba vagamente que alguna vez su padre lo mencionó como un chico problemático, pero nada más. Suspiró. Al fin llegó a la puerta del despacho del jefe de aquella familia. Solo desde afuera, podía escucharse una discusión. Decidió no andarse de entrometido. Bien sabía que aquello, podía ser letal. Tocó la puerta, y enseguida fue atendido por aquel gran hombre de barba blanca. Un gran apretón, que lo dejó casi sin aliento, fue lo previo a su entrada en aquella oficina. Ni bien puso un pie en el lugar, se dio cuenta de la situación. Había un adolescente sentado, con cara de pocos amigos, algunas maletas y un ambiente pesado.

-¡Hiccup, un gusto tenerte por aquí, muchacho! Ven, ven, toma asiento. – Así lo hizo, siendo guiado por aquel hombre. Tomó asiento en la única silla disponible: al lado de aquel albino. North, como se llamaba el jefe de la familia Overland, pasó a dar una vuelta alrededor del lustrado mueble, y tomó asiento en su imponente sillón. – Quiero presentarte a mi nieto, Jackson Overland Frost. – solo en ese entonces, Hiccup extendió su mano en dirección al joven. Éste lo miró, y correspondió el gesto con mala cara. – Muy bien. Creo que ya sabes por qué estas aquí, no?

-Claro.- comentó el castaño, poniéndose cómodo en la silla.- Quieres que entrene a Jackson. Mejor dicho, que lo tenga bajo mi tutela.- afirmó. Norte asintió serio. Se pudo escuchar un bufido de parte de Jack.

-Agradezco mucho que aceptaras mi pedido, Hiccup.

-No es nada. Entre familias, debemos mantenernos unidas.- minimizó el ojiverde. Jack viró los ojos.- Sobre todo ahora.- añadió. Norte apretó un poco los puños, pero rápidamente ignoró el tema.

-Oh, ni lo menciones. Mis mejores hombres han tratado de encontrar respuestas, pero…

-Tranquilo, todo saldrá bien.- afirmó el pecoso, haciendo reír aliviado al gran hombre.

-Bueno, justo ahora el equipaje de Jack debe estar siendo subido a tu auto.- mencionó Norte. Jack abrió los ojos impresionado. No se esperaba eso. Por suerte, las maletas más importantes aun las tenía en ese despacho.- Confío en que cuidarás de mi nieto.

-No tiene de que preocuparse.- afirmó Hiccup.- como jefe de la familia Haddock, le garantizo que Jackson está en buenas manos.

-¿Podrían dejar de hablar de mí como si no estuviera presente?- finalmente habló el albino. North le dirigió una mirada severa. Jack solo chistó.

-Jack…- le habló con tono de advertencia  North. Hiccup solo sonrió, y pasó a salvar la situación. Se levantó, interrumpiendo la batalla de miradas entre nieto y abuelo, y habló.

-Bueno, ha sido una placentera reunión. Sin embargo, tengo asuntos que atender. ¿No será lo mejor marcharnos, Jackson?- comentó. El aludido gruñó por lo bajo, se levantó, y fue a tomar sus maletas antes de que siquiera Hiccup pudiera atinar a moverse para ayudarle. Ni loco dejaría que tocaran sus objetos más preciados. Así, uno al lado del otro, Norte los despidió. 

-Compórtate, Jack.- fue lo último que dijo. El adolescente solo bufó molesto. Así, tanto el castaño como su acompañante, marcharon por los largos pasillos, en silencio, solo caminando sin más. Jack se dedicó a observar a su nuevo tutor. Era muy diferente a todos los anteriores. Para comenzar, era joven. ¿Cómo rayos podía ser el jefe de una familia tan importante como lo eran los Haddocks? Había escuchado miles de relatos sobre ellos y sus riquezas. Las sirvientas de la mansión siempre cotilleaban sobre el gran poder de estrategia que tenían, la precisión y sus recursos. Era como si los Haddocks innovaran todo el mercado de armas, y además de eso, fueran una familia de lo más organizada y precisa. No podía creerlo. Ese tipo, Hiccup, no podía ser más de cinco años mayor que él. Bueno. Como fuera, no tardaría mucho en sacarlo de quicio. Aunque no estaba seguro. Todos los anteriores tutores que tuvo, no fueron más que viejos amargados que solo lo reñían por meses, hasta que finalmente su propio abuelo debía retirarlo. Sonrió. Obviamente podría acabar con ese engreído jefe pronto.

Ambos al fin llegaron hasta las puertas del elegante vehículo de Hiccup. Jack ya se había montado en muchos autos lujosos en su corta vida. Sin embargo, nunca estuvo encima de uno tan bien decorado. A simple vista se podía notar los detalles en verde y azul sobre el fondo negro que componía el carro. Eran…¿Dragones? ¡Hasta tenía la insignia de la familia en una de las puertas!

-¿Te gusta?- le escuchó decir. Así salió de su admiración y se hizo el desentendido, subiendo sus maletas consigo en el asiento del acompañante. Hiccup solo lo dejó ser. Abrió la puerta, tomó asiento, y arrancó el motor.

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El viaje no fue tan pesado como se lo creyó Jack. De hecho, fue más bien agradable, por mucho que le molestara admitirlo. Hiccup no era un tipo muy charlatán. Al menos, no con él, porque no había soltado el celular en bastante tiempo. Al parecer tenía asuntos de la familia que arreglar y esas cosas aburridas. Suspiró. Se detuvieron en un semáforo, y por la ventana pudo observar como algunas chicas se paseaban hermosas por las calles, despreocupadas, cautivando a todo aquel que las viera. Jack bajó la ventanilla, captando la atención de Hiccup, y guiñó un ojo a la primera que pudo ver. Ésta sonrió y le lanzó un beso, el cual, dramáticamente, Jack agarró y posó cerca de su pecho. La luz cambió a verde.

-Eres todo un coqueto, eh?- mencionó Hiccup, sin quitar la vista de la carretera.

-¿Qué puedo decir? Es un don. – mencionó. Pudo notar como Hiccup se reía por lo bajo. Aquello le cayó un tanto mal, pero decidió no hacer un lío. Después de todo, aun ni siquiera había empezado la verdadera acción. Luego de unos minutos, al fin llegaron a destino. Jack no podía dejar de ver a su alrededor sorprendido. Siempre escuchó que la mansión Haddock era una de las más extravagantes y finas, pero nunca se imaginó aquel escenario. Delante, unos enormes jardines adornados con flores de todos los colores, que se extendían kilómetros y kilómetros. Había varios árboles, plantados estratégicamente por la zona. La entrada, era fenomenal. Dos columnas envueltas por dragones esculpidos se alzaban imponentes, previas la una gigante puerta de madera lustrada, algo rústica, pero no desencajante. Entraron por el garaje. Ni bien llegaron, un grupo de señoritas llegaron a atender las necesidades de Hiccup. Jack le sonrió a todas y cada una con simpatía.

-Bienvenido, señor.- le dijo una.

-Hola, Heather. – le contestó el castaño, pasando a saludarla con un beso en la mejilla. Jack se quedó algo desconcertado. Nunca había visto a un jefe saludar así a sus empleados. – Te traigo al nuevo inquilino.- dijo en un tono bromista. La pelinegra sonrió.- Por favor, llévalo a su cuarto, enséñale los alrededores, y hazlo sentir cómodo. Yo tengo algunos asuntos que arreglar con nuestro técnico de autos.

-Sí, señor.- Jack pudo divisar que, antes de marcharse, el jefe le mandó una mirada resignada a su sirvienta. Como si hubiera algo que le molestara. No pudo descifrarlo. Pronto lo vio marcharse. Las sirvientas comenzaron a tomar sus maletas. Por supuesto, él mismo llevó las más importantes, adelantándose a las señoritas. Seguidamente a eso, solo las siguió por todo el recorrido. No se equivocaría al decir que la mansión era tan impresionante por fuera, como por dentro. En cada pared, había espadas, hachas, y uno que otro elemento que parecía sacado de cuentos nórdicos. ¿Cuál era el afán por los dragones? Había mucho de ellos: desde pinturas, tallados, esculturas… Era como estar en un cuento o algo así. Al fin, luego de subir algunas escaleras, llegaron a lo que parecía su cuarto. Había tenido muchos en los últimos años: sus tutores siempre lo mimaban, esperando de él un buen trato que nunca llegaba. Pero iba a admitir que ninguno se parecía a ese: tenía una preciosa vista, con un ventanal enorme que daba a la piscina, enfocando el atardecer. La cama era matrimonial, fina en exceso, y los muebles, sólidos y elegantes.

-Vaya. – dejó salir.

- Hiccup se preocupa por sus invitados.- mencionó la pelinegra. - ¿A poco no es genial?- Jack solo asintió, grabando cada detalle de su próxima habitación.- Bien, sígueme. Tenemos un largo recorrido que hacer.- mencionó la chica, una vez notó como sus compañeras terminaban de acomodar las prendas de Jack. Por su lado, éste dejó sus maletas en la cama y salió detrás de ella. Recorrieron varios sitios: el jardín, la cocina, el campo de entrenamiento, la zona de mecánica, el comedor… Todo se hacía eterno.  Parecía ser que había llegado en un mal momento, debido a que la gran mayoría de los sitios estaban vacíos. Ya cuando sus pies comenzaron a doler, decidió hablar.

-¿Falta mucho? Esto es enorme.- una sonrisa fue lo que obtuvo por respuesta.

-Sí, aun no conoces todo.- mencionó la chica. Jack bufó- ¿Prefieres volver a tu cuarto?- el albino asintió.- Bien, pero antes, tienes que conocer el despacho de Hiccup.- No pudo pasar por alto que la pelinegra le dijo simplemente “Hiccup” a su jefe. Era algo extraño para él, pero no preguntó nada. – Fue algo que me encomendó especialmente. Si alguna vez quieres hablar con él, solo debes venir aquí.- mencionó la chica, caminando ahora a un paso más rápido.

-¿Y si no está allí?- preguntó para hacer tema Jack.

-La mayoría del tiempo está presente. Pero cuando no lo está, él prefiere que lo dejemos solo en su taller.

-¿Taller?

-Sí, Hiccup es un tipo muy raro.- agregó la chica. Al fin llegaron a una gran puerta, tallada minuciosamente con más de los extraños dragones, y en el centro, con la insignia de la familia. Heather tocó la puerta. Al momento se escuchó un leve “pase”.- Ya le he mostrado los alrededores, en su mayoría.- informó la chica. El castaño quitó su mirada de unos papeles.

-Excelente. Muchas gracias.- mencionó este. La pelinegra hizo un saludo informal y se marchó.- ¿Te agrada el lugar?- preguntó el castaño. Jack se alzó de hombros.

-Las sirvientas no están tan mal.- mencionó. Hiccup sonrió, quitándose los lentes que traía puestos.

-No puedes coquetear con ellas.- sentenció. Jack sonrió retadoramente.

-Ah, no?- agregó.- No lo sé. Puede que me aburra…- claro, solo estaba bromeando. No quería nada con nadie. Vale que fuera coqueto, pero nunca llegaba realmente a enrollarse con ninguna persona. Ese no era su estilo.

-Tranquilo. Mañana empieza tu entrenamiento. No tendrás tiempo de aburrirte.- Así, Hiccup solo se limitó a sonreír, mientras se ponía de nuevo sus anteojos y continuaba leyendo. Jack se encogió de hombros y salió por la puerta. Vio a dos mucamas hablar.

-“ Pobre Patán, el que no se lleva nada bien con Toothless.”…

Notas finales:

¡Ok!

El primer capítulo subido. 

Voy a actualizar hasta el tercero, para igualar (?)

Tengo esta historia publicada en otra página muy conocida. *CofcofWattpadcofcof*

Si desean, pueden buscarme con el mismo nick name. Allí estaré publicando la misma obra, pero con imágenes ( y sus respectivos créditos) para ilustrar todo mejor. 

 

En fin. A seguir actualizando (?

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