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Roommates

Autor: Elle Trancy

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Notas del fanfic:

Un abrazo para todas las ARMYS  que leerán

 

 

And what is the thing that you least look forward to?


Notas del capitulo:

Lamento lo corto. Estaba emocionada por subirlo :3 

CAPITULO 1

 

Abrió los ojos abruptamente después de escuchar un sonido estruendoso en algún lado fuera de su cuarto.

Descubrió casi enseguida que ya había amanecido, el sol ya se colaba a través de las cortinas blancas quienes se balanceaban en un vaivén suave al son del viento mañanero. Su corazón palpitaba con fuerza en su pecho y su garganta, sin duda alguna había sido un sonido muy fuerte el que había conseguido despertarle – lo cual para nadie era un secreto era casi imposible hacerlo – acto seguido suspiro tocándose el pecho y destapo su cuerpo descubriendo enseguida la erección matutina por la que los jovencitos tenían que pasar a diario.

 

Pero en su caso había una razón para aquello.

 

Allí aun sentado en su cama los recuerdos le aplastaron la cabeza haciendo que riera solo como un loco…

 

La creciente tensión sexual entre el joven Jungkook y su compañero de piso varios años mayor que él le había provocado que los sueños de las últimas semanas fueran solo húmedos.

 

Se carcajeo solo con su particular risa contagiosa mientras su cara se enrojecía un poco. Se tocó la frente secando el sudor que acababa de descubrir y se levantó aun con una sonrisa pícara en sus labios decidido a salir a averiguar que había sido todo ese ruido…

 

Al salir no vio a nadie en los alrededores, lo sala con sus muebles, la Tv, la mesita en el centro, diagonal el comedor con sus cojines en el suelo todo muy ordenado y al fondo la cocina todo en completo silencio. Estuvo a punto de volver a su habitación y dormir un poco más – después de todo era domingo por la mañana – cuando escucho una maldición desde el fondo, donde se encontraba la cocina. Se acercó poco a poco con el ceño fruncido; Escuchaba cada vez más claro los improperios a medida que se acercaba a la cocina.

 

Allí en el suelo rodeado de productos de limpieza, un desastre de trapeadores, vidrios y una especie de líquido se encontraba su rubio compañero de piso: Kim Seok Jin.

-          ¿Qué sucedió? – preguntó aun soñoliento mientras se restregaba un ojo, al alzar el brazo su pijama se levantó en su abdomen enseñando una línea de piel blanca, tersa y musculosa.

Jin tragó fuerte mientras su vista se perdía desde la entrepierna aun abultada hasta la piel que se asomaba descarada bajo el pijama de Jungkook. Negó para dejar de mirarlo y siguió limpiando.

-          Se me ha caído el caldo de algas caliente…

 

 

El mayor guardó silencio después de eso, y siguió con lo suyo.

 

-          No es muy propio de ti… - se limitó a decir ahora rascándose la nuca enseñando sugerentemente aún más sus abs a su hyung.

 

Jin quien trataba de no subir la mirada sólo contesto en voz baja.

 

-          Sabes que a veces suelo ser distraído…

-          No me refería eso…

-          ¿Ah? ¿No? – preguntó haciendo una gran mueca de pregunta y confusión en su rostro.

-          No, desde que salí escuché tantas malas palabras que podría escribir un libro.

Fue allí que Jin se sonrojó completamente, tartamudeo sin hallar de dónde agarrarse y en su desesperada vergüenza para con el castaño busco recoger los vidrios esparcidos en el suelo con lo que solo consiguió una gran cortada en la palma de su mano izquierda.

 

-          ¡Ah! – gimió de dolor

-          ¿Pero qué…? – espabiló Jungkook al ver como la sangre empezaba a salir a borbotones de la mano del rubio.

-          No es nada… - Se apresuró a decir Jin mientras se levantaba y con prisa caminaba al fregadero.

Metió la mano bajo el grifo y examino la herida con la cara ya pálida.

 

-          ¿Nada? – Interrogó Jungkook acercándose al fregadero - ¡¿A eso le dices nada?! ¡Ven acá!

Tomó la mano del mayor y enseguida sus manos se llenaron de sangre.

 

Ahí donde su mano era sostenida por las suyas, Jin se dejó llevar por la amabilidad, delicadeza y consideración con la que Jungkook lo trataba que se olvidó por un momento de lo que le había pasado. A pesar de que no paraba de regañarlo él no podía escuchar claramente lo que le decía su compañero de piso, él solo estaba cautivado observando el espacio de piel entre el cuello y el pijama de Jungkook, donde estaba su clavícula.

 

La piel era lisa y estando allí tan cerca de él, a pesar de estar recién levantado, podía oler el perfume del jabón con el que se había bañado el menor la noche anterior antes de dormir. El jabón perfumado era su  favorito y el de Jin era que la piel de Jungkook oliera así de bien a pesar de que ni siquiera le había dado tiempo de cepillarse los dientes.

 

-          Tenemos que ir al hospital… ¡YA! – sentenció el castaño tomando algunos pañitos de cocina y poniéndoselos en la mano a su hyung.

Fue entonces cuando cayó de nuevo en la realidad y su  cara volvió a palidecer. Todo empezó a dar vueltas a su alrededor y puntitos negros empezaron a aparecer por todos lados.

 

-          Jungkookie – susurró Jin. El aludido quien estaba intentando limpiar un poco el desastre de sangre en la cocina volteó a mirarlo – veo puntos negros…

-          ¿Qué? Mierda, ¡No! ¡Espera! – Lo tomó por los hombros con ambas manos manchando de sangre las mangas del pijama - ¡Jin! ¡MIRAME! – le gritó al ver que los ojos de su Hyung enfocaban un punto X en la distancia – Mierda, mierda, no no no…

Rápidamente se pasó el brazo del rubio por el cuello y lo cargó hasta la puerta rodeando el desastre de vidrios y tratando de no cortarse él también…

 

Jin caminaba con dificultad mientras su sangre dejaba un rastro por donde sea que pasasen. Jungkook tomó las llaves sin soltar a su compañero y con gran habilidad lo saco del departamento. El sol le dio de lleno en la cara cegándolo por un momento, a esas horas siendo domingo no había nadie en los pasillos quienes pudieran ayudarlo a llegar al auto de Jin.

 

Agradeció a si mismo su rutina diaria de flexiones y trote las cuales le estaban ayudando mucho en aquella problemática situación. Jin no era precisamente un hombre delgado o pequeño como su otro compañero Park Jimin. Su ancha espalda apenas podía ser cubierta por el brazo del preocupado JK.

 

Era una gran contradicción el físico de Jin con su personalidad dulce y tranquila.  No combinaban para nada.

 

Abrió la puerta del copiloto y literalmente lanzo a Jin dentro, luego se deslizo sobre el capo hasta la puerta del piloto y consiguió encender el auto al primer intento.

 

 

 

-          Para acá es primera – Puso su mano encima de la del menor y la llevó hasta el uno – ahora puedes acelerar, hazlo lentamente- Quitó su mano de la de Jungkook para que este con suavidad pisara el acelerador.

El auto comenzó a moverse y Jungkook sonrió. Anduvo a 10 km/h alrededor del campus dirigiendo el volante con cautela por quince minutos hasta que Jin con una sonrisa en los labios se dirigió a él.

 

-          Muy bien, vamos a aumentar un poco la velocidad...

-          ¿Qué? ¿No es un poco…precipitado? – Pregunto Jungkook sorprendido dejando de ver el camino por un rato.

-          Pero lo estás haciendo excelente – Le sonrió y con delicadeza volteo por la mandíbula la cara del castaño para que mirase por donde conducía – Quiero que presiones el acelerador con tu mano en la palanca de cambio. Cuando yo te diga, sueltas el acelerador y pones la palanca en segunda ¿Entendido?

Jungkook sólo asintió tragando fuerte, con la adrenalina hirviendo  desde su estómago hasta la punta de sus dedos, con la excitación latente de que aunque no lo dejara notar o lo negara, por dentro: se estaba muriendo de nervios.

 

Pero Jin confiaba en él. Confiaba en su talento empírico para todo, en la confianza que tenía Jungkook en sí mismo y en su capacidad natural para cumplir todo lo que se propone.

 

El castaño hizo caso y acelero hasta que la aguja toco el 30.

 

-          ¡Ahora! – Dijo Jin aun sonriendo.

 

Jungkook soltó el acelerador subió la palanca hasta el dos y volvió a acelerar.

 

Lo había conseguido con éxito.

 

-¡WOOOOJUUU! – Gritaron ambos dentro del vehículo y chocaron los cinco riendo.

 

Soltó el aire que había estado reteniendo no sabía por cuando tiempo y se concentró en mantener la calma.

 

-          Bien, muy bien Jungkook. Aun no tienes tu licencia así que vamos de prisa pero con cautela… - El veinteañero puso en marcha el auto de Jin mientras trataba de ver lo menos posible al herido quien ya se había desmayado.

 

Condujo nervioso mientras sus manos en el volante temblaban, trataba de mantener la calma pero era realmente difícil la presión de la responsabilidad que estaba siendo sostenida por sus hombros. Podía meterse en muchos problemas si algo salía mal…

 

Cuando no tenía la mano en la ya ensangrentada palanca de cambios, la tenía presionando la herida en la palma de la mano de su compañero, los pañitos estaban completamente empapados y ya no retenían la sangre. Había sido una cortada realmente profunda ya que no dejaba de brotar el líquido vinotinto de ella. Ya todo el pijama y gran parte del auto estaba empapado de rojo.

                                                                  

Tras unos agónicos diez minutos finalmente llegaron al hospital donde las enfermeras al ver el auto con las puertas tatuadas con manos rojas salieron curiosas al no saber que saldría.

 

Jungkook llamó su atención al salir del auto y recoger al desmayado rubio. Fue cuando por fin salieron en su ayuda.

 

Varios minutos después el castaño estaba más calmado.

 

-          Sí, ya lo cosieron, fueron catorce puntos por fuera y otros tantos por dentro para unir algunos ligamentos… - Dijo a la bocina del teléfono público.

 

-          ¿Y ya despertó? – Le preguntaron al otro lado de la línea.

 

-          Sí, esta calmado, esperándome. Fue él quien me dijo que los llamara para que cuando llegaran a casa no se asustaran.

 

-          Muy tarde – Dijo y luego se echó a reír.

 

-          Sí, lo siento… Ni siquiera te he preguntado cómo te fue… - Bajo la mirada casualmente y se vio el desastre que era su ropa: Sus pantuflas estaban salpicadas de sangre y su pijama era más roja que azul. Comprendió porque todos los que pasaban se le quedaban mirando.

 

-          No te preocupes, hablamos cuando lleguen. Te quiero.

 

Jungkook sonrió y colgó el teléfono.

 

Fue hasta la habitación en emergencias donde Jin estaba siendo vendado.

 

-          ¿Qué tal? – le preguntó

-          Mejor… supongo que me causo un shock tanta sangre… - Se mordió el labiobuscando las palabras para proseguir-  lo siento mucho.

Jungkook se peinó el cabello para atrás y le sonrió de medio lado.         

-          No fue tu culpa…

-          No me disculpaba por esto – Dijo alzando la mano herida ahora cosida y vendada. – Sino por todo lo que escuchaste cuando saliste. Estaba de mal humor y que se me haya caído todo empeoro mi humor...

-          ¿Por qué estabas de mal humor?

Jin bajo la mirada sin querer responder esa pregunta.

-          ¿Es por mí? – consiguió que le mirara sin alzar el rostro. – Así que es mi culpa… - suspiró metiendo las manos en los bolsillos del mono y miro por la ventana tratando de no reírse de todo aquello.

-          No sé porque te hace gracia… - Le dijo muy serio.

Jungkook no aguanto más y soltó la carcajada.

 

-          Es que… no me puedo imaginar porque es mi culpa… - Mintió. Él sabía muy bien cuál era la razón.

Jin negó con la cabeza sonriendo de vergüenza.

-          No te hagas el loco Jungkook. No pretendas que lo que pasó aquel viernes fue cuestión de mi imaginación…

 

 

                                     . * . * . * . *

 

Colgó el teléfono aun sonriendo de alivio. Miro a su alrededor y dejo salir un suspiro cansado; Tenia mucho que limpiar…

 

Justo en ese momento sonó la cerradura y la puerta se abrió.

 

-          ¡Hoola! – Saludo alegre el pelinaranja – Taetae ¿Cómo est...qué diablos pasó aquí? – Su expresión cambio totalmente al entrar a la cocina. - ¿Estás bien Hyung? – Lo tomó por los hombros examinando la expresión divertida de Taehyung.

Este al ver que Jimin no coordinaba lo que veía con lo que pasaba se dejó caer sobre los brazos de su amigo simulando estar convulsionando.

 

-          ¡Tae! ¿Qué te pasó? ¡Tae! – llamaba al peliplata pero este no respondía.

Acto seguido lo cargó y lo llevó al sofá donde lo acostó para poder ir a buscar el teléfono y llamar a emergencias. Pero la mano de Taehyung lo detuvo agarrándolo por la muñeca.

-          ¿Tae? ¿Estás bien? ¿Qué te pasó?

-          Ji-jiminie… - susurró volteando los ojos para atrás.

-          ¡Sí! ¿Hyung? ¿Qué hago?

El peliplata tosió dramáticamente.

 

-          Bésame – Y estiró los labios preparado para el beso.

-          ¿Qué?

Taehyung abrió un ojo y vio a Jimin dudar por un momento mientras veía en todas las direcciones buscando un significado lógico para lo que su compañero le estaba pidiendo.

-          S-si quier-res sal-var…me… tienes q-que b-besar…me…

-          Hyung yo… - Susurró Jimin sonrojado. Pero se arrodilló al sofá y cerró los ojos acercándose lentamente a Taehyung.

Éste al ver lo que Jimin haría no aguanto y exploto de la risa.

 

-          ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA! – Se reía tan fuerte que tuvo que agarrarse la barriga por el dolor.

-          ¿Tae…hyung?

Pero este sólo reía a carcajadas.

-          ¿De verdad ibas a besarme, Jiminah?

El mayor se sonrojó completamente y se levantó de allí. Se dirigió a su maleta la cual había dejado tirada en la entrada y rebusco en ella por varios segundos hasta que encontró lo que buscaba; Unas esposas.

 

Regreso al sofá donde aún el peliplata reía como desquiciado y le dio la vuelta con un solo movimiento, tomó sus manos y poniéndolas en su espalda las esposó.

 

-          Espera, Jimin… - Pero la risa no lo dejaba seguir hablando. El pelirojo se levantó y quitándose la camisa se metió al baño. - ¡Jimin! ¡Era sólo una broma!

Pero nadie contesto.

 

-          ¡Hey! ¡No me puedes dejar aquí esposado! – Se dio media vuelta hasta quedar sobre su brazo izquierdo. - ¡Jimin! ¡Park Jimin!

 

Pero el nombrado nunca le respondió, en cambio escuchó la regadera sonar y vio el vapor del agua caliente colarse por debajo de la puerta.

 

Se estrelló la cabeza contra los cojines y se resignó a esperar que se le pasara la vergüenza para que le desatara. No sabía cuánto tiempo le tomaría a Jimin que se le pasara el mal sabor de una broma tan pesada, pero estaba teniendo su merecido.

 

Suspiró y enterró la cabeza en el cojín del mueble.

 

-          ¿Cuánto tiempo me dejarás aquí esposado, eh Jiminie? – Se preguntó aún con la cabeza clavada entre la tela. 

Notas finales:

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CHICAS POR EL AMOR A SUS BIASES VOTEN!!!

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