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Rainy Boy

Autor: Ominous_Suzuki

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Notas del capitulo:

Sé que les dije que hoy actualizaría uno de mis fic's pero no pude evitar escribir este pequeño oneshot Kaiha. Espero y lo disfruten tanto como yo lo hice mientras lo escribía.

Aún recuerdo el día que la vida me regaló una segunda oportunidad. Lo vi a él bajo la lluvia y parecía endiabladamente feliz, me le acerqué, le ofrecí un paraguas y él negó rotundamente.

 

Él se veía perfecto bajo la lluvia, desearía que siguiera ahí.

 

Unas semanas después volvió a llover y lo volví a ver. Mientras todos estaban corriendo o refugiándose, él bailaba enérgicamente con un niño de 6 años. Quisiera volver a esos tiempos.


La primera vez que hablamos fue cuando lo encontré en el porche de mi casa, recostado en una columna. Ese día estaba vestido de blanco y, extrañamente, llevaba un paraguas. Le pregunté si deseaba pasar, él asintió. Al estar adentro le preparé un té y le dije que se quedara lo que deseara, él tomó el té y me agradeció. Aún guardo esa taza.


Recuerdo cuando iba en la carretera manejando mi viejo auto y lo vi con una gran mochila, sentado en una banca. Estacioné y le pregunté que era lo que hacía allí, me respondió que no tenía adonde ir, le ofrecí mi mano y él la tomó.


¿Vamos a casa? —le pregunté.


Vamos a casa —me respondió.


A veces creo que sigue en el cuarto de huéspedes.


Llegué a casa luego de una larga jornada de trabajo. Me adentré a la sala y casi me da un infarto al ver a un chico de larga cabellera cobriza cortando vegetales.


Se debe decir "Llegué" —me dijo él, mientras cortaba una zanahoria.


Nadie me espera así que...—dije, encogiéndome de hombros. Él dejó la cuchilla de lado, se acercó a mí y dijo.


Ahora alguien te espera.


Ahora estoy solo en esta casa.


Un día llegué a la conclusión de que el chico nunca me había dicho su nombre. Ni bien puse un pie en la casa y grité un sonoro “Llegué” —se solía enojar si no lo decía—, él sonrió al verme y yo, sin rodeo alguno, le pregunté cual era su nombre, me dijo que se llamaba Kouyou y me tendió su mano, “Tanabe” dije al estrecharla. A veces recuerdo ese momento y no puedo dejar de pensar que su nombre es perfecto.


Los días pasaban, nuestras charlas eran más largas, más divertidas y tan únicas. Algunas veces decías chistes o anécdotas, me decía que había hecho en el día, me comentaba los libros que había leído y una vez me dijo su sueño: ver cada fenómeno natural que se pueda. Ya había visto como caía la nieve, muchos eclipses, el amanecer, el anochecer , la lluvia y mucho más. Me dijo que su favorito era la lluvia y que quería ver la aurora boreal. Yo juro haber visto la aurora boreal en sus ojos.


Un día le pregunté por qué había bailado bajo la lluvia, él sonrió. Horas después comenzó a llover. Kouyou me invitó a bailar bajo la lluvia, acepté. Ese día entendí que la lluvia era diversión. Ahora que él ya no está, la lluvia sólo es melancolía.


Hoy, al ver a un pequeño de cabellos cobrizos, me acordé de ti. Le pregunté cómo se llamaba y me dijo que su nombre era Ren, lo abracé. Me recordó cuando tú me recibías luego del trabajo con un abrazo.


Ahora cuando llego a casa, nadie me abraza y la única compañía que tengo es tu gato blanco, Sora, me maúlla como preguntando si tú has regresado. Yo también me pregunto si lo has hecho.


Ayer acomodé tu habitación —el gato había tirado todo, si lo hubieras visto, con lo obsesionado que eras con la limpieza, te daría un ataque—. Encontré uno de tus discos de Luna Sea, ese que dice “Never Sold Out”, lo escuché y recordé cuando bailabas en la sala como un loco. Una vez dijiste que hacer esos extraños pasos era muy liberador, ayer lo intenté y debo admitir que tenías razón. Quién hubiera pensado que un arquitecto tan rígido como yo, hubiera bailado de esa manera, por un momento creí haberte visto a mi lado, bailando.


Resumiendo: Ayer te volví a ver, eso significa que fue un gran día, aunque sólo fuese una ilusión.


No puedo parar de reír. Hoy encontré el sobre que le ibas a mandar a la inmobiliaria, dentro había un CD. En el vídeo estabas tú y sonreías, hasta que comenzaste a insultar sus servicios y el que te hallan sacado de la casa, al final dijiste “son unas mierdas”, y les mostraste tu dedo santo. Hasta este segundo me estoy partiendo de la risa.


Hoy recordé que cuando te enojabas arrugabas tu nariz. Me la pasé riendo todo el día, hasta que recordé que tú ya no estabas a mi lado.


Hoy salí de casa, y cuando llegué, había un chico sentado en la escalera. Le pregunté que precisaba y me dijo que era tu hermano. Escribo esto mientras él mira tus fotos, parece quererte mucho. Tú nunca me dijiste si tenías hermanos.


Ayer tu hermano me preguntó si sabía donde estabas, le dije la verdad; le contesté que no. El tomó una de las fotos que estaban sobre el mueble, esa foto era tuya. Te veías hermoso, sonreías como de costumbre y tu cabello cobrizo estaba suelto y largo. Era de cuándo fuiste a la universidad de astronomía. Tu hermano dejó tu foto y se fue sin decir nada más. Era exactamente igual a ti.


Recuerdo que cuando fue tu cumpleaños, te hicieron una fiesta en el desierto —eso había sido tu idea, tenías una extraña imaginación y gustos demasiado peculiares—, tú te veías endiabladamente feliz y hermoso. Aunque cambiaste tu atuendo un millón de veces porque te daba calor, al final de la fiesta, me presentaste a un amigo tuyo. Él te amaba, yo te amaba. Tú no podías darte cuenta.


Un día llegué a casa luego de la universidad, estabas llorando. Te pregunté por qué llorabas y me dijiste que no era nada, me abrazaste y dijiste que no te querías ir de mi lado. Yo te abracé aún más fuerte y te dije que te quedaras el tiempo quisieras, y confesé que te amaba. Una sonrisa se dibujo en tu rostro. Ese día nos quedamos abrazados hasta la cena. Tú te fuiste sabiendo que te amaba.


Desde el día que te encontré llorando, nos volvimos más unidos y solíamos salir a todas partes, yo pedí una licencia en mi trabajo y tú tenias vacaciones.


Una vez me invitaste al parque de diversiones, fue ese el mejor momento de mi vida. Me acuerdo que ese día habíamos subido a todas las atracciones y fuimos a ver una obra de marionetas. Tú dijiste que nosotros éramos esas marionetas —eran una princesa y un príncipe—, fuiste y tomaste las marionetas e hiciste que la princesa le pidiera ser la novia al príncipe, me miraste esperando una respuesta. Me acerqué, tomé al príncipe y dije que sí, nos tomamos de las manos. Cuando nos dimos cuenta, los hilos de las marionetas se habían enredado y parecía que estuvieran tomados de las manos. Nos reímos.


Creo que ahora que la princesa se fue, enredó con sus hilos el corazón del príncipe, y se lo llevó con ella.


Después de tu confesión, pasábamos tomados de las manos y me abrazabas cada diez minutos. Literal...creo que tenias un reloj incorporado en tu cerebro. Ese día me había dado cuenta que cada cosa linda —desde que nos conocimos—, las habías hecho tú, yo quería que te acordaras de mí.


Te llevé al "Bosque de los enamorados". Tú no sabias donde estábamos. Te tapé los ojos con una venda y luego, con una navaja talléT & K”, en el árbol mas alto, te saqué la venda. Lo leíste y me abrazaste tan fuerte, como si te aferraras a mí.


Hoy me acordé de ese momento y me di cuenta de algo, yo no puedo odiarte. El día que te fuiste fue el peor día de toda mi vida, pero tú también me has hecho pasar los mejores momentos del mundo. Yo no puedo odiarte, Kouyou.


Lo lamento, mi ángel, yo no sabia nada de esto.


Hoy llegó tu hermano llorando y me pidió que lo acompañara a un lugar, era una morgue. Le pregunté que hacíamos en ese lugar, lloró aún más fuerte. Cuando entramos, él habló con la señorita de recepción y luego me dijo que fuera a la habitación 72, lo hice. Estabas sobre una camilla, una manta blanca te cubría desde los pies al cuello, ya no tenias vida. En ese momento una parte de mi corazón murió y lloré.


Le pregunté al hombre la causa de tu muerte, y me dijo que había sido un accidente de transito, un hombre estaba ebrio mientras conducía su camioneta, y chocó tu auto.


Esta vez yo era igual al príncipe marioneta, sin sentimientos.


Es muy diferente sin ti, es muy triste sin ti ; Yo soy muy diferente sin ti, yo estoy muy triste sin ti.

 

...

 

Querido, Kouyou.

 

Gracias, por haberle dado una oportunidad a este chico frío, por ser radiante, por iluminar mi camino, por haber sido más que mi amigo, por haber tenido la suficiente paciencia como para aguantarme, por enseñarme a sonreír, por hacerme feliz, por ser la única persona en la que confié, especialmente por dejarme amar y no criticarme por mi aspecto frío. Yo creo que con tu sonrisa infantil tan radiante, lograste derretir mi fría coraza de hielo.


Esa carta que estabas leyendo cuando te vi llorar, decía que yo no podría ir a la excursión de arquitectos que tanto deseaba ir, tú eras el único que se preocupaba por mí.


Nos leyeron tu testamento, al final decía : "A Tanabe le dejo mi osadía , mi felicidad, toda mi fortuna y una oportunidad para encontrar el amor. No la desperdicies”. Juro que lo intentaré, Kouyou.

 

Eras, eres y serás una persona importante para mí.


P.D: Donde sea que estés, no te olvides de sonreír.

 

ATTE:

Tanabe.

Notas finales:

¿Les gustó?, ¿merezco algún review o unos piedrazos por ser una irresponsable y no actualizar? O lo más importante, ¿les hice llorar?

 

¡Saludos! ^-^/

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