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Dimension War

Autor: Anotherdim07

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Ya llevaban casi una semana haciendo la misma rutina, combatiendo por las noches, descansando por las mañanas y por la tarde recorriendo parte del lugar. Habían conocido a gran parte de la gente que vivía ahí y cómo se ganaban la vida, pero al ritmo que llevaban les faltaba aún por conocer.

Esa tarde, Yugi fue el primero en despertar y salir de su habitación en dirección a la sala de estar, donde se recostó sobre uno de los sillones y observó detenidamente la mesa central con distintos tipos de comida, mesa siempre repleta como cada día desde que llegaron. No tenía hambre y el cansancio derivado de mantener la barrera por tanto tiempo ya se había ido, debido a que cada día se fue habituando a la cantidad de magia que debía ocupar y cómo distribuirla correctamente, hasta podría hacerlo dormido si se lo proponía. Y no creía que eso fuera mentira, en verdad podría hacerlo.

Recordó entonces que desde que entró a la escuela de magia fue alabado por su habilidad, la que compensaba claramente la falta de aptitudes para la batalla. Por esa razón fue elegido como el siguiente convocador, trabajo del que se sentía orgulloso de realizar puesto que la gente de Azahar era muy amable y afectuosa con todos ellos. Quería protegerlos para que pudieran continuar con sus vidas lo más tranquilamente posible.

Aun así, eso no evitaba que extrañara a la gente que había sido parte de su día a día en Domino y le habían acompañado. Pero él y los chicos sabían que su vida acabaría aquí en Azahar y que, desde el momento en que tomaron la decisión y pisaron este lugar, no había posibilidad de regresar a su dimensión junto a la gente que amaban pues la misión era de por vida y sería una total deshonra desertar de ella.

Suspiró para tratar de alejar la tristeza de sí mismo, pero no podía evitar pensar que extrañaba algunas cosas de Domino… quizás demasiadas…

Tan concentrado estaba que no se dio cuenta de que alguien se hallaba sentado a su lado hasta que éste le habló repentinamente - ¿Extrañas la escuela? – le preguntó el chico asustando al otro, quien dio un pequeño salto.

- ¡Jōnouchi! No te sentí llegar – lo miró sorprendido el tricolor.

- ¡Pero si llevo media hora mirándote! –

El otro entrecerró los ojos – Eso es mentira, no llevo más de quince minutos aquí –

El rubio rio – Tienes razón. Acabo de llegar hace unos minutos, pero te vi tan pensativo y casi melancólico que quise interrumpirte antes de que comenzaras a llorar –

Yugi lo miró unos segundos y comenzó a reír también – tu no cambias, ¿cierto? – se giró a tomar un plato de la mesa y servirse – pero si, estaba recordando cómo era la vida antes de esto. La escuela de magia, mi abuelo, nuestros compañeros de clase, amigos…- su voz se fue apagando poco a poco.

- No eres el único, todos extrañamos algo de ese lugar. Algunos más que otros - el rubio se recostó después de tomar un trozo de pastel de la mesa – Creo que no había mucho para mí en Domino, solo ustedes y un par de cosas más –

Se quedaron en silencio por unos segundos hasta que el otro decidió hablar – Lamento que tu vida no haya sido tan buena –

- No es culpa tuya ni de nadie. Eso poco que era bueno, ustedes lo hicieron mejor – el rubio le sonrió. – Pero… - hizo una pequeña pausa - recuerdo también a ese chico, el que mirabas a través de la ventana del salón cada vez que tenía practica de magia en las canchas. ¿Cómo se llamaba? – lo miró pícaramente al observar un pequeño sonrojo en Yugi, pero no dijo su nombre pues en verdad no lo recordaba - ¿lo extrañas a él también?

Eso dejó pensativo al tricolor, quien se mantuvo callado y sin moverse por un rato – Lo extraño tanto como extraño a los otros que dejamos atrás – dijo en voz baja, tanto que al rubio le fue difícil escucharlo bien.

- Sabes que es parte del grupo de refuerzo – comió un trozo de pastel – Eso significa, que si nosotros no somos lo suficientemente buenos en esto será enviado hasta este lugar y no se volverá a ir.

- Nunca ha pasado que envíen refuerzos a esta dimensión – menciono el otro mientras se acercaba a la mesa a coger un grano de uva. – Todos saben que ese título no es más que para prepararte en vano y gozar de un poco de fama en la escuela de magia –

- Pero si las cosas son distintas ahora, quizás pueda venir y… - fue interrumpido cuando el otro se levantó del sillón y caminó en dirección a la salida.

– Por favor no insistas en eso, él ya no es importante para mí – abrió la puerta y se marchó.

El rubio suspiró.

La idea no era entristecer a su amigo, sólo darle una pequeña esperanza de que volvería a encontrarse con aquel que había empezado a ser importante en su vida, aunque esa relación no llegó a nada concreto. Suspiró pesadamente tratando de alejar la culpa de sí por amargarle la tarde y el resto de la noche al otro, mientras terminaba de comerse el delicioso pastel de frutas frente a él.

Poco después escuchó la puerta abrirse y se giró levemente para mirar a Honda entrar en la habitación tallándose los ojos y prácticamente tirarse sobre el sillón a su lado. – Aún falta mucho para el anochecer, puedes seguir durmiendo si quieres – rio el rubio dándole un golpe en la cabeza.

- Imposible, no con los ronquidos de Marik en la habitación del lado- bostezó y se giró a mirarlo en burla - ¿qué lío has armado ahora? Tu cara te delata…y la de Yugi cuando me lo encontré a mitad de pasillo – le dijo.

- Tsk, ¿insinúas algo? – le miró enojado el otro.

Honda rio mientras agarraba un gran panecillo y se lo llevaba a la boca – Es solo que cada vez que abres la boca metes la pata –

- En eso tiene razón – dijo repentinamente Anzu entrando a la habitación, logrando que el castaño se atragantara por la sorpresa y, aunque no lo admitiera, algo de nervios.

- Ustedes dos… – el rubio los fulminó con la mirada. Iba a agregar algo más, pero fue interrumpido por unos golpes en la puerta, misma que Anzu se apresuró a abrir.

- ¡Miho! – dijo alegremente la castaña, haciéndose un lado para que la otra pasara – Es un gusto que vengas, es bueno no ser la única mujer por aquí – rio.

La peliazul, perdiendo la timidez de días anteriores, se adentró en la habitación con una olla entre sus brazos y que dejó sobre la mesa – Hola chicos, los cocineros les han mandado esto – dijo mientras quitaba la tapa y los demás se acercaban para mirar su humeante contenido, incluyendo a Marik que acababa de llegar – es un plato típico de este lugar, cocinado con los mejores productos de lo poco que podemos cultivar. Ellos lo hicieron especialmente para ustedes – la chica los miró sonriente.

- ¡Huele delicioso! – exclamó Honda con saliva cayendo por su boca y Jōnouchi asintiendo a su lado en la misma situación, ambos preparándose para atacar y no dejar nada.

- ¡Ustedes dos! Lo dividiremos en porciones y luego comerán – se giró a Miho - ¿Comerás con nosotros también?

La chica se sonrojo un momento - ¡No!... digo… yo sólo vine a traerles esto. Los cocineros lo han hecho especialmente para ustedes, en agradecimiento por la protección que nos brindan y la amabilidad con la que nos tratan. Yo solo me encargo de traerlo, iré a los comedores en un rato para la cena -

- Quédate a comer con nosotros, así Anzu tendrá algo de compañía por un rato – mencionó Marik mientras acercaba los platos para servir la comida.

Ante la mirada suplicante de Anzu, no pudo más que aceptar y comer con ellos.

Yugi no regresó, por lo que dejaron su porción aparte.

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Comenzaba a anochecer, por lo que Jōnouchi y los demás ya se encontraban fuera de la barrera esperando que llegaran los demonios intentando cruzarla. Se encontraban con energías renovadas luego de haber comido tanto y haber compartido un momento ameno. Por otro lado, Yugi estaba solo en la parte más alta del edificio. Pero algo andaba mal, lo presentía.

Pasado unas horas, la preocupación se hizo mayor al ver tan pocos demonios aparecer en comparación a otras ocasiones. De hecho, gran parte fueron eliminados por los chicos y los restantes, no presentaban un mayor desafío por ser débiles. Tampoco había posibilidad de que hayan disminuido en número, eso no podía suceder de la noche a la mañana o de la mañana a la noche, en su caso.

- Quizás están en otro lugar – pensó, por lo que conjuró un hechizo que le permitió ver los paisajes a la distancia, buscando algún otro lugar en el que podrían estar reuniéndose.

Amplió la imagen en su pantalla cuando los encontró, fijándose en la sorprendente cantidad de criaturas reunidas alrededor un pequeño bosque y sin poder avanzar ya que una barrera les impedía el paso. Una barrera de magia.

- Si hay una barrera mágica ahí – pensó - ¡hay quizás un humano capaz de conjurarla! – asustado, deshizo el hechizo que le permitía ver el lugar y fue al encuentro de sus compañeros pues tenían que hacer algo.

Anzu, Honda, Marik y Jōnouchi se encontraban combatiendo con uno que otro demonio cuando escucharon un pequeño grito y, en un instante, Yugi se encontraba cerca de ellos para reunirlos.

- ¡Yugi, no puedes estar aquí! – dijo Anzu preocupada mientras los otros se acercaban y el aludido se mantenía tranquilo bajando rápidamente los últimos escalones de la torre - ¿Qué pasará con la barrera? –

- Tranquila, Anzu, puedo mantenerla activa sin siquiera estar consciente de ello – le dijo el más pequeño –

- Pero, ¿si te atacan? –

- ¿Quiénes? – le respondió mientras le indicaba que mirara a su alrededor, donde efectivamente no había alma que se moviera.

- Había notado que no había mucho trabajo hoy – bromeó el rubio.

- Aún no amanece, ¿Qué está pasando? – preguntó Marik al llegar junto a ellos.

- Yo sé lo que pasa – dijo el tricolor, conjurando nuevamente la pantalla mágica que les permitiría ver el bosque – Miren, todas las criaturas están tratando de entrar a ese lugar, pero hay una barrera que los detiene –

- ¿Una barrera? ¿Cómo es posible que alguien puede realizar magia en este lugar? – dijo el rubio – se supone que toda la gente que vive aquí no puede –

- No lo sé, pero debemos investigar y si hay gente ahí, tenemos que guiarlos a este lugar para que no corran peligro. Es una barrera pequeña, por lo que no resistirá mucho más por lo que veo –

- Bien, entonces yo iré – dijo la castaña decidida – no es una cantidad que no pueda manejar, quizás pueda ingresar a la barrera y ayudar –

- No irás sola, Jōnouchi, Marik y yo te acompañaremos – dijo Honda mirando a los dos chicos – Yugi, tu quédate a proteger la barrera –

- ¡Pero puedo mantener la barrera de lejos y.…! –

- No digas nada, te quedarás aquí – interrumpió la chica.

- ¡Pero...! -

- ¡Yugi! – dijo molesta – No podemos arriesgarnos a que algo te pase a ti o a la gente que protegemos, nosotros no somos capaces de crear una barrera tan grande como lo haces. No contamos con esa clase de poder, entiende por favor –

Yugi miró a los chicos consternado, pero no tuvo más opción que aceptar. Odiaba sentirse inútil y pensándolo bien, sólo sería una carga para ellos al no saber pelear como lo hacían sus compañeros.

Poco después, los chicos se marcharon ahorrándose camino gracias a un hechizo de teletransportación que, si bien no los dejó en el lugar exacto, les ahorró tiempo valioso.

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En la zona más interna del bosque, dentro de una estructura hecha de madera y materiales viejos se encontraban un chico albino y un pelinegro rodeados de unas diez personas, todos concentrados en mantener la barrera que los protegía a ellos con lo poco que sabían de magia. Otro grupo de personas se encontraba en el otro extremo, observando atentos lo que los magos hacían.

- ¡Ryou! – gritó el pelinegro al chico albino, quien lo miró algo cansado – Esto no está resultando, siempre mantenemos apenas la barrera por la noche, pero es como si hoy todos se concentraran aquí. No llevamos ni cinco horas en esto y estamos agotados – dijo para que sólo aquellos que se encontraban más cerca lo escucharan. Si el otro grupo se enteraba, podrían asustarse y empeorar las cosas.

- Tenemos que mantener la calma y concentrarnos en esto. Todos aquí dependen de que la barrera no sea destruida – habló Ryou al límite de sus fuerzas.

- Pero es que ya no damos más… - dijo otro.

- Pueden descansar y recuperar algo de fuerzas, yo aún puedo continuar – respondió el peliblanco.

- ¡No digas tonterías! – se enfureció Otogi – Hemos mantenido la barrera todo este tiempo juntos. No te hagas el valiente ahora, ¡sé realista! Porque no dejaremos que hagas una estupidez –

- Lo siento, Otogi – le contestó bajando la cabeza.

- Solo enfócate, Ryou – finalizó.

- Chicos, lamento tener que dar malas noticias a esta hora, pero la barrera caerá pronto. Tendremos que salir de aquí o no lo contaremos mañana – habló una de las chicas del grupo – Tenemos que idear un plan, ¡ahora! –

Ryou y Otogi se miraron preocupados, hasta que el segundo se dirigió a los que estaban ahí – Bien, escúchenme. Lo primero es evacuar a los que no pueden contribuir con la barrera, es decir a los civiles (que no saben de magia) y los que están más agotados. Lo siento, chicos, pero los que aún podemos resistir debemos ser los últimos en irnos –

- ¡Eso no es justo! – dijo uno. – Yo también quiero salir de aquí. No aprendí magia para sostener una maldita barrera y no seré el último que se marche. De entre todos ellos que no son capaces siquiera de conjurar un hechizo, - gritó apuntando a los más lejanos, unos pocos adultos y los niños que habían nacido desde que se establecieron en ese lugar - yo soy más útil – terminó apuntándose a sí mismo, enfureciendo al pelinegro.

- ¡Escúchame una cosa! – le gritó, agarrándolo violentamente de las ropas – por una vez deja de ser un insensible egoísta y colabora porque, si tengo que ser sincero, eres el último en quien pensaría para dejar ir. Todos los que estamos aquí aceptamos el dar todo por ellos, es ridículo pensar que vales más que un pequeño que sólo ha conocido el miedo por las noches. Como adultos, es nuestro deber mostrarles que también hay un poco de felicidad en la vida por lo que, si dejarte aquí ayuda a ese propósito, no voy a dudar siquiera un segundo y dejare que te destrocen allá afuera. ¿Entiendes? – el chico tragó saliva asustado - Dime ahora, ¿colaborarás con nosotros? O tengo que arrojarte como distracción para que corramos…– frustrado, el chico bajó la cabeza y asintió. – Me alegra que entiendas – el pelinegro le dio un pequeño golpe en el hombro con una sonrisa – ¿Alguien tiene algo más que decir? – nadie respondió, por lo que continuó - Ahora, ¡comenzaremos con la evacuaci…! -

Fue interrumpido por un estruendoso sonido que dejó a todos en silencio y completamente paralizados. Ellos lo sabían, ese sonido tan agudo sólo significaba una cosa – La barrera se ha roto – dijo en un susurro, completamente asustado Ryou. Con esto, tanto aquellos que se encontraban en el centro como el otro grupo comenzaron a entrar en pánico, algunos gritando y otros corriendo en busca de la salida.

- Cambio de planes, ¡Evacúen ahora! – gritó el pelinegro.

Al instante, los que permanecían más calmados comenzaron a guiar a los civiles hacia la puerta que conducía a un túnel subterráneo hecho especialmente para la ocasión y, el que pensaron, jamás iban a utilizar. Por su parte, Ryou se dirigió a calmar a los más pequeños del lugar y llevarlos consigo hasta la entrada, donde los esperaba Otogi para recibirlos y entregarlos a un adulto que pudiera llevarlos a la zona más segura.

Pasados unos minutos, todos los niños y civiles habían sido evacuados, sólo los pocos magos permanecían en el lugar tratando de retrasar la llegada de lo inevitable, una verdadera estampida de criaturas cuyo único objetivo era liquidarlos.

- Ustedes dos, ¡márchense primero! – gritó el pelinegro a los chicos más cercanos a la puerta – los que están atrás siguen y así, sucesivamente. Ryou y yo seremos los últimos, ¿estás de acuerdo? – se giró a mirar al albino, el cual asintió con decisión. Volvió a mirar a los otros - ¡Váyanse! –

- ¡Si! – dijeron los aludidos al unísono, entre los que se encontraba aquel que había reclamado anteriormente. Minutos después, les siguieron los otros de acuerdo al plan.

La operación habría resultado exitosa, si no fuera porque las criaturas habían llegado antes de que los últimos cuatro pudieran siquiera pensar en correr.

- Lo siento chicos – dijo uno, antes de dirigirse a la puerta y cerrarla completamente por fuera con lo poco de magia que tenía para que nadie más pudiera ingresar, ni siquiera ellos.

- No te preocupes – respondió el pelinegro - yo habría hecho lo mismo –

Decididos, los cuatro comenzaron a luchar con lo último de sus fuerzas, felices de haber conseguido que la mayoría saliera bien librada de esto, pero aceptando amargamente que serían sus últimos minutos.

- Fue un gusto trabajar con ustedes – dijo sonriendo aquel que se atrevió a cerrar la puerta, mirando a los otros tres por última vez antes de girarse para enfrentar a la criatura que tenía en frente, una especie que parecía ser mitad humano y mitad caballo, con una gran hacha en su mano izquierda que comenzó a dirigir hacia su cuello. En reflejo, el chico solo atinó a llevar las manos a su cara esperando el golpe, pero sólo llego a sus oídos un quejido y el estruendo de algo grande cayendo al piso. - ¿Qué paso? – se dijo a si mismo abriendo lentamente los ojos. Al observar al frente, quedó impresionado.

En el suelo y partida en dos, comenzó a deshacerse poco a poco la criatura que estuvo a punto de matarlo y más atrás, un chico rubio lo miraba preocupado - ¿Estás bien? – y el otro quedó sin habla.

- No puede ser – dijo el albino a unos metros, momentos después de que también fue salvado, esta vez por Marik. - ¿Ustedes son los que protegen la barrera? ¿Qué hacen aquí? – preguntó casi desesperado.

- No es momento para eso Ryou – le habló Otogi completamente agotado, tratando de sostenerse con ambas manos sobre las rodillas – si han venido a ayudarnos no los desconcentres. Ya pediremos explicaciones después – se sentó en el suelo, recargando la espalda en la pared y cubriendo su cara, tratando a la vez de recobrar la respiración. Ryou lo observó, sintiendo al instante las ganas de llorar por el alivio de tener una pequeña esperanza de seguir viviendo.

Podrían vivir un día más.

 

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