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Dulce, dulce crema.

Autor: nezalxuchitl

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Notas del fanfic:

Si bien esto es un fanfic de Natsume Yuujinchou, no esta muy in character que digamos.

Pero la lentitud con la que se desarrolla el romance entre los protas me mata, y, de vez en cuando, tengo que escribir algo como esto.

 

Notas del capitulo:

¡Ah! Una ultima cosa: turra es un sinonimo de uke/pasivo que uso. Natsuturra es el apodo que le puse a esa cosita linda que tiene el libro de los amigos.

-¡Oh! ¡Natori san! ¿Será esto muy necesario para sacar el ayakashi? – pregunto Natsume, babeando sobre la almohada al ritmo que todo su cuerpecito era sacudido por las embestidas de la mano de Natori.

-Indispensable, Natsume. – le sonrio cerrando los ojos, con tanta bondad aparente que uno no dudaría.

Natsume no dudo; tenia plena confianza en el adulto exorcista que tantas veces lo había ayudado, en ser bueno con el.

Ahora lo estaba siendo una vez mas, aunque le diera vergüenza el método y ciertamente no fuera una cosa para hablar de ella con los demás, pero, ¿no eran asi todas las cosas referentes a los youkais?

Natori lo había puesto en medio del circulo ritual. El ropaje era demasiado estrecho, tenia que sostenerselo con ambas manos para que no se le abriera, mostrándolo todo desde su pecho en una gran V. Era una especie de capita, blanca, con un doblez ancho en los hombros, o, mejor dicho, en lo alto de los brazos, porque los hombros, asi como las clavículas y parte de su pecho estaban expuestos.

Su rostro ladeado, bajo, al principio de la ceremonia, avergonzado por ser una molestia.

Pero Natori comenzó, tan gentil como siempre, y la luz broto hacia arriba de los símbolos, intensa, provocando un viento que alzaba la capita, mostrando sus muslos doblados. La luz era tan intensa que lo enceguecio. Cuando volvió a ver, el rostro de Natori estaba muy cerca de el, con el lagarto detenido en su mejilla derecha.

-Procedamos, Natsume.

Pronuncio su nombre como solia, con una especie de alegria que lo hacia muy feliz.

-J-jai.

La capita era rosa. Se dio cuenta antes de que Natori lo empujara gentilmente por los hombros para que se pusiera en posición. Y luego, tan atento, le ahorro la vergüenza de exponer el área afectada y el mismo doblo la capita cuidadosamente, alzándola y colocándola sobre su espalda, con lo que sus piernas, sus pompas y sus caderitas estrechas, su pequeña cintura, quedaron a la vista.

“Esto no va a funcionar, va a darse cuenta”, pensó Natori mientras se sorbia ensoñado una gotita de sangre roja que le salía de la nariz.

Pero aunque no tuviera confianza en sus propios métodos los puso en practica.

Quito la tapita a una antigua vasija llenada con moderno lubricante y saco una pelotita de gel transparente.

-Separalas mas, Natsume.

Natsume obedecio, soltando ambos extremos que no llegan a juntarse de la capita y agarrándose las nalgas, separándolas y exponiendo su temeroso hoyito a Natori. Este tenia la lengua de fuera y babeaba solo de verlo, pero volvió en si y coloco la pelotita sobre el fruncidito, sonrojándolo, esparciéndola. Quedo brillante, brillante, lucia suculento como una media fresa bañada con gelatina. Con el dedo brillante recorrio la hendidura entre las dos bolitas, bamboleándolas.

Como se verían rebotando sin parar era algo que no podía esperar a descubrir.

Ceremoniosamente, retiro los extremos del pañuelo doblado que ocultaba a la vista el consolador lila, de cerámica antigua, previsto para la ocasión.

Lo chupo con el deleite propio de una turra, con lo que el lagarto se alejo a donde no presenciara de cerca tan obscenos espectáculos.

Natori, en kimono azul pálido, trazo círculos sobre las nalgas de la Natsuturra, una y otra, y luego lo acerco a donde la hendidura era mas profunda.

-Voy a exorcizar, Natsume. – aviso, antes de desflorar a la turrita con el pesado juguete.

Un quejidito ahogado, fue todo lo que se oyó, y Natori estuvo a punto de derretirse.

El agujerito de Natsume, cerrado en torno a ese objeto fálico, a esa extensión de su mano.

Comenzó a penetrarlo, sin necesidad de tocarse siquiera para que su despierto miembro se moviera, dándose a notar bajo la seda fina, humedeciéndola.

Natori tenia la retorcida idea de que asi no estaba abusando de el, solo un poco de su confianza. Los juguetes le habían fascinado desde el primer video porno que vio, y poco a poco se había vuelto mas afecto a ellos, casi adicto.

Adoraba verlos entrar en los redondos, perfectos agujeritos de las turras de los videos, los introducia en putillos tiernos, modernos geishos que sabían parar la cola y manterse callados.

Natsume soltaba jadeitos, rítmicamente embestido por su mano, vigorosamente embestid por su mano. El juguete entraba y salía hasta casi perderse, resbalar. Le daba con ímpetu a la Natsuturra, previamente convencida de que aquella era la manera de alejar al youkai que tantas pequeñas molestias había ocasionado a su familia, a sus tios.

Natori mismo había aflojado las tuercas de la tubería, corrido en zancos por el jardín de Touko san, usado la mascara que la había asustado al verla fugazmente reflejada en espejo del baño. Todo para tener a Natsume como ahora lo tenia, cumpliendo sus mas bajas fantasias, pero sin saber que lo hacia. Sin saber que era un monstruo.

Beso tiernamente el aire en dirección a su mejilla. El pequeño y delicado Natsume no podía saber que era un pervertido, no soportaría que huyera de el espantado, que le dijera ecchi.

Sudaba, y la mano se le estaba cansando sin que Natsume llegara al orgasmo.

-¿Falta mucho? – pregunto protector, falsamente preocupado.

-Si… no… - Natsume no sabia ni que decir, solo que le encantaba lo que estaba sintiendo por la cola. Ya no quería que se detuviese, ahora quería que durase para siempre, aunque se sintiera asi, tan raro, tan incomodo, tan a punto de explotar.

Grito cuando Natori se lo saco: de desconsuelo, de ganas. Volteandose, apenas vio fugazmente como Natori empuñaba algo, algo azul, mas ancho y grande, que lo lleno satisfactoriamente, abriéndolo mas, sin dejar, sin lugar a dudas, el menor espacio para que el youkai se ocultara.

-¡Ah, Natori san! – babeo la turrita, abriendo mucho los ojos y la boca, salivando abundantemente sobre la cama, en un gesto tan desencajado, tan poco propio de el, que Natori mojo mas la seda de su bata. – Natori saaan!!! – repitió la turra, estremeciéndose toda y llegando por fin al orgasmo.

Natori retiro el consolador. Su goloso tunelito estaba abierto mas alla de lo que pensó encontraría satisfactorio. No cabia duda de que Natsume era una turra bien turra, que aguantaría lo que quisiera meterle.

-No ha sido todo, Natsume kun. – añadió con una voz aparentemente calmada, legado de sus años de actor, pero que Natsume no estaba en capacidad de apreciar, noqueado como estaba por el intenso orgasmo.

Bocaarriba, le alzo las piernas. Un par de tiras de muñecos de papel acudieron a sostenerlo por los tobillos, tan alzado y abierto de piernas como Natori necesitaba.

Un consolador realmente enorme, moderno y negro, con forma de polla, apareció en su mano, y Natsume pudo verlo por un segundo antes de sentirlo en su ano.

-¡Ah! ¡Ya! ¡Yamete Natori san!

Era muy grande y se sentía muy raro, al ser de latex. Su culito dolia, sobre sensibilizado como estaba, pues en algo tenia razón Natori: Natsume era una turra muy turra, sensible hasta la locura y capaz de llegar al orgasmo con que solo le lamieran el bordito, aunque nadie lo había hecho todavía.

Mas tiras se enroscaron en el torso de Natsume, subiéndolo, al principio un poco y luego sepárandolo por completo del suelo, reptando en brazos y cuello, dándole soporte a su cabeza agitada de un lado a otro, mientras Natori lo embestia a dos manos con el consolador.

Natori estaba sentado sobre sus rodillas. El kimono, flojo, se había abierto dando paso a través de sus lados a su polla dura, tan erecta que se curvaba un poco hacia arriba, goteante y rosada, desesperadamente necesitada de atención, de hundirse, de ser frotada, de algo.

Los papeles de Natori, creados para servirle, se enroscaron tambien en ella, al principio tímidamente, solo en la puntita, pero al recibir el visto bueno de su amo la rodearon casi por completo, moviéndose adelante y atrás en una ceñida espiral que lo envolvía casi por completo, como un dulce.

Luego de correrse (varios papelitos empapados, caídos en batalla, inservibles en el suelo) saco el consolador a Natsume y se dio tiempo lamiéndole el borde. No podía pensar con claridad, pero necesitaba hacerlo, como necesitaba que el culito de Natsume volviera a ser mas pequeño, para lo que deseaba todavía hacerle, sin saber si se atrevería.

No sabia si se atrevería, pero había prevenido todo. Un consolador de apariencia natural, de tamaño promedio, estaba ahí cerca envuelto en otro pañuelo. Tenia un embolo muy salido, pues estaba cargado.

Natsume lo miro con preocupación reflejada en sus hermosos iris dorados.

-Es hora de la limpieza. – le dijo con su sonrisa hipócrita, mascara de generosidad para un pervertido de lo peor.

No mas sobreestimulado, a Natsume le gusto volver a sentir la cosa dura, redondeada, venciendo la resistencia de su anito. Entraba y se sentía resbaloso, placentero, como una larga caricia ceñida, un coqueteo del placer por venir.

Pero Natori inyecto un poco con el embolo. Un poco de crema blanca, densa, dulce.

Natsume grito, ante la desconocida sensación de una eyaculación, falsa, dentro de su culo. Natori saco el consolador-embolo, y disparo un poquito sobre las blancas nalgas.

-Oh Natsume… - las tiras de papel lo elevaron mas, cerrándole las piernas, de tal modo que sus bolitas quedaron aplastadas debajo y su pene oculto arriba, invisible desde donde estaba Natori.

Natori las rocio con unas gotitas de crema.

-Vamos a tener que limpiar muy bien tu colita, Natsume. – canturreo distraídamente, mientras con la punta a punto de penetrar, disparo otro chorrito, que simplemente escurrio por el pene falso y en gotas sueltas por el aire.

Lo hizo de nuevo, un poco mas, y luego lo metio, inyectando a Natsume con todo el contenido, con lo que la turra grito por lo guarro de la sensación.

Jadeaba, con la boquita abierta y el culito cerrado mientras Natori rellenaba su instrumento, absorviendo, directamente, de una vasija grande bien llena de semen falso. Sacudio la punta chorreante y se acerco a Natsume.

-Natori san… - el chico lo miraba con algo de miedo. La mascara se le estaba cayendo, las cosas que le hacia eran demasiado perversas para pasarlas por alto.

Y lo que le faltaba.

-Ah – se quejo, al ser inyectado con otra gran cantidad de sustancia viscosa que no podía mantener en su interior.

Estaba petrificado por el terror, la vergüenza, el terror de pasar vergüenza. Aquello con lo que Natori llenaba su culo pugnaba por salir, y cuando lo hechara, saldría por donde había entrado, seria muy parecido a …

No podía ni pensarlo. Era tan vergonzozo.

-Natori san, yamete kudasae…

Lo estaba llenando tanto que no podía contenerlo, escurria, liberaba bombitas, vergonzosas bombitas que sonaban y mojaban. La cosa esa se le escurria, se sentía pegostriosa entre sus nalgas.

-Un poco mas, Natsume, solo un poco mas. – le decía distraídamente Natori, ladeando la vasija para poder succionar toda la crema – Mantenlo adentro por mi, tesoro.  – le dijo, ladeando y succionando hasta las ultimas gotas.

Natsume moria de vergüenza; no podía contenerlo dentro, era demasiado, y con lo que el exorcismo había restirado su culito, menos podía aun. No apretaba lo suficiente y eso salía, escurria, o, mas vergonzozamente, era proyectado. Sintio que se moriría cuando vio que una explocion había caído toda sobre el rostro de Natori, ensuciándolo por completo.

-Komendasae, komendasae… - lloro, pero Natori no se lo tomo a mal. Se relamio, y volvió a meterle el consolador, con lo que mucho escurrio afuera, mas de lo que inyecto, sobando la pancita hinchada, llena de fluidos.

-Ahora si, Natsume. Mantenlo adentro, por favor.

Natsume hacia su mejor exfuerzo, pero…

El sonidito, de una bolita que vibraba, como una cereza roja. Vibraba, y vibrando, Natori la coloco sobre su esfínter, presionando.

-Waaa!!! – grito aterrado – Natori san! ¡No! Aaah! Quitala!!!

Se sentía muy bien, pero asi, era aun mas incapaz de contener la crema dentro. Se sentía demasiado intenso, se aliviaba solo cuando los chorros de crema, manando, hacían imposible el contacto entre su piel y el objeto, pero cuando cerraba la fuente, lo volvia a sentir, y volvia a empezar.

-¡Para, para, por favor!

Natsume estaba con los ojos enrojecidos, sonrojado todo, bañado de crema de la cintura para abajo.

Natori estaba salpicado por completo, se masturbaba de nuevo, sobando con la otra mano el ano de Natsume con la bolita, empujándola para que se metiera, recibiéndola cuando su agujerito blanzuzco, sonrojado, la escupia, y volviendo a frotar.

La metio un par de veces mas, solo para asegurarse de que Natsume había expulsado toda la crema.

Sin razonar muy bien, miro a su alrededor: debía de ser. Estaban en un gran charco de semen, Natsume estaba todo mojado, el tambien. Saboreo: dulce, dulce crema. Lamio la nalga de Natsume: dulce, dulce crema.

 

 

 

 

 

 

Notas finales:

Siempre me voy a los excesos. En fin, espero escribir en breve un fanfic mas in character y bueno, mientras en esta misma pagina esta publicado otro de Natsume titulado Powerfull uke, y en mi haber hay varias porquerias, por si gustan pasar el rato aqui y no en gaytube.

Slán!

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