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Melville vampirizado.

Autor: nezalxuchitl

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Notas del fanfic:

Este relato va de un turriseme, el amor entre hermanos (cara de poker) y la explicacion de porque los vampiros nunca son pobres.

A los hermanos Dundas los conoci en las novelas Master and Commander, los adore, los hize mios y estoy segura de que si el viejito turra (el autor) no hubiera muerto hubieramos leido mas de ellos, las apariciones ocasionales de Heneage e incidentales de Melville.

No obstante, creo que esto se puede apreciar como un relato original.

Notas del capitulo:

"En noche lobrega


galan incognito


las calles centricas atraveso


y bajo clasica ventana gotica


saco su citara y asi tañò:"

Un quinteto de cuerdas tocaba un alegre concierto de Boccherini. Las damas sonreían y entrechocaban sus copas. La dama lo miro significativamente; la fijeza de su mirada le dio a entender a su compañera que ya habia llegado.

-Bueno, Melville – saco el pecho y se acomodo el pañuelo – no me pongas en vergüenza.

-¿Qué? – exclamo su hermano, tomándolo del brazo.

-Si hombre, lígate a alguien, arruina alguna reputación. Que no se hable de ti es tan triste. – lo miro a los ojos y volvió a intentar irse, porque la amiga ya se estaba marchando, y no quería que un moscon se le adelantara.

-Pero dijiste que vendrías a la fiesta conmigo.

-Y lo hize querido, pero ahora, tu por tu lado – le aparto la mano – y yo por el mio… ¡maldita sea! Mira lo que has hecho, Melville, ahora tendre que esperar a que se libre de la chismosa condesa de Yorkshire.

-¡Ja! – protesto airado Melville, yéndose directo al ponche.

Primero, Heneage lo habia carrereado tan impertinentemente que ni siquiera pudo rizarse bien las puntas de la peluca, por lo que mejor la dejo. Su natural cabello negro, largo y brillante, con unos cuantos destellos plateados en las sienes, frutos de sus muchas preocupaciones, lucia en una coleta cuidadosamente recogida, baja, y las largas cintas de liston azul oscuro jugueteaban con su cabello conforme el se movia.

Fue lo segundo que noto el misterioso invitado de mirada penetrante (te penetraba con la mirada), un noble oriundo de la Selva negra que tenia a todos intrigados con lo canallesco de su sonrisa y lo rancio de su titulo. Lo primero que el desconocido noto fue el buen culo del Primer lord del almirantazgo, cuyo cargo no era tan conocido fuera de los círculos navales como el ostentante hubiera deseado.

Un culo tremendamente bueno, a pesar de que los faldones de la chaqueta (azul oscuro, casi negro) la ocultaran parcialmente. Pero estaba seguro de que la mitad inferior de la curva era tan buena como la superior, que se marcaba perfectamente por lo fino de la tela.

Tambien, entre los picos algo exagerados de los faldones (muy largos y estilizados) se percibían los muslos (muy largos y estilizados) de la belleza del moñote, que lo tenia intrigado con que seria; al principio pensó que seme, pues habia llegado con el otro, tan parecidos que en primer instancia los tomo por gemelos. Pero apartado de su mellizo la suavidad de sus formas se acentuaba mas, o mejor dicho, su estilizamiento. Estilizado, era la palabra para definirlo, con esos pomulos, esas manos, ese cuello, esa boca que se fruncia desdeñosa por su impertinencia al mirarlo.

Fasmember sonrio como un desquiciado, acabándose su trago. A diferencia de sus parientes transilvanos el si bebia vino y cuanta cosa se le pusiera delante. Azoto el vaso en la mesa y se puso de pie.

 

-¡Oh, Heneage! Es casi una indecencia que bailemos asi de pegados.

-¿A quien le importa, vida mia? Ciertamente, no al que se esta meando en el florero.

La chica se abanico, ocultando su risita. Era una joven viuda, blonda y blanda, con la cual todos querían lograr lo que ya el difunto logro, y Hen, por supuesto, iba a lograrlo como lo lograría asi el marido siguiera con vida.

Trato de besarla a través del abanico, pero la chica se movio, riéndose mas como una tonta. Fue entonces cuando lo vio, a ese jodido presuntuoso germánico, comiéndose con los ojos a su Melville, y este era tan tonto que se le reia y se dejaba acariciar, con la mirada, halagado y luciéndose, perdiéndose mas y mas conforme mas atenta era la atención del descarado ese.

-Heneage, me asustaste – se le abrazo ahora Marie, hechandole las bubis encima – cualquiera hubiera creido que habias encontrado a tu amante en la cama con otro.

-No cielito, es solo el tonto de mi hermano.

-Lord Melville esta muy entretenido con el conde Fassember.

-Demasiado… - quiso apartarla, distraído, pero ella le arrempujo las bubis y bueno, macho que se precie – Que agradable es sentirme entre tus… brazos – dijo mirándoselos, su atención reconquistada – Dime, dulzura, ¿me dejarías hundirme entre tus opulentos… brazos?

-¡Heneage! – lo golpeo con el abanico, abanicándose con la mano - ¿Esas son las propociciones de un caballero?

-Ciertamente no las del pelele de Ashley, pero si las de un capitán de mar y guerra.

-¡Heneage! Crei que ya eras capitán de navio.

-Oh si vida mia, claro que si, pero no suena con tanta garra – la jalo, apretando de nuevo sus opulentos brazos contra su pecho – déjame mandarte y comandarte…

Estaba a punto de clavarle un beso en la mejilla cuando lo volvió a ver: sirviéndole otro vaso de ponche mañosamente a Melville.

Claro que no era como que Melville se fuera a emborrachar con ponche, no llegaba tan bajo, ni el, pero la actitud del desconocido, el desconocido entero, hacían despertar en el los mas salvajes instintos de protección y pertenencia.

-¡Oh Heneage! Ya ni siquiera me miras – demando su atención con un puchero y una sacudida de melones - ¿Quién esta detrás del conde Fassember? ¡Esa odiosa de Regina! Olvidate de pasar tu sable por entre mis… brazos.

-¡No, no! Ni siquiera la habia visto. Marie, preciosa, solo tengo ojos para tus… ¿ojos?

La miraría atentamente a los ojos, sin perder de reojo a Melville, y a ese hijo de la gran puta, al cual retaria a duelo en cuanto pudiera.

 

Casi se diría que el de los poderes hipnóticos era el hermoso pelinegro. Lo tenia hechizado con su manera de moverse, en especial el cuello, el apetitoso cuello, tan largo como para perderse en el. Casi se le salían los colmillos de ganas de comérselo, de clavarse en esas venas azules, aristocráticas, latentes bajo la alabastrina piel.

Era un seme, era una turra: tan pronto estaba seguro de una cosa como de la otra. Por físico, a pesar de su belleza, diría que era un seme. Por actitud una turra. Que ganas tenia de que fuera una turra, para poder comérsela, de todos los modos posibles. Lo deseaba tan vivamente que se convencio a si mismo de que lo era, y lo atrajo con ardides a la oscuridad y a la soledad, donde sus poderes eran mas grandes.

Melville no creía haber bebido tanto ponche, ¡y luego ponche! Para haber perdido asi la conciencia del ser. Lo despertó la brisa fría de la noche, el aroma de la lejana humedad de la lluvia que se acercaba. Estaba en el jardín, en un senderillo algo apartado, con ese fascinante caballero.

-Disculpe, creo que he perdido el hilo de la conversación.

-Yo te ayudare a encontrarlo.

Ademas del atrevido tuteamiento, aplico el atrevido dentelleo: lo estrecho, y con los dientes le desato la cinta del pelo. Turra, se dijo a si mismo, al ver cuan hermosamente el viento movia sus cabellos.

Lo sostenia con sus marfilinos dientes, grandes y feroces como su sonrisa, y Melville sintió un estremecimiento. Por primera vez, se lamento de no traer un arma al cinto porque estropeaba el porte, o de no conocer mas de su interlocutor por no dejarlo hablar.

-Pero, ¿Cómo lo hizo? – se paso la mano por el cabello con un gesto que termino de enloquecer a Fasmember.

-La noche oscura guarda muchos secretos, pero ninguno tan profundo como tu belleza.

Asi que iba por ese derrotero. Bueno, eso lo ponía mas nervioso que solo pensar en un ataque físico. La deshonra, siendo un seme… camino hacia atrás, faldones, bufanda y cabello ondeando gloriosos al viento, en dirección a Fasmember, invitándolo, y el otro se iba sobre el, a paso lento, pero seguro. Esos ojos diabólicos, de un brillo casi infernal, no le permitían alejarse de verdad, lo tenían fascinados, despertaban en el cosas que solo… sensaciones que solo parecían correctas de compartir con su hermano.

Una estatua, coja y con media cara, de un antiguo emperador romano detuvo su patética marcha atrás. Fasmember le dio alcanze, cogiéndolo con sus manos ávidas, yéndosele encima con esos ojos como ascuas, esas fauces abiertas.

Su contacto quemaba, ardia, de dos modos distintos. Se sentia impuro, caliente. Bajas y amenazantes palabras, dichas en ominoso alemán, antiguo dialecto alemán que el no entendia. Queria apartarlo pero solo podía agarrar sus brazos, apretarlos, deslizar sus manos un poco para arriba.

Fasmember retiro la bufanda haciéndola deslizarse suave, lentamente sobre su piel. Melville fue muy conciente de su cuello, de la caricia, de la sensación de preludio, de que ese seria todo el preliminar que recibiría. Y en efecto, cuando la bufanda cayo al suelo se sintió desnudo. Fasmember recorrio el cuello con la lengua, una caricia obcena que iba mas alla de la piel, que se metia dentro de el. Una inminente sensación de peligro, doble, lo invadia, pero su corazón martilleante solo podía bombear sangre, frenesí que despertaba e invitaba el otro frenesí.

-Oh mi hermoso – repitió Fasmember en su antigua lengua, oliendo su delicioso aroma como si quisiera acabárselo, separando el de su sangre de todos los demás – te morderé tiernamente, libare tu sangre hasta la ultima gota, asi tenga que abrirte…

Esto ultimo lo dijo pasando su yema sobre su mejilla, poseyéndolo con la mirada. Le dio un beso salvaje, furico, al que el otro se resistio hasta que lo hipnotizo, probando su lengua y su saliva hasta dejarle la boca seca.

Jadeante, Melville pregunto:

-¿Qué eres tu?

A lo que Fasmember solo sonrio feroz, besándolo de nuevo, sobando esas pompas que iba a tener antes de dejarlas secas, esa polla que no volveria a erguirse luego de que el acabara con ella.

Tenia todo el tiempo de la noche, y su amparo, para deleitarse en su victima. Ese suave interior de su boca, esos labios, tan carnosos contra los suyos. Ese perfume que manaba de sus venas, el poderoso llamado de la sangre, ese antojo criminal que tenia que satisfacer (los Dundas también).

-¡Ah! – exclamo Melville como una turrilla, cuando sintió los colmillos clavarse en su cuello.

 

-¡Ah! – escucho la voz de Melville, localizando su ubicación exacta por el sonido. Oirla asi le dio alas para salvar la distancia que los separaba, tanta, que costaba creer que de verdad hubiera escuchado el gemido de su hermano con los órganos sensoriales.

Su corazón latia a mil. Melville, su Melville, ¿Cómo pudo ser tan tonto de dejarlo sin vigilancia mientras esa chica le hacia un trabajito con las bubis? Si algo le pasaba, nunca se lo perdonaría.

Se oian mas ruidos. Pero como de asco. Dolor. Como si alguien estuviera vomitando, muy enfermo del estomago.

Ahí, junto a la estatua coja, estaba Melville de pie, tocándose el cuello, perfectamente vestido salvo por la bufanda, lo que lo lleno de alivio. Y de hinojos en el piso, presa de un evidente dolor que desafortunadamente el no le habia causado, estaba el conde del misterio, ese farsante de tres al cuarto, estaba seguro.

-¡Melville!

-¡Hen! – extendió los brazos en su dirección y llego con tanta violencia, que del caballazo tiraron la estatua, que perdió la mano (removible, en todo caso).

Fasmember vomitaba una gran, gran cantidad de sangre. Hen la miro con asco; era muy negra y espesa, vieja, aunque no tenia manera de decir como lo sabia.

-¿Cariño, estas bien? – dirigio su mirada a el, pero su pistola al conde sangriento.

-Eso creo, me mordio.

-¿¡Este hombre te mordio!?

Jueguitos toscos, ni el se los permitiria.

-No estoy seguro de que sea un hombre.

-Si es mujer es la mas fea del mundo.

Fasmember quiso decir algo, pero le gano otra arcada.

-No te acerques Hen, creo que es un monstruo. – Melville miraba también la sangre, que se volvia cada vez mas solida y brillante, como un espejo.

Monstruo era lo que era, osar ponerle las manos encima asi a su Melville, pensó acariciándole la cabeza, apoyándola sobre su pecho.

-Habla, miserable.

Fasmember lo vio como de no mames e hizo como gato ahogándose con bola de pelos, los mismos ruidos desagradables y resultado similarmente desagradable.

¡Seme!, fue lo que pensó con los ojos desorbitados cuando su sangre llego a sus entrañas. Gran trago que habia dado, y mas que iba en camino, habiéndose avorazado por su buen sabor. Su exquisito sabor, tan único e irrepetible.

-Era un seme. – dijo, con las comisuras, la barbilla, y el traje estropeados por la sangre apestosa, demasiado olorosa, como a… asesinato.

-¡Claro que es un seme!

Solo el podía ponerlo en duda, y eso, de broma.

-Mein schonen brruahj! – un gargajito que bien podía haber sido el final de una palabra alemana – Yo soy un vampiro muy distinguido, tanto, que solo puedo beber sangre de turra.

-¿Vampiro? – parpadeo Hen.

-Hijo oscuro de la noche eterna (no, no la banda). La belleza de tu hermano me sedujo – hablaba con Hen, porque lo identificaba como dueño de Melville, de acuerdo a sus ancestrales criterios – quise hacerlo mi presa, pero termine vencido por el.

-Vaya. – Melville se acaricio la barbilla, halagado.

-¡¿Vampiro!? – repitió Hen, extendiendo una mano.

-No un simple vampiro, un noble vampiro, del linaje de Bloodenhausen, incapaz de felonar con quien lo ha vencido.

-Todavia no me creo que seas un vampiro. – lo acuso con el dedo Hen, sintiendo la presión de los dedos de Melville sobre sus costillas.

-Creelo querido, es un vampiro. Yo, que sentí sus colmillos dentro de mi cuello, te lo aseguro.

A Hen una furia irracional lo acometia nada mas de pensar en cualquier cosa adentro de su Melville, asi fuera algo tan inocuo como los colmillos en un lugar tan inofensivo como el cuello.

-¿Puedo irme, hermoso mio? – Fasmember seguía viéndolo con ganas, y si no se sintiera tan mal… eso no seria felonar.

Melville, afortunadamente, era mas cauto y previsor de lo que a Hen le gustaba pensar.

-¿Qué derechos tengo sobre ti, por haberte vencido?

-Soy tuyo. – se abrió de brazos Fasmember. Como le gustaría ser suyo. Si hasta si fuera turra le gustaría ser suyo.

-La propiedad de un vampiro, creo que no hay impuesto sobre eso…

-¡¿Melville…

-Podria presentarlo a la Royal society, sabes cuanto me gustaría destacar, pero nunca tengo tiempo para preparar un articulo.

-Soy tuyo hasta que la noche termine. – especifico Fasmember, con la sangre seca en torno a la boca.

-¡Que trampa! – se quejo Melville.

Fasmember se encogio de hombros.

-Me gustas tanto, los dos – Hen hizo como gato furioso – que quiero advertirte. Si no te follas a una turra virgen cada noche, durante tres noches seguidas, te convertiras en vampiro.

Melville se quedo helado. Hen también.

-¡¿Qué!?

-¡Ah si! – se pego con la palma en la frente Fasmember – Y tienes que comerte el pastel, ya sabes, la sangrita con el primer semen derramado en la colita.

Melville estaba boquiabierto. Hen tironeo violentamente a Fasmember por las sucias solapas de la chaqueta.

-¿Y que mas?

-Nada mas.

-¿Tres noches a partir de esta? – pregunto Melville, que tenia tanto temor como jamas imagino de convertirse en vampiro, porque jamas imagino que estaría en peligro de convertirse en vampiro.

-Mañana, pasado y el dia después. Cuenta de anochecer a anochecer. Pero tiene que ser una cada noche, no puedes hacer trio – desvirgar a tres turritas juntas, y comerse tres pasteles, era algo que Hen nunca habia hecho y de repente tenia muchísimas ganas de hacer -, tienen que ser vírgenes y tienes que comerte el pastel.

-¿Y si no sangran?

-Tendras que ser rudo. – Fasmember sonreía como maniaco, imaginándose el cuadro a pesar de su palidez.

-¡Hijo de puta! – le pego Heneage - ¿Cómo osas poner en peligro a mi hermano?

-Considerando que quería comérmelo…

-¡Eso también! ¡Desgraciado! – patada - ¿Y porque gimio asi?

Fasmember se reia, agarrándose el adolorido estomago.

-¡¿Cómo pudiste confundirlo con una turra!?

-Bueno, si vieras a mi esposa entenderías: ella es la mas fea del mundo, la mas fea turra.

-¡Indigno! ¡Cabron! ¡Marinero de agua dulce! ¿Si Melville hace eso estará bien, no se convertirá en vampiro?

-Te aseguro que no se convertirá en vampiro.

-Melville, deberíamos apresarlo, matarlo, hasta estar seguros.

-No pueden matarme, soy inmortal.

-Lo inhabilitamos al menos, en tantos pedacitos que no haga daño a nadie.

Fasmember comenzaba a verlo malignamente y Melville se estremecio.

-No. – dijo abrazandolo – Es un poder que escapa nuestras capacidades.

-Sabio además de hermoso. ¿No te gustaría ser mi concubino?

-¡Pero soy un seme!

-Mientras no te coma… ortodoxamente, estare bien.

-No. Te prohíbo robarme o tomar represalias. Y/O. Ni a Hen tampoco. Puedo ordenartelo porque eres mio, ¿verdad?

Fasmember asintió de mala gana.

-¿Qué mas puedes hacer que me sea de utilidad? ¿Puedes llenar de oro las arcas del Almirantazgo?

-Viajo con unos cuantos miles de coronas…

-Bueno, pues no seas tacaño y mándamelos en arcones, que no confio en los bancos. ¿Puedes decirme que planean los servicios secretos de Napoleon?

-No lo creo.

Melville chasqueo la lengua.

-¿Puedes convertirte en murciélago?

-Me siento mal.

-Hazlo.

-Demoselo al doctor Maturin.

Como tierno animalito, no perezozo y por tanto no merecedor del amor de Stephen, murcielamember temblo y se desconvirtió.

-¿Puedes aparecerte con tus artes tenebrosas en los cuarteles secretos de la inteligencia francesa y averiguar que están planeando?

-No.

-¿Puedes traerme de Paris lo que un caballero necesita para andar a la moda y no he podido adquirir, por la guerra (único incoveniente)?

-No lo creo.

-Un vampiro es mas bien inútil. – se quejo Melville.

-Ya lo creo. – contesto Hen.

-Puedo hacer cosas increíbles, mortales…

-¿Cómo vomitar si algo te cae mal? – se burlo Hen.

Fasmember lo miro con jodio.

-¿Puedes volver vampiro a mi gato favorito?

-¡Melville! – exclamo Hen.

-¡No quiero separarme de Manchita! ¡Hazlo! – ordeno a Fasmember.

-Nunca se ha intentado, ¡seria indigno para la antigua tradición del vampirismo!

-¡Luego vas a querer que todos los gatos sean vampiros! – protestaba Hen - ¿Y que rayos comería un gato vampiro? ¿Chuparia la sangre de palomas, de vacas o de lecheras?

-No – interrumpio Fasmember – tendría que chupar la sangre de otros gatos.

-¡Matar gatitos! – Melville se llevo las manos al pecho - ¡Olvidalo!... ¿Puedes conceder deseos?

-No. – Fasmember golpeo la cabeza contra la tirada estatua.

-¿Puedes hechizar a alguien?

-Melville, ¿vamos a estar asi toda la noche?

-¡Oye! No voy a desperdiciar a mi vampiro mientras lo tenga.

-El tio no puede hacer nada, mas que clavarle colmillos a pobres turras incautas, o a semes borrachos con ponche. ¡Con ponche, Melville!

-¡No estaba borracho! El vampiro me… ¿Qué me hiciste? ¿Cómo me trajiste aquí?

-Te hipnotize y te hize caminar aquí.

-Vaya, algo que puedes hacer. Podemos hipnotizar a mis enemigos y hacer que ellos mismos se arruinen, muajajaja!!! Andando!!!

 

 

continuara...

 

Notas finales:

¿me encanta el titulo! y pr primera vez, creo, se llama asi en mis archivos y publicado; por lo general, el nombre de referencia con que yo lo ubico es bastante diferente al nombre con que lo publico.

Y bueno, a ver xvideos en lo que les publico el porno muajaja!

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