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"Esclavo de tu amor"

Autor: ShineeLuhan

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Notas del capitulo:

Hola a todos, como lo prometí acá está el segundo capítulo de la historia, espero les guste, ya que en él sabremos más de lo que le deparará a Rowen, disfrútenlo.


Agradezco a las personas que me dejaron sus comentarios, gracias.


 

CAPITULO DOS

 

 

 

Llegaron a Ginza precisamente cuando se ponía el sol. Las puertas de la ciudad aún estaban abiertas, pero ellos se dirigieron a la torre que dominaba la ciudad. Rowen vislumbró los altos muros de la gran fortaleza teñirse con un resplandor rojo, un adecuado presagio de que él mismo estaba ingresando en el infierno.

 

Alexander había tenido la sensatez de guardar silencio durante todo el viaje de unos veinte kilómetros, pues Rowen había llegado al punto en que no le importaba lo que podía decir ese desagradable hombre. Legalmente, él era su hermanastro y su tutor, y nadie podía negar ese fatídico hecho. Pero de no haber sido por su madre, Rowen se habría rebelado valientemente y habría hecho algo para escapar de su terrible situación actual. Creía que incluso podía ser capaz de matar a Alexander, tanto lo odiaba, que sentía la necesidad de ir en contra de sus propios valores morales. Pero no podía escapar, pues no le cabía la más mínima duda de que su madre sufriría horriblemente en carne y hueso un fatídico castigo, y su madre ya había sufrido bastante a manos de los D´Ambray.

 

Ahora Rowen comprendía más claramente por qué él y su madre habían sido separados de inmediato después de haber sido obligados a dejar Tures. Si Rowen y Anne se las hubiesen ingeniado para escapar juntos, podrían haber recibido ayuda de algunos de los poderosos nobles que se oponían a Stephen, como había sido el caso del padre de Rowen. Era probable que el doncel hubiese tenido que casarse para protegerse de los D´Ambray, pero habría sido con un hombre elegido por su padre.

 

Ahora, nada de todo esto importaba, estaba en esas tierras lejanas para contraer matrimonio al día siguiente. Si por lo menos…. Dios santo, cuántas veces sus pensamientos habían comenzado de ese modo. Si por lo menos su padre no lo hubiese amado tanto, se habría casado como corresponde y a la tierna edad de catorce años, como sucedía con la mayoría de los donceles. El prometido que le habían elegido era un hombre honorable. Había esperado la edad suficiente como para poder casarse y poder  tener hijos. Pero su padre no había deseado tentar con la naciente belleza de Rowen al bondadoso noble, y tampoco había querido renunciar tan pronto a la compañía de su dulce y tierno hijo.

 

Si al menos no hubiese salido a enfrenar al ejército de D´Ambray, quizá aún Walter Belleme estaría vivo. Habrían tomado Tures, pero podrían haber escapado para ir a la corte de Enrique o incluso a la residencia de alguno de los señores que lo apoyaban.

 

Si por lo menos las leyes que afectaban directamente a los donceles hubieran sido respetadas, si por lo menos Enrique fuese rey….si por lo menos Alexander muriese. Pero era demasiado tarde incluso para eso. Rowen estaba ahora comprometido con Lyons, es decir bajo el control real de Lyons, como si ya estuviesen casados. Ese viejo depravado estaba dispuesto a casarse con el doncel, para obtener lo que deseaba, y en ese sentido poco importaba que Alexander estuviese allí para obligarlo a someterse ante el dominio de ese belicoso hombre.

 

Rowen estaba casi abrumado por la desesperación mientras ascendía la escalera que llevaba al Gran Salón. Fue evidente enseguida que Alexander no había mentido al hablar del poderío de Lyons. Después de cruzar el gran patio, Rowen contó nueve caballeros de la casa, y las torres y los muros estaban guarnecidos por intimidantes soldados. Había más caballeros en el salón, donde las mesas estaban preparadas para la cena, con vajilla de oro y lienzos de fina calidad. Incluso los muros exhibían la riqueza del señor con sus inútiles armas de plata y oro lustrado, la mayoría tachonadas con finas joyas.

 

Había muchos criados, uno o más para cada huésped, pero en ellos Lyons no malgastaba su dinero. Esos pobres sirvientes estaban cubiertos con harapos, sus cuerpos sucios y se comportaban como individuos acobardados, al extremo de que les temblaban las manos y se les desorbitaban los ojos; y no podía extrañarse que así fuese con el amo que los controlaba.

 

Mientras cruzaban el vestíbulo para acercarse al estrado donde Lyons se sentaba como un rey en la sala de audiencias, Rowen vio a tres criados esposados sin motivo aparente, y uno había recibido golpes tan fuertes que estaba tendido en el suelo, donde un caballero dos veces más descargó puntapiés en el maltrecho cuerpo. Parecía que lo castigaban para determinar claramente la autoridad del señor del castillo.

 

Rowen se sintió tan desconcertado por esta escena que se detuvo, y Alexander le tironeó del brazo para obligarlo a moverse otra vez, pero no antes de que el caballero que estaba golpeando al caído lo mirase y luego le sonriera. El individuo no sentía vergüenza ni arrepentimiento por lo que hacía, simplemente sonreía con descaro.

 

Era bien sabido que cuando no había damas presentes, los hombres se comportaban casi como bestias. Pero allí había damas, esposas de algunos de los caballeros que residían en el castillo. Era evidente que ninguno de ellos tenían el más mínimo arrepentimiento de lo que hacían en contra de los pobres criados. Y ello revelaba claramente el carácter del señor de Ginza, pues la mayoría de sus hombres se comportaban según el ejemplo de su amo, para bien o para mal.

 

El doncel había evitado volver los ojos hacia la mesa del dueño del castillo, pues deseaba retrasar todo lo posible lo que debía ser su cruel destino. Pero Alexander se detuvo, para indicarle que había llegado el momento. Aún así, su primera imagen de Rupert Lyons de Ginza casi le provoca un grito de horror. La mano de Alexander se cerró con más fuerza sobre el brazo de Rowen, pues éste había retrocedido involuntariamente un paso.

 

Era peor que lo que podía haber imaginado. El hombre no sólo era viejo, sino que parecía un cadáver. Tenía la piel de un color blanco pastoso, y tan arrugada que no había en ninguna parte de su cuerpo un centímetro que pudiera considerarse liso. Lo que restaba de sus cabellos era blanco, excepto un delgado mechón rubio, que indicaba cuál había sido el color. Tenía el cuerpo tan encorvado, que no era más alto que Rowen, el que sólo tenía unos pocos centímetros más de un metro cincuenta. Su túnica de seda de colores vivos, adornado en el cuello y las mangas con costosa seda, simplemente conseguía que pareciese ridículo.

 

El blanco de sus ojos tenía un matiz amarillo oscuro. Una película blanca cubría el gris de uno de los iris de sus ojos. Estaba casi ciego. El viejo tuvo que acercarse a pocos centímetros de Rowen para mirarlo, y él se sintió asqueado por el aliento fétido que casi le provocó náuseas antes de que Lyons retrocediera. Con los dedos curvos, le pellizcó una mejilla y tartamudeo, revelando que en su boca sólo quedaban dos dientes.

 

Alexander gritaba las presentaciones, y eso indicó a Rowen que el viejo estaba, además, casi sordo. Fue un suplicio espantoso, porque Rowen no tuvo más remedio que tragarse el orgullo y rogar:

 

--Por favor, Alexander, no me hagas esto. Si es necesario que me cases con alguien, elige a otro….a quien quieras….

 

--Cállate- murmuró Alexander al oído de Rowen- Está arreglado y pactado.

 

¿Sin que se pidiera el consentimiento de Rowen?...Era injusto….muy injusto.

 

--Pueden disolverse las promesas- dijo el doncel a Alexander.

 

--No…No hay otra persona en el reino que aceptara todo lo que yo me propongo pedir.

 

Lo que él pidiera, y para su propio beneficio. Rowen se había rebajado a rogar pero sin el más mínimo resultado. Sabía que de nada le serviría, pero aún así lo intentó. Pero jamás volvería a rogar, ni a Alexander ni a otro hombre, pues sólo Dios tenía compasión. Los hombres tenían únicamente codicia y depravación.

 

Rowen se volvió para mirar a su cruel hermanastro, y vio que estaba muy cerca. Y en voz neutra, sin sentimiento, dijo:

 

--Cuídate la espalda, hermano, no sea que mi daga la encuentre. A la primera oportunidad que se me ofrezca, te mataré por esto.

 

--No digas tonterías- replicó Alexander, pero con un gesto inquieto sus ojos buscaron los de Rowen. Y algo en la expresión del doncel le dijo que esas palabras no había sido una mera amenaza vacía. Parecía realmente que estaba hablando en serio…¡Diablos!!!

 

Y después de esa amenaza directa, Rowen le dio la espalda y pidió a un criado que lo llevase a la habitación que le habían preparado. Si Alexander o lord Lyons hubiesen intentado impedir que él saliera del salón, probablemente Rowen les habría demostrado una excelente muestra de lo que era un ataque de locura. Pero ninguno intentó nada, y Rowen tuvo que detenerse en los peldaños sumidos en sombras que llevaban a la habitación de la torre, donde él pasaría la noche, pues sus propias lágrimas que al fin decidieron en brotar, le impedían ver el camino de lo que vendría a ser a partir de mañana, una vida mísera y vacía. 

 

 

CONTINUARÁ

 

 

Notas finales:

Espero que les haya gustado el episodio. Sé que fue corto pero para el siguiente será mucho más extenso.


Aún falta por saberse el incierto destino de nuestro protagonista, se sorprenderán como se irá desarrolando la trama.


Decidí actualizar todos los jueves, así que ya saben cuando podrán leer la historia. Gracias por su tiempo y nos vemos el siguiente jueves...bye bye

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