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Big Bad Wolf por HellishBaby666

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Era una noche fría, incluso para la gente de los bosques del norte. La nieve no parecía tener fin y la brisa gélida envolvía a todos en aquel castillo en ruinas, quienes no tenían más que una pequeña fogata para darse calor, frente a la cual todos se conglomeraban, tratando de no morir congelados. Sus captores se miraban entre ellos nerviosamente, el invierno se acercaba y los alimentos comenzaban a escasear. Él podría ser joven, pero su padre le había contado lo que normalmente sucedía en esas situaciones. "Voy a vivir." Se había prometido a si mismo, no por gloria ni honor, simplemente porque así lo deseaba. Quería ser el ultimo en pie para el final del invierno, y entonces sonreiría con suficiencia al observar como todos los demás habían perecido bajo sus pies. El número de personas que vivían en el castillo de los Phantomhive se había reducido considerablemente. Después de asesinar a sus padres y a su hermano, siguieron con los sirvientes, dejando solamente a unos cuantos para los trabajos pesados y a las mujeres, para poder utilizarlas cuando quisieran. Él estaba listo para morir al igual que su hermano, con el frío filo de una daga contra su cuello y ahogándose en su propia sangre, saboreando el metal en su lengua y respirando el olor a hierro, pero el no era el heredero de los Phantomhive, después de todo. Un hombre en armadura plateada y con el rostro desfigurado por una cicatriz que le atravesaba el rostro de izquierda a derecha le había dicho que guardara silencio si quería vivir y así lo hizo. ¿Había sido salvado por su propia desgracia e inferioridad? Tal vez aquel hombre no lo había considerado una amenaza lo suficientemente grande como para terminar con su vida, por lo que había decidido dejarlo vivir. Las cosas cambiaron cuando notaron que la nieve no cedía y tendrían que ocupar el castillo por un tiempo más prolongado de lo esperado. El agua y los alimentos no serían suficientes para alimentar a una tropa de cien soldados y a cincuenta sirvientes, por lo que había que reducir el número de bocas por alimentar. Al final, solo quedaban siete sirvientes; cuatro varones, tres doncellas y él, el pequeño Phantomhive sin título. De alguna manera, aquel hombre desfigurado había conseguido su supervivencia, por razones desconocidas hasta esa noche. Lo había notado desde más temprano aquella tarde, él estaba sentado frente al fuego, abrazando sus rodillas contra su pecho para conservar el calor y observando la leña ser consumida, tratando de no pensar en el hambre que tenía. Aquel hombre iba y venía, observándolo hasta el cansancio, como un depredador acecha a su presa, observaba cada uno de sus movimientos con pequeños e inyectados ojos oscuros, se tocaba el cabello oscuro y grasoso con nerviosismo, como queriendo aproximarse a él pero arrepintiéndose a medio camino. Finalmente, una vez que la luna hizo su aparición, se acercó a él, tomándolo con brusquedad por el brazo y arrastrándolo hacia fuera del castillo. Él gritó, pataleó y trató de resistirse, mientras que el hombre alto y robusto trataba de calmarlo. "Mejor que sea yo a que sea otro." No paraba de decir en voz baja, como si intentara tranquilizarlo. "¿Sabes lo que te harían esos salvajes? Agradece que yo no sea como ellos, niño." Dijo llevándolo hasta un pequeño claro dentro del bosque. Él había perdido un zapato durante el forcejeo, y su pie derecho se congelaba al adentrarse en la nieve. Su sangre se heló al percatarse de lo que acontecería después, sabía lo que les sucedía a las sirvientas cuando las llevaban a un lugar apartado en el bosque, pues cuando regresaban al castillo lloraban con amargura y sus preciosos vestidos no eran más que tristes girones de tela. No tenía caso tratar de escapar, solo quedaba sobrevivir. Haría lo necesario por regresar a ese castillo y ver pasar una noche más, no se rendiría tan fácilmente.

 

 

—Ven aquí. -Le ordenó el hombre de rasgos grotescos, tomándolo por el cabello y obligándolo a ponerse de rodillas.

 

 

El chico obedeció resignado, temblando ante el contacto de la nieve contra sus piernas y soltando un pequeño alarido de dolor entre labios cortados por el frío. El hombre lo observó con sus pequeños ojos oscuros, nublados por la lujuria. Se sacó el miembro semierecto de los pantalones y lo rozó contra una de sus mejillas, hasta acercarlo a la comisura de sus labios. El menor observó con repulsión y terror a aquel hombre, quien se frotaba contra sus labios y gemía como un animal. "Solo tengo que ponerlo en mi boca y terminar con esto." Se decía a sí mismo, tratando de encontrar el valor necesario para hacerlo.

 

 

-Abre la boca. -Exigió el horrible hombre, apretando su pequeña nariz entre sus dedos pulgar en índice, obligándolo a separar sus labios para tomar aire. 

 

 

El chico trataba de controlar las arcadas que le venían con la simple idea de meter eso a su boca, pues apestaba y estaba a pocos centímetros de su rostro. Un sonido los distrajo a ambos, obligando al hombre a girarse y distraerse de su faena.

 

 

-¿Quién anda ahí? -Preguntó al aire, colocando una mano sobre el mango de su espada que descansaba sobre su cadera izquierda.

 

 

El sonido de la nieve crujiendo y una fuerte respiración los tomó por sorpresa a ambos.  Entre los arbustos algo parecía moverse, y los rodeaba lentamente, acechándolos y cerrándoles cualquier escapatoria. Podían escuchar sus pasos y gruñidos cada vez más cerca. El hombre desenvainó su larga y pesada espada, apuntándola con pulso hacia uno de los arbustos frente a él. De este, un enorme lobo de pelaje oscuro emergió lentamente. Pero no era un lobo cualquiera, era más grande que cualquiera que su padre hubiera cazado antes, de pelaje negro y grueso y ojos del color de la sangre, uno de ellos estaba marcado verticalmente por una delgada cicatriz, en la cual carecía de pelo. Los observaba  hambriento, con largos colmillos blancos asomándose en su hocico fruncido y filosas garras que rasgaban la nieve bajo sus patas.  El hombre robusto blandió su espada frente a él, tratando de ahuyentarlo, solamente consiguiendo aumentar su agresividad. Aquella bestia se impulsó con sus patas traseras hacia el cuello del hombre, encajando sus largos colmillos sobre la piel de su cuello, cortando exactamente a través de su vena yugular. El hombre trataba de quitárselo de encima, luchando y gritando cosas inentendibles, pues la sangre comenzaba a acumulársele en la garganta, y todo lo que salía de su boca no eran más que gorgoteos grotescos en vez de palabras. Pronto todo se quedó muy quieto y callado, ni siquiera los animales del bosque hacían sonido alguno. El chico observaba sorprendido lo que había acontecido, sentado sobre la nieve mancillada de rojo en medio de aquel claro en el bosque. El lobo se acercó a él, la sangre de aquel hombre aún escurría de entre sus fauces y su aliento agitado y caliente lo golpeó en el rostro, olía a muerte. Tal vez fue por la mal nutrición, por los días sin dormir, o por el terror de terminar siendo devorado por aquella bestia también, pero lo último que recordaba antes de desmayarse, eran aquel par de orbes carmesí, observándolo fijamente.

 

 

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Cuando despertó, se dio cuenta de que ya no estaba en su hogar, ni siquiera estaba en el claro del bosque. En cambio, parecía estar en una pequeña cueva y su cabeza daba vueltas. Lo primero que vino a su mente fue el recuerdo de aquel par de ojos, observándolo con hambre en medio de la oscuridad, lo que hizo que se sobresaltara.

 

 

-¡Hey, tranquilízate! -Exclamó una voz cerca de él, tomándolo por el hombro.

 

 

El chico se alejó del toque de aquel hombre, quien lo observaba confundido. Era alto y de cabello negro, aparentaba estar en sus treintas, sus ojos eran de un color muy particular; borgoña, y de no ser por la notable cicatriz en su ojo izquierdo y la clara falta de higiene, podría decir que era bastante atractivo. 

 

 

-No se quién seas, pero no tengo dinero. -Dijo el menor, poniéndose de pie y sacudiéndose la tierra de sus pantalones. -Así que pierdes el tiempo reteniéndome en lo que sea que sea este lugar. -Le dio un vistazo despectivo al sitio en que se encontraban.

 

 

-En primer lugar, no te "estoy reteniendo" de ninguna manera, eres libre de irte. -Escupió con molestia el hombre. -En segundo lugar, esa no es manera de agradecerle a quien te salvó la vida.

 

 

El menor elevó las cejas en sorpresa, abriendo grandes sus orbes azules ante las palabras de aquel extraño. 

 

 

-Así es, de no ser por mí, hubieras muerto congelado en ese bosque. -Dijo cruzándose de brazos al ver la expresión de incredibilidad del niño.

 

 

-Yo...te lo agradezco. -Admitió avergonzado, desviando la mirada hacia sus pies y recordando solo entonces su pie descubierto.

 

 

-Tenemos que curarte eso. -Mencionó el mayor señalando el pequeño y pálido pie, lleno de moretones y cortadas.

 

 

-Estaré bien. -Dijo el niño, tratando de restarle importancia. Después de todo, había sobrevivido más de un mes en ese infierno. -Tengo que llegar al Valle del Río lo más pronto posible.

 

 

La molestia no se hizo esperar en el rostro de aquel sujeto, quien agresivamente lo obligó a echarse sobre el suelo de tierra una vez más, sujetando con fuerza su delgado tobillo entre una de sus grandes manos.

 

 

-¡¿Cuál es tú problema?! -Exclamó enfadado el chico, tratando de liberarse del agarre, asustado por la brusquedad de este.

 

 

El hombre de ojos extraños lo tomó con fuerza, acercándolo hacia él, en una mano sostenía su tobillo y en la otra una cantimplora, la cual destapó con sus dientes y la vertió sobre su pie. Una vez que lo hubo lavado, aplicó sobre su piel una especie de pasta espesa y de color verdusco, y lo envolvió cuidadosamente con un pedazo de tela. El chico le dio un vistazo a su pie, perfectamente vendado y aquel remedio parecía comenzar a anestesiar sus heridas. Atisbó sorprendido y avergonzado a aquel hombre, quien mantenía su semblante duro como roca en el rostro. Él solo trataba de ayudarlo, y se estaba comportando como un niño mimado.

 

 

-Gracias... -Vociferó el menor apenado.

 

 

-Yo te llevaré a Valle del Río. -Anunció el mayor, dándole un trago a una pequeñas botellita de vidrio que el menor dedujo contenía alcohol.

 

 

-¿Qué beneficio obtendrías? -El chico encarnó una ceja, escéptico ante la propuesta de aquel completo extraño.

 

 

-Estoy seguro que tu tía, la protectora del Valle del Río, pagaría una generosa suma a cambio de su ahora único sobrino.

 

 

En los labios del menor se dibujó una discreta sonrisa amarga. “Ni siquiera mi familia pensaría que yo sería el que se salvaría, no mi hermano.” Pensó, en medio de una tormenta de resentimiento y tristeza. Sin embargo, él sobreviviría, sin importar qué. No podía fiarse de aquel aterrador hombre, por lo que tendría que utilizar todas sus cartas sabiamente. 

 

 

-¿Sabías que era Ciel Phantomhive todo este tiempo?

 

 

-Hijo, todos saben quién eres. Y quiénes fueron tus padres. -Exclamó, dándole un segundo trago a la botella, vaciándola por completo. -Debo admitir que no esperaba encontrarte en medio del bosque, pero con lo que le pasó a tu familia, supuse que habías escapado.

 

 

-Así fue. -Mintió. -Pero me desmayé por el cansancio.

 

 

-Guárdate los detalles para tu tía. -Lo cortó secamente, arrojando la pequeña botella al fuego, pequeñas cenizas se esparcieron en el aire. -Necesitaremos al menos un caballo para llegar hasta Valle del Río, si queremos evitar el verdadero invierno, iré a ver si puedo conseguir uno. En el fuego hay conejo y codorniz asados, sírvete. -Dijo con brusquedad, alejándose hasta la entrada de la cueva. El menor lo detuvo por la manga de su sucio abrigo de piel negro. 

 

 

-¡Espera! -Dijo avergonzado. -¿Cuál es tu nombre?

 

 

-Sebastian. -Respondió el aludido, apartándose agresivamente del niño.

 

 

-Me aseguraré de que mi tía te pague bien, te doy mi palabra. -Afirmó, extendiéndole una mano.

 

 

-Tú palabra no vale nada. -Sentenció el mayor, rechazándolo y dejándolo con el sonido de la leña crujiendo, y el de su estómago hambriento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Notas finales:

Como pudieron notar, esta vez estaré escribiendo a un Ciel y Sebastian algo fuera del personaje, pero consideren que es un AU.

Por primera vez escribo a un Sebastian poco atractivo también Jajaja, no es que sea feo, sino que es muy burdo y está algo lastimado jajaja.

En fin, espero que les haya gustado, hasta luego!

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