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Patético

Autor: Mc-19051

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Notas del fanfic:

Advertencias:

Lenguaje vuldar.

Quemadura gratuita de corneas.

 

Primeras impresiones.


Jhon, o ‘El perv’ para sus excelentes compañeros, era la viva representación del pendejo que siempre estaba en el salón sin tener ni puta idea de qué estaba pasando y aún así lograba pasar las materias para el pesar de muchos.


Ese pendejo que no tenía amigos y al cual siempre le pasaba algo sumamente vergonzoso frente a la chica que le gusta; cómo  orinarse en los pantalones, tener diarrea o un aliento del demonio. De ese calibre era Jhon.


Se graduó del bachillerato y cursó la mitad de la carrera de contaduría, porque sí, el sueño de Jhon era ser contador pero ese sueño se esfumó al ver lo horrible que era la carrera y lo irrelevante que era para algunas compañías alguien graduado de una universidad porque todos terminarían en el mismo lugar: en el puesto más bajo y que nadie quería.


Tenían que lamerle las botas si querían obtener un puesto más alto, responder a todo cómo si estuviesen dispuestos a vender el alma al diablo con tal de entrar allí y trabajar cómo un simple asalariado más. Y eso era Jhon, un asalariado más que no tenía una simple camisa que no estuviese manchada de un horrible color amarillento en la parte de las axilas.


También vivía en un micro-apartamento dónde las cucarachas parecían tener más higiene que él mismo; poseía su propio medio de transporte, una camioneta de los años de la segunda guerra mundial toda destartalada por el óxido y el tiempo, sin aire acondicionado pero que le dejaba con un magnifico olor a aceite quemado o gasolina; eso dependía del humor de la camioneta.


Era eso o ir en un apretado bus, levantarse más temprano y trabajar más, y a Jhon no le gustaba eso, si trabajaba más ¿De dónde iba a sacar tiempo para poder ver lindas chicas entonces? Ver a las lindas chicas caminar, correr y hablar entre ellas era un deleite para Jhon. Eran su razón de vivir y tomar algo de aire fresco después de un arduo día de trabajo cómo mensajero de la compañía.


Y aunque estuviesen en la época donde cosas cómo el gmail existían, seguían existiendo esos puestos de trabajo tan simples y poco pagados; perfectos para Jhon, así podía ver las lindas caras de sus lindas compañeras durante todo el día, y  si tenía algo de suerte, ver debajo de esas lindas faldas que tenían.


Bueno, ya deduciréis de dónde viene el apodo de Jhon ¿No? No había tenido novia y tampoco una primera vez. Siempre que intentaba acercarse a una chica ésta le rehuía e incluso le miraba con asco. Jhon las entendía y se esforzaba por lucir bien pero habían marcas que la vida dejaba. Marcas que no se quitaban con facilidad.


Cómo las del acné, por ejemplo.


Pero Jhon era feliz a su modo, esperando a su alguien especial que hiciera caso omiso a sus condiciones de vida y que se fijase en lo que tenía dentro; tenía bonitos sentimientos y riñones también.


Ese día en especial, cuando regresaba de ver a las chicas lindas correr temprano en la mañana, se topó con algo especial en los sucios y poco transitados pasillos del edificio en el que vivía.


Se había topado con Lerroy. Lerroy era otro  de los tantos inquilinos que vivían en ese edificio haciendo algo posiblemente ilegal, porque sí, el único inquilino con un trabajo legal era Jhon.


Lerroy era un prostituto, gigolo, puto, cómo decidáis llamarle; tenía diecinueve años de edad, desde los catorce se dedicaba a la prostitución y nunca utilizaba ropa que le cubriera los pezones o que le cubriera la mitad del glúteo.


Su cabello castaño era oscuro revuelto de una manera algo extraña, poseía unos ojos igual de oscuros que su cabello y moretones adornando su quemada piel a causa de haber amanecido borracho en más de una ocasión en plena avenida en verano. Siempre tenía moretones  y algo de semen seco en su ropa.


Pero Jhon jamás lo había visto y Lerroy jamás había visto a Jhon pero sí escuchado de él; los narcotraficantes —que eran sus vecinos de más confianza— siempre se mofaban de un tal Jhon a eso de la madrugada antes de que él saliera trabajar. Riéndose de lo ingenuo que era al dejar dinero en la guantera de esa destartalada camioneta suya que ni vidrios tenía.


Y viendo la pinta de pendejo que tenía el sujeto —o posible cliente— frente a él, seguramente era el tal Jhon del que hablaban, pelo negro corto —bastante corto—, piel blanca llena de  cicatrices de un horrendo acné de la pubertad junto a unos cansados ojos color marrón claro.


Ambos se analizaron en silencio hasta que una erección apareció.


—Vaya —comentó Lerroy mientras arqueaba ambas cejas—, veo que te has emocionado con sólo verme. —Pero el moreno sólo balbuceó cosas que para el castaño no tenían ningún sentido más que algo relacionado con su ‘’ropa’’.


Para el moreno la cosa simplemente no era fácil, nunca antes había visto a alguien aparte de a si mismo semi-desnudo. Veía porno, sí y bastante, pero una cosa era un video con actores pagados a ver  a alguien en la vida real estar enseñando piel demás.


Y no pudo controlar al mini-Jhonny que se despertó entre sus piernas y escuchar el comentario del castaño no ayudó a calmar sus nervios. Estaba excitado y avergonzado, aunque si era honesto, no era la primera vez que algo así le pasaba; más de una vez cuando iba a hablar con la compañera de salón que le gustaba, le pasaba algo similar.


¿Significaba que el pequeño castaño semi-desnudo le gustaba? No había pensado en la posibilidad de que le gustasen los hombres, cómo siempre le gustaron las faldas no pensó en buscar pantalones —o cacheteros en esas circunstancias—.


Lerroy, por su parte, empezaba a perder la casi inexistente paciencia que tenía al ver cómo el otro simplemente se ponía a balbucear cosas sin sentido mientras parecía pensar algo sin percatarse de lo que verdaderamente hacía. Caminó enardecido hacia el tipo y le acercó la mano al rostro para luego sonar sus dedos para hacerlo reaccionar.


Y funcionó.


—Son cincuenta billetes, campeón. —Bramó enojado el más bajo de los dos, para luego agregar—: Seguramente te harás una paja con mi imagen, y eso lo debo cobrar. — En realidad no debía pero igual nunca estaba de más robarle a un pendejo, más bien era pecado no hacerlo.


— ¿E-eh? — el moreno rápidamente empezó a buscar entre los bolsillos de sus pantalones y sólo encontró un, muy horriblemente arrugado, billete de veinte junto a unos clips y papelitos; objetos que no dudó en entregarle al chico.


Un silencio se formó entre ambos antes de que el castaño le lanzase los clips a la cara al pobre Jhon, el cual en un vago intento se cubrió con sus brazos para evitar los diminutos proyectiles.


—Eres un imbécil, uno quebrado —susurró Lerroy mientras desdoblaba el billete, sabiendo por el color del mismo que era uno de veinte—; para la próxima intenta no emocionarte. —Dijo antes de darse la vuelta e irse a su apartamento, necesitaba limpiarse al menos un poco para seguir trabajando porque existían clientes quisquillosos que no les gustaba combinar su semen con el de otros.


Malditos imbéciles, le hacían el trabajo aún más difícil. Pero la voz del mentecato que  recién le había regalado dinero lo detuvo.


—E-e-espera…—el tipo hablaba entre jadeos ¿Qué coño le pasaba? ¿Acaso esperaba que hiciera algo más por tan poco dinero? Bah, que se jodiera. — Ten, te los regalo. — Y tan campante el imbécil le dio de nuevo los clips.


— ¿Y yo qué coño voy a hacer con esta mierda?


—Bue-bueno… cuando me estreso o me siento mal, juego con ellos y p-pues me relajo-jo. T-te veías estresado así que pensé que sería buena idea dártelos…


— ¿Y tú piensas?


—No mucho pero sí lo hago… A veces…—susurró apenado Jhon, recordando lo que muchos solían hablar de él, y todos parecían concordar en algo: Él casi no pensaba. Y si todos lo decían, quería decir que era cierto.


A Lerroy poco o nada le importaba la vida de ese hombre raro pero igualmente guardó los clips, quizá cuando se sintiese desesperado venía y los metía en el toma-corriente para terminar de una buena vez por todas con su puta vida que bien lo tenía  harto.


Todo lo tenía harto, los clientes, las golpizas, vivir en un lugar dónde las ratas eran más limpias que él. Todo le tenía harto, y hablar con un pendejo tampoco se le hacía apetecible así que no respondió.


Eso sólo generó otro silencio entre ambos y esa vez el castaño sí se fue.


Jhon se quedó quieto en su lugar, viendo el lindo trasero de Lerroy mientras éste se alejaba de él, sentía cómos su erección le apretaba más en los pantalones, si no fuese porque le daba vergüenza masturbarse en el pasillo, lo habría hecho, así que prefirió simplemente irse a su apartamento a darse cariño.

Notas finales:

Gracias por leer <3

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