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De diez maneras por Kyasurin W

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Notas del fanfic:

Esta es una serie de relatos cortos que hace dos años comencé a publicar aquí mismo y que quedó inconclusa, sin embargo, por algún motivo se eliminó de mi cuenta y me veo en la necesidad de compartírselas nuevamente y darle, por fin, un final.

Kuroko no basket es una de las series de anime que más me ha influenciado y por la que guardo un gran respeto y cariño, espero que lo disfruten tanto como yo.

KagaKuro

 

 

El sol ya se asomaba desde el horizonte, permitiendo que los rayos dorados destilaran destellos sobre el rosa pálido del cual se coloreaba el firmamento. Kagami ya estaba despierto, algo somnoliento, pero en sus cinco sentidos. Su primer pensamiento fue si su invitado ya se había levantado, y es por eso que ahí, a primeras horas de la mañana, se encontraba frente a la puerta de la habitación, sin saber muy bien que pretendía hacer.

La noche anterior le había ofrecido a Kuroko pasar la noche, había sido la manera más viable, puesto que al salir tan tarde del entrenamiento las rutas de trenes ya no estaban en funcionamiento. Por otra parte, los demás miembros de Seririn habían optado por cooperar para un taxi ya que ellos vivían en zonas aledañas, a excepción de Tetsuya, cuyo hogar se encontraba al lado opuesto del gimnasio.

Abrió la puerta del cuarto despacio, escurriendo su cuerpo al interior. Las sábanas cubrían la mitad del rostro de Kuroko y su cabello estaba hecho un nido de pájaros como era usual. Kagami lo miró curioso, sin ninguna idea de cómo despertarle; se acercó al borde de la cama y se sentó junto de él.

Eran las siete de la mañana y ambos tenían que prepararse para el colegio, Kagami no podía permitir que Kuroko faltase, pues sabía que todos le cargarían la responsabilidad de no haberlo traído consigo pese a que durmieron en el mismo departamento.

Kuroko arrugó la nariz, aún en el quinto sueño, y se dio la vuelta, estirando su brazo sobre el muslo de Kagami, mismo que empezó a ponerse algo nervioso sin ninguna explicación válida para él.

—K-Kuroko… —susurró, tomándole por la muñeca.

Pero Kuroko no respondió, y en cambio su cuerpo fue acercándose más hacia el pívot de Seirin, reposando la otra mano en su espalda baja.

Kagami tragó saliva y lo miró a la cara. Sus parpados estaban cerrados con sutileza, y en ocasiones su nariz se arrugaba de una forma graciosa, tenía una expresión tranquila plasmada en el rostro, como casi siempre. Le soltó la mano, resignándose, pero aún sintiéndose algo cohibido por el contacto.

Pasaron así un buen rato, hasta que Kagami se dio por vencido. Por alguna razón no se atrevía a despertarlo y no se explicaba por qué, quizá era su semblante impasible, o quizá se dio cuenta que estaba demasiado cansado para ir a la escuela o quizá sólo quería quedarse así con él un poco más…

Le apartó el cabello de la cara, dejando su frente despejada y Kuroko se movió ligeramente, entreabriendo los labios a la vez que dejaba escapar un pequeño suspiro. Kagami apartó la vista por unos instantes; le estaban pasando muchas cosas por la cabeza. Cuando volteó a verlo de nuevo, se convenció. No había manera en que despertara pronto.

Le tomó por las dos manos, apartándolas de él mientras se ponía de pie con cuidado. Kuroko pareció resentir la ausencia de su presencia, de su luz, y se removió en su lecho, quedando finalmente boca arriba. Kagami se inclinó con cuidado hacia él, lo suficiente para que sus labios se rozaran, uniéndolos en un casto beso. Luego se alejó a grandes zancadas de la puerta, cerrándola tras su salida.

Kuroko abrió los ojos, esbozando una pequeña sonrisa, mientras que Kagami, en la cocina, trataba de excusar entre los gritos de Riko el porqué de la ausencia de ambos.

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