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Milk Tea

Autor: Agonyxinxthexdarkness

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Notas del fanfic:

… Long time no see. (¿)

¡Hola, gentecita bonita y UNDEAD! <3 Acá les traigo mi colaboración con el desafío undead que nos compete esta vez… dos días tarde (Porque el 12 fue mi cumpleaños y ayer todavía decidí salir así que créanme que fue IMPOSIBLE sólo pensar en usar la pc)
ANTES QUE NADA, este ni siquiera era el fic que quería publicar en primer lugar. El otro era más elaborado, de tres capítulos pero en un arranque de locura lo borré… pero lo recuperé. Pienso publicarlo durante la semana, pero ahora nos toca este, el cual salió mucho más fácil.

Eso, perdón por aburrirles con mi parloteo.

Notas del capitulo:

 Paleta: https://78.media.tumblr.com/4ba3dee19392bf9991f3ff714b588f88/tumblr_p45lhlkoj41w7tt0ho1_500.jpg

ERBIO, metal lantánido. No tiene papel biológico conocido alguno, pero es reconocido por sus niveles de toxicidad.

La ronda de las cuatro de la tarde siempre solía ser la más relajada ante la poca diferencia que había entre todos los tazones que tenía frente a si. En general, la hora de la merienda había sido para él, desde muy pequeño, un momento con el cual relajarse disfrutando algo lo suficientemente energético y delicioso como para no acabar el día con mala cara. A veces con un par, a veces en soledad; la compañía no jugaba mucho papel en aquella situación, pero sabía que también podía ser un momento para acercarse a las personas que hiciesen un segundo de tiempo en sus vidas para sentarse a su lado y disfrutar lo-que-sea.

 Al menos mantuvo ese pensamiento hasta que la necesidad y las prácticas de enfermería le llevaron al Hospital de Sendai y su disponibilidad horaria le permitiese ser quien se encargaba de hacer la repartición de meriendas entre los internados. No era algo con demasiada ciencia, en especial por la ayuda que de por sí le daban los médicos al relatar la dieta de los pacientes en sus resúmenes a los pies de la camilla. Las dietas solían estar bien detalladas y, de por sí, no es como si realmente hubiera grandes variantes.

 

La habitación 213 era de las pocas donde residía un solo paciente, así que el margen de error era mínimo. Por obvias razones sabía que era un recién ingresado, así que no se preocupó demasiado cuando le encontró totalmente dormido… o quizás sedado. Dejó el té con leche y la galleta de arroz que su historial indicaba y abandonó el cuarto sin más contratiempos, sin reparar en detalles. Llevaba tanto tiempo dedicándose a eso que bien sabía que no sacaba nada de hacer sociales con los pacientes, en especial con despertarles si estaban descansando.

La siguiente vez, fue al otro día cuando el té con leche y otra galleta tenían destino a aquella habitación. Esta vez tuvo la sorpresa de encontrarle despierto, mirando a algún punto fijo en la pared. Pasó tras pedir permiso y acomodó todo con cuidado, en la pequeña mesa que se utilizaba para cumplir con cada comida en una comodidad que la camilla no podía darle y que la mayoría necesitaba al apenas poder pararse. Llegó a hacer contacto visual con el paciente, el cual le observó con curiosidad tras sus ojos rasgados  y su cabello largo pero enmarañado en lo que parecían síntomas de una siesta reparadora. Notó como abrió la boca para decir algo, pero al final acabó dando un asentimiento para indicar que no necesitaba nada más.

Al otro día, como para romper lo que parecía un camino a la cotidianeidad del silencio en otro de los tantos pacientes, éste por primera vez habló. Su voz sonó bastante tímida, casi como si tuviera la certeza de que estaría incordiando con la calma que el enfermero poseía.

–Oye… Kei. –Murmuró una vez que pudo leer su nombre en la placa que colgaba de su cuello. Automáticamente giró su vista hacia él, como esperando la indicación aún en la extrañeza que le generaba la confianza de ir directamente por su primer nombre.

–¿Qué sucede? – La pregunta sonó tras un breve silencio donde conectaron miradas, una pregunta muda al mejor estilo “¿de verdad me estás hablando a mí?”

–¿Estarías muy ocupado? No quiero…. Bueno, no quiero merendar solo y me preguntaba si podías hacerme compañía.

Si ya le había resultado extraño que le hablase, la petición le llenó de curiosidad. Pudo haberse negado o cuestionarla, pero no se sentía en la posición de mofarse del esfuerzo del paciente en comunicar algo que seguramente le resultaba más vergonzoso de lo que dejaba ver su expresión exterior.

Por desgracia, la respuesta tuvo que ser negativa, por los otros cinco pacientes que esperaban su merienda con la misma emoción con la que el paciente le observó cuando acompañó el “no” con un “Pero mañana te dejaré para el final así puedo hacerte compañía” como una respuesta vacía, porque le veía en un estado bastante saludable y probablemente el alta sería al día siguiente.

 

–¿Y si vas a entregar la merienda y luego vienes? Por favor. – Los ojos del paciente se llenaron de súplica de un modo que le fue imposible volver a negarse. Era sólo estar ahí, teniendo en cuenta que debía hacer tiempo hasta la hora de salida no le costaba absolutamente nada.

 

Al final suspiró, asintió y arrastró el carro con las pocas provisiones que quedaban para seguir entregando lo que faltaba antes de volver a aquella habitación.

Pasó poco más de media hora hasta que nuevamente se encontró cruzando la puerta de las 213, siendo recibido por una amplia sonrisa de aquel paciente que parecía mucho más relajado ahora que estaba en compañía. Traía consigo lo que sería su merienda, como para hacer más amena la situación con aquel desconocido.

 

Apenas tomó asiento en la silla a un lado de la camilla, el joven comenzó a parlotear de todo y de nada. Kei no era tan hablador, así que solía disfrutar de la gente que siempre tiene algo para contar. Parecía que la persona frente a sí era de esas.

–Pero es fácil perderse en algunos barrios. Digo, yo siempre voy muy atento a las calles hasta que de repente me acuerdo de algo, sea un chiste o una situación graciosa. Entonces me da risa y sigo pensando en ello durante bastante tiempo… ¡Y luego te das cuenta y ya estás perdido! Aunque no es imposible recuperar el rumbo ¿A ti te pasa, Kei-san? – El enfermero quedó algo desorientado ante la manera en que Mizuki, como supo que se llamaba a mitad de camino, le estaba sediendo la palabra por primera vez.

Observó su taza ya vacía y la ajena todavía  por la mitad, reparando en la lentitud con la que estaba consumiendo sus alimentos y asociándolo con la manera en la que había hablado y hablado durante esos minutos.

–En realidad, a veces me sucede. Pero en general tengo buen manejo de la ubicación, en especial porque vivo en el mismo barrio que mis padres, bastante cerca de la casa donde crecí. Entonces, digamos que reconozco todas las alternativas para llegar allá. – Al final, comió otro trozo del Choco-pie y notó como Mizuki había cambiado ligeramente el gesto ante la información recibida.

–Oh… yo… bueno, yo me mudo constantemente entonces nunca me acostumbro… -Mientras hablaba, le dio una suave mordida a la galleta de arroz para apenas cortar un trozo de ella. – Y en realidad, ni siquiera me pasaría eso en la casa donde crecí. No salía mucho de pequeño porque mis padres eran bastante estrictos. –

La incomodidad del paciente se notaba en el aire. En los veinte minutos que habían pasado hablando, pudo darse cuenta de que Mizuki era de aquellas personas capaz de transmitir sus emociones perfectamente solo con su aura. Además hablaba muy fuerte y reía de un modo bastante contagioso, casi haciéndole recordar al burbujeo que se genera cuando se trata de crear una pompa de jabón y salen miles más.

–Pero bueno, en realidad no salir tanto no era tan malo ¿Sabes? Me dio tiempo a hacer  muchas cosas constructivas y me hizo darme cuenta de varias cosas sobre mí. –Parecía más calmado y su mirada se había serenado bastante en lo que se dirigía a la pantalla apagada del cuarto. Pronto se quedó en silencio una vez más, pero con una suave sonrisa en sus labios.

Kei no hizo más que observarle en silencio, sintiendo curiosidad de aquello que atravesaba la mente del contrario. Enseguida le vio apilar la taza descartable y el plato de cartón donde reposaba más de la mitad de la galleta, viéndolo como una invitación a retirarse ahora que lo veía mucho más tranquilo y, al menos, había terminado parte de su merienda. Hizo lo mismo, pero colocándola en el carro para llevarla y desecharla. Pensó en despedirse de algún modo pero no quería destruir esa calma que parecía necesaria para él, así que simplemente encaminó sus pasos hacia la puerta cuando otro llamado de parte del paciente le hizo detenerse. Cuando se volteó, Mizuki le estaba sonriendo de una manera que le hizo sentir cierta calidez y volvió imposible la tarea de no devolverle aquel gesto, incluso sin saber qué iba a decir.

 

– Gracias por quedarte, Kei-san. –Pronto se sintió cohibido, en especial por la manera en la que le había sostenido la mirada por unos cuantos instantes sin percatarse para nada. La única manera en la que pudo responder fue, nuevamente, con un rápido asentimiento y siguió caminando hasta salir del cuarto.

 

Justo a tiempo para dejar a Mizuki en soledad, quien pronto sintió las mejillas húmedas por las lágrimas que brotaban de su rostro por incontable vez desde que había llegado a ese hospital días atrás. Abrazándose a esa soledad que no se resumía solamente a la del frío cuarto del hospital, sino que abarcaba a más, una que le consumía en su totalidad de un modo que había sido silencioso hasta hacía poco.

 

-x-

Una vez más, la ronda de las cuatro.

El carro se había vaciado completamente, exceptuando por las pocas meriendas que le quedaban por repartir. Iba con bastante calma a pesar de la ligera ansiedad que crecía en su estómago a medida que recorría el segundo piso. La puerta del 213 apareció frente a él y, tras tomar una bocanada de aire, giró el picaporte para apartar la pesada madera de su vista…

 

Y encontrar el cuarto totalmente vacío.

No se extrañó, en realidad era normal que el flujo de los pacientes vaya variando cada tanto. Aún con algo de desilusión en el pecho, terminó su ronda a tiempo y volvió a la zona de descanso donde la mayoría esperaban ansiosos el cambio de turno para regresar a casa. Llegó a prepararse un té con el agua que quedaba y se sentó en uno de los sillones con un semblante serio, diferente al de siempre.

Uno de sus compañeros fue capaz de darse cuenta, porque lo cotidiano era que Kei llegara quejándose de lo pesado que había sido el día. En cambio, allí estaba con la mirada en ningún lugar específico y soplando la bebida como si estuviese en automático.

– Que silencioso, Kei. Es extraño. – La voz de Aki resonó en la sala que apenas ellos estaban ocupando, donde con suerte y había sonado el tipeo de los dedos del emisor en la rutinaria actualización de historiales médicos.

– Ah, es que… estaba pensando. –

– Bueno, eso es más extraño aún. – Pocas veces aquel hombre solía bromear, así que cuando lo hacía causaba un buen efecto en él. Hubo una risa baja y que duró apenas unos segundos antes de negar.

Al final, se movió al sillón donde Aki seguía escribiendo con la mirada en el enfermero, como esperando una resolución o una pista de lo que pensaba. En su inexpresivo rostro, podía notar cierta vibra de preocupación mezclada con una curiosidad genuina que no podría ignorar.

–No es nada, bueno… sí. ¿Hoy diste de alta a algún paciente? – El tipeo se detuvo al instante y Aki giró el rostro en su dirección en lo que le veía con incredulidad.

– ¿Desde cuándo te importan los pacientes? –Aquello fue suficiente para que el enfermero soltara un bufido de impaciencia, sumado a un susurro parecido a un “ya ves por qué nunca te digo nada” antes de que Aki retomara la palabra. – Pues, sí, como siempre. Pero no sé a qué piso te refieres. Recuerda que el hospital es grande y, por desgracia, a veces me tocan muchas secciones. –

–Internación del segundo piso, en la habitación 13. – La resignación salió visible en cada palabra, sintiéndose expuesto.

La vista pronto se desvió a la pantalla en cuanto Aki retomó el tipeo. Reconoció la página principal de la base de datos del hospital, pero enseguida desvió la vista por sentir que era incorrecto revisar sin permiso la laptop de otra persona. Además no era necesario seguir cada paso que hiciese, le bastaba con la información que el médico pudiese dejarle.

– Ah, él. – Kei hizo lo posible por no curiosear en el contenido de la pantalla sin su consentimiento, esperando que hablara. – Pues.. le dieron el alta esta mañana.

Kei suspiró con tanto relajo que a Aki se le escapó una sonrisa divertida que duró lo que un pestañeo. 

– No sabía que tenías tendencia a hacerte amigo de los pacientes, pero supongo que hiciste algo bien. Era alguien que lo necesitaba. –Mientras que  la vista de Aki seguía revisando el historial, la curiosidad de Kei volvió a dispararse de un modo que el medico captó al instante y procedió a pasarle la laptop.

Los ojos de Kei fueron recorriendo la información como para constatar que fuera la persona correcta.

Hiroyuki Mizuki, 25 años.

Última actualización de historial: Hace cinco horas.

Última consulta: Hace cinco horas.

Ultimo diagnóstico: Intoxicación por antidepresivos. VER MÁS

 

– Entonces él… –No fue necesario decirlo verbalmente, en especial porque ya había tenido la información que necesitaba. Aki le dio una palmada al hombro como una especie de apoyo y allí murió la situación.

 

Al menos en el aire, porque Kei seguía pensando en Mizuki y en el día vivido, en los indiscutibles síntomas que pudo apreciar. Desde algo tan básico como el no haber recibido visitas en esos días, como el hecho de que pidiese su compañía, además de la manera en la que ni siquiera podía acabar su merienda. En la manera en la que cambió en cuanto mencionó a  sus padres ¿Y si acaso él estaba sólo en el mundo? ¿Y si acaso la situación volvía a repetirse?  ¿Y si tal vez, la próxima vez Mizuki no corría con la misma suerte?

Kei se fue del hospital en el cambio de guardia, con una mezcla de contradictorios sentimientos. La preocupación predominaba y dominaba gran parte de su ser, pero otra parte estaba en calma, con la sensación de haber servido de apoyo  a alguien que, tras tomar una obvia y destructiva decisión, seguía con una sonrisa tan cálida y suave como para no dar a conocer lo que pasaba por su cabeza.

En especial, se sentía en calma por haberse sentado a oír lo que tuviera para decir

Notas finales:

Ahhhhh, salí totalmente de mi zona de confort con esto. Es la primera vez que no meto a Mao en un fic de Sadie y la verdad se siente lindo (?).

En realidad no estoy segura de que el fic fuera interesante, pero siempre es bonito hacer que los demás brilen como diamantes al ser tú un trozo de carbón.

Y ni hablar de apoyar al fandom tan bonito y chiquito al que me he aferrado desde hace tantos años. <3

Hasta pronto.

PD: Me voy a mudar a wattpad, por si les interesa: @xKusOikiwi es mi cuenta.

 

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