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Trascendiendo reencarnaciones por nezalxuchitl

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Notas del fanfic:

Oneshot twincest de SagaXKanon. Un poco sangriento. Un poco triste.

Cancion vinculadahttps://www.youtube.com/watch?v=Fv6TIub6DfQ

  Portada del fanfic: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1644016742302069&set=a.124988280871597.10681.100000812767617&type=3&theater

Notas del capitulo:

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(adelante) 


Suck from us and live forever


(bebe de nosotros y vive para siempre)


Rotten beauty


(belleza podrida)


Will haunt you for a lifetime


(te perseguira de por vida)


 


Nightiwish, Whoever brings the night.


 


 

Una sombra oscura, ominosa, deslizándose sobre el mar negro, picado. Vientos violentos sacudiéndolo, nubes que viajaban rápido, estrellas vislumbradas apenas entre sus jirones.

Una sombra oscura, ominosa, deslizándose sobre la piedra fría de su solitario trofeo. Una cámara alta, imponente, desprovista de adornos. Solo piedra, vastedad, oscuridad; era cuanto había conquistado.

La sangre lo había llevado ahí. Su sangre, la única que no se había atrevido a derramar, no de ese modo. No podía herir su cuerpo para darle fin, su amado cuerpo.

Sin heridas, solo ahogado, muerto, un despojo que parecía estar bien. Así lo imaginaba, así trato de recuperarlo; no oponiéndose más a su voluntad, no más siendo malo.

No, Kanon no podía ser malo, para eso estaba el. No podía arrastrarlo a la infamia, no podía permitir que usurpara su lugar. Kanon, expresando lo que su corazón quería. Kanon, atreviéndose más que él, mucho más capaz.

Pero en noches así, todas las noches, extrañaba su presencia. Imaginaba que venía por él, a buscar venganza, o quizá se atormentaba con una ilusión. Lo veía tan nítidamente, atravesando los mares, las peñas. Delante de él, su rostro duro, como el había querido hacer su corazón.

Lo preferiría dolido. Hubiera podido soportarlo traicionado, furioso, aliviando su alma con sus golpes.

 

Siempre que iba ahí iba con el mismo propósito. El santuario de Athena, incapaz de contenerlo. Demasiado poco para él.

Esta vez llevaba un cuchillo. ¿Saga creía que estaba vivo o que estaba muerto? Él quería bañarse en su sangre, hacerla suya. Disfrutar su contacto, toda por encima de el. Cubriéndolo, rodeándolo… Protegiéndolo.

Justo como Saga debió hacer.

Avanzó hacia el con el cuchillo en alto, el mismo cuchillo que él le había facilitado, con el que había intentado tomar la vida de Athena, sin lograrlo, pobre patético perdedor.

Saga no se movía. Lo miraba desamparado, perdido. Disfrutaba verlo sufrir, quería verlo sufrir aún más, gritar, ahogarse en su sangre.

Pero el cuchillo solo acariciaba su cuello. Solo cortaba el brocado cuello de la túnica de patriarca. Solo revelaba piel pálida y hermosa, y no la carne abierta, desangrada, bajo esta.

 

Saga tocó su mejilla. ¿Sería posible que lo perdonara? Sus rostros estaban tan cerca, decían tanto con la mirada. Uno creyéndolo fantasma, recuerdo, alucinación. Otro incapaz de matarlo, como su gemelo si había sido. Tenía su vida a su merced pero no quería más que besarlo y perdonarlo.

Su boca se fundió con la de Saga y su hoja se hundió en su carne, en su brazo, menguándolo para el combate. La sangre corrió, cálida, hasta el piso. Manchones en torno a pies descalzos. Una franja de cuerpo desnudo, visible entre la bata en que había sido convertida la túnica.

Saga lo estrechó y Kanon la apartó; esa prenda no merecía empaparse con la sangre de su hermano. Cayó al suelo con un ruido mojado. Kanon se rodeó con el brazo ensangrentado; un movimiento como de baile, que los unía espalda contra pecho, cabello contra piel, amor contra gratitud.

Kanon acercó el antebrazo de Saga a su boca. La sangre corría cálida por su piel, haciéndolo sentir bien. El aroma de Saga inundaba sus fosas nasales, haciéndolo sentir bien. La piel de Saga, contra sus labios, le recordaba sus días de gloria, esos que nunca habían tenido, paraíso robado por ellos mismos más que por la casualidad.

Labios carnosos separándose en torno a piel firme, cubriéndola con su humedad. Masajeando con su lengua, tan eróticamente que Saga gimió. Su miembro despierto había encontrado su lugar entre las nalgas de Kanon, aplastado hacia abajo entre sus nalgas y muslos.

Kanon devoraba su brazo con cara de orgasmo, perdido en él. Solo eso bastaba, un pedacito de Saga para ponerlo así. Ese sabor que no bastaba, esa necesidad de que su sangre lo protegiera.

El sabor inundó su boca, como cuando Saga se corría. El fluido llegó hasta los confines de su boca, estimulando cada papila gustativa, llenándolo de placer, placer que le hacía chupar, masajear con sus dientes, hundiéndolos más. Más y más en la carne de Saga.

El fluido escurría por la barbilla de Kanon, llegando a su cuello, a su ropa, oscurecida y fría, mojada. Saga retiro la odiosa mortaja; solo la piel de su hermano, húmeda y fría, bajo sus dedos. Tornándose cálida ahí donde su sangre la bañaba, escurriendo rápidamente por el pubis hacia sus partes, que él se apresuró a masajear.

El placer de ser mordido por Kanon; ese contacto único, íntimo, que estaba seguro no le daría a nadie más. Ese dolor que reconfortaba, tanto como el cosquilleo de los mechones contra su nariz, la lisitud de la piel que recorría con sus labios; el cuello cálido y perfumado de Kanon. Expuesto, aceptándolo, como antes.

Sus labios también se cerraron sobre él. Sintió latir en su aorta el pulso de la vida, acelerando su propio corazón. Kanon ya no mordía más: con la boca ensangrentada, abierta, demostraba un placer silencioso, tan suyo.

Condenado a callar quería que gritara. Que dijera a todos que ahí estaba, y que estaría a su lado. Pero aun con el mejor exfuerzo de su mano sobre su polla solo obtenía ruiditos. Jadeos casi, imperceptibles salvo para sus oídos. Clavó más su polla entre sus nalgas carnosas, generosas, y dejó caer aceite, aceite traído a través de otra dimensión, para que resbalara.

Los muslos brillantes por detrás, rojo mate de sangre seca por delante. La polla, masajeada también con abundante lubricación. La lengua que no paraba de estimularle el oído, los ojos que no paraban de estimularse con lo que miraban. Rodeó con sus dedos, libres ahora, la barbilla de Kanon. Recorrió su cuello, pasando una y otra vez sobre la aorta. Deslizó sus dedos sobre sus labios, entre ellos, sonriendo satisfecho de verse tan dócilmente tomado, succionado.

Caricias de la lengua de su hermano, su boquita complaciente. Sus labios húmedos, listos para ser besados.

No hacía falta que los dedos estuvieran ensalivados para ser metidos entre las nalgas, pero lo preferían así. Algo que fuera suyo, facilitando la unión entre ellos. Kanon mismo se dio la vuelta, abrazándose a su cuello, logrando la simetría con los brazos de Saga rodeándolo para abajo, en torno a sus caderas, una mano jalando la nalga que se resbalaba y la otra tanteando el hoyito, sobando antes de introducir dedos.

Kanon aplastó su cabello con la fuerza de su abrazo al sentirse penetrado. Volvió el beso más profundo, metiéndose en la boca de Saga y explorándola a contentillo, como quien vuelve a casa después de un largo viaje. Kanon apreciaba la simetría de polla contra polla, pecho contra pecho, boca contra boca, la igualdad de condiciones presente.

Los dedos en su culo no tenían por qué romperla; nunca lo había interpretado así. Eran dos y tenían que encontrar manera de ser uno: gozaba tan intensamente el tener a Saga adentro, el servirle de funda, de alivio, cobijándolo en su cuerpo. Saga también lo prefería así, mostrándose débil solo con él, necesitado y vulnerable.

La pasión que dos cuerpos idénticos podían crear, el ajuste perfecto, las partes que encajaban tan bien entre si. Saga era del tamaño exacto para que Kanon gimiera, perdido así, con los ojos en blanco, gozándolo con cada fibra de su culo. Un culo abierto, llenado en la medida exacta. Polla hasta donde le gustaba, dilatación placentera, fricción resbalosa en cada embate.

Y Saga. Él no podía aspirar a nada mejor que su pequeño hermano, su funda de carne que lo aprisionaba tan bien como lo protegía. Que lo colmaba de sensaciones, y no solo las derivadas de deslizarse por cada milímetro de su túnel, su liso y caliente túnel.

Le alzó una pierna, apoyándose contra la pared para no seguir forzándose la espalda. Kanon quedaba mejor acomodado sobre él y podía seguir abrazándolo, en la cabeza. La apretaba contra su pecho, subiendo y bajando, apretando, gimiendo.

Saga se perdía en su piel, lamiendo su suave piel sin heridas recientes. Sus pezones esquivos, por el movimiento en sube y baja del dueño. Era una divertido juego, atrapar su pezón, tratar de mantenerlo entre sus labios aunque tuviera más éxito lamiendo. Mojando la rugosa fresita, rígida y con una gemela.

El brazo lastimado sangró de nuevo al hacer fuerza para levantarle la otra pierna, cargándolo sobre él, la espalda bien apoyada en el muro y las rodillas un poco dobladas, distantes de este. Kanon hacia fuerza contra sus caderas para moverse, más intensamente conforme ambos lo necesitaban. Su polla se estimulaba contra su vientre trabajado, escupía gotitas casi transparentes a su pecho tenso, remarcado.

Pinceladas de sangre seca sobre los músculos, sobre uno y otro cuerpo, detalles de sangre fresca, en el lateral de Kanon. Bocas que echaban humito, en el frio solitario de la sala del trono. Miradas que se encontraban más allá de todo, trascendiendo reencarnaciones, destinados a amarse por siempre, aunque nunca fuera fácil.

Nunca, pensó Kanon, aferrándose a ese hombre al que nunca podía matar. Nunca, pensó Saga, nunca te dejare ir. Nunca me perdonaré por lo que creo que hize. Soñé que hize en esa horrible pesadilla, se convenció, acariciando sus cabellos y mirándolo con tanto amor, pasados los estertores de la violencia del mismo.

Kanon aún se movía, y lo apretaba, goloso por mas, a pesar de sentirse completamente inundado. Anegado por la semilla de su hermano, sucio, triunfal. Tenía a Saga sometido y más que sometido, pensó, acariciándole el también el rostro, movimientos simétricos en ambos, como un espejo puesto en diagonal.

Sus bocas encontrándose, de nuevo. Saga dejándose resbalar, protegiendo a Kanon, bien sujeto por las nalgas para que no se golpeara al dejarse caer. Besos y más besos. Fricciones de la polla de su gemelo, rígida aun, contra su torso. Contra su pecho, al hincarse Kanon para frotarse contra él, polla contra musculo, la dureza contra su punta, dura también, dejando rastros luminosos donde pasaba, encajando un pezón en la abertura y gimiendo, tomándolo Saga con ferocidad en su boca, poseyéndolo, sintiendo toda esa dureza solo para él, esa exquisita dureza llenando de sabor su boca.

Obsceno, lo dejo escurrir mientras sonreía mirando a su hermano. Sonrisas gemelas, cómplices, embarrándose del mismo semen. Manos idénticas tocando cuerpos idénticos, Kanon endureciendo a Saga con un vigoroso masaje, para que lo poseyera en cuatro junto a la túnica tinta en sangre, jalando su cabello y obligándolo a someterse.

 

***

 

Despertó entumecido en la fría sala del trono. La cabeza confundida, el cuerpo pesado, cansado. Como si hubiera peleado toda la noche. Pero no, no había sido ese tipo de batalla la que había alucinado tener toda la noche. Seguramente había batallado, moviendose en verdad, pues su oponente era tan real como las heridas en su brazo.

¿Cómo se las había hecho? La mordida era fácil, con sus propios dientes, que eran idénticos a los de él. El cuchillo siempre lo tenía a la mano, la fascinación que le producía ese objeto maldito lo hacía preguntarse si no estaría maldito en verdad.

Maldito como Kanon, su otra mitad a la que no podía evadir, ni después de la muerte. La luz, el aire, después de la noche de lluvia eran limpios, como lo había sido la sonrisa de Kanon cuando eran pequeños. ¿Acaso él lo había condenado, obligándolo a permanecer ahí? No había nada en el santuario para Kanon, pero no podía vivir sin él.

No sin él.

Se puso en pie cansado, pringoso. La viscosidad que escurría de su culo le hizo preguntarse que se había hechado ahí. Como, al probarlo.

Abrió un portal a otra dimensión y pateó ahí la túnica tinta en sangre. Era un nuevo día, limpio y claro, y el odiaba las túnicas patriarcales tintas en sangre. Una nueva túnica lo aguardaba, luego de su baño de purificación.

Unos ojos azules que permanecían ahí a pesar del peligro siguieron su trasero sodomizado hasta que se perdió de vista, y luego, abriéndose un portal a través de otra dimensión, se dirigió a su propio santuario, el santuario submarino.

 

Fin

Notas finales:

Ojala les haya gustado. No habra segunda parte o continuacion, pero habra mas fics como este de los gemelos y otras parejas; por lo menos tendran en comun el porno. Si le dan click a mi nick, los lleva a una maravillosa paginita donde se despliegan mis fanfics y teneis para escoger.

Slán!

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