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Through the Fire and Flames por Dra-chan

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Notas del fanfic:

Se supone que iba a ser una pinche historia corta pero no le veo final la neta, así que la voy a partir en varios pedazos para obligarme a definitivamente terminarla. Ya tengo más de la mitad terminado, así que serán unos 4 o 5 capítulos. Quise partirlos porque no tengo ganas de subir un one shot de veintitantas mil palabras, se aguantan.


OOC con Peter, últra OOC con todos alv, me vale. Talía no es Talía y aquí nadie es nadie. Claudia viva porque lo merecemos. Bye.


El título es una canción de Dragon Force aunque este fic al completo se está escribiendo con un loop infinito de Set Fire to the Rain porque aquí todo es fuego, muerte y destrucción.


No es cierto.

1


Peter puede oler las mentiras como el mejor de los detectores de mentiras en el mundo. Ser un hombre lobo ni siquiera está relacionado con esa habilidad. Su hermana es una mujer lobo alfa, lo cual en muchas ocasiones significa que un beta pusilánime como Peter no puede ni sentirla cerca hasta que es demasiado tarde. Pero Peter lo huele, lo siente en las venas. La mentira está pintada de forma tan clara en el rostro de su hermana que a Peter le duele que Talía lo crea tan idiota como para creer que le llevó a su hijo menor Derek para que lo cuide unos días.


Él lo sabe, lo sabe perfectamente. Ella no va a volver por él. No volvió por Laura donde quiera que la haya dejado y mucho menos volverá por Derek. Pero Peter, todo lo malvado que el mundo lo cree, no es tan desalmado como para negarse y dejar que su hermana abandone al niño con cualquier otra persona que se preste a ello.


Peter se imagina, y al mismo tiempo se horroriza porque no lo considera tan descabellado, que de presentarse la oportunidad Talía vendería a Derek como un fenómeno de circo o algo mucho peor.


Su hermana no quedó muy bien desde la muerte de toda su familia a mano de cazadores que no respetaban el código y tregua de cazadores y criaturas sobrenaturales, y consideraban a los hombres lobos como mercancía de venta en el mercado negro. Había un buen puñado de gente en el mundo que pensaban que consumir algo de un ser sobrenatural les ayudaría con enfermedades o les daría poder directamente. Por su mente no pasaba ni por un segundo que eso era básicamente canibalismo porque por muy hombre lobo que fuera uno, seguían teniendo su parte humana.


Peter pasó días vomitando ante la idea de lo que pudo ser de su familia si la policía de Beacon Hills, ayudado de un grupo de cazadores, no hubiera detenido a los responsables. Sin embargo, para cuando encontraron a Peter y Talía en jaulas a la espera de su turno para ser despedazados, el resto de su familia había sido masacrada.


Talía se perdió a sí misma en el camino, nunca pudo ejercer su papel de alfa, aunque tuviera el poder y Peter temía que un día sólo le llegara la noticia de que fue asesinada por algún omega o beta. Sin embargo, a pesar de no tener un camino que seguir ni la intención de ejercer como alfa, Talía era poderosa y se sabía defender.


Si Peter tuviera el poder de ayudarla a sanar le encantaría hacerlo, pero no tiene el poder de salvarse a sí mismo, ¿qué podría hacer por su hermana?


—Serán sólo unas cuantas semanas —repite Talía con una sonrisa. Derek tiene a lo mucho tres años, pero espera silencioso tras las faldas de su madre.


Peter nunca había conocido a Derek. De hecho, tampoco conoce a Laura a parte de lo poco que le ha dicho Talía sobre ella y sobre este pequeño niño. Ni siquiera sabe quién es el padre y está muy seguro que Talía tampoco lo sabe.


—Necesito establecerme para ir por Laura y regresar por Derek —de verdad, a Peter le duele que su hermana ponga un rostro tan esperanzado y soñador cuando los dos sabe que está mintiendo. Ella no tiene intenciones de volver por Derek ni de buscar a Laura, esté donde esté.


Alarga la mano sin decir nada. Quiere gritar y negarse, Talía ni siquiera está usando su estatus de alfa para ordenarle que haga lo que ella quiere, no quiere orillarla a que lo haga porque no duda que lo hará. Ya no reconoce a su hermana, pero no puede culparla por eso, ni él mismo se reconoce ante el espejo desde hace años. Va y viene de diferentes trabajos y sobrevive porque su familia tenía dinero. Ni siquiera sobrevive porque quiera. Talía repartió la fortuna en partes iguales y se desentendió de él como ahora hará con su hijo.


Derek toma su mano sin preguntar nada y es otra cosa más que le duele a Peter, lo resignados que están ambos a que no pueden oponerse a lo que Talía quiere en ese momento.


—Pórtate bien, Derek —sonríe demasiado feliz su hermana, dejando una muy pequeña maleta al lado de ambos—. Mamá volverá pronto.


Peter de verdad quiere decirle que no debe mentir, que él es un adulto que puede con la verdad. Que Derek parece poder con la verdad, aunque su pequeña manita aprieta con fuerza la suya.


Talía se va sin decir nada más, sin que Peter o Derek responda a lo que ella dijo. No es como que haya algo que decir.


2


—¡¿Ella hizo qué?! —grita una voz del otro lado del teléfono. Peter tiene que alejar el aparato de su oído, aunque no sirve de mucho. Derek pega un respingo desde su lugar en el sofá y le lanza a Peter una mirada nerviosa.


—Necesito encontrar una guardería que acepte hombres lobos —continúa Peter sin responder al grito anterior—. Es muy pequeño para poder transformarse, pero no quiero correr el riesgo.


—No puedo creer que tu hermana lo hiciera de nuevo —suspira la voz al otro lado del teléfono.


Peter tiene pocos amigos. No tiene, sería lo correcto. Acude a John Stilinski sólo porque es el Sheriff del pueblo, sabe sobre las cosas sobrenaturales que acechan en los rincones y es la única persona que se ha mantenido en contacto con él desde lo de sus padres. Aunque sólo era un ayudante en aquellos años, él y su esposa se han tomado como algo personal tener un ojo sobre las cosas raras que pasan en el pueblo. La mayoría está al tanto, por supuesto, Beacon Hills parece un foco que atrae a cuanta criatura uno se pueda imaginar, pero nunca falta algún incauto inocente. Desde que John llegó a ser Sheriff, Beacon Hills es casi un orfanato de criaturas descarriadas. Por eso a Peter se le ha hecho difícil abandonar el pueblo, para un hombre lobo sin manada el mundo exterior es especialmente difícil. Y los cazadores parecen tenerle un gusto especial.


—Estudio desde casa así que no es problema por las tardes, pero comencé un nuevo trabajo y no puedo empezar a faltar o presentarme con un niño pequeño.


—Claudia y yo podemos…


—Necesito una guardería John, tu mujer está embarazada y Derek es un hombre lobo.


Peter lo piensa un poco antes de acercarse a Derek y enterrar su nariz en la coronilla del niño, donde aspira fuertemente. Derek se encoje un poco en su lugar, pero no se aleja. De hecho, Peter puede ver el pequeño amago de una sonrisa cuando se aleja. No le sorprende, Derek es un niño pequeño. Callado y taciturno, pero un niño, al fin y al cabo. Y definitivamente un lobo completo, disfruta mucho de las muestras de cariño.


—Sí, definitivamente un lobo —confirma Peter después de captar bien la esencia de Derek. Acaricia distraídamente la cabeza de Derek mientras sigue con su llamada.


—Tendrás que ir al centro, a las oficinas del gobierno para que te registres y puedan enviarte a alguna guardería que tenga espacio para cuidar a Derek. Sabes que ninguna guardería privada acepta seres sobrenaturales, quieren llevar un registro y eso sólo son en guarderías subsidiadas por el gobierno.


Peter gruñe por lo bajo, no le agrada que quieran llevar un censo, lo considera un peligro, pero no dice nada. A fin de cuentas, fue idea de John y Claudia. Consideran que de esa forma pueden proteger mejor a las familias.


—Intentaré ir mañana temprano para acompañarte, el encargado de esa área es un poco especial. Chris Argent, él…


—¿Argent? —interrumpe Peter en un gruñido que aleja a Derek de su toque—. Perdón —susurra cuando se da cuenta de su error, sentándose al lado de Derek en el sofá y continuando con sus caricias.


—Él no es un cazador —dice John, imaginando el disgusto de Peter—. Ya no al menos.


—Iré mañana entonces, pediré permiso en el trabajo. Espero verte —cuelga sin esperar nada más, agotado emocionalmente como para seguir con la charla.


Se queda en silencio un momento, pensando en qué es lo que debe hacer de ahora en adelante. Derek se acurruca a su lado, enterrando su rostro entre sus costillas y abrigándose con todo su brazo. El corazón de Peter se derrite ante eso y aunque sabe que todo puede salir mal, y es posible que de verdad salga mal, al menos hará el intento.


3


Derek se pierde entre los brazos de Peter, abrumado por la cantidad de gente que hay en el lugar. Beacon Hills es más un pueblo grande, ni siquiera llega a la clasificación de ciudad para los estándares de Peter si sólo tiene una oficina gubernamental, por lo cual siempre está atascada de gente. Sin embargo, John le mandó un mensaje diciéndole que no podría ir a acompañarle pero que pasara directamente a unas oficinas donde se encargan de casos más especiales.


Es una oficina más pequeña, pero con menos gente. Peter de inmediato detecta que hay un neutralizador de aromas en el ambiente, lo cual relaja su nariz y al pequeño Derek en sus brazos, el cual sale de entre sus brazos para observar su alrededor.


—¿En qué puedo ayudarlo? —pregunta una mujer desde el escritorio al lado de la puerta. Tiene un tono amable pero desinteresado, como cualquier trabajador gubernamental.


—Quiero registrar a mi sobrino en una guardería.


—Pasa con Chris Argent, tercera ventanilla.


Peter no está muy contento con tener que pasar, precisamente con esa persona en particular, pero parece que nadie más hace ese trámite si hasta John ya le había advertido. Sin embargo, se traga la mueca de disgusto y camina hasta donde se le indico.


Tiene que dar gracias, al parecer, que su hermana tuvo la gentileza de dejarle los papeles de Derek en su pequeña maleta. El campo del nombre del padre en el acta de nacimiento de Derek está vacío y Peter se pregunta en lo aterrador que sería llenarlo con su propio nombre. Quizás hable con John sobre conseguir una nueva con su nombre en el en vez del de Talía, en vista de la situación.


No le emociona el pensamiento, ¿qué de bueno puede traerle Peter a Derek? Nada. Ha pasado un día y quiere tirar la toalla. No lo hace sólo porque Derek en realidad es demasiado tranquilo y Peter no quiere que experimente el abandono dos veces seguidas en tan pocos días. No sabe cómo lo ha estado cuidando su hermana, pero Derek no ha hablado en las veinticuatro horas que llevan juntos. Duda que sea mudo, pero eso lo pone aún más nervioso.


—Buenos días —saluda llegando a la tercera ventanilla como se le indico. Sentado detrás de ésta se encuentra un hombre con unos impresionantes ojos azules como el mar que, sin embargo, le dedicaron una mirada molesta—. Necesito encontrar guardería para mi so…


—En este momento no hay vacantes —es la respuesta inmediata que obtiene, lo cual le parece increíblemente descortés cuando no le respondió ni los buenos días.


—¿Qué? —es todo lo que puede preguntar Peter sin salir de su asombro.


—Es un pueblo pequeño plagado de criaturas irresponsables que buscan quién más cuide de sus hijos, no eres el único. Puedes entrar a la lista de espera, pero no te garantizo nada.


Peter pestañea una, dos y hasta tres veces. Observa a Derek entre sus brazos, el cual está tenso y a la defensiva porque a esa distancia definitivamente huele el disgusto de su tío a pesar del neutralizador en el ambiente. Peter no se puede permitir una escena. Se muere por hacer una, pero tiene a su pequeño sobrino en brazos, hay otros niños con sus padres en el lugar, Chris es un ex cazador, aunque sea vea así de joven y guapo. Romper la ventanilla y partirle la cara seguro que será complicado y no necesita un sermón por parte de John.


—¿Sabes de qué más está lleno este pueblo? —pregunta en cambio, intentando hacerlo lo más calmado posible—. De cazadores psicópatas a la espera de un descuido para matar a familias inocentes que llegan a este pueblo buscando una oportunidad de vivir tranquilos. ¿Y sabes de qué más? De humanos que no entienden ni se molestan en comprender lo difícil a veces que es vivir escondidos del mundo cuando lo único que quieres es despertar para ver un puñetero nuevo día —Derek respinga al escuchar la mala palabra y Peter toma nota. No duda que viviendo con Talía escuchara peores cosas—. Pero al menos nos han enseñado a ser más empáticos con las personas estúpidas que nos rodean y a contestar un simple saludo. Así que —tapa con una de sus manos la oreja izquierda de Derek y pega a su pecho el lado derecho de su pequeña cabeza para que sólo se concentró en el latir de su corazón y la vibración de su pecho al hablar—, puedes irte a la mierda Argent. Dejar de ser un cazador no desaparece la mierda que es tu sangre.


Peter no se inmuta cuando Chris se levanta de su lugar, claramente exaltado por el último comentario, sólo le dedica una mirada de asco y camina hasta la salida del lugar. Sabía que era una mala idea, pero no imagino que sería tan desastroso.


Chris le grita al fondo, pero no pone esfuerzo en escucharle.


4


—Lo siento mucho Peter —es Claudia, esposa de John, quien se deshace en disculpas con Peter después de su encuentro con Chris. John sigue trabajando, pero su esposa se encarga de explicarle lo sucedido.


—No es tu culpa, estaría más sorprendido si las cosas hubieran salido bien.


Ambos están en la sala de la residencia Stilinski, Claudia le ha dado el mejor café que jamás ha probado y unas galletas caceras que conquistarían el corazón de cualquier hombre. Derek toma un poco de leche con chocolate y parece que las galletas es lo mejor que le ha pasado en la vida porque apesta a felicidad pura. Que Claudia le prestara los juguetes que ha ido comprando para su hijo no nato puede que también tenga mucho que ver.


—Debemos decir gracias —intentó Peter hacer hablar a su sobrino, pero Derek sólo tomó la mano de Claudia entre las suyas, pequeñitas en comparación y les dedicó a ambos una larga mirada.


—No sé qué voy a hacer —suspira Peter, abatido.


—John hablará con Chris, no te preocupes por eso —intenta tranquilizar Claudia—. Mañana puedo cuidar yo a Derek. Me servirá para cuando deba cuidar a mi propio hijo —sonríe la mujer mientras acaricia distraídamente su hinchado vientre.


El movimiento parece captar la atención de Derek, quien se acerca sigilosamente hasta donde ambos están sentados en el sofá. Se arrodilla junto a las piernas de Claudia, asomando de forma curiosa su pequeña cabeza y viendo fijamente el vientre de Claudia.


—Oh, cariño, ¿quieres escuchar? —ofrece la mujer al ver el interés del pequeño.


A Peter le enternece un poco ver la emoción en los ojos de Derek cuando pega su oreja al vientre de Claudia y escucha el agitado latir dentro de ella.


Una pequeña patada hace que Derek se aleje asustado, sin perder la mirada de asombro que toda la situación le provoca.


—Sé que estás asustado Peter —habla nuevamente Claudia, acariciando el cabello de Derek, quien de nueva cuenta tiene su cabeza pegada al vientre de la mujer—. Acabas de cumplir veintitrés años, estás intentando acomodar tu vida y debes ahora cargar con las responsabilidades de tu hermana —hay un suspiro cansado que sale de los labios de Peter que encuentra eco en el suspiro abatido de Claudia—. Pero John y yo estamos para ayudarte, te lo aseguro. Todo estará bien. Derek te necesita y sé que lo harás muy bien.


De verdad a Peter le gustaría regresarle la sonrisa a Claudia, creer firmemente en sus palabras. Pero no puede evitar siempre pensar en que todo saldrá terriblemente mal si es él quien esté a cargo de la situación.


5


John Stilinski tiene la mirada perdida en la lejanía mientras espera. Hay una familia de cuatro cruzando frente a él y no puede evitar fantasear un poco con su futuro hijo. En las miles de cosas que le gustaría hacer con él, los lugares que le mostrará cuando tenga edad. Su corazón se hincha en su pecho ante el pensamiento.


Regresa a la realidad cuando la puerta tras él se abre y por ella sale un siempre desdichado Chris Argent.


—¿Hora de almorzar? —ofrece John cuando sus ojos chocan con los del ex cazador.


—La misma hora de siempre —responde Chris sin detener su camino, pero sin rechazar al Sheriff.


Los dos caminan hasta un pequeño restaurante familiar que por suerte no está muy lleno a pesar de la hora. Ordenan en un ambiente incómodo y se quedan en silencio. Chris no sabe qué hace John ahí pero nunca es algo especialmente bueno, nunca puede ir por una charla social, la mayoría de las veces es porque Chris hizo algo equivocado, lo cual no son pocas veces. Claudia y John le dieron la oportunidad de un trabajo cuando renegó de su familia, pero eso no significa que Chris sepa adaptarse a ese mundo y forma de vivir. Creció con la idea de cazar y matar criaturas sobrenaturales, ¿cómo se supone que sea una persona normal ahora? Y, sobre todo, conviva con dichas criaturas como si nada.


—Escuché de tu interesante reunión con Peter Hale —es lo primero que dice John cuando ambos van por la mitad de sus platos, Chris casi convencido que por una vez John sólo estaba ahí para hacerle compañía.


El nombre hace eco en la cabeza de Chris, quien levanta la mirada rápidamente, una mueca de horror en su rostro.


—¿Peter… qué? —pregunta estúpidamente por si de pura casualidad escuchó mal.


—Tengo entendido que ni siquiera le preguntaste su nombre antes de rechazarlo —sigue hablando John, sin inmutarse con la mezcla de sentimientos que Chris experimenta en ese momento—. Su hermana vino y abandonó a su hijo con Peter sólo porque puede. Pensé que encontraría un poco de ayuda contigo —John suspira, fingidamente triste. Y aunque ambos saben que es sólo un acto para hacer sentir mal a Chris, John no se detiene—. No tenía ni idea que ni siquiera te molestarías en preguntar quién era.


—No tenía idea que…


—Pensé que dijiste que querías ser diferente Chris —continúa John, no dejando que Chris le interrumpa.


Chris se siente muy avergonzado consigo mismo en ese momento. Cuando acudió a John y Claudia Stilinski, básicamente huyendo de su familia, se dijo a sí mismo que quería ser diferente a ellos. Su abuelo y su hermana habían participado en la matanza de la familia Hale y aunque el resto de la familia se mantuvo al margen todos menos Chris sabían lo que tenían planeado y nadie hizo amago de detenerlos. Algo dentro de ellos incluso lo consideraba correcto. Chris incluso se divorció de su esposa cuando esta expresó arrepentimiento de no haber ayudado a su suegro y su cuñada para que no fueran atrapados y erradicar totalmente a los Hale.


Supo que hubo dos sobrevivientes y aunque muchas veces consideró dar la cara por su familia no creía que Peter y Talía merecieran revivir algo que pasó tantos años atrás, más aún cuando Chris no tenía ni idea de qué podría decirles para redimir lo que pasó. No hay palabras suficientes para ello. Y ahora, por supuesto, Chris tenía que dejar en claro que no es más que basura, exactamente como su familia. Las palabras finales de Peter cobran sentido en ese momento.


—¿Él sabía quién era yo? —se ve preguntando con una mueca de horror.


—Lo sabía, yo le dije —confirma John dando trago a su café.


Ambos han terminado del almuerzo y observan sus tazas de café como si estas tuvieran las respuestas a todos los problemas.


—Fue más como una advertencia, supongo. Pero Peter estaba desesperado, Él y su hermana tienen años de estar perdidos y sin rumbo. Tienes que quitarte de la cabeza que eres el único que sufre aquí Chris. Tomaste tu decisión. A mí me parece la correcta, a mi esposa igual y por eso te dimos la bienvenida al pueblo. Aunque te sientas solo y abandonado no tenías por qué quedarte en un lugar donde sentías que no hacías los correcto. Te lo he dicho muchas veces, las criaturas que aquí viven la mayoría están huyendo o están tan perdidas como tú. Algunas, como Peter Hale, están intentando no terminar de caerse a pedazos. No creo que lo que necesiten sea toparse contigo cuando buscan ayuda.


—¿Qué es lo que quieres de mí? —gime Chris sin fuerzas, escondiendo el rostro entre sus manos, avergonzado consigo mismo al punto que no podría ni enfrentar su reflejo, mucho menos puede enfrentar a John.


—De momento —dice John mientras desliza una carpeta por la mesa—. Ayuda un poco a Peter. Y serás tú quien se comunique directamente con él.


—Creo que soy la última persona a la que querrá ver.


—Posiblemente, pero no te estoy dando opción. Quiero que los dos enfrenten la realidad y aprendan que por muy jodida que sea la vida, necesitan ver siempre al frente. Perdiste a tu familia y a tu esposa por lo que crees correcto Chris, haz lo correcto.


Chris toma la carpeta sin muchas ganas, viendo la información de contacto y el domicilio de Peter. Hay otros papeles a nombre de un tal Derek Hale, quien supone que era el niño pequeño que Peter llevaba en brazos.


No dicen nada más, ambos deben regresar a trabajar y pensar en el siguiente paso a seguir.


6


Muy temprano en la mañana del día siguiente, Peter se levanta para preparar a Derek y llevarlo a la residencia Stilinski. Derek se levanta sin rechistar, parece bastante despierto como si fuera natural para él estar despierto a esa hora de la mañana. Quiere hacerle muchas preguntas sobre la vida que llevaba con Talía, pero no lo ve prudente. Derek tiene tres años y medio, pero se viste y se arregla como si tuviera diez años. Incluso puede ir al baño por su propia cuenta, aunque se le dificulta un poco por su tamaño, pero en ningún momento le habla a Peter para que le ayude y cuando debe tomar un baño Peter le ayuda sólo porque se aferra a hacerlo y porque todo le queda demasiado lejos al pequeño cuerpo de Derek. Podría dejarle las cosas en el piso, pero Peter se niega a tratar a Derek como un niño grande cuando sólo tiene tres años. Derek es muy tímido a la hora del baño, pero no oculta lo mucho que le agrada que lave su cabello con cariño y cuidado.


De hecho, una vez arreglado por la mañana, espera a Peter junto a la puerta con su pequeña maleta, listo para partir.


—No necesitas tu maleta, Derek —indica Peter, tomando la maleta y volviendo a guardarla—. Regresaré por ti en la tarde —eso último parece sorprender a Derek, como si Peter estuviera listo para abandonarlo a la más mínima oportunidad. Lo ha pensado, por supuesto, pero no lo haría, no tiene el corazón de hacerlo cuando Derek le dedica una sonrisa tímida al tomar su mano y caminar ambos hacía el auto.


Claudia le aseguró que John hablaría con Chris sobre su situación, pero no es muy optimista al respecto. Nada que tenga que ver con un Argent le haría ser optimista. Claudia le contó un poco sobre Chris y su situación actual. Peter lo sabe, por supuesto, sabe que sólo hubo dos Argent involucrados en la matanza de su familia. Sabe que muchos otros, aunque lo sabían ignoraron la situación y supo, aunque consideró que sólo eran rumores, que hubo uno que renegó de su familia. No sabía ni le importaba demasiado que fuera Peter.


—Está conviviendo con las criaturas que toda su vida consideró como enemigas —intenta justificar Claudia—, es difícil para él adaptarse. John y yo lo intentamos, pero es duro para todos.


—Los hombres lobo… en realidad, todas las criaturas sobrenaturales debemos aprender a convivir con seres que podrían vernos como enemigos todo el tiempo, toda nuestra vida, y no por eso somos tan agresivos. Cuánta gente no ha pasado por Chris Argent y sale sintiéndose como la mierda. Como si eso fuera lo que necesitaran en ese momento.


Claudia no tiene más argumentos para defender a Chris y no lo vuelve a intentar.


Peter y Derek y llegan a la residencia Stilinski. John va saliendo de casa portando el uniforme, un termo lleno de café en la mano y cientos de papeles en la otra. Les dedica una sonrisa radiante que contagia a Derek, lo cual extraña un poco a Peter porque es la primera vez que ellos dos se encuentran.


—Buenos días chicos —saluda el Sheriff, dejando su café sobre el techo del coche patrulla y avienta los papeles de forma descuidada por la ventanilla, todo para tener las manos libres y poder cargar a Derek—. Hola Derek —saluda al pequeño que se deja manipular de forma tímida—. Soy John Stilinski, el Sheriff —le muestra su brillante placa.


Derek parece fascinado con el brillo de la placa y sonríe bobamente al hombre.


—Serás un gran padre —comenta Peter, envidioso por la naturalidad con la que John convive con Derek.


John le dedica una larga mirada, luego le sonríe tenuemente a Peter y palmea su hombro.


—No tengas miedo, todo estará bien —responde antes de poner a Derek en sus brazos.


Peter no está tan seguro de ello, pero se le hace tarde para el trabajo, así que camina hasta donde Claudia espera por ellos dejando que el Sheriff se retire al trabajo.


—Buenos días —saluda Peter, sus modales, ante todo—. Tienes mi número por cualquier cosa. Es muy pequeño como para poder transformarse, pero de verdad, cualquier cosa —repite, repentinamente nervioso.


—Tranquilo Peter, te mandaré fotos durante el día y cualquier cosa que pase serás el primero en saber.


Peter no se queda tranquilo, por supuesto. Derek es tan pequeño y Peter sabe tan poco de él que de un momento a otro se siente aterrado. Claudia le sonríe para tranquilizarlo siempre, pero no funciona demasiado bien. Sin embargo, se le hace tarde para el trabajo y debe irse ya.


—Vendré por ti en un rato, ¿sí? —le repite a Derek por si éste lo ha olvidado—. Pórtate bien —pasa una de sus manos por los oscuros cabellos de Derek antes de dejarlo en el suelo.


Claudia y Derek se quedan en la puerta despidiéndose de Peter, quien voltea cada tres pasos a ver a Derek, a Claudia y luego a Derek.


Se marcha no sin algo de renuencia.


7


Claudia cumple su palabra de enviarle fotos durante todo el día, a todas horas. De hecho, cada diez minutos más o menos.


Peter nunca pensó que tendría el celular plagado de fotos de su sobrino jugando, comiendo, durmiendo o viendo la televisión como si fuera un padre primerizo que no quiere perderse ni un momento de la vida de su hijo. Ayuda a mermar la ansiedad, por supuesto. Por las fotos puede ver que Derek pasa mucho tiempo pegado al vientre de Claudia, escuchando siempre fascinado los latidos del bebé por nacer. Derek sonríe mucho y eso tranquiliza a Peter. Sin embargo, sigue sin hablar. Se comunica con Claudia de la misma forma que con él, a base de señas y apuntando según su necesidad del momento.


—Talía no mencionó que fuera mudo —le comenta a Claudia cuando le llama en su hora de descanso.


Peter consiguió un trabajo en una pequeña oficina de contabilidad. En general no necesita trabajar, pero le ayuda a estar distraído y conocer un poco sobre la carrera que está haciendo en línea. A parte, la mayoría de los clientes de esa oficina no son humanos y siempre ayuda que haya uno de su especie para que se sientan en confianza, o al menos así le vendieron la idea. Había intentado diferentes trabajos, muchos dedicados a la atención al cliente, pero Peter no tiene actitud de servicio y fue despedido de la mayoría por su mal carácter. Ahí es sólo una cara bonita que no debe interactuar con los clientes, sólo verse inclusivo. Es estúpido, sí, pero le mantiene distraído. También la paga es decente con un horario que se ajusta a sus clases en línea.


—Le pregunté si podía hablar y asintió con la cabeza —le comenta Claudia con tono preocupado—. Pero cuando le pregunté por qué no hablaba sólo siguió jugando.


Es un avance, supone Peter que no había considerado cuestionar a Derek sobre eso. No imagina qué le decía su hermana para mantenerlo en ese mutismo.


—Todo a su tiempo, supongo —es lo único que puede decir Peter antes de colgar, aunque ni él mismo se cree sus palabras.


—Peter —le llama su jefe. Es un hombre rechoncho con una incipiente calva. Tiene cara bonachona y siempre parece estar transpirando a pesar de estar iniciando el invierno—. Tienes una visita.


Peter se pone a la defensiva al notar que su jefe se ve notablemente nervioso.


—¿Una visita? —pregunta confundido. Si hay algo que no tiene Peter aparte de amigos son visitas en el trabajo. Claudia y John lo ven poco y en general son visitas en la residencia Stilinski donde ambos lo atiborran de café, galletas y sonrisas cálidas. Peter no los considera amigos porque a veces cree que es un proyecto de caridad para esos dos, aunque no lo ve como algo especialmente negativo.


Camina hasta la entrada de la oficina, pero se detiene abruptamente al ver a la persona parada en la puerta. No reconoce su olor porque nunca tuvo oportunidad de captar su esencia en la oficina gubernamental, pero nunca olvidaría el rostro de Chris Argent por nada del mundo. Es demasiado guapo para eso. Ahora entiende un poco el nerviosismo de su jefe. Éste podrá ser humano y todo, pero cualquier persona que tenga conocimiento sobre el mundo sobrenatural que pulula por Beacon Hills, por más pequeño que sea, sabe quiénes fueron los Hale y definitivamente saben quiénes son los Argent.


Peter quiere gruñir en advertencia o directamente saltar sobre la yugular de Chris, pero luego recuerda a la masa nerviosa que es su jefe detrás de él y que no tiene ganas de ser despedido de nuevo.


—Argent —dice en vez de gruñir. Guarda las manos en los bolsillos de su chaqueta por si sus uñas tienen ganas de salir a saludar.


No agrega nada más al apellido del otro, Peter no considera gastar de nuevo sus buenos modales en ese hombre.


—Buenas tardes señor Hale —es lo que recibe como respuesta por parte de Chris, después que éste carraspeara notablemente nervioso e incómodo.


Las cejas de Peter se disparan hacia arriba, en arcos perfectos de desconcierto.


—¿Seño…? —intenta preguntar Peter.


—Estuve revisando y creo que pude haber encontrado un lugar para su sobrino. Una guardería, quiero decir —continúa Chris sin dejar que Peter le interrumpa—. No queda muy lejos de aquí y podemos ir a presentar los papeles y que vea el lugar en este momento para que haga una evaluación o buscar otras opciones.


Por mucho que intenta, Peter no puede evitar voltear a ver a todos lados, demasiado desconcertado e incómodo por toda la situación. Que le esté hablando de usted cuando Chris es posiblemente mayor que Peter, esa formalidad forzada le causa escalofríos por todo el cuerpo.


—Yo… —intenta hablar de nuevo Peter.


—Ve, ve —alienta su jefe, saliendo de quién sabe qué lugar. A pesar de su gran tamaño el hombre es de pies ligeros—. Hoy no hay mucho movimiento y es importante que tengas un buen lugar para tu sobrino —le dedica su eterna sonrisa, la cual tiene un matiz nervioso.


Peter no se niega ni rechista, sólo toma sus cosas y sale del lugar siguiendo a Chris. Ambos miran hacia sus respectivos autos, sin saber cómo proseguir.


—Vamos en mi auto, le traigo de regreso —ofrece Chris de nuevo con esa formalidad incómoda.


—Deja de hablarme de usted —gruñe Peter, harto de la situación—, por favor —agrega en última instancia porque lo que menos necesita es discutir nuevamente con ese hombre.


Chris le da un asentimiento sin decir nada. Caminan hacia el auto y se suben a él sin decir palabra.


No tardan ni cinco minutos, pero es el recorrido más largo e incómodo que ambos han experimentado en su vida.

Notas finales:

Volveré. Algún día.

O no.


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