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Yo en ti por Mascayeta

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Notas del capitulo:

Felices fiestas y próspero año 2018.

- ¡Hiyori! – el grito fue seco. Nunca su padre le había alzado la voz. Dando media vuelta entro a su habitación. Durante ese año su vida había cambiado para mejorar, y ahora, parecía que se destruía por la presencia de sus abuelos.


Cerro la puerta con fuerza, era una queja y la manera de mostrar su desaprobación por lo que estaban hablando, instintivamente marco el número de su amado peliazul, recibiendo a Sora-chan en su regazo.


- Hola princesa – el suave tono de esa voz logro que toda la ira contenida saliera en llanto - ¿Qué pasa Hiyo-chan? ¿Dónde estás? ¡Voy por ti!


El sonido de algo cayendo, los pasos a la carrera y la advertencia a Henmi, de quien volvía a cuestionar si estaba bien, le encogieron el corazón – Oniichan, solo quería decirte que te amo mucho, eres...eres como mi mama...


- ¿Estás bien? – entorno los ojos, ya estaba con las malas mañas de Zen. Haciendo de lado la frase, en esos meses había aprendido a descifrar el lenguaje de los Kirishima tanto como ellos el suyo. Algo sucedía, pero entre más la presionara menos le sacaría, definitivamente había sido una pésima influencia para ella. La podía imaginar tratando de evadir la respuesta, suspirando sus pensamientos se convirtieron en palabras – Hiyo-chan deja de morderte el labio, si aprietas más saldrá sangre.


- ¡Oniichan! – la risa de su hija al verse descubierta, lo tranquilizo un poco – Solo...bueno ya sabes...gracias por estar con nosotros este año y... quería saber si vendrías hoy o solo hasta el sábado... ¿me perdonas por preocuparte?


¿Qué podría contestarle? Yokozawa continuo la conversación unos minutos más, al volver a la oficina pudo divisar el pobre Henmi con ojos llorosos debajo de una montaña de papeles. Se acercó a su subalterno desordenándole con la mano el cabello. Sonrió mientras volvía a dictaminar su trabajo. Era lógico el pánico en que estaba sumido después de la amenaza de que fue víctima. Esa tarde sus labios mantuvieron esa leve expresión mientras su cabeza se dividía entre la sorpresa que le daría a la castaña y los informes de venta de Emerald.


Una vez Hiyori colgó la llamada, se reclinó en la cama abrazando al oso de ceño fruncido que un día había amanecido al frente de su lecho. Lo vio en Kuma Park, sin siquiera pensarlo murmuro que quedaría bien en su alcoba y siguió caminando de la mano de su padre. Al día siguiente al abrir los ojos, ahí se hallaba, con un gran lazo rosa y sosteniendo una caja de chocolates rellenos de fresa y té verde. Al salir con el muñeco a la sala, Kirishima la observo sorprendido, inmediatamente entendió quién era el responsable, y como siempre, ya había huido.


Así era él, siempre malcriándola. Recostándose sobre la panza del peluche pensó que desde que Yokozawa llego a su vida ella le dio un significado de esa palabra.


Antes nunca pidió nada más allá de lo que sabía le podía dar su padre, jamás añoro salir al cine entre semana con Kirishima o comer más helado y pastel, aunque se divertía con sus abuelos por las tardes, empezó a exigir más tiempo del ojiazul. El ronroneo de Sorata le indico que también quería algo de los mimos. Complaciéndolo, continúo analizando su vida desde que el amigo de su papa llegó a la casa.


Desde ese día paso menos tiempo sola, pudo hablar de sus dudas de preadolescente sin tener las burlas de su padre o las interpelaciones asombradas de su abuela. Aunque era gracioso y muy evidente el sonrojo del peliazul, él trato de responder las que pudo o buscar ayuda con quien podría darle un apoyo. Así llego una tarde donde Aikawa Eri, la editora se presentó como amiga de Yokozawa y procuro dar un cálido ambiente a su conversación. Además de hermosa, era inteligente y supo hasta donde hablar, diciéndole que temas debía consultar con su padre y una orientadora. A pesar de lo agradable de la charla, procuro no perder de vista a su amado vendedor y al afamado dueño del apartamento, el escritor Usagi Akihiko.


Esa tarde entendió los desmedidos celos de su padre; sin darse cuenta, cuando estaba con ella bajaba la guardia y comenzaba a enviar tantas señales, que era difícil no sentirse atraído.


Para sus compañeras de colegio, él era su perfecto príncipe de cuento de hadas, en diferentes ocasiones las escucho suspirar cuando la dejaba o recogía en el instituto, la única que sabía que ese sueño nunca se volvería realidad, era Yuki-chan, las dos conocían el secreto de que el corazón de Yokozawa ya tenía dueño...


Los golpes en la puerta sonaron antes de dar paso al castaño, quien, sentándose a su lado en la cama, le acaricio la cabeza.


- ¿Por qué no lo defendiste?


- Porque primero debía defenderte – Hiyori se acomodó dando la cara a su padre. Tomo los papeles que le extendía leyéndolos con algo de asombro. Una vez termino, Kirishima le pregunto – lo entiendes ¿verdad? – abrazándolo lloraron juntos.


Zen no supo cuando se durmió, pero agradeció ese instante ya que se despertó al sentir el roce de los labios de Takafumi en los suyos. Atrapándolo hizo del dulce beso algo más demandante y posesivo; cuando se separaron, acaricio su rostro para antes de levantarse y llevarlo a su habitación, decirle lo único que podría repetir hasta la muerte:


- Yokozawa, gracias por estar en nuestra vida – los ojos azules se abrieron por la frase tan parecida a la dicha por Hiyori – te amo.


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