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La mirada del extraño por Augusto2414

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Notas del fanfic:

No hay más intención que la de compartir con ustedes una historia que escribí hace tiempo (originalmente solo el prólogo), pero que decidí continuar hasta lo que es ahora. Puede ser buena, puede ser mala, eso le corresponde a ustedes juzgarlo.

 

El autor.

Notas del capitulo:

Lo que leerán a continuación era, originalmente, todo el relato.

Era tarde, había obscurecido hace ya tiempo y las luces de la calle se habían encendido. Creyó oír ruidos a su espalda y temeroso de aquello apresuró el paso. 
 
Era flaco de cuerpo, aunque no tanto como para ser confundido con una mujer, sin embargo, la poca luz no le favorecía en este sentido; su cabello era de color café claro y de un largo que le cubría la nuca, pero sin llegar a media espalda. Vestía un chaleco de cuello alto y en tonos claros, mientras que los pantalones eran negros, resaltando aún más su delgadez. 
 
Caminó más rápido. Los ruidos se hacían cada vez más fuertes y cercanos. Lo estaban siguiendo. Comenzaba a asustarse y aceleró el paso aún más por la vereda pedregosa. Volteó a ver y logró divisar varias figuras que no acertó a identificar. Iban tras él. Volvió sus ojos al camino, que parecía interminable. Quería correr. Los pasos se intensificaron. Unos en particular parecían estar pisando sus talones.
 
–¿Por qué corres? –preguntó una voz en el silencio de la noche. 
 
Sintió como una mano rozaba la suya. No se atrevió a voltear, pero sintió como un sudor frío le recorría el cuerpo. Había cerrado los ojos. Para cuando se atrevió a abrirlos, descubrió a su lado una figura, una persona que a simple vista parecía mayor, pero mirándolo bien resultaba ser mucho más joven, tal vez tanto como él. Llevaba el cabello largo y desordenado, su rostro era blanco y hasta atractivo, aunque no supo identificar el color de sus ojos; vestía chaqueta de cuero negro, una camisa y pantalones un tanto ajustados. El conjunto le pareció llamativo y diferente, inusual para encontrarlo a aquellas horas y su repentina aparición le había dejado atónito, sin mencionar que toda la situación ya resultaba bastante singular.
 
–¿Por qué corres?, ¿de qué huías? –volvió a preguntar el extraño.
 
–Me… están… siguiendo –contestó él con voz temerosa–. Me están siguiendo.
 
–Pero si no hay nadie detrás.
 
El desconocido señaló la vereda. Era cierto, no había nadie allí.
 
–Pero si estaban allí, no puedo haberlo imaginado –dijo él. Su rostro expresaba confusión, no entendía lo que estaba sucediendo.
 
–Yo era el único que caminaba detrás de ti –dijo el extraño y esbozando una sonrisa, agregó–: ¿Acaso escapabas de mí?
 
–No pude verte, mal podría saber quién eras –respondió con malestar y ya que empezaba a desconfiar de las intenciones del sujeto, prosiguió con el mismo tono–. ¿Qué quieres?
 
–Acompañarte –dijo sin más.
 
–¿Qué? –exclamó sorprendido ante su respuesta.
 
–Quiero acompañarte.
 
Sin darle tiempo de reaccionar, el extraño le tomó de la mano y comenzaron a caminar. “Su mano, se siente tan cálida”, pensó, al mismo tiempo que se debatía entre seguir o no con aquello. Todo parecía tan fantástico e irreal.
 
–¿Qué pretendes con esto? –preguntó al fin, soltándose del extraño con un brusco movimiento de su brazo.
 
El desconocido le miró, posando sus ojos oscuros sobre los de aquel, con una intensidad tal que le provocó un leve sonrojo, pues parecía como si aquella mirada pudiese ver en su interior. 
 
–¿Estás asustado?, bueno, ya no lo estés –le dijo para intentar calmarlo–. Te acompañaré hasta donde nuestros caminos se separen, luego podrás seguir tu solo.
 
–¡No quiero ir contigo!, ¡no te conozco!
 
–Pero tampoco quieres continuar solo, ¿verdad?
 
No contestó.
 
–Ven, vamos –dijo, y le extendió la misma mano que antes había rechazado–. Vamos, antes de que se haga más tarde.
 
Otra vez dudaba, pese a ya no tener más alternativa. El desconocido estaba empeñado en hacerle compañía. “¿A dónde nos conducirá esto?”, se preguntó. No lo sabía. Con todo, había un par de cosas que captaron su atención: una fue la mirada del extraño, y la otra fue el gesto que tuvo de querer protegerlo. “Quiere protegerme”. Levantó la vista y encontró la mano que aún aguardaba a ser aceptada. 
 
–¿Vamos? –insistió una última vez.
 
–Como quieras –dijo, y tomó su mano, que seguía tan confortable como la primera vez que se tocaron. 
 
El extraño solamente sonrió.
 
… … … … …
 
La vereda por la cual caminaban guio a los muchachos a través de barrios que ambos parecían conocer, situación de lo más curiosa, porque nunca se habían visto frecuentando aquellos lugares. 
 
No hubo diálogo entre ellos, ni una palabra siquiera durante todo el trayecto, sin embargo, de tanto en tanto, él dirigía su vista hacia los ojos de su acompañante; éste no le miró, aunque eso no evitó que se sintiera aliviado con su compañía. “Es tan cálida”, pensó, viendo las manos que permanecían tomadas. Una tenue sonrisa se dibujó en sus labios, pero no fue lo suficientemente notoria como para que el extraño la viese.
 
Llegaron a una esquina en donde había una antigua casa de un solo piso y rodeada por un extenso jardín, separada de la vereda por una reja de baja altura. El desconocido se detuvo en este punto y le soltó la mano. El otro le miró a los ojos.
 
–Aquí nos separamos –dijo.
 
–Sí… bueno, yo… –estaba desconcertado y no sabía qué decir.
 
–¿Sí?
 
–Gracias… gracias por acompañarme –pudo decirle con esfuerzo.
 
–No es nada, gracias a ti por aceptar mi compañía –dijo, haciendo una breve inclinación de cabeza.
 
Sin más que agregar, él le extendió la mano para despedirse, pero lo que ocurrió a continuación no se lo esperó jamás: el desconocido la tomó con fuerza y lo atrajo hacia sí, estrechándolo entre sus brazos. 
 
No había forma de describir lo que sentía en ese momento, ya no sabía qué era real y qué era fantasía. Superado por las emociones, decidió entregarse al disfrute del momento antes que seguir buscando por una respuesta lógica. “Su cuerpo es tan cálido”, pensó, mientras le correspondía el abrazo como no se imaginó hacerlo. Su corazón latía de forma acelerada y por extraño que pareciese, llegó a desear permanecer así, abrazados con aquel misterioso joven, surgido de la obscuridad más profunda. No le importaba ya, quería quedarse con él, unidos para siempre en ese contacto, siendo esto lo único que ocupaba su mente en aquellos instantes. Pero eso no iba a ocurrir, aquel sueño debía terminar.
 
El desconocido se separó de él.
 
–Debo irme –le dijo.
 
–Sí… –contestó, evidenciando su desilusión.
 
–Adiós.
 
–Adiós…
 
Lo miró por última vez y se dio la vuelta para tomar el camino que doblaba hacia la derecha, sin detenerse a ver por donde se iba el otro chico. Él simplemente se alejó.
 
Todo en esa noche había resultado inverosímil. Nada parecía tener sentido, y aunque estaba convencido de que para la mañana siguiente habría olvidado todo, quedaba en su mente una huella de aquel encuentro fortuito: la mirada del extraño. Tomó su mano con la otra y recordó el calor que sintió al entrar en contacto con la de aquel. Sonrió. 
 
Motivado por un impulso precipitado, regresó sobre sus pasos hasta llegar nuevamente a la esquina en donde se habían separado, mas no había rastro del desconocido, la vereda estaba en silencio y las luces poco ayudaban. Se había ido. “No le volveré a ver… ni siquiera sé su nombre…”, pensó, cansado y resignado, pero en medio de estas ideas, asomó nuevamente el recuerdo de su mirada. Sonrió y hasta quiso reír. 
 
Ya era tarde para caminar solo. Emprendió camino a paso rápido hacia su casa.
 
Todo era irreal aquella noche, el desconocido joven, él y la obscura vereda por la que caminó hasta desaparecer.
Notas finales:

A partir de este punto fue que decidí continuar escribiendo y desarrollar más a los personajes, quedando así el presente texto como el prólogo de la historia.
Desde ya estaré agradecido de todos los que hayan decidido leer y quieran dejar sus opiniones y comentarios. Hasta pronto.

El autor.


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