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Legado - Harry Potter por Lilit Yuu Jaganshi

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Notas del capitulo:

Notas de la Autora: Advertencia: Si estan aquí porque quieren acción y la quieren ya, mejor vayanse xD! Esta es la primera historia de una serie de 7 que tengo planeado escribir (Que ambiciosa yo Jajajaja).

Aquí reescribo el primer año de Harry, así que para que halla algo más intenso entre él y Draco, quizás sea hasta la tercera, cuarta o quinta historia (Nunca se sabe :P). En esta historia se refleja más que nada el inicio de su amistad.

Les voy a pedir algo de paciencia. Llevo un buen ritmo, tengo ya 12 capítulos de esta primera historia, pero estoy revisandolos minuciosamente, y no quiero soltarlos aún, así que planeaba actualizar por ahora, cuando menos cada dos semanas (Más adelante no sé si mantendré este ritmo, yo espero que si, pero todo dependera de que tal ande mi creatividad e imaginación :S).

Creo que el avance de la historia será un poco lento al inicio, pero va mejorando de a poco, así que si les interesa: ¡Bienvenidos sean!

Ya saben que nada de este mundo me pertenece (Que más quisiera yo -.-), todo le pertenece a la adorable J.K. Rowling, yo solo lo uso para distraerme, relajarme, estresarme en ocasiones, y emocionarme muchísimo :D.

Agradeceré mucho sus comentarios

Capítulo 1: Aquella Noche…

 

 

La moto aterrizo con un estruendoso ruido, y apenas toco el suelo, Sirius Black saltó de ella. Atravesó el patio delantero de pocas zancadas, cerrando el entendimiento ante la puerta destrozada, y deteniéndose abruptamente sólo hasta que llego a la sala.

- No… No, no por favor, no… - murmuró, negándose a permitir que la imagen de aquel mago tendido en el suelo, calara en sus pensamientos. Aquel mago al que ya jamás escucharía reír, con el que ya jamás hablaría, y nunca volvería a bromear…

 

No supo en qué momento sus pasos le llevaron hasta él, ni el momento en que se arrodillo a su lado. Tampoco fue consciente de los gritos desgarradores que surgían de su garganta mientras se aferraba al cuerpo de su mejor amigo. ¿Cuánto tiempo paso?, no lo supo ni le importo, y hubiera seguido perdido en aquel mar de dolor, si no hubiera sido por aquella voz que, con mucho trabajo y determinación, se abrió paso en sus embotados sentidos.

- ¡Sirius!, ¡Sirius, escúchame! – era la voz de Remus, y cuando parpadeo, en medio de las lágrimas, por fin pudo ver al castaño.

- ¡Esta muerto, Remus, está muerto! – fue lo primero que salió de sus labios en un grito lleno de dolor, aferrándose más firmemente al cuerpo sin vida de su mejor amigo - ¡Ese bastardo lo mato!, ¡Los traiciono, y ahora James está muerto! -

- ¡Sirius, escúchame, por favor! – le pidió el castaño, su propia voz cargada de dolor, pero con la mano que tenía sobre el hombro del pelinegro, lo sacudió firmemente - ¡Debemos irnos!, ¡Harry está vivo, debemos sacarlo de aquí!, ¡Aún es peligroso! –

- ¿Harry…? – repitió el pelinegro, sin entender del todo aún las palabras de su pareja, pero entonces, como si el velo del dolor cayera de sus ojos y oídos, pudo ser capaz de escuchar el llanto del pequeño Harry, y sus ojos se movieron a los brazos del castaño, que cargaba un pequeño bulto envuelto – ¿Harry…?, ¿Él esta…? – pero no pudo terminar la frase, no entendía como eso era posible si Voldemort había estado ahí, y temía aferrarse a una falsa ilusión que terminaría de destrozar su poca cordura.

- No podemos hacer nada por James y Lily, Sirius, no pudimos, no sabíamos que esto pasaría… - le dijo Remus, el dolor reflejándose en su voz y en su rostro – ¡Pero Harry nos necesita, Sirius!, ¡Harry necesita que su padrino lo cuide! – le recordó con firmeza, con esa fiereza propia del Licano en él.

 

Sirius observó por un momento a aquel pequeño bulto que se revolvía en los brazos de Remus, llorando asustado, y entonces, una férrea resolución rugió en él. Asintió con la cabeza, la determinación brillando en sus grises ojos, y separándose de quien en vida fue como un hermano para él, lo deposito con mucha delicadeza y respeto en el suelo. Entonces se inclinó hasta quedar a la altura de su oído, poniendo una mano sobre el lugar donde antaño latiera su corazón.

- Descansa. No tienes nada por qué preocuparte, hermano. Te prometo que cuídate de Harry. No dejare que nada le pase. Nada le faltara. Daré mi vida por él si es necesario… – al sentir la mano de Remus sobre la suya, lo miró, y al verlo asentir, volvió su atención a su mejor amigo de nuevo – Ambos lo cuidaremos, James. Velaremos por él y lo amaremos. No le faltara una familia – y entonces sí se puso en pie – Vamos, Remus – le dijo, tendiéndole la mano para ayudarlo a ponerse de pie, con la cabeza nuevamente fría y despejada – Tienes razón, debemos llevar a Harry a un lugar seguro. Siempre tienes razón – y escoltó al castaño y a su ahijado, hasta donde había quedado la moto.

 

 

***

 

 

- ¿Es verdad, Albus? – le preguntó Minerva, alcanzándolo por el pasillo, para caminar a su lado hacía la puerta del colegio.

- Me temo que sí, Minerva – le respondió Dumbledore sin detener su paso – Tanto lo bueno, como lo malo –

- Pero entonces… ¿Lily y James están…? – pero no fue capaz de terminar la pregunta.

- Desgraciadamente – confirmó Dumbledore, parándose en la entrada y mirando hacía el oscuro cielo.

- ¿Quién trae a Harry? – quiso saber la bruja.

- Sirius y Remus – le respondió Albus – Y parece que ya llegan – agregó, al ver aquella luz que se movía en el oscuro cielo.

 

Minerva no hizo más preguntas. Observó hacía donde el Director veía, notando también aquella luz, y sólo minutos más tarde, la moto aterrizaba a algunos metros delante de ellos.

 

Sirius bajo casi de un salto, antes de ayudar a Remus a bajar. Al mismo tiempo, Dumbledore y Minerva bajaban las escaleras para encontrarlos.

- ¿Cómo esta? – no pudo evitar preguntar Minerva, acercandose a Remus para mirar al pequeño en sus brazos.

- Se ha quedado dormido – le respondió Remus, hablando bajo para no despertarlo, y con cuidado, apartó un poco la cobijita que cubría el rostro del pequeño.

- Merlín… ¿Y esa cicatriz? – le preguntó en un susurro.

- Cuando lo encontré la tenía – le respondió Remus – No sé muy bien cómo se la hizo. Lily estaba… Estaba muerta a su lado, pero esto era todo el daño que él tenía –

 

Dumbledore se acercó al pequeño, mirando su cicatriz, antes de delinearla con el dedo índice sin tocarla, manteniendo su dedo a pocos centímetros de distancia.

- Es una cicatriz maldita – dijo después de algún tiempo.

- ¡¿Qué?! – exclamo Sirius sobresaltado.

- Por Merlín… - murmuró Minerva, cubriéndose la boca con ambas manos.

 

Remus sólo atino a abrazar un poco más contra si el pequeño cuerpecito.

- Se siente el remanente de un inmenso poder… - les explicó Dumbledore, cerrando entonces los ojos y extendiendo la mano abierta sobre el rostro del pequeño, aunque siempre sin tocarlo. Pudo sentir un extraño flujo de poderes que le hizo fruncir el ceño, y luego de largos segundos, abrió los ojos, mirando al pequeño Harry – No es solo uno, es la mezcla de varios grandes poderes… El primero es una poderosa protección, y está envolviendo a otras dos fuerzas… Los mantiene en latencia… Uno de ellos es… Uno de ellos es de Harry, un poder que no le había sentido antes… Pero está mezclado con el otro poder… Que es de Voldemort… -

- ¿Cómo?, no entiendo – dijo Minerva, mirándole - ¿Cómo puede haber una mezcla así? –

- Si, ¿Cómo puedes sentir magia de Voldemort en él? – exigió saber Sirius preocupado.

- No estoy del todo seguro. Necesito primero ir al Valle Godric a investigar lo que sucedió… – les dijo Dumbledore.

- ¡Iré contigo! – dijo Sirius de inmediato.

- Sirius, no… - le pidió Remus al escucharlo, sujetándolo del antebrazo, cuidando de sostener adecuadamente a Harry con un solo brazo.

- Debo ir, Remus… Debo… Debo traer los cuerpos de… De James y de Lily… - le dijo, tragando, para poder seguir hablando – Es lo menos que puedo hacer por ellos… -

- Sirius, en este momento, lo más importante es la seguridad de Harry – le recordó Dumbledore – La caída de Voldemort es muy resiente, y su vida aún puede peligrar–

- Dumbledore tiene razón, Sirius – convino Remus, mirándole suplicante – Por favor, James habría querido que te quedaras a cuidar de Harry… Ahora que él ya no puede… -

 

Sirius apretó con furia los puños, tensando el cuerpo fuertemente por largos segundos, antes de relajarlo.

- Tienes razón, Remus… Siempre tienes razón - le dijo, tomando entre sus manos, la que el castaño mantenía en su brazo, besándola suavemente.

 

Remus le sonrió.

- Yo me encargare de traer los cuerpos de James y de Lily – les dijo entonces Dumbledore, atrayendo la atención de ambos – No es conveniente una llamativa ceremonia por seguridad de Harry, ya que aún hay muchos seguidores de Voldemort sueltos, pero haremos una ceremonia privada para ellos –

- Esta bien – convino Sirius – Gracias –

 

Dumbledore asintió con la cabeza al pelinegro.

- ¿Son fuertes las barreras del número 12 de Grimmauld Place? – le preguntó – Porque si no, deberán quedarse aquí por un tiempo –

- Por supuesto que son fuertes. Remus y yo hemos estado trabajando en ello desde hace medio año – le dijo Sirius orgulloso, y casi al momento, su sonrisa se desvaneció – Incluso nadie ha tenido acceso hasta ahora a la casa, sólo Remus y yo… Queríamos terminar las renovaciones en unos meses, y celebrar ahí con todos… Así que ni siquiera ese bastardo de Colagusano sabe dónde queda ni puede entrar – agregó con amarga rabia.

 

Remus acaricio suavemente el brazo de Sirius, y Sirius lo abrazo de inmediato, envolviéndolo entre sus brazos y atrayéndolo hacía su pecho, donde Remus se recargo, buscando también confort.

- Entonces creo que lo mejor es que se vayan ahora, para que Harry este en un lugar seguro donde pueda descansar – les sugirió Dumbledore.

 

Sirius asintió con la cabeza, y soltando a Remus, saco su varita volviéndose hacía la moto. Lanzo un sencillo hechizo que la encogió, antes de guardarla en uno de los bolsillos de su túnica. Entonces se volvió a Remus, que junto con los demás, estaba observado lo que hacía.

- Dámelo – le pidió, tendiéndole los brazos, intentando ocultar un ligero temblor.

- ¿Estás seguro? – le preguntó Remus, percatándose del ligero y casi imperceptible temblor del pelinegro.

 

Sirius trago, pero asintió con la cabeza.

- Es mi ahijado, además, necesito darle permiso para acceder al número 12 de Grimmauld Place – le recordó, y Remus, asintiendo con la cabeza, le paso al pequeño.

 

Sirius lo tomó en brazos, y por un momento, sólo pudo contemplar al pequeño, sintiendo una opresión en el pecho.

- Todo va a estar bien ahora, Harry – le susurró, parpadeando cuando sintió los ojos molestosamente empañados por las lágrimas – Vamos al número 12 de Grimmauld Place en Londres. Tu nueva casa – agregó. Cerrando los ojos, contactó las barreras ancestrales que protegían la casa Black, y a las que recientemente había añadido parte de su propia magia para incrementar su poder. Usando su autoridad como Heredero Black, permitió el acceso permanente a su ahijado – Listo – dijo entonces, abriendo los ojos y mirando a Remus – Vámonos –

- Si – convino Remus, y cerrando los ojos, desapareció con el distintivo crujir de la Aparición.

 

Sirius también cerró los ojos, enfocándose en Harry para Aparecerse ambos en el interior del número 12 de Grimmauld Place.

 


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