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Omega por Mon18Zu

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Notas del fanfic:

Este es un fanfic Omegaverse. Aceptó todos los comentarios constructivos. Subiré un capitulo por semana. 

Notas del capitulo:

Cualquier error háganmelo saber y también si les ha gustado.

Una semana antes

En la mano derecha Dean sostenía un trapo seco y con la izquierda un recipiente. Pasó el trapo por la superficie cristalina, su mirada ceñuda mientras observa el movimiento de sus extremidades y se asegura de que el recipiente estuviera libre de polvo.

La pulida superficie de la barra del bar brillaba, tanto que puede ver su distorsionado reflejo en él. Las luces estaban a media potencia, lo que oscurecía un poco el recinto. Sin embargo, era suficiente para los pocos clientes que aún permanecían en su bar. Tres hombres robustos estaban sentados en una sola mesa en el fondo, en la zona restringida para los clientes que buscaban privacidad, y discutían en voz baja. Desde su posición, detrás de la barra, Dean podía captar levemente su olor, los había olido desde el momento que ingresaron en el establecimiento, marcando dominio y alejando a los más débiles. Aquel olor característico de los alfas siempre tomaba por distraerle, pero Dean había aprendido a manejarla después de tanto tiempo. No es que le afectara de sobremanera, no debido a su estatus biológico, pero a veces lo hacía actuar de formas que no actuaría estando libre de tales influencias.

El más alto de todos era nuevo. No lo había visto con anterioridad y aquello le ponía de cierta forma nervioso. Cada tantos segundos delineaba su espalda curvada con la mirada, sentado sobre la mesa en que residía con los otros dos alfas, que son menos altos pero más robustos. El alfa tenía puesto unos pantalones vaqueros y una camisa ajustada negra. Sus ojos seguían los anchos hombros del sujeto inconscientemente así como los músculos de su espalda, que se mancaban en su camisa casi perfectamente.

Dean continuaba limpiando las copas de su cristalería, de pie detrás de la barra. De improvisto, dos de ellos se pusieron en pie y se alejaron del tercer alfa, que aún permanecía sentado, encorvado frente a un viejo trago de licor que no se había molestado en tocar. Su salida fue casi estrepitosa en la plenitud del silencio.

Los dos alfas cruzaron el establecimiento y salieron por la puerta principal sin decir una palabra. En el exterior, brillaba una noche estrellada. Dean detuvo los movimientos de sus manos y observó al alfa beber su trago desde la distancia, exponiendo la gruesa garganta. Dean volvió a los suyo casi de inmediato y se dio media vuelta para devolver el cristal a la repisa correspondiente. Sólo quedaba ellos dos en el bar.

Después de unos segundos, una voz habló detrás de él. El olor a naranjo, tabaco y romero vino primero a él. Dean inhaló el olor en una bocanada profunda mientras cerraba los ojos un momento. Su mente se nubló momentáneamente. Su olor no se compraba con el hedor de los alfas que solían frecuentar el local. Este era el primer alfa por el que su omega interior despertaba y Dean sentía que su omega interior había estado dormido por mucho tiempo.

-Mis muchachos hicieron un trato contigo, ¿estás conforme con él?.- El asintió. Una descarga eléctrica le recorrió los brazos y el abdomen en respuesta al tono grave de voz que implementó el alfa. Un tono que es difícil de ignorar.

-Estoy conforme.- Respondió sin voltearse. Acababa de experimentar un suave calambre en el vientre. Dejo caer los brazos a sus costados. Ignoró ese dolor y su mente viajó unos días atrás, cuando un alfa se presentó en el bar en plena mañana, uno que ya había visto anteriormente. Lo recordaba por el fuerte olor a podredumbre que emanaba de sus ropas. El sujeto le ofreció una cuota en dólares a la semana a cambio de, básicamente, garantizar que las reuniones privadas sigan siendo privadas. Cosa que no le ha costado mucho trabajo; su bar siempre se ha caracterizado por ser un lugar seguro lo que se confiere a la reputación que ya le precedía al local antes de que lo comprara. Todo es gracias a su antiguo dueño.

Dean sintió entonces una suave brisa en su cuello. Giró su cabeza hacia arriba, casi con cuidado, y se percató de que el alfa macho se inclinaba sobre él con la mirada en sus ojos. Su respiración se detuvo un instante. Dean contempló el iris ámbar preguntándose en qué momento el hombre cruzó la barra para llegar hasta él.

Azazel quedó cautivado en los ojos verdes del omega un momento. Aquellos ojos, que lo observaban bajo una gruesas pestañas negras, se fijaron a los suyos con fuerza.

-Kansas es muy diferente de donde vengo.- Continuó hablando cuando no obtuvo respuesta física de él. Dean asoció ese comentario con el hecho de que estuviera detrás de una barra, él, siendo un omega. Se mantuvo callado, aunque estaba seguro de que estaba listo para producir algún sonido, aún cuando parecía estar paralizado.-Tú no tienes una manada.-Los ojos del omega se abrieron, expectantes.

-No, alfa.- Respondió. Dean no tenía la intención de hacerlo, pero...la idea de pertenecer a una...Después de tanto tiempo solo...Por una vez quería que alguien cuidara de él, sólo por una vez. Su corazón latió con fuerza.

-Huelo chocolate.- El alfa estaba demasiado cerca pero no lo suficiente para rozarlo. Se dio media vuelta, con cuidado y quedó de frente al hombre. Su coronilla estaba a la altura de su ancha mandíbula. Dean entrecerró los ojos, cautivado con el aroma.- Chocolate amargo.- Dean podía jurar que sus propias pupilas estaban dilatadas. Inclinó el cuello hacia la derecha lentamente y con cuidado, el alfa enterró su nariz en él y colocó una enorme mano izquierda sobre su nuca y su hombro. Sus músculos, su cuerpo entero se relajó en respuesta mientras él olfateaba con profundas bocanadas de aire. Dean no se había dado cuenta, pero sus labios estaban entreabiertos.

-Ese olor no es propio de omegas comunes.- Susurró el alfa con voz grave sobre su cabeza, enterrando su nariz en su cabello.

-¿Cuánto tiempo llevas solo?.- Le preguntó, levantando la mandíbula para hacerse oír mejor.

-Mucho.- Murmuró. Intentó abrir los ojos, pero el aroma es demasiado embriagador.

-Mi nombre es Azazel.- Le comunicó en voz baja mientras daba un paso atrás. Dean abrió por completo los ojos, expectante por lo que acaba de ocurrir. Tragó saliva.

-Yo soy...yo soy Dean.- Tartamudeó el omega observando el iris ámbar que se deleitaba con sus labios.

-Sé tú nombre, preciosidad.- Su alfa levantó la mano derecha y colocó el pulgar en su labio inferior. Sus labios se abrieron un poco y sus hombros temblaron ligeramente ante el toque de su piel cálida.

-Eres el primer omega en mi manada...los de tu clase no son fáciles de conseguir y yo sólo acepto de lo mejor.- Murmuró con una traviesa sonrisa en sus labios finos. Azazel bajó su brazo después de unos segundos de tensión sexual y se dio media vuelta.

-No somos una manada que permanezca en un sitio por mucho tiempo.- Anunció en voz más alta mientras se alejaba de él. Cruzó del otro lado de la barra sin problemas.

-Pero este es mi bar.- Objetó el omega, no creyendo que algún día tuviera que dejar todo lo que logró tener alguna vez.

-Ahora es nuestro.- Respondió girando el cuello hacia él. Dean asintió. Lo vio salir del establecimiento por la puerta principal, sus largas piernas lo llevaron entre las mesas hacia la salida del local. No volvió a mirar atrás.    

 

 Actualmente

 

Gabriel sostuvo el teléfono celular cerca de su rostro sin apartar la mirada del oscuro y lluvioso camino que se extendía delante. La pantalla táctil reflejó sus facciones mientras localizaba el número de Sam Winchester entre sus contactos principales.

La carretera que conectaba a la ciudad estaba sola y los asientos de piel de su auto desprendían un ligero olor a extracto de vainilla dulce, olor que se permitió aplicar con el propósito de hacer del vehículo un ambiente acogedor para un omega asustado que le había ayudado a localizar un pequeño nido de vampiros en casa. Claro que le olor no le desagradaba, sin embargo, aún residía pequeños matices del delicado pero poderoso olor que emiten naturalmente las glándulas de los omegas para buscar la atención y protección de su alfa, así que de cierta manera, sus instintos se sentían a flor de piel, hasta que recordaba que no tenía ningún omega en el asiento trasero. Entonces respiraba y volvía su concentración a la carretera y hacia su siguiente misión como cazador alfa de la manada Novak.  

Sam Winchester respondió al segundo tono.   

-Sam Winchester.- Escuchó Gabriel del otro lado de la línea.

-Hola, Sammuel.- Una sonrisa se deslizó entre sus labios. Se oyó un poco de ruido de fondo- Estoy a punto de entrar en la cuidad y me preguntaba donde podía localizar a Dean, ya sabes, para hacerle una visita antes del trabajo. En tu última llamada mencionaste que no trabajas con él y que no reside en la mansión Winchester, también me pregunto el porqué.- Habló con cautela.

-Si.- Gabriel notó el matiz de apuro en su voz.-Puedes encontrar a Dean en un bar en el lado Oeste de la ciudad. Es el mismo bar en que mi padre solía llevar a cabo algunos trabajos un tanto...delicados, para mantener al consejo fuera. No necesitas la dirección, parece que es bastante popular ahora.- Asintió ligeramente en respuesta.- Escucha, Gabriel, entiendo que el señor Novak haya decidido enviarte a ti y tenemos mucho trabajo que hacer, así que tienes que ponerte al corriente con los últimos sucesos. Mi padre quiere iniciar mañana mismo...tú sabes- Sam titubeó en el último segundo y Gabriel entendió que el nombre Azazel no podía ser mencionado tan deliberadamente en cualquier conversación.

-Entiendo, estaré justo ahí esta misma noche.- Respondió.

El hecho de que su padre, líder de la manada más poderosa del país, Chuck Novak, le halla encargado la tarea de encarcelar y destruir la manada de un alfa tan poderoso como lo es Azazel, quien ha vivido para amenazar otras manadas y por tanto el equilibrio de poder del país, lo hacia una tarea importante. Y para ello, debía trabajar con los Winchester, una manada tan respetable como la Novak. Lo único que lo hacía más fácil es que Azazel había sido visto en Kansas recientemente.

-De acuerdo, te espero.- Sam Winchester cortó la llamada después de esa última frase.

Haber escuchado en primer instancia que el mayor y primogénito del alfa John Winchester, amigo de su padre y de quien había oído hablar desde muy pequeño por sus increíbles capacidades en la cacería, y del alfa Mary Campbell, quien procede de una de un largo linaje de cazadores, no sólo no trabajaba al lado de su hermano Sam, lo que sería lo esperado, lo hizo preguntarse seriamente, y sinceramente también a su padre, la razón detrás de ello.

 

 ..........

 

Faltaban dos horas para la media noche cuando estacionó su auto en un pequeño aparcamiento cerrado a fuera de una edificio de dos pisos. La lluvia se había detenido unos minutos antes pero el clima seguía bastante frío. La primer planta estaba iluminada; la luz, que salía por las rendijas de las gruesas puertas de madera, se filtraba en el piso húmedo del exterior. El sonido estaba bastante amortiguado cuando se acercó a la entrada y sus zapatos chapotearon sobre el agua antes de ingresar en el local. Empujo la puerta con una mano e ingresó en el bullente lugar.

Sam tenía razón, parecía ser bastante popular. El bar era amplio y muy bien iluminado. Había una mesa de billar en la parte noreste y una zona VIP a la izquierda. Gabriel observó al rededor, mirando los rostros de los alfa que bebían, jugaban y conversaban con otros, el bulleo se alzaba fácilmente. El olor penetrante de los alfas de bajo rango le indicó a Gabriel su presencia y se vio obligado a arrugar un poco la nariz, ignorando al varón que le había echado un momentáneo vistazo ante aquel acto de desagrado. El olor de estos alfa, de los “no puros”, suelen ser mucho más fuertes y agrios, en su mayoría. Era una lástima para él tener que lidiar con ello, sobre todo en un lugar que parecía ser bastante cómodo para reunirse. Observó a su alrededor nuevamente, tratando de distinguir a Dean Winchester de entre todos los sujetos, pero sin éxito. No había oído hablar del muchacho desde hace más de una década así que no tenía una primera impresión de él. Se movió entre las mesas y, casi de inmediato, localizó la barra de bebidas a unos metros y tomó esa dirección. Se sentó en un lugar frente a la barra mientras desprendía el abrigo de sus hombros y lo enrollaba entre su brazo derecho. El aire pareció disiparse en aquel lugar casi como el sonido de las voces y el olor se tornó un poco más fresco, libre de hedor que incluida cerveza barata, sudor y algunos olores insoportables. Aunque, como él bien sabía, los alfas puros tienen cierta diferencias de los que no lo son. Es decir, los alfas puros son más sensibles a los olores y sus propios olores no solo son más sutiles, sino que son mejor recibidos por los omegas. Por lo que el sabía, para un omega él olía a eucalipto y hierva recién podada. Claro que él mismo no lo percibía de esa manera. Su olor es solo su olor y es tanto un método de defensa y agresión para establecer dominio, que le indica a otro alfa si se ha puesto violento o esta a punto de atacar, previniendo, como un método de cortejo, con el que llama la atención de los omegas al revelar su ciclo reproductivo y tener la capacidad de provocar incluso el celo de un omega, si se está demasiado cerca y se tiene el tiempo suficiente, por supuesto.

Mientras estaba perdido en sus pensamientos sus ojos captaron a un hombre alto de buen porte al otro lado de la barra. Por lo que Gabriel podía ver, es rubio y tiene una cautivadora sonrisa con unos perfectos y alineados dientes blancos. El alfa colocó casi con cuidado su recipiente vacío en la barra y lo deslizó con el dedo índice delante del sujeto detrás de la barra, quien lo estaba atendiendo. Su atención se desvió un segundo a éste y percibió el recto porte del muchacho, el cabello rubio oscuro y corto, y los ligeros músculos de sus brazos, que sobresalían de una camiseta ajustada verde, la cual delineaba a la perfección su torso marcado. El sujeto tenía toda su atención, sobre todo porque el alfa, cuyo cuerpo se inclinaba sobre la barra, lo estaba olfateando discretamente, ya que podía observar los ligeros espasmos que indicaban que estaba capturando olor y por tanto información íntima del sujeto. Tenía una suave mirada en su rostro y sus ojos miraban con intensidad al muchacho, que no parecía tener problemas con el acercamiento. El chico rellenaba el vaso de whisky con la mirada baja y con una pequeña sonrisa en sus labios carnosos. Más aún, su cabeza estaba inclinada y su cuello expuesto...un lindo y tierno cuello blanco expuesto a un centímetros de los colmillos del alfa, un cuello inmaculado.

Gabriel podía asegurar que ese alfa era mucho más alto que él mismo, lo que lo dejo más que sorprendido....Además, lo había reconocido al instante.

Azazel.

Su respiración se interrumpió un momento. No tenía una fotografía de Azazel y en su vida se había reunido anteriormente con él pero tenía una descripción: blanco, alto, nariz fina, cabello rubio, corto y lacio y un pequeño lunar en la mejilla derecha. Eso era todo lo que su padre dijo. Blanco, alto, rubio...y un lunar en la mejilla derecha. Gabriel estaba convencido de que se trataba de él, considerando los otros alfas que lo rodeaban, las posiciones que tomaban a su alrededor la mayoría de los hombres sólo lo hacia más que obvio. Y lo que mencionó Sam en su última llamada. Él mencionó que ese bar lo solían utilizar los Winchester para realizar reuniones importantes y de bajo perfil para que quedaran al descuido del consejo, lo que ahora tiene mucho más sentido. Ese bar era el lugar perfecto para que Azazel trabajara. El lugar perfecto y aquello incluía ganarse al tabernero, era claro, aunque aún estaba confundido con el acercamiento íntimo.

-¿Va a tomar algo?.- Gabriel tenía la guardia baja. Ni siquiera vio al muchacho acercarse para atenderlo pero le basto mirarlo a los ojos para provocar que su ceño se frunciera.

-Dame un Whisky solo.- Respondió, desviando su mirada de aquel rostro, tratando de ser discreto. Solo había visto esos ojos verdes lodosos en un alfa tan respetable como lo es Mary Winchester, ojos que lo miraron por un momento bajo unas largas y gruesas pestañas negras y sin ninguna sonrisa para él. Gabriel parpadeó, confuso. No estaba comprendiendo del todo y no tenía armas para enfrentar la situación, así que no dijo nada más.

Dean Winchester sacó un recipiente de la parte inferior de la barra y sirvió lo que le pidió. Deslizó en vaso sobre la barra y se acercó un poco sobre ella. Fue entonces que lo notó. El olor del muchacho era dulce y suave, tan sutil que solo podías captarlo estando a menos de un metro de distancia, y valla que Gabriel tenía buena nariz. El olor estaba compuesto de menta, chocolate amargo y lilas. El olor de un omega.

Se vio obligado a pasar un trago de su propia saliva cuando el olor lo golpeó como un balde de agua fría y su instinto primario de cortejo se activo en seguida. Sus facciones se suavizaron, indicando al omega que estaba seguro con él y que no iba a hacerle daño, y su encantadora sonrisa asomó entre sus labios. Dean volvió a mirarlo debajo de sus pestañas, solo un segundo, y un gruñido empezó a asomarse entre sus fauces, luchando por salir de su garganta al no tener la respuesta que esperaba del omega. Sin embargo, fue ahogado por el rugido de un grupo de alfas a sus espaldas acompañado de una botella de cerveza rota. Dean no les dedicó ni un segundo de su tiempo al altercado, ni siquiera levantó su vista, pero aquello le dio la cordura que necesitaba y su mente se despejó un poco. Ayudó bastante que el omega siguiera trabajando y se alejara, pero el sentido de protección le incomodó de sobremanera. Lo que se reduce a que el ambiente es demasiado hostil.

Volvió a tragar saliva, entendido la obvia categoría del mayor de los hermanos Winchester, la de un omega puro. Lo que significa que solo un alfa puro es capaz de reconocerlo, como lo es él. Los omegas puros están diseñados para que solo los mejores candidatos los cortejen. Y Azazel es un alfa puro, un alfa de alto rango y líder de una poderosa y numeroso manada integrada sólo por alfa puros. La teoría de lo que creía que pasaba en realidad se estaba desplomando delante de él. No tenía sentido absolutamente nada.

El muchacho no lo había reconocido, lo que dejaba las cosas bien. Incluso si tampoco lo recordaría mañana. Primero tenía que enfrentar al resto de los Winchesters y descubrir porqué no se le había notificado de la localización de Azazel -Sammuel claramente olvidó mencionarlo-, incluyendo el porqué se había llegado a los extremos de someter a un omega a un ambiente como este y lo más importante, ¿Por qué Dean Winchester le ofrecía tan deliberadamente el cuello a uno de los alfas más peligrosos del país?. Bebió el tragó que tenía delante con rapidez, dejó sobre la barra un fajo de billetes, se puso en pie y salió del bar. Esperaba que el mismo Azazel no lo considerara tan importante. No le había dedicado ni una mirada, pero sabía que más de un alfa de la manada de Azazel conocía ahora su rostro y su designación en la sociedad como alfa puro, y por la reputación de la manada, estarían interesados en él. Se lo confirmaron aquellos hombres que le miraban al abandonar el establecimiento.

 

 .......

 

La mansión Winchester se localiza en la parte norte de la ciudad. Es una mansión blanca de tres pisos con cuatro columnas frontales, rodeada de un jardín y un frondoso bosque bastante cercano. Incluía un aparcamiento a unos metros del porche, donde yacían tres vehículos, entre ellos una vieja camioneta. Gabriel estacionó sin cuidado y observó que las luces de la casa estaban apagadas, excepto por el vestíbulo, y la puerta principal yacía abierta.

Gabriel salió del auto y se dirigió al interior. Fue recibido por Sammuel Winchester en cuanto colocó un pie en el porche. El hombre es más alto que él, tanto como el mismo Azazel. Gabriel observó el brillante y sedoso cabello rubio del alfa mientras pasaba a su lado en el pequeño pero elegante vestíbulo.

-¿Qué tal el viaje?.- Preguntó Sam en seguida, extendiendo su mano. Gabriel no se detuvo y por supuesto no le estrechó la mano.

-El viaje estuvo bien.- Respondió en seco.- Tenemos algo urgente de que hablar.- Su nariz captó su aroma y distinguió hierbas, roble y café negro.

-mmm...Está bien.- Escuchó murmurar al joven alfa detrás de él mientras se apuraba a cerrar la puerta y daba grandes pasos para colocarse a su lado en tanto recorría el pasillo con rapidez- Pero creo que deberíamos iniciar mañana, mis padres no están en casa ahora...-Por alguna razón que Gabriel sospechó, Sam se aclaró la garganta en ese momento- y creo que deberías escuchar hablar a todos...

-Esta plática solo es una cortesía, Sammuel, antes de que tenga que notificar al consejo lo que de verdad está pasando, ¿tienes una sala para hablar en privado?.- Gabriel se detuvo y esperó la respuesta pero Sam respondió con otra pregunta. El pasillo estaba contenido entre paredes blancas y sus lustrosos zapatos negros rozaban una gruesa alfombra oscura.

-¿Lo que de verdad está pasando?. No lo entiendo, ¿cómo el consejo se involucra en esto ahora?.- Se giró hacia Sam para colocarse de frente, quien lo estaba confrontando un tanto nervioso.

Gabriel observó un momento el brazo que el joven alfa colocaba con la intensión de que evitara evadir sus preguntas. Se mantuvo en calma de cualquier manera.

-Fui al bar que mencionaste, ¿de acuerdo?.- Sam frunció un poco el ceño, aparentemente confundido.

-¿Hablaste con Dean?.- Preguntó, casi en un susurro. Los ojos verdes de Mary Winchester lo miraban desde arriba con un extraño brillo en ellos.

-No, pero lo vi y fue suficiente. Y también vi otras cosas. Y antes de decir nada más muéstrame la sala privada.

 

 

 

Sammuel lo condujo a un pequeño pero acogedor despacho en el ala este de la mansión del primer piso. No se encontraron a nadie en el camino, sin embargo, Sam mencionó a una mujer beta en la cocina, preparando té para ambos, lo que le pareció fascinante. Pasaba de media noche, así que todas las lámparas de la sala estaban encendidas e iluminaba cada rincón de la habitación de paredes cafés. No había ninguna ventana pero si una par de acojinados sillones perla, un sofá en el centro y por la derecha un gran escritorio de caoba. Las paredes estaban decoradas con los cuadros de los miembros de las familias. Sólo un cuadro retrataba a Dean Winchester, el cual lo retrataba como un cachorro aunque se perdía entre el resto. El resto eran de Sammuel o de Mary o de los padres de Mary. Casi ninguno de la familia de John, por lo que sabía, sus padres murieron cuando él era muy joven.

-Este es el despacho de mi padre. Es uno de los lugares más privados de la mansión. Ni siquiera un miembro del consejo tiene acceso a esta habitación.

-Perfecto.- Concordó, observando alrededor una vez más.

Sam tomó asiento en el sofá y se inclinó hacia adelante. Gabriel, por su parte, se apoyó sobre el escritorio, cruzó un pie delante del otro y le devolvió la mirada a Sammuel, quien esperaba a que reanudara la conversación. En ese momento alguien tocó la puerta. Entonces el alfa más joven se levantó del sofá y atendió la puerta. Recibió una bandeja de té en ambas manos después de agradecer a la mujer del otro lado. La puerta se cerró detrás de él mientras se giraba hacia el interior. Gabriel comprendió aquel comportamiento; al parecer, Sam y él tenía algo en común.

Sam depositó la bandeja en una mesa de centro de vidrio y tomó su propia taza de té. Gabriel se acercó y tomó un terrón de azúcar de la charola, y la colocó en su té. Revolvió con una pequeña cucharada de plata, la cual abandonó en la bandeja con cuidado, y tomó la taza con la mano derecha. Todo ello con la mirada de Sammuel Winchester puesta en él.

Bebió un sorbo antes de hablar.

-Azazel estaba ahí.- Dijo. Lo que no comprendió fue la reacción de sorpresa del escucha.

-¿Azazel?.- Casi balbuceó el muchacho.- ¿En el bar? ¿Y que pasó? ¿te enfrenaste a él o....?.- Recorrió su cuerpo de arriba a abajo.

Gabriel detuvo la tanda de preguntas con un gesto de mano. Sam se contuvo.

-Creía que sabías que Azazel estaba ahí. Toda su manada esta ahí, justo ahora. Y eso sin mencionar a Dean Winchester.- El rostro de Sam se congeló un momento. Gabriel bebió su té. Finalmente, Sam se giró y dio algunos cortos pasos por la habitación antes de detenerse y enfrentarlo nuevamente.

-No es posible, Dean se ha unido a la manada de Azazel.- Dijo después de un par de minutos en silencio, totalmente consternado.

-Yo no estoy tan seguro.- Sam le devolvió la mirada del otro lado del despacho, pero en realidad no lo miraba a él. Dejó su taza vacía.

-¿A qué te refieres?.- Su voz fue casi un susurro. Claramente aún procesaba la información.

-Lo que primero debo aclarar antes de responder a tu pregunta, es la razón por la que tu hermano mayor estaba en ese bar sirviendo bebidas.- Sam sacudió ligeramente su cabeza y respondió.

-Dean trabaja ahí, lo hace desde hace ocho años. Visité el bar hace diez días, fue por la tarde y no vi a Azazel entonces. Claro que no hable con Dean.- Se encogió de hombros ligeramente.- Solo necesitaba el lugar para reunirme con alguien y estuve unos minutos. Es uno de los lugares más privados de la ciudad.

-No estoy entendiendo...

-Dean ya no es parte de esta manada, Gabriel. Se fue...- Sam lo interrumpió. Suspiró, afectado- Nos dejo hace ocho años, a mí, a mi madre...

-¿Él se fue, dices?.- Interrumpió Gabriel sospechando que el joven alfa iba a romper a llorar.

-Si.- Tomó un largo suspiro y colocó ambas manos sobre sus caderas. Su respiración era irregular.

-¿Cómo pasó?.- Preguntó Gabriel con seriedad.

-Eso no importa.- Hizo un gesto de desinterés- Debemos concentrarnos en Azazel y en cómo esto afecta a mi hermano...

-Espera Sammuel, esto si importa. Importa porque creo que no lo estas entendiendo.- Gabriel se inclinó hacia el frente, haciendo énfasis en sus palabras. Sam lo observó con detenimiento por un par de segundo antes de responder.

-Bien.- Asintió y se tomó unos segundos antes de contestar la pregunta- Ocurrió algo. Mi madre y él fueron a una caza a tres horas de aquí. No sabemos que pasó ni quienes estuvieron involucrados. Mi madre no quiere hablar de ello. Ella...fue gravemente herida. Dean condujo con ella en el asiento trasero del auto hasta aquí. Llegaron cerca de las cuatro de la madrugada. Parecía bastante afectado y en realidad no parecía comprender lo que acababa de pasar entonces. Mi padre lo confrontó pero él...él no supo que decir, él no...-Balbuceó. Se detuvo un segundo y continuó.- Tuvieron una pelea, yo no estuve ahí. Papá le pidió que se fuera y él lo hizo. Eso es todo, ni siquiera se despidió.

Gabriel cerró los ojo un momento. Escuchar lo que acaba de oír cambiaba por completo el panorama.

-¿Qué pasa?.- Exigió saber Sam. Gabriel abrió los ojos.- Si en verdad Dean se unió a la manda de Azazel eso significa que...

-No, Sam...

-¿Dean hizo qué?.- Tanto Sam como él voltearon hacia la entrada del despacho, sorprendidos por la intervención. Mary Winchester estaba de pie debajo del umbral de la puerta abierta. Gabriel se incorporó, tomando una postura recta. Lo mismo hizo Sam, quien se aclaró la garganta ante esos verde ojos inquisidores. Mientras lo hacían ella cerró la puerta del despacho. La postura del alfa indicaba estar a la defensiva. Su cabello rubio caía en bucles al rededor de su cuello y espalda, y vestía una chaqueta oscura con pantalones holgados. Era tan bella como la última vez que la vio, pensó Gabriel.

-Nos dijeron que habías llegado hace unos minutos, Gabriel. Disculpa si no te recibimos. ¿Por qué están en este despacho? Hay una sala que utilizamos para hablar en privado.- Continuó antes de que cualquiera de los dos lo hiciera.

-Si, lo sé, pero Bobby está ahí planeando el próximo paso y esto...requería algo más privado.- Respondió Sam, metiendo las manos en los bolsillo de sus pantalones vaqueros.

-Bien.- Asintió.- Creí escuchar que Dean se había unido a otra manada....A la manada de Azazel específicamente, ¿no es cierto?.-La pequeña arruga que se formaba en la parte superior de su mejilla derecha delataba su calmada compostura.

-Eso parece.- Respondió su hijo en seguida. Pero Mary observaba a Gabriel.

-No estas convencido.- Declaró. Él alzó un poco la mandíbula mientras suspiraba. Con eso le dio su respuesta.- Llamaré a John y hablaremos.- Se dio media vuelta y abandonó la estancia, dejándolos nuevamente solos. Gabriel estuvo de acuerdo. El resto de las palabras debían decirse con el resto de la familia junta.

Ambos se quedamos en silencio. 

 

 

 

John llegó al poco tiempo. Vestía una gruesa chaqueta de piel negra y lucía una barba canosa. Era tan alto como Sam, quien ya había llegado a la madurez. Su cabello negro está corto y sus grandes ojos negros estaban alerta aunque parecen algo cansados. Gabriel dudaba que Mary hubiera mencionado nada. Gabriel no pasó desapercibido las pequeños rastros de ramas sobre sus hombros.

-Gabriel.- Lo saludó con un asentimiento de cabeza y con voz neutra. Éste respondió con una ligera sonrisa.

-Señor Winchester. Mi padre le envía saludos.- No le sorprendió que no tomara la iniciativa de estrechar su mano. Gabriel entendía que con un alfa de su rango, primero debía ganarse ese privilegio. De todos modos, Sam le dedicó una mirada de disculpa. El chico es bastante educado, a su parecer, y Gabriel dedujo que se debía a la partida de Dean años atrás. Mary debió sobre proteger a su cachorro después de aquello, inculcándole los mejores valores que consideraba y al mismo tiempo, convirtiéndolo en un alfa más empatico.

John se colocó detrás de su escritorio pero no tomó asiento en la silla de piel. Se cruzó de brazos y le dio la palabra a Gabriel, quien estaba de pie en el centro del despacho. Introdujo la mano derecha en el pantalón del traje negro antes de hablar.

-Sam me contó de la partida de su hijo Dean.- El sutil gesto en el rostro del alfa mayor le indicó al invitado que no estaba contento con el tema- y que no han estado mucho en contacto con él, sin embargo, hay algo que no entiendo del todo todavía, pero que Sam me ha dejado ver que no es de su conocimiento. -Tomó una pequeña pausa. Nadie emitió ningún sonido.- Me encontré con Azazel en el bar al que me refirió Sam cuando tuve intención de hacerle una visita a Dean. Él y su manada se están reuniendo en ese lugar, lo más probable es que desde hace muy poco.

-Y por eso tal vez creemos que Dean ahora forma parte de la manada de Azazel.- Se apresuró a concluir Sam, quien se encontraba unos pasos detrás de Gabriel.

-No es así, Sam.- Lo detuvo él mismo.

-Pero no lo entiendo, dijiste....-John hizo un gesto que calló de inmediato a su hijo. Gabriel observó a Mary, que le miraba con ojos expectantes.

-Dean no se fue, Mary.- Se dirigió hacia ella y colocó sus ojos sobre los suyos. Se miraron por unos segundos.

-¿Entonces?.- Interrumpió John. Gabriel se obligó a desviar su mirada.

-Él recibió una orden.- Dijo en voz baja y calmada, pero audible para todos. Mary cesó su atención en el invitado y se concentró en la alfombra.- El consejo tiene que saber esto, señor Winchester. Deben saber lo que hizo.

-¿Saber qué?.- Preguntó Sam, dubitativo. John tampoco parecía comprender del todo.

-Dean.- Habló en voz alta para asegurarse de que lo que escucharan fuera lo correcto.- Dean Winchester no es un alfa, Sam.

Mary cerró los ojos y sus facciones se volvieron duras. Levantó la mirada, enfrentándose a la verdad.

-Dean es un omega.- Concluyó.

Hubo un momento de silencio, un incómodo silencio continuó. Pero Gabriel tenía que seguir hablando.

-El consejo debe saber que abandonó a su suerte a un omega de su manada....y esto, claro, afectará su reputación como alfa, pero...

-No.- Le interrumpió Mary. Gabriel la observó una vez más. Tenía una mano alzada y respiración era irregular. Sus ojos se habían vuelto duros. -Dean no puede ser un omega.- Negó, suplicante. Gabriel entendía que aquello le afectara de esa manera.

-Lo es.- Afirmó con seguridad.- estuve ahí, lo olí....

-¿Qué más viste?.- Preguntó John, ignorando el comportamiento de su esposa. Sus facciones estaban inalterables.

-Azazel estaba cortejándolo.- Respondió después de un segundo. El hombre mayor se pasó una mano por el rostro, después colocó ambas manos sobre la superficie del escritorio, inclinó la espalda y bajó la mirada. Que un alfa como ese, con esa reputación, se diera el lujo de cortejar a su hijo pareció ser demasiado para él.

-¿Y Dean?.- Preguntó después de un rato, esta vez con más calma. Gabriel incluso notó el matiz de amenaza en su gruesa voz. Mary tenía los labios entreabiertos; no podía creer lo que estaba escuchando.

-Dean respondió, señor.- Continuó el silencio.

Abandonar a un omega, un omega recién presentado, como lo sospechaba Gabriel, no era algo para nada bien visto en la comunidad. Ahora había pruebas de que John había desterrado intencionalmente al omega de su manada. Y por mucho que Dean no quisiera irse, había recibido una orden directa de su alfa. Incluso si John creía que Dean no se dejaría someter...incluso si no conocía su designación como omega.

Naturalmente, los omegas no pueden recibir trabajos ni pueden sostenerse económicamente en el mundo. Esa es la razón por la que se les protege demasiado, la principal razón por la que se formó el consejo en primer lugar. Los omegas no son comunes, el número de alfas los superaba fácilmente, y mucho menos comunes son los omegas puros. Gabriel tenía su propia teoría sobre cómo este omega en particular había logrado establecerse con mucho éxito.

-Entonces no lo han reclamado.- Aseguró Mary, mucho más estable ahora. Sus ojos brillaron con algo de esperanza. Gabriel parpadeó, volviendo de sus pensamientos.

-Así es. Su cuello está inmaculado. Ha estado teniendo bastante cuidado a pesar de que ha desempeñado en un ambiente hostil.- Escuchó su propia voz fluir ágilmente de entre sus labios; lo peor había pasado y no se había producido ningún enfrentamiento, al menos no entre la pareja, lo que al final le consternó.

-Además, teniendo en cuenta que Azazel no lleva mucho tiempo en la ciudad...yo, recogí información de él.- Se aclaró la garganta. John le miró con atención en ese momento. Esos ojos negros se concentraron en su expresión facial, lo que lo hizo sentirse más incómodo.- El celo de Dean no está muy cerca. Sabemos que para tener oportunidad de reclamarlo, el omega debe entrar en celo primero.

-¿Y cómo estás tan seguro de que no se ha unido a la manda de Azazel?.- Preguntó Sam después de mucho tiempo en silencio y, afortunadamente, cambiando de tema. Gabriel echó un vistazo hacia atrás. El joven alfa yacía sentado en el sofá con el cuerpo inclinado y los codos reposaban sobre sus rodillas.

-Los omegas son diferentes a los alfas en muchos aspectos. Pueden reconocer a un alfa fuerte fuera de su manada de nacimiento como su alfa, pero si no son mordidos su permanencia en la manada no está asegurada. Basta con interactuar con un alfa más poderoso para que el omega incline su cuello ante él o ella o encontrar un alfa que sea mejor candidato para aparearse.- Gabriel prestó atención al movimiento de mandíbula del señor Winchester. Claramente la palabra “apareamiento” le disgustaba un poco, sobre todo si se le asociaba a su retoño. Dean podía haber madurado sexualmente pero seguía siendo un joven omega, uno que además estaba solo. John se incorporó desde su posición. Él y Mary intercambiaron una intensa y algo larga mirada.

-¿Tú que piensas, Gabriel?. ¿Qué crees que debemos hacer?.- Le preguntó. La pregunta lo sorprendió un poco.

-Debemos traerlo de vuelta....-Respondió Sam en seguida poniéndose en pie, alterado.

-Gabriel.- Sam calló en seguida y miró la alfombra, entendiendo que no debía hablar. John había usado una voz amenazante y sus dientes estaban ligeramente expuestos. El tiempo de ahora en adelante era crucial, no podía tolerar rebeldías.

-Debemos sustraer a Dean Winchester de la manada de Azazel ahora que sabemos donde está. Y debemos conseguirle un nuevo candidato. Tomará tiempo, pero de ese modo Dean quedará fuera del alcance de Azazel. Y aún no he mencionado al consejo. Ellos tratarán de arrebatárselo.

-El consejo es lo que menos importa ahora. Seguro tienes una candidato en mente que pueda considerar.- Sus ojos negros lo miraron con inteligencia, era la mirada de un cuervo.- Lo consideraré si a cambio rehúsas reunirte con el consejo y discutir el tema con ellos.- Gabriel pasó un poco de saliva y dio un par de pasos sobre la alfombra. Era la primera vez que se movía de su posición.

John Winchester no era nada tonto, como su padre le había dicho. Ya había deducido sus intenciones al insistir en acudir al consejo. La familia Novak, en todo caso, era la mejor familia para que cuidara del omega en cuanto fuese rescatado. Y Sam ya le había dado las herramientas para impedir que los Winchester lo recuperarán. Sin embargo, los Winchester seguían siendo la mejor opción para perpetuar el rescate y encarcelar a Azazel. De esperar a su manada estaría poniendo en riesgo la única oportunidad que tenían....y estaba el tema de su hermano.

Gabriel es el más listo de su familia y este hombre lo había dejado al descubierto en poco tiempo. De ahora en adelante tiene que andarse con más cuidado.

-Tengo uno. Mi hermano menor, Castiel. Sin embargo, en cuanto la noticia llegue a mi familia, será Michael quien querrá tener el primer acercamiento y mi padre estará de acuerdo. Así que usted debe notificarle que ese privilegio le pertenece a Castiel.- Su voz fue demasiado autoritaria. Aquello no molestó al escucha.

-¿Y qué me dices de ti?.- Preguntó con seriedad. Su rostro es inexpresivo.

-Oh, no. Yo me considero un alma libre.- Respondió con una encantadora sonrisa, pero no engañó para nada al alfa. Gabriel no deseaba establecerse en una relación porque disfrutaba demasiado de probar distintos aromas, incluso si no pertenecían a omegas

-¿Michael no es el más viejo?. Aún no he tenido el placer de conocerlo.- Preguntó Sam suavemente en tanto tomaba una posición a su lado.

-No es tan viejo.- Refutó Gabriel, devolviéndole la mirada.- Es el mayor de todos los Novak y por tanto el más dominante.

-¿Me pides que minimice las posibilidades de entregar a mi hijo al mejor candidato que puede tener?.- Mary desvió su mirada de John a él, claramente pensando lo mismo que su marido. John Winchester y Michael Novak habían coincidido ya en el pasado y el muchacho se había ganado su respeto. Michael Novak lo tiene todo y en un futuro cercano su propia manada, una muy poderosa.

-Sólo es una oportunidad para mi hermano pequeño. Puede que no haga la diferencia, pero incluso si lo hace, Castiel es un gran partido. Es un excelente cazador y sus genes son mejores que los míos.- Alardeó con confianza.

-Hablaremos de esto en otro momento, cada segundo es tiempo que no tenemos. Es un trato. Tienes razón, puede que no haga la diferencia. Michael es un candidato muy fuerte.- Concluyó al tiempo que abandonaba el despacho, seguido de Mary. Ella le miró una última vez antes de darse la vuelta y pasar a su lado. Gabriel soltó un largo suspiro cuando solo quedaban él y Sam en la habitación.

-Salgamos de aquí. Tenemos que pensar en un plan, ¿Ya conoces a Bobby?.- Sam se dio media vuelta, listo para salir.

-Tengo que hacer una llamada antes.- Anunció.

-Claro.- No le dedicó ni un vistazo mientras salía.

Gabriel hurgó entre los bolsillos de su abrigo y tomó su teléfono celular. Localizó rápidamente el número que buscaba.

-Castiel Novak-. Respondió al primer tono.

-Dean Winchester es un omega.- Un corto silencio se hizo presente. Seguramente Castiel se estaba haciendo muchas preguntas.- Michael va a enterarse en unos minutos. Acabo de negociar con John Winchester. Él te ha otorgado el primer acercamiento.- Gabriel reconoció el ronroneo de un auto en movimiento. Castiel suspiró de un modo extraño.

-Entiendo.- Expresó con calma, de forma cautelosa.- Llegaré lo antes posible...y gracias.- Susurró aquello último.

-No lo arruines.- Gabriel colgó la llamada.- Tenemos una oportunidad.

Castiel conducía de vuelta a casa cuando recibió la llamada. Gabriel casi puso oír el chirrido de las llantas del auto al dar una vuelta prohibida en la carretera antes de cortar la comunicación.

Salió del despacho y descubrió que el pequeño Sam esperaba por él en el pasillo. 

Notas finales:

Nos vemos hasta el proximo capítulo, gracias por leer.


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