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Katze por Arwen Diosa

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Notas del fanfic:

Hola!

Nunca es suficiente Ai no kusabi ¿O si? 

Espero te guste esta historia, aún se está escribiendo, pero publicaré un capítulo cada día.

Por ahora subiré los primeros dos.

Sin más, pues disfruta la lectura!

 
Katze.
 
 
 
Capítulo 1.
 
 
 
-No lo haré Riki.
-Claro que sí.
Discutir con la mascota de un Blondie, de este blondie en particular era una pérdida de su precioso tiempo. Se pasó la mano por la cara como única muestra de su irritación, intentando no coger al niño por su legendaria chaqueta de cuero y lanzarlo por la ventana.
Sería demasiado fácil pretender que ahí terminarían sus problemas.
-Si lo dejas aquí, la ignorare por completo – respondió katze sin dejar de mirar su pantalla llena de datos.
Riki cruzó los brazos sobre el pecho, chasqueando la lengua y pensando en alguna nueva estrategia para lograr que el obstinado pelirrojo haga lo que quiere. 
Miro hacia la ventana abierta.
Era algo estúpido en realidad, pero, quizá sólo se estaba aferrando sin razón alguna. Suspiró, se acercó a la ventana y miro casi con devoción a la maceta pálida de piedra caliza con un montón de tierra oscura dentro y un solo atisbo de vegetación asomándose con delicadeza, una brizna enrollada sobre su eje, apenas una vuelta. Se veía frágil a los ojos de Riki.  
-Es sólo una planta, que tan complicado puede ser – Riki no se detuvo, de todas formas tenía poco tiempo antes que sonará la campana y regresa a la Torre Eos.
-Muy complicado – Katze se limitó a responder sin dejar de hacer su trabajo, sintiendo el silencio que gritaba amargura decidió por fin alzar su mirada dorada -  Riki, si sólo es una  maceta qué hace aquí, llévala al ático, seguro que sobra espacio.
-¿Me estas jodiendo? Claro que pensé en hacer eso ¡El puto Orphe no dejó que las metiera! 
Riki explicó rápidamente en un lenguaje florido muy típico de Ceres como el elegante blondie Jefe de la Torre Eos escaneo como protocolo todas las pertenencias de  Iason a su regreso de ese planeta lejano donde estaba el último mes en un viaje de negocios, por supuesto que su querida mascota mestiza lo acompañó. Entre el equipaje estaba un par de macetas que no pasaron el escáner de seguridad por contenido biológico desconocido.
Se notificó de inmediato al Jefe del departamento de Biotecnología Raoul Am, donde indicó que estudiaría las muestras nuevas y una vez que tenga los resultados, dependiendo si era inofensivas, se lo devolvería. 
-Si el Maestro Am tiene la planta, no entiendo cómo...
-Eran dos macetas katze – dijo Riki con los dientes apretados - dos putas macetas y ahora sólo tengo una. El culo Am nunca me devolverá la otra, sea que la examine o no. Saque está  de contrabando ¿De que te sorprendes? Tu haces esto todo el tiempo. 
- Riki tu lenguaje.
Ambos mestizos reaccionaron a su manera ante la voz de Iason, el rubio élite estaba tan metido en su lectura que no intervino en la conversación desde que llegaron a una de las casas seguras de Katze. 
Esta en particular era muy poco usada a pesar de su buena ubicación,  una propiedad de varios pisos con diferentes oficinas para sus negocios. El piso más alto, casi  tan alta como la misma Torre Eos reservado para Iason cuando el blondie decidía hacer acto de presencia. 
Riki dejo de apretar los puños y Katze volvió a respirar cuando Iason simplemente continuó con su lectura.
Cuando el ambiente se relajaba de nuevo y parecía que los mestizos continuarían con su conversación Iason se puso de pie.
-Si vas a fumar hazlo afuera – dijo a Katze al ver que su mano se dirigía dentro de su chaqueta azul. Su tono no dio lugar a discusión.
Katze se puso de pie, iba a sacar un bolígrafo pero la idea de fumar lo sedujo. 
-Yo también iré.
A pesar se no ser una pregunta Riki no se movió hasta que Iason simplemente afirmó con la cabeza. 
Antes de salir Iason hablo de nuevo.
-Que sea rápido Riki, volveremos a Eos pronto. Katze – el pelirrojo giró todo el cuerpo hacia Iason y no sólo la mirada como el mestizo de cabello negro – este último mes has cumplido con tu trabajo sin altos ni bajos que notificar, sin embargo, encuentro que el último informe no está terminado.
-Lo estaba leyendo antes de dárselo, está terminado.
-No me interrumpas. ¿Acaso estabas revisando algo? Estabas perdiendo el tiempo.
A Riki le vacilaron las piernas, tanto salir como quedarse le provocaba dudas. Podía reconocer el tono de voz de Iason, incluso podía sentir las emociones fluyendo de Iason, ambos eran receptivos por su vínculo y largos años juntos.  Riki sentía que no era molestia por el trabajo lo que Iason tenía ¿De qué se estaba desquitando  con Katze? La pregunta era ¿De qué?
Su viaje estuvo lleno de momentos relajantes e íntimos. Esa palabra, intimidad, era lo que marcaba la diferencia a su “relación". El antes y el después de Dana Bhan había roto sus caparazones para poder entender sus propios sentimientos y los del otro… pero en este viaje…
El viaje terminó, Amoi, Tanagura y Eos… las tres barreras inquebrantables, con sus reglas, estaban entre ellos otra vez. Si Riki podía leer a Iason, y sí que podía, era eso lo que sucedía. Iason estaba molesto por todas esas reglas. Al volver del fuego de Dana Bhan eran ellos mismos con nuevo conocimiento, nueva actitud para el otro. Pero este viaje, lejos de todas las reglas de Amoi les abrió espacio.
No eran amo y mascota.
No eran élite y mestizo.
Eran amantes.
Dos personas que se aman.
Con esta diatriba a Katze sobre un informe Riki entendió que Iason estaba ejercitando su músculo de la autoridad sobre un mestizo que no tenía ninguna posibilidad de poder defenderse. Probando como se sentía PODER hacerlo de nuevo y si quería CONTINUAR haciéndolo.
Claramente en ese mes de viaje no lo hizo.
-Dentro de cuatro semanas tenemos que cerrar el trato con Lancon Mers y no veo avances, te quiero concentrado Katze – Iason continuó hablando mirando a Riki y su expresión pensativa para luego mirar la maceta en la ventana.
El pelirrojo mantuvo su expresión igual a la de Iason, estoica sin cambios. 
-He bajado la base de datos de Mers directamente de mi memoria al ordenador para que apruebes los avances, el viaje es un mes pero el acuerdo está listo. 
-Ya veo. Si aún quieren ese cigarrillo que sea rápido – Iason espero hasta que una vez más Katze se girará para llamarlo de nuevo sólo para ver como volvía rápidamente sobre sus talones. Una vez mueble, siempre mueble. Sin embargo Riki nunca lo miró directamente pero podía ver que no perdía detalle de la conversación.
-Cuidaras de la planta. 
Asunto cerrado. 
-Si Maestro. 
Ambos dejaron la oficina. 
Una vez sólo entre esas paredes que no ofrecían nada interesante, Iason volvió a mirar los numerosos informes que tenía pendientes. Paso la pantalla holográfica con cierta antipatía, dio algunos pasos para estirar las piernas un poco mientras las pantallas lo seguían. Hace apenas unas horas que habían descendido a Amoi de su viaje de “negocios”, bien, los negocios estaban terminandos con éxito y Riki lejos de Amoi estuvo relajado y divertido… apasionado y casi amoroso… si… un viaje exitoso. Le había complacido que su mascota demuestre interés en algo al menos para recordar su viaje, aunque sean esas peculiares macetas. ¿Qué tipo de planta crecía dentro? 
Iason apagó las pantallas y se acercó a examinar la brizna verde dentro de la maceta, Iason casi sonrió con sus labios llenos. Riki… él le había PEDIDO comprar estas plantas, Riki nunca pidió nada (sólo libertad). Se aseguraría que Raoul cumpliera su trabajo lo más pronto posible para tener estás plantas en su ático, para que la atmósfera de sus avances con Riki permanezcan en sus memorias… en sus sentimientos… 
Sí, Iason amaba a Riki. Nunca dudo en hacérselo saber al mestizo, pero las palabras “-Te amo" eran tan nuevas… ya no los definía ese sentimiento de poseer a Riki y este de huida y rebelión
La idea de tenerlo con la categoría de  mascota ya no le agradaba. Al principio era  la única forma de mantener su relación, ante ellos y los ojos de los demás. Pero ahora que incluso con la autorización de Júpiter Riki había vuelto a su lado después de Dana Bhan, quería a Riki como su igual. Una pareja, un compañero de vida.
El ático que los acoge en su diario vivir era enorme, ahí podrían ser ellos mismos lejos de las reglas de la sociedad, pues Iason Mink también respondía a Júpiter. Ante ella eran  amo y mascota.
No… 
Y sobre Riki, ¿que hay de él? Riki también lo amaba aunque nunca lo había dicho… aún. Pero había sido receptivo más allá de la sumisión, entregando cariño más que pasión, aportando a conversaciones interminables demostrando confianza, riendo en complicidad y lo más importante… sin miedo.
Su mirada nunca abandonó la pequeña planta, Iason no era un entregado al romanticismo, era un hombre práctico pero no pudo evitar acariciar la delgada brizna verde. 
Frágil.
En una maceta dura.
Esta cosa, pensó, eran ellos. Creciendo… nadie sabía que tipo de planta sería pero con el cuidado y dedicación necesaria brotaría algo hermoso. 
Iason sonrió
Definitivamente quería las macetas en el ático, mejor si estarían dentro del dormitorio. Le daría a Raoul un ultimátum de doce horas para aprobar las plantas y Orphe tendría que cerrar su gran boca. 
Se dio la vuelta con rapidez, casi con brusquedad. Él era Iason Mink, favorito  de Júpiter, el blondie número uno del planeta, ni siquiera Raoul Am y Orphe Zavi podían negarse a…
Bom bom blank
Ni siquiera Iason Mink, favorito de Júpiter pudo detener la maceta cuando la vio caer al vacío. 
 
 
Podían fumar en algún pasillo con la ventana abierta pero Riki sugirió salir a la calle a hacerlo, quería estirar las piernas un poco después de su largo viaje de vuelta. 
Como era de esperar, Katze no mencionó nada de la orden de Iason sobre cuidar la estúpida planta, pero Riki no quería lograr su objetivo de esa forma ¿Era importante mencionar eso? 
-Escucha katze, quería que sea un favor, no una orden. 
El pelirrojo lo miró por unos momentos, difícil de descifrar su silencio. Aunque para Riki no era necesaria una respuesta.
-Una orden más, una menos… 
No continuó y lo dejó colgando. 
-Bien - dijo Riki al ver que no continuaría – ¿Dónde está el baño a todo esto? Este lugar es enorme.
Katze saco una pequeña llave del bolsillo y se la dio. 
-Usa del piso de abajo, esta mejor que este. 
Cuando el joven de cabello negro se lavaba las manos bajo el chorro de agua fría  se miró por el espejo del elegante bañó. 
Sus ojos un pozo donde perderse le mostraban un reflejo de sus decisiones, se agitaba el miedo constantemente, miedo disfrazado de bravuconería. También había rabia desnuda de complejos algo parecido a la rabia explosiva que amenazaba con hacerlo decidir salir de la cama de Iason y no volver nunca, sólo para recordar que no podía decidir…
Era una mascota.
Pero en esa ocasión Riki no encontró medio ni rabia. 
Esta vez vio… deriva… cuando bajaba las armas que había usado para luchar contra su posición de mascota y aceptarlo llegaba este viaje y lo calma… cambia… a ambos… ahora querían más.
¿Deberían luchar por este sentimiento? ¿O volver a la cómoda aceptación anterior?
Ser amantes.
Algo llamó su atención en la ventana, paso con demasiada claridad para sus ojos a pesar de la perspectiva. Era la maceta cayendo. Pronto el sonido seco de su caída al suelo también sonó.
 
 
El aire húmedo y fresco del atardecer le golpeó en las mejillas, revolvió su cabello rojizo y calmó sus ansias.
A lo largo de los años fue un espectador de la dinámica entre amo y mascota, entre dos alfas que no cedían. Después del fuego de Dana Bahn, sintió que su relación se transformaba, a él no deberían importarle estas cosas pero lo hacían. Le importaba Iason, le importaba Riki y entre ellos sentía que había llegado el equilibrio… Riki sin anillo de mascota, con una motocicleta para salir de Eos sin abandonar Tanagura, trabajando esporádicamente en el mercado negro y sobre todo con la oportunidad de hablar cualquier tema al Líder del Sindicato, Iason Mink. 
Pero qué podía entender él de una relación. Era un mueble, ex mueble en el tecnicismo de la palabra pero aún lejos de un hogar que atender, continuaba cumpliendo cualquier orden que su amo le de. Estaba privado de órganos sexuales desde el inicio de la pubertad, nunca conoció el placer y él castro cualquier posibilidad de una relación sentimental. Sin embargo, en el fondo de su corazón una chispa calentaba todos sus sentimientos de vez en cuando, algo parecido a la esperanza.
Esa misma esperanza que Iason y Riki alimentaban sin saberlo al permanecer juntos incluso en el fuego de Dana Bhan.
Suspiro desde lo profundo de su pecho.
 Se sujeto la frente con disgusto. Una migraña empezaba a formarse detrás de los ojos. Era una molestia regular cuando tenía que usar el aparato de copiado de memoria para que Iason este informado de las reuniones importantes, ayudaba mucho que el blondie vea por si mismo una copia de la realidad sacada directamente de su memoria al ordenador para lograr mejor precisión de los hechos. Cada vez que usaba el aparato no podía estar más agradecido con el jefe del departamento de Biotecnología, el blondie puso la máquina en su camino hace unos años y eso alivió mucho estrés. 
Raoul Am… tenía que dejar de pensar en él…
Se ajustó la ropa para que su elegante y costosa chaqueta cubriera  su entrepierna vacía. El sentimiento de inferioridad ante la mutilación de sus genitales era algo que no podía olvidar.
 No quería alimentar el cosquilleo de su estómago o el aleteo de su corazón cuando pensaba en Raoul Am, no podía permitirse nada porque no tenía nada que ofrecer.
No era Riki.
Y sólo por ser cercano a Riki no significaba que algo parecido también debía pasarle a él.
 Raoul Am un blondie no era Iason. 
Raoul Am no podría tener intenciones amorosas con un mueble, sólo porque se veían de manera regular, era amable, se interesaba por su comodidad, salud, trabajo y gustos. 
Un perfecto espécimen de la belleza con todo ese cabello dorado intenso majestuoso cayendo detrás de su ancha espalda. Sus hombros… Katze se estremecía cada vez que imaginaba la piel desnuda de sus hombros, fuertes, firmes y con la piel perfumada. 
Con una sonrisa triste pensó que podría morir en paz después de depositar un suave beso en esos hombros al menos una sola vez y claro, fumar un último cigarro.
Cuando dirigía la mano para sacar el palito blanco y se lo llevaba a los labios, no supo más. 
El delgado palito lleno de nicotina, tocó el asfalto antes que los labios de Katze.
 
Notas finales:

Bueno, bueno...

Un cometario?


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