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La otra realidad por CasiopeTW

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Notas del capitulo:

Gracias por leer, y perdón por no actualizar. Andaba con otros proyectos que no pude actualizar antes.

 

¡Espero que les guste!

Cuando Remus despertó seguía en el mismo lugar donde había caído. Podía escuchar a lo lejos como sus compañeros peleaban con unos individuos; cinco, según había logrado oír por parte del sub-comandante del grupo. Arrastrándose para cubrirse, Remus quedó contra una tumba de buena pinta y que tenía una estatua. No tenía tiempo para dirigirle la mirada a la estatura o a la placa que cubría con su espalda, no estando en medio de una pelea. Agarró fuertemente su varita mientras se levantaba, descargando hechizos de desarme contra los enemigos al igual que sus compañeros.

Los contrarios eran mortifagos, estaba seguro de eso; ellos eran los únicos que serían capaces de lanzar a diestra y siniestra un Avada Kedavra sin pensar en las consecuencias. Al final, gracias a la llegada del otro grupo de aurores, pudieron desarmar y atrapar a los hombres.

 

—¡Remus! —escuchó la voz de Harry no muy lejos; lo buscó con la mirada, encontrándose con el susodicho y su amigo Ron acercándose a él, preocupados. — ¿Estas bien? Escuche que te noquearon...

—Estoy bien, Harry —tranquilizó—. Mantuve la guardia baja.

—¿No estas herido, verdad? —pregunta Ron, dando un brinco cuando sintió (y vio) a un fantasma regordete traspasarle sin avisar.

—Solo unos rasguños producto a los escombros que volaban. Nada grave.

—Señor Lupin. —volteó, encontrándose con la severa mirada del comandante del tercer grupo—. Informe.

—Ah, sí, si... —soltó en un balbuceo, analizando la zona. La mayoría de tumbas estaban destruidas; dos compañeros estaban heridos (nada grave); y un último vasallo estaba inconsciente. Suspiró. —. Los atacantes aparecieron por la parte norte, me noquearon y no supe que sucedió después hasta que desperté —el contrario torció los ojos—. Quizás uno de mis compañeros de grupo pueda responder el que pasó mientras estaba inconsciente, señor.

El hombre asintió de mala gana, dirigiéndose hacia un joven auror perteneciente al grupo de Lupin.

 

—¿Nos vamos? —pregunta Ron de repente, llamando la atención de Harry y Remus. —. Los individuos ya fueron neutralizados y los aurores están siendo llevados a San Mungo, Remus también debería ir para revisar sus heridas.

—Estoy bien, solo son raspones y un ligero dolor de cabeza.

—Pero hay que estar seguros de que no sea nada grave.

 

Inquiere Harry

 

—Está bien...

Musitó Remus con una suave sonrisa. Antes de que se alejaran un fantasma se interpuso en su camino.

 

—¡Ustedes... malditos! —siseó con cólera—. Tendrán que responder por los daños, malditos bastardos.

—¿Q-qué? —balbuceó Harry con cierto desconcierto.

—No se hagáis los tontos: alguien debe responder por los daños. —dijo el fantasma controlando su cólera, pero aun teniéndola presente en sus destellantes ojos, grisáceos espectrales.

 

Remus le observó en silencio, para después empezar a pasear la mirada por el lugar. Dudaba que el ministerio repararía algo, sabe que ellos tienden a ser muy despectivos cuando se trata de ayudar a otra cosa que no sea un mago. No era tanto problema: con encantamientos todo volvería a su lugar.

 

—Yo lo arreglo. —habla finalmente, llamando la atención de los presentes.

—¿Estás seguro, Remus? —preguntó Harry. El licántropo asintió.

—Después los alcanzo. Y no se preocupen por mí, que estoy bien.

Los jóvenes se retiraron vacilantes, dejando a Remus con el indignado fantasma que, por sus rasgos, le hacía recordar a Klaus.

 

—¿Dónde quiere que empiece?

—Por donde sea, pero que sea rápido. —gruñó e fantasma, sin mirarle.

—Entiendo…

 

Remus se alejó y empezó a restaurar lo dañado, aunque siempre estuvo mirando de reojo al hombre, quien levitaba suavemente sobre una tumba. Su tumba. Remus vacila un poco, pero al final se acerca para reparar la tumba del fantasma, este le miró; Remus estuvo seguro de haber visto melancolía en sus ojos antes de que la indiferencia los inundase, aunque no dijo nada al respecto.

¿Por qué hablaría de eso? No sabe nada del fantasma, de quien fue antes y del porqué de su melancolía. Aunque al ver sus rasgos tenía el fuerte pensamiento de que el fantasma fuese un Malfoy.

 

Su aspecto era característico a los Malfoy, había visto a Lucius y a Draco juntos y eran copia exacta; no obstante, el hombre tenía su cuerpo magullado y enfermizo. Sus ojos estaban marcados por las ojeras, y sus labios parecían estar partidos y resecos. Le recordó al padre de James en su lecho de muerte; se veía como un inferí.

 

¿Será que este Malfoy habrá muerto de viruela de dragón, tal como el señor Fleamont? Si era así, el único Malfoy que se le venía a la mente era…

 

—¿Abraxas? —murmuró para sí mismo, pero fue escuchado por el susodicho, que había levantado la mirada en dirección a los ojos miel del licántropo. Remus notó la penetrante mirada y desvió la suya, apenado.

—¿Por qué te quedas ahí sin hacer nada?

—Y- yo… —hizo una pausa, temeroso de volver la vista al mayor— seguiré con la restauración.

Terminó la reparación cuando el arrebol inundaba el cielo, mientras que el sol ya hacía como una débil luz en el horizonte boscoso.

 

—Gracias por haber arreglado nuestras tumbas, joven auror. —agradece una dama de vestido rasgado y cara desfigurada. Remus ladeó la cabeza, evitando no darle una mala cara, o ser despectivo con la difunta.

—Si necesitan algo pueden comunicárselo al vigilante, es un buen amigo mío.

Comunica el licántropo con una suave sonrisa en su rostro.

 

—¿Y podríamos saber su nombre, mi estimado? —preguntó un hombre de baja estatura.

—Remus, Remus Lupin.

—¡Pero que sorpresa! —exclama el mismo hombre con una gran sonrisa en su regordete rostro—. Así que eres mi descendiente, me resulta magnifico saber que el linaje Lupin persiste.

—Vaya, esto es… interesante.

 

Musita Remus, perplejo.

 

—Y dime, muchacho: ¿Cómo ha sido tu vida?

—Pues, me mantengo. No es tan fácil…

—Aunque teniendo la fortuna Lupin no creo que te sea tan difícil.

—¿Fortuna? —jadeó el licántropo, extrañado—. Mi familia nunca tuvo fortuna, señor.

—¡¿Cómo?! ¡Eso no puede ser, la familia Lupin era una de las más adineradas de Gales!

—Como usted mismo lo dijo, lo era. —irrumpe una voz conocida para Remus. Abraxas no estaba muy lejos, ya hacia sentado en su tumba con los brazos cruzados, con su mirada puesta en el crepúsculo, pero con sus oídos atentos a la charla familiar.

—Usted no se meta, joven Brax.

Bramó el hombre. Abraxas no refutó, ni mostraba indicios de hacerlo.

 

—A mí y a mi padre nos resultó desconocido eso de la fortuna familiar. Él vivió gran parte de su vida mediante su esfuerzo, nunca tuvo dinero guardado para mantenerse mejor.

—¿Entonces me estás diciendo que vivieron en la miseria? —titubea el hombre con temor. Remus asintió. — ¡Eso es terrible! ¡¿Cómo es posible que la fortuna Lupin no este activa?! No creo que se haya agotado…

—¿Puedo hablar?

Vuelve irrumpir Abraxas, aunque esta vez alzó la mano y dejó de mirar al cielo; aquella posición le hizo recordar a Remus cuando un estudiante debía levantar la mano para que el profesor le dejase dar palabra.

 

—Está bien, aunque sigo sin entender porque su gracia por interrumpir conversaciones ajenas, joven Brax.

—Me es inevitable no meterme —se alza de hombros—. Bueno: por lo que sé, la fortuna Lupin se había congelado después del encarcelamiento de Ebram Lupin por homicidio en 1910.

—¿Cómo es que no estaba al tanto de eso?

—¿Será porque está muerto? Suena grosero, pero es la verdad: no a muchos les importa visitar a sus difuntos para tenerlos informados. Incluso algunos no les importa saber de sus difuntos…

 

Eso ultimo lo murmuró, siendo imposible entenderle. Remus arqueó las cejas y, antes de que su ancestro abriera la boca, avisó:

 

—Creo que debo irme; se está haciendo tarde y le prometí a mi esposa estar para la cena. —los fantasmas entendieron y lo dejaron marchar.

 

Remus se retiró cercana la noche; apenas llegar saludó a su esposa y jugó con Teddy mientras la dama de la casa servía los últimos platos. Comieron entre charlas respecto a lo sucedido en el cementerio, ahí el licántropo no ocultó nada: le dijo todo a Dora. Incluyendo la melancolía en los ojos del padre de Lucius Malfoy.

 

—Quizás sea por la muerte de su vástago. Es algo obvio; tú también estarías triste por saber que tú hijo murió. —comentó la fémina entre bocados—. Y viendo que Lucius se suicidó, eso pudo haberle producido un mayor impacto a su padre. Es solo un quizás, puede que aquella melancolía sea por otra cosa, aunque lo que dije puede ser lo más acertado.

—Después de eso dijo que no muchas personas se dignan a visitar a sus difuntos para, siquiera, ponerlos al día con las noticias. Dijo algo más, pero lo susurró y no alcancé a oírle. —suspiró— ¿C… crees que Malfoy haya sido apegado a su padre después de muerto?

—No lo sé. No puedo juzgarlo sabiendo que desconocía mucho de él, aunque de lo poco que lo llegué a conocer, no creo que haya sido del tipo que iría a visitar la tumba de su padre seguido.

Remus se mantuvo en silencio, con las palabras de su esposa carcomiéndole la cabeza. Sigue desconcertado, no sabe aún porque siente tanto interés hacia un hombre que, durante su vida, vio unas cuantas veces.

 

No quería sonar mal, pero deseaba perder el interés y estar como antes, como si nada hubiese pasado.

 

***

 

Los días pasaron y Remus se encontraba libre. Dora estaba en una misión que dura tres días, así que el licántropo debía hacerse cargo de su retoño durante ese lapso de tiempo. Aunque había algo que atormentaba a Remus: la luna llena se suscitaba al segundo día, ¿qué haría con Teddy?

 

No quería molestar a su suegra, de hecho, ni deseaba estar cerca de ella.

 

—¿Uh? —bajó la mirada hacia Teddy, recibiendo de su parte su carita brillante por una sonrisita. Remus sonrió, contagiado de la inocente alegría de su hijo.

Aunque aquella alegría no duro mucho, la sonrisa de Teddy desapareció y su cabello y ojos se tiñeron de morado. Esto le sacó al licántropo una ceja arqueada. El pequeño no lucía triste ni incomodo, parecía… curioso, intrigado por algo que, quizás, sea producto de su imaginación.

 

—Señor Lupin.

 

El nombrado dio un salto, mirando a los lados en busca del llamado. Abraxas Malfoy estaba arrimado en el arco de la sala, o bueno, así simulaba estar. Su mirada era penetrante, frívola, un manto de tormenta preparada para liberar su furia contra… él.

 

—Señor Malfoy, ¿puedo saber qué hace aquí? —preguntó sin rodeo, sin causar alguna reacción en el difunto aristócrata.

—Necesito su… ayuda. —siseó, mirando ahora al retoño entre los brazos del lobo—. Si es que se encuentra disponible.

—Y-yo… estoy a la orden, señor Malfoy.

Musitó Remus, titubeante.

 

Los tres se marcharon al medio día. Remus tuvo que ir por chimenea. La apareción era demasiado fuerte para su pequeño. Abraxas simplemente se esfumó como el humo siendo llevado por el viento hasta el lugar marcado.

 

El licántropo podía sentir una angustia, angustia que le estaba afectando. Abraxas le guio entre las tumbas y aura espectral, siendo observados por unos cuantos fantasmas desinteresados. Aunque hubo dos que les siguieron, era el padre de Abraxas y Kluas. Lucen calmados, sin embargo, Remus podía sentir la ligera tristeza que desprendían.

 

—Hemos llegado.

Dice finalmente Abraxas, deteniéndose con su mirada puesta al suelo. Remus le siguió la mirada, abriendo en grande los ojos al ver una placa en el suelo mancillado.

 

Lucius Abraxas Malfoy Samsonova

“Recuerdo de un padre, un esposo y un bastardo

1954 – 1999

 

Sus ojos mieles negaron separarse de la placa a pesar de ser llamado por el padre de Malfoy. Estaba desconcertado, pensando quien debió haber sido el canalla que escribió lo último. Lo peor que uno podía hacer era barrer el legado de un muerto, este escrito significaba bastante.

 

Podía verlo en la forma en como estaba escrito. Podía sentir el aura de odio que esta placa desprendía, y lograba oler la tristeza opacada en lo más profundo de la placa.

 

—¿Quién escribió esto…? —le pregunta al mayor mientras alzaba la cabeza, encontrándose con la mirada severa de este, y las miradas neutras de los otros dos.

—Mi amada esposa, señor Lupin. —dijo en un susurro, ganándose una fruncida de ceño por parte del nombrado.

—¿Por qué haría esto? ¿Por qué pondría semejante falta de respeto a su hijo?

—Es complicado, muchacho. —habló esta vez el padre de Abraxas, Oropert Malfoy. Su hijo le miró, indignado.

—¡Ya dijimos que no hablaríamos de esto!

—¿Acaso no te importa la memoria de Lucius? Demonios, Abraxas, no defiendas a ese ser repugnante que te desposó.

—¡No la estoy defendiendo, papá! —chilla acercándose al mayor.

Klaus, al ver que ambos pelearían un rato y que eso estaba incomodando al convocado y a su hijo, les hizo un ademán con la mano para alejarse de ahí. Remus le siguió, dedicándole una rápida mirada a Teddy, que lucía extrañado y nervioso.

 

—Hay muchas cosas detrás de estas, algunas de esas cosas siguen siendo de mi desconocimiento. Puedo decirle lo que sé, aunque veo que no te sientes cómodo con todo el asunto.

—Yo… yo tenía una vida normal, ¿sabe? La vida al fin me estaba sonriendo después de vivir tanta mierda. No entiendo porque el suicidio de Lucius me afecta tanto; apenas lo conocía, ¿cómo es posible que su muerte me provoque sensaciones que solo he sentido cuando he perdido a mis seres queridos?

—Puede haber muchas razones, incluso puede que las más obvias no sean las acertadas —empieza Klaus después de un corto silencio donde procesó lo dicho por el menor—. Los hombres lobos son criaturas magnificas, casi únicas; tienen el increíble donde de saber lo que otro ser siente. Así ellos pueden sentirse imponentes cuando tienen bajo sus garras a una presa asustadiza —guardo silencio con una mueca en su rostro. Remus le miró, apenado. —, o pueden sentir la tristeza de su amada ante la pérdida de su cachorro de una forma tan apasionada que los confunde. Que les duele.

—Todo esto me confunde, de hecho.

Rió amargamente, acompañado de una leve sonrisa de parte del mayor.

 

—Abraxas notó tu condición de criatura, eres su única solución a su problema. O bueno, al problema de Lucius.

—¿Qué sucede con Lucius? —interroga Remus.

—Cualquier cuerpo que es enterrado aquí renace como un fantasma. El comentario fue encantado para eso. Sin embargo, el tiempo ha pasado y Lucius no ha aparecido.

—Puede que haya pedido no aparecer como fantasma…

—Existe un hechizo para eso, sí, aunque este no funciona aquí. —interrumpe Klaus—. Estamos seguros que algo hay detrás, pero no somos capaces de hacer algo al respecto; Abraxas arriesgó mucho con ir a verte, pudo haber desaparecido en cuestión de minutos al no estar pisando el cementerio.

—¿A qué se refiere con todo esto? ¿Creen que Lucius realmente no se suicidó?

—Abraxas dice que su hijo nunca sería capaz de cometer tal acto. Sinceramente, los Malfoy no utilizamos ese método como forma de morir, a veces nos gusta tener una muerte más interesante. Atroz… y cautivante.

 

Remus soltó una risita por lo dicho. Ya se lo imaginaba, a decir verdad, aunque escuchándolo venir de un Malfoy le resultaba cómico.

—¿Y qué tiene que ver la señora Samsonova aquí?

—Por lo poco que sé, Abraxas y Oropert se dedican a maldecirla; debe ser una mujer horrible como para ser tan odiada.

—¡Lupin!

Un grito los tomó por sorpresa. Hablando de los reyes de Roma…

 

—¿Quién dijo que podías irte? —gruñó Abraxas con los brazos en la cintura.

—No me estaba yendo, señor Abraxas.

—Tranquilo, Brax. Solo quería hablar con él, y alejarlo de vuestra pelea infantil. —comenta Klaus en defensa del licántropo.

—¿No le dijiste nada, verdad? —siseó con nerviosismo.

—Nada que no fuera grave. Solo le dije lo que sé.

—¡Te dije que no era bueno confiar en él! —le chilla Abraxas a su padre, quien se limitó a torcer los ojos e ignorar a su retoño malcriado.

—Brax, no hagas tanta bulla; asustas al pequeño cachorro de Remus.

 

Señala a Teddy.

 

—Oh, me olvidaba del pequeño. —dijo Abraxas en un suspiro.

—Bueno… ¿y en que necesita ayuda, señor Abraxas?

—Quiero que investigues la muerte de mi hijo. Lo suyo no es suicidio, fue homicidio.

—¿Y que lo hace suponer eso? —finge ser ignorante del tema.

—Conozco a mi hijo más de lo que me conozco a mí, sé que nunca se suicidaría. Ni en la peor situación.

—Es solo una corazonada, señor, no creo que eso sea válido para investigar a fondo la muerte de Lucius.

—¡Le pagare! —gimió exasperado.

—Pero está muerto, ¿cómo ira a pagarme?

—Ya se me ocurrirá algo, solo ayúdeme a saber que pasó, por favor…

Remus suspiró, jugueteando con el cabello de su hijo.

 

—Le ayudaré. —acepta— y no se preocupa por pagarme, no hace falta.

—Se lo agradecemos, señor Lupin. —agradeció Oropert con una suave sonrisa—. Si necesita ayuda en algo puede venir, que esta bienvenido al cementerio.

 

Remus volvió a casa a las dos, con su hijo hambriento en brazos, y con su cabeza llena de preguntas. Todo parecía sombrío, aunque pudo sacar algo bueno de todo: se había hecho amigo de los muertos. Y no cualquier muerto, sino con miembros de la familia Malfoy.


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