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No violence por sleeping god

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Notas del fanfic:

Mi primer fic de esta serie, la verdad es que la vi hace un tiempo y me gustaron tanto los personajes que quería escribir algo sobre ellos y hasta ahora me dio la inspiración.

Bueno, los personajes no me pertenecen sino a la imaginación de Ryohgo Narita,

Notas del capitulo:

Estoy intentando adaptarme a sus personalidades, espero me queden bien. El fin, espero les guste.

-¡Tom! ¡No puedo aceptarlo! ¡Sí, sí, entiendo tu maldita posición en esto pero…! ¡Ya sé, aun así no…!—cierra el teléfono con fuerza, absorbiendo esa razón hasta lo más profundo de su mente para por fin entender que trabajo es trabajo y lo demás son gajes del oficio.

 

Con esa única hoja de papel se veía obligado a caminar a aquel departamento, mientras fumaba efusivamente para calmarse, aunque no le funcionaba bien al ser sus pasos más sonoros y pesados que los de un ciudadano de Ikebukuro promedio.  Se colocó los lentes oscuros y movió su cabellera rubia que se agitaba sin control por su paso acelerado. Subió hasta el piso que el documento marcaba y sin tocar la puerta, gritó:

-¡IZAYA-KUN!—alargó esa última silaba con ira, tirando la puerta de una patada— ¡¿QUÉ MIERDAS SIGNIFICA ESTO?!—cuestionó con el documento frente a él, bajando el nombrado con mucha calma y una sonrisita de satisfacción, inclinándose a ver el papel y finalmente tomarlo, sin quitar la alegre muestra.

-¿No es obvio, Shizuo-chan? Debí pedirle que fueran palabras más sencillas para tu cerebro de bestia—se burló el muchacho de negro cabello y ojos rojizos, sacando de sus casillas al rubio que no dudó en levantar la puerta y a unos centímetros de aplastar al otro fue interrumpido por su teléfono sonando.

Se quedaron quietos, mirándose sin ceder ninguno ante el otro, aun con el tono de fondo no dejando que la tensión se adense. Lentamente dejó la puerta recargada en la pared y respondió:

-¿Sí? Sí, ya estoy aquí. No, no lo he matado. Lo entiendo pero no quiero hacerlo. Sí, ya me lo dijiste muchas veces—comenzó a enfurecerse con la voz de su jefe ignorándolo nuevamente hasta que Izaya le arrebató el aparato y dio la sentencia.

-Lo hará—colgó y se lo devolvió al rubio—Lee el documento, Shizuo-chan.

-No, maldita pulga—insultó, ya siendo degradante saber qué dice y peor que lo obliguen a leer en voz alta el contrato que le arruinó el día.

-Entonces lo haré yo—sostuvo la hoja frente a él y empezó a decir—siete de junio del presente año. Va dirigido a…

-Corta con esta estupidez.

-Tu jefe Tom—continuó sin imitarse—por medio del presente contrato se acuerda que los servicios del guardaespaldas Heiwajima Shizuo serán rentados por Izaya Orihara, ósea yo, por una semana a partir del día marcado en este documento y hasta que finalicé el séptimo día a las doce horas con cero minutos. Agradecimientos, bla bla bla bla y la firma de Tom y la mía—deja el contrato en la mesa, a un lado del tablero de juego, y le sonríe al guardaespaldas—Como verás no tienes opción así que empiezas con tu trabajo desde ahora. No pongas esa cara, aunque sí, me perteneces una semana, Shizuo-chan.

Izaya se marcha a la planta de arriba y es seguido por el rubio que le cuestiona.

-¿Qué planeas con esto?

-Ocupo un guardaespaldas ¿Qué tiene eso de malo?—vocalizó con la voz más irónica y molesta que encontraba para lograr fastidiar al otro.

-Tú no necesitas un guardaespaldas, así que dime qué planeas.

-Bien, te diré. Tienes que estar conmigo las 24 horas, los 7 días, a no más de 5 metros, además no podrás hacer uso de la violencia a menos de que yo lo ordene—finaliza, sentándose frente al computador, encendiéndolo.

-Eso no responde mi pregunta.

Sin embargo el pelinegro no dijo nada más y en unos minutos empezó a llenar el departamento con el sonido del teclado, haciendo que Shizuo se aburriera y tomara asiento en uno de los sillones más alejados.

-5 metros—ordenó su ahora jefe, viéndose obligado el rubio a llevarse el mueble a una distancia más corta. Volvió a sentarse y escuchar el golpetear de las teclas mientras el sol bajaba poco a poco, dejando la habitación de naranja a rojo, a morado y cuando empezó a tornarse oscura el sonido de un librero siendo levantado destruyó esa calma.

-¡ESTO ES UNA ESTUPIDES!—dijo Heiwajima a punto de lanzar aquel objeto.

-Baja eso, Shizuo-chan—pidió sin siquiera voltear a verlo.

-Maldita pulga.

-Tu trabajo es protegerme, no lastimarme, bestia idiota—gruñó, mirándole con esos profundos ojos fuego, por fin haciéndole ceder a que deje el librero donde estaba—Bien—Orihara volvió a la computadora y el otro no le quedó otra que fumar un cigarrillo mientras se quedaban con la única luz que emitía el aparato en el Izaya desarrollaba su trabajo de informante.

Después del quinto cigarrillo Orihara se levantó a prender las luces, segando por un momento a ambos y después  apagando la pantalla, agradeciendo Shizuo ese gesto. Comenzó a moverse el informante y tuvo que ir tras él hasta una habitación muy espaciosa, limpia y confortable pero bastante neutral e impersonal, ahí le vio retirarse la playera sin ninguna vergüenza.

-¿Qué se supone que haces?—cuestionó el guardaespaldas molesto de ver la piel pálida de la pulga.

-Me cambio para dormir ¿Dormirás con el traje?

-No dormiré contigo.

Eso le sacó una risa a Izaya que tardó unos minutos en calmarse y explicar.

-No puedes dormir en otra habitación porque son más de 5 metros así que apúrate porque estoy cansado, o puedes quedarte de pie toda la noche, como quieras.

Shizuo lo vio quedar en ropa interior y después ponerse una pijama negra y gris, recostarse bajo las sábanas blancas y media hora después quedar dormido, él permaneció de pie a lo que él consideraba los cinco metros que le obligaban hasta ser despertado a mitad de su sueño un sonido en la planta baja, miró al informante aun dormido y se decidió a ver que ocurría, bajó las escaleras y no notó nada fuera de lo normal hasta que en la mesa dio con su contrato clavado por un cuchillo de los que usa Izaya, sin embargo este atravesaba el nombre del informante. Volvió a subir y mientras observaba a Orihara se preguntó en qué clase de problemas estaría para necesitar que alguien lo cuide, ahí fue cuando admitió que si ese sería su trabajo era imposible que permaneciera durmiendo como un caballo porque las piernas se le dormían y si ocupaba moverse velozmente sería imposible. Con esa idea en mente se sacó zapatos, calcetines, chaleco y camisa, se acostó en la orilla contraria y dejó finalmente los lentes en la mesa de noche.

-Creí que te quedarías parado ahí de por vida—habló el informante entre adormilado y grosero.

-Lo hago porque es mi trabajo, que seas tú a quien tengo que cuidar es un gaje del oficio—cuando terminó su oración se giró y se dio cuenta que el otro ni siquiera se esperó a escucharlo sino que había vuelto a dormir.

Maldita pulga desagradecida, pensó antes de cerrar los ojos y dormir.

Notas finales:

Gracias por leer.


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