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Accidentes y casualidades. por uchiha naruko

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Notas del fanfic:

Magi no me pertenece. Derechos reservados a su autor.

 

Espero os guste

aburrido, esa había sido la causa por la cual se encontraba ahí, en Sindria, en los actuales aposentos de la princesa, a la espera de que la chica apareciese. Sabía que bien podría ir a buscarla, pero por extraño que pareciese, no se encontraba de ánimos para iniciar una pelea con el pecoso cuando este se enterase de su presencia y por tal motivo esperaría. Después de todo la hora del almuerzo había pasado no hace mucho, y la muchacha tenía la costumbre de retirarse a su habitación después de comer. No debía faltar mucho para que apareciese y pudiese entretenerle.

El pelinegro estaba recostado, comenzaba a dormitar cuando sintió la puerta abrirse – Al fin llegas vieja bruja- dijo a modo de saludo sin mirar realmente a quien le hablaba, al fin y al cabo no era probable que alguien que no fuese ella ingresara a la habitación. Y Kougyoku no era de llevar gente a su alcoba.

-Judal- Claro que uno podía equivocarse, y la varonil voz de Sinbad pronunciado su nombre con sorpresa se lo había hecho notar. El pelinegro se alzó  alarmado, tenía su varita lista para atacar aunque aún no había hecho movimiento alguno.

-qué haces aquí tonteza-

-es mi palacio, qué haces tú aquí- respondió Sinbad, cerrando la puerta tras de sí. Parecía en estado de alerta, pero el pelinegro dudaba que fuese por la inminente amenaza que él representaba, el rey parecía demasiado interesado en vigilar la puerta.

 -Quien diría que el rey se pasea libremente  por la habitación de una doncella y princesa de otro imperio sin tocar siquiera-dijo con burla-  que diría la gente si se enterase, que planeabas hacerle a Kougyoku tonteza-

Sinbad le miro, y un sudor frio recorrió su nuca, no había entrado con alguna intención como la que el magi mencionaba pero tenía la sensación de ya haberse encontrado antes en una situación similar a esa, aunque no estada seguro cuando había sido. Ya recordaba, fue aquella vez que le acusaron de acostarse con la princesa, por un segundo incluso existió la minúscula posibilidad de una guerra, aunque afortunadamente todo se había solucionado y su inocencia, a duras penas, había sido probada.

-me pregunto qué diría Kouen si se enterase, no creo que le agrade saber que el honor de su reino ha sido mancillado por un  idiota lujurioso-

-yo no pretendía nada como eso- se defendió Sinbad siendo ignorado por el magi que continuo con su monologo.

-tal vez declararía la guerra, aunque conociendo a Kouen algo como eso no sería motivo suficiente, talvez te obligue a casarte con ella, así podría ejercer influencia en Sindria a través de Kougyoku-

-¡crees que permitiría algo como eso!- alzo la voz consiguiendo esta vez la atención del magi.

-no es como si alguien fuese a creer en tu inocencia tonteza, apuesto que ni siquiera tu perro faldero te creería inocente- se jacto Judal y Sinbad no pudo evitar estar de acuerdo con él, recordaba la vez anterior, todos le habían acusado con absoluta seguridad. Ya podía imaginarse a él  vestido elegantemente y totalmente amarrado por el recipiente del visir mientras un anciano hombre recitaba la clásica ceremonia. No habría escapatoria.

Sinbad estaba molesto, no sabía si con Judal o con las ideas que este le estaba metiendo en la cabeza, pero como fuese eso se acababa ahí. – Ya es suficiente, no crees que es tiempo de que te largues- amenazo señalando uno de sus contenedores. Judal sonrió.

-Piensas atacarme-

-si es necesario- respondió cortante y Judal amplio su sonrisa.

-Piensas atacarme- volvió a repetir- y montar un escándalo-  El rey le miro con la duda en sus ojos ante aquella extraña aclaración.

-de quien te escondes Sinbad- y el rey trago seco, Judal se había dado cuenta que se escondía, lo que significaba que toda esa palabrería no había sido más que para burlarse de él, maldijo al pelinegro por lo bajo, había olvidado el hecho de que se escondía, y ahora que lo recordaba, se dio cuenta de que unos pasos se acercaban.

No podía ser la princesa, se había ido al mercado junto a todos los demás, por lo que solo podía ser su visir. Rápidamente y sin pensarlo se arrojó sobre el magi que seguía sentado a la orilla de la cama y ambos cayeron al suelo, al costado de la cama que no se veía desde la entrada.

Jafar abrió la puerta de la habitación de la princesa y se asomó solo un poco, ni siquiera entro del todo en ella – supongo que ni siquiera Sin es tan descarado de entrar en la habitación de una dama sin ser invitado- hablo a la nada para luego cerrar la puerta y marcharse.

Al mismo tiempo, Sinbad tenía al pelinegro recostado en el piso, había conseguido quedar sobre el menor, con una mano tapando su boca, y con la otra, ¿Dónde rayos tenía puesta la otra?  Era suave, redondo, firme pero a la vez blando. Daban ganas de apretarlo y así lo hizo, vaya, se sentía de maravilla, y entonces repitió la acción y un fuerte golpe en el estómago le hizo retroceder. Judal le había pateado.

-qué crees que haces maldito pervertido!- grito el pelinegro con un ligero  sonrojo a la vez que retrocedía un poco, para luego medio cubrir su cuerpo con sus brazos y una pierna, mientras mantenía la otra extendida a modo de separación.

Sinbad aun atontado por el dolor del golpe miro a Judal, luego su sonrojo y luego su mano que continuaba curvada como si aún sostuviese aquello. Y nuevamente miro a Judal, a su sonrojo y a su mano, y las piezas del rompecabezas encajaron, aquello que había apretado, no había sido nada más que el trasero del menor.  Y sí que se había sentido bien.

Sin pensarlo hizo el movimiento de apretar con su mano un par de veces más hasta que un poco de agua le fue arrojada – que crees que haces maldito depravado- reclamo enfadado el pelinegro antes los obvios movimientos de la mano del rey.

Judal yo…-intento explicarse pero el menor solo le dedico una mirada de odio antes de acercarse al borde de la ventana.

-espera yo…- quería disculparse, no había sido intencional, al menos la primera vez. Intento acercarse para detener al magi pero tropezó con una almohada que había caído al suelo junto a ellos y término aferrándose al pantalón del menor jalando este, lo que ocasionó que la nalga derecha del magi quedase expuesta – pálida-  susurro el rey arrodillado junto al pelinegro.

Judal se sonrojo fuertemente, jamás le había sucedido algo semejante. Estaba orgulloso de su cuerpo pero que de la nada su tonteza le jalase el pantalón y mencionase que su trasero era pálido le había avergonzado y enojado por igual.

Un sonoro golpe, acompañado de un intenso dolor y un “que te jodan” fue lo último que el rey escucho antes de ver como el magi se marchaba presuroso por la ventana.

Sinbad se le quedo mirando marchar, aun con todo dando vueltas en su cabeza. Pálido, tan blanco y puro, suave, redondo, firme y blando, que ganas de dejar sus manos marcadas en ese perfecto trasero. Y el rumbo de sus pensamientos le sorprendió, ¿realmente deseaba apretar y acariciar el trasero de Judal, su enemigo, hasta dejarle marcas? observo su mano, la que había apretado esa delicia y sonrió ladinamente. Maldita codicia de rey que le hacía querer poseer todo.

Poseer, recordó todas las veces que el magi le había dicho que le deseaba y no pudo evitar darle un doble sentido, la próxima vez sería el quien le poseyera y disfrutaría nuevamente de su rostro sonrojado y avergonzado. Aunque por lo pronto lo mejor sería buscar algo que poner en su mejilla, aquel había sido un buen puñetazo pero pagaba el precio si la recompensa era esa.

FIN

 

Notas finales:

si les gusto dejen un rv. 


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