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Reservoir por sleeping god

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Notas del fanfic:

Los personajes no me pertenecen, son obra de Ryohgo Narita. Por otra parte la inspiración vino durante la pelicula Reservior Dogs así que también haré mención honorifica a Quantin Tarantino.

Notas del capitulo:

Segundo fic de esta pareja en DRRR. Debía hacerlo pues fui muy bien recibido en el pasado y prometí otro en cuanto apareciera el personaje de Vorona... aunque parece que no lo necesitaré demasiado realmente.

Estoy de vuelta en esta área así que espero les guste.

-No entiendo nada. No entiendo nada. No entiendo nada. No entiendo nada. No entiendo nada. No entiendo nada. No entiendo nada. No entiendo nada. No entiendo nada. No entiendo nada. No entiendo nada. No entiendo nada. No entiendo nada. No entiendo nada. No entiendo nada…—calló.

La habitación estaba a oscuras, la silla donde estaba sentado peligrosamente inclinada de modo que cayera de espaldas, y un solitario punto rojo consumiéndose en líneas de humo, calándole los ojos, no lograba avisarle de esa catástrofe latente.

-No entiendo n…—decidió no repetir nuevamente la misma oración y con pies temblorosos descendió las escaleras, casi tropezando con sus propios nervios.

Entonces al final de ellas, a solo un metro, el cuerpo inerte de Izaya muerto. Lo daba por muerto. Lo mató.

-No… entiendo nada.

Sinceramente como iba a entenderlo si para él todo ocurrió hacia solo 15 minutos sin ningún sentido.

 

Hace 14 minutos con 43 segundos.

 

Sonó su celular cuando terminaba de bañarse. Contestó.

-Shizuo, nos veremos más tarde, a las 11—le avisó Tomas.

-Bien—colgó.

Se secó el rubio cabello y se vistió. Prendió un cigarrillo notando que su cajetilla estaba vacía.

Paso la mano por las monedas sobre el escritorio, haciéndolo con tal velocidad que un par de ellas rodaron hacia el piso, solo una terminando ahí pero la otra seguía con gracia su recorrido por el piso y de una manera hasta elegante dando una vuelta para salir por la puerta.

El cambio exacto por unos cigarros.

Le hirvió la sangre y la mente se le nublo en odio.

Con un gruñido abrió la puerta de golpe con todo su peso, desencajándola para recoger los 100 yenes.

Algo caía sin control por las escaleras.

Su primer reacción fue movida por el instinto porque el olor le obligaba: sonrió. Había golpeado a la pulga.

Bajó con una sonrisa, el cigarro en la boca y el cambio exacto para una cajetilla.

Al final, a un metro del final de las escaleras, la pulga se encontraba inerte, muerta. La daba por muerta. La mató.

Le dio un punta pie sin reacción alguna. Lo pasó de largo y compró sus cigarros con una sonrisa que nadie nunca vio.

Por fin lo había matado.

Al volver pasó sobre él que seguía en la misma posición de muerto, porque lo daba por muerto, lo había matado, y en su habitación se sentó a ver los últimos segundos de sol.

En dos minutos más se sentó a temblar sin control y sin entender nada.

Quien menos lo entendería sería Izaya.

 

Unos metros más abajo (y más aparentemente vivo).

 

La frialdad del metal de la navaja le daba la calidez para sonreír.

Abrió la boca para nombrarlo pero mejor llegaría, tocaría la puerta y esperaría la acción violenta.

Subió a brincos de felicidad hasta la puerta del departamento cuando le saludaron 100 yenes girando y cayendo.

Levantó la cara y le envistió una puerta con la fuerza de un monstruo.

Sabía que caería y probablemente moriría. Se daba por muerto con cada golpe, después del catorceavo ya no entendía nada ¿y cómo iba a entender algo si le faltaban todavía otros 23 escalones? Lo mataron, probablemente.

 

Hush

 

Ella sobre todas las personas no se permitía esas tres palabras, pero era muy tarde, tenía que pronunciarlas.

-No entiendo nada.

-No tienes que entender nada—le regañaron mientras se deshacía el nudo del moño y de mala gana se dejaba caer en el sillón.

-Vorona, no lo entiendo.

-Lo siento, Slon. Esta vez no puedo darte una respuesta.

-¡Cállense! ¡Solo dormiré aquí y me iré por la mañana!

Ninguno habló. Ya habían tenido oportunidad de conocer a Heiwajima Shizuo y no era buena idea hacerlo enojar, además, no querían que destruyera su tráiler.

 

En su sueño tenía una discusión mental sobre lo que realmente hablaba la canción Hush de Deep Purple;

-Por una parte se presenta romántica pero “They got it early in the morning” y “evening” además, luego “Well, I want that, need it”, bueno, es obvio que hablamos de sexo. En tal caso el coro “love, love” vendría siendo “dick, dick” en ese caso.

-¿De dónde sacas eso?

Es un sueño, lo olvidó por un segundo. Le dejó seguir hablando.

-Es lógico, siempre es lo mismo. Quiere jodérsela, lo dice. La duda aquí es qué tan salvaje es ella.

-¿De qué hablas?

-Habló de “She broke my heart but I love her just the same now”. Vamos, si “love” es “dick” seguro que “heart” va a ser algo parecido, incluso lo mismo, llamémoslo “cock” ¡entonces ella le ha roto la verga!

Un sueño. Lo sabía porque de qué otra manera estaría hablando en un restaurante, tomando café, preparándose para otra discusión sobre si se debe o no dejar propina. Lo más importante: quien discutía era Tarantino.

 

Estimaba a Shizuo por la esperanza de que le hiciera mejor en su entrenamiento, aun así no está dispuesta a hacer sacrificios que matemáticamente eran desbalanceados.

-Despierta. Debes irte.

-Me iré más tarde.

-Ha venido. Parecía molesto.

Enojo y luego un terrible temblor de manos le invadió. No debió recurrir a ella pero debía intentarlo. Aunque sea unos segundos de paz.

-Shi-zu-chan—cerró los ojos.

La chica no se inmutó. Aun desconocía del sujeto pero no le gustó toda la información que poseía. Aun así se quedó frente a Shizuo, hablando con él.

-Si te molesta fácilmente podrías terminarlo.

Silencio.

-¿Me estas engañando, Shizu-chan?—pronuncio burlón, alegre… no, eufórico.

-¡IZAYA…!

-¿Qué?

Silencio.

Apartó a Vorona del rubio y se sentó de un brinco en las piernas de este.

-Él es mío, así que no vuelvas a acercártele—después se dirigió a la bestia afligida—¿Listo para irte?

Una caricia al rostro fue suficiente para que saliera corriendo, gritando:

-¡NO ENTIENDO NADA!—tropezando, asustando de algo que no sabía cómo estaba tan incorrecto, corría lo más lejos posible de la pulga.

Está bien no entender nada, solo van cuatro hojas.

Notas finales:

Gracias por leer.


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