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YO, QUIERO VIVIR por Zusukisan98

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Notas del fanfic:

Los personajes no me pertenencen los tome prestados del manga Gravitation de la mangaka Maki Murakami.

-No, ya  no más- como pudo  se escabullo de su atacante y corrió.

El tobillo le dolía horrores y las lágrimas de sus ojos le nublaban la vista. Tenía que huir. Ya no podía soportar más. Corrió y alcanzo la puerta del departamento, las lágrimas se deslizaban  por sus mejillas. Corrió escaleras abajo y siguió corriendo hasta perder de vista el edificio. Se dejó caer en un callejón y lloro todo su dolor, el cielo lloro junto a él. Su cabello rosado se empapo, algunas gotas lluvia se mezclaban con sus lágrimas pero no mitigaron su dolor. Grito su dolor, su frustración, sus temores. Desahogo su alma herida y su corazón destrozado.

 Volvió a levantarse y camino con dificultad hasta la casa de su querido amigo Hiro. Al tocar la puerta, sus fuerzas lo abandonaron y se desmayó.

Al despertar Hiro estaba curando sus heridas con sumo cuidado. Parecía enojado y preocupado. Solo atino a sonreír cuando su amigo le dirigió una mirada preocupada.

-¿Fue él de nuevo, verdad?- Hiro parecía sereno, pero por dentro estaba hecho una furia.

-Sí, fue él - Las lágrimas salían con tanto dolor, que dolían tanto o más que los golpes que eran repartidos en su cuerpo todas las noches a manos de su amado Yuki.

El rubio siempre traía mujeres que conquistaba en  los bares que solía visitar. Cada vez que esto sucedía lo echaba a golpes, no importaba si ya estaba durmiendo o recién salido de la ducha. Sin importarle nada lo golpeaba y echaba a empujones del departamento. Al pequeño peli rosa no le quedaba de otra, más que caminar por las calles toda la noche.

La situación era cada vez más tensa. Llego el momento en que repudiaba el que, antes su amado Yuki, lo tocara. Se negaba a acostarse con el rubio en la misma cama donde la noche anterior estuvo una de esas mujeres, se negaba a tener intimidad con el rubio, y el negarse a todo lo que Yuki exigía, solo significaba una cosa. Los golpes no se hacían esperar. No recordaba cuando fue que eso empezó, no sabía cuándo fue que se convirtió en ese esclavo violentado, ya no recordaba como era su relación antes de los golpes. Recordar todas esas escenas, todos sus golpes, solo logró que sus lágrimas fluyeran con más fuerza causándole más dolor.

-Cálmate, el no merece ni una de tus lágrimas, por favor intenta calmarte – la voz tranquilizadora y el abrazo que le daba Hiro estaba logrando calmar al pequeño peli rosa.

-Ya no, no más. No quiero esto. Hiro quiero vivir – sollozo quedito para que su amigo de la infancia lo escuchara.

-Vas a vivir, no voy a permitir que él te lastime de nuevo. Ya soporte mucho sin hacer nada. No voy a dejar que te mate, no te vas a morir, te protegeremos. ¿Sabes que te protegeremos verdad?

Solo asintió y sonrió sin muchas ganas. Los golpes dolían, estuvo un día entero en cama sin poder moverse. No podía dejar que nadie viera esos moretones y rasguños en su cara. Los de su cuerpo iban a tardar en curar pero todavía puede ocultarlos con la ropa.

Tenía miedo, temía por su vida. No es la primera vez que Yuki le golpeaba. Recordó esa primera desilusión, su corazón lloro junto con sus ojos. La primera vez, Hiro fue a enfrentar al rubio para pedir explicaciones y darle su merecido. Pero la próxima paliza que recibió de Yuki fue mucho peor. No quería empeorar las cosas, no podía recurrí a Hiro o terminaría con más golpes que antes, tampoco quería dejar solo a su amado rubio. Cuando el rubio se enfadaba no había a donde huir, solo se encerraba en el armario del baño para escapar del enojo de su rubio amante. Solo podía esconderse y rezar porque no lo encontrara. Pero llego el momento en que no podía ignorar los golpes y la violencia de la que era víctima.

Pasaron algunos días más que permaneció en cama. Míster K se enteró de lo sucedido. Hiro les conto a sus amigos como encontró a Shuichi. Y ellos no pudieron quedarse sin hacer nada. K les dijo que le dio una buena lección a Yuki. Shuichi no quiso volver al departamento. Sabía que si hacia eso terminaría muerto, lo sabía.

“Quiero vivir” era su único pensamiento cada vez que recordaba lo que Yuki era capaz de hacerle.

 

Como presidente de NG, Thoma Seguchi, se preocupó por que la reciente estrella de la empresa no se presentara a trabajar. Se enteró de que estaba en el departamento de Hiro, eso sí que no se lo esperaba. Se supone que tenía que estar con Eiri, ¿acaso al fin habían terminado? Tenía que escucharlo de la boca del mismo peli rosa. Decidió  visitar al vocalista de Bad Luck en el departamento de Hiro, el quinto día que este  no se presentó a trabajar.

El chico peli rosa tenía miedo de salir a la calle. No quería recibir más golpes y, solo poder sonreír y decir que amaba al rubio tal y cual era. No podía seguir ignorando los golpes. Ya no más.

-No quiero más golpes que puedan acabar con mi vida. Quiero vivir- confeso a Toma mientras lagrimas desbordaban por sus mejillas, la expresión de miedo y dolor en ese rostro, siempre iluminado por una gran sonrisa, causo un gran impacto en el empresario- sé que le prometí permanecer al lado de Yuki por siempre Seguchi-san, pero ya no lo soporto más. Perdóneme.

¿Cómo Eiri pudo causar que esa sonrisa se borrara?, ¿Cómo pudo dañar a un niño que era una ternura de perdona? Ese niño se desvivía por Yuki, ¿y el solo podía causar miedo en el peli rosado? No, no podía creer semejante disparate. Eso no podía ser cierto.

-Debiste hacer algo. Eiri no es violento, él siempre fue tierno y dulce – las palabras salieron solas y fue muy tarde cuando se dio cuenta de su error. Siempre defendía a Eiri, era su naturaleza  y no pudo detener sus palabras cuando escucho esa acusación contra su protegido. Por un instante miro a Shuichi y no le agrado ver esa mirada tan diferente, se sintió culpable

-Sí, él siempre es tierno y dulce pero a su manera. Tengo que ir a verlo, seguro está esperándome- los ojos de Shuichi estaban vacíos  y era su culpa. Se arrepintió de haber dicho eso. No quería decirlo. Pero no pudo siquiera excusarse al ver el rostro pálido y los ojos nublados de Shuichi, se asustó. ¿Qué acababa de hacer?

Resignación. Eso fue lo que Thoma vio reflejado en esos ojos opacos y carentes de vida. Acababa de destruir las esperanzas de Shuichi de tener una nueva vida, acababa de sentenciarlo. La culpa se instaló en su pecho y se quedó allí aun cuando ya había regresado a su mansión, aun cuando hacia horas que intentaba dormir, aun cuando viajaba a toda velocidad en su camioneta al departamento de Eiri, tenía un mal presentimiento.

 

Tenía un muy  mal presentimiento que no le dejaba dormir. A media noche decidió que debía ir al departamento del escritor, llego allí casi corriendo. Al llegar lo único que escuchaba eran los golpes y los gritos de dolor. No podía creer lo que estaba escuchando.

-Por favor, no más. Ya detente. No puedo respirar – estaba llorando, la voz estaba entrecortada, se estaba esforzando por respirar. Un golpe seco se escuchó y luego como el pequeño Shuichi  tosía -Ya no más. Por favor. No sabía que K había venido. No tengo nada que ver

-Y crees que te creo, el sabía bien que estabas en casa de Hiro. Seguro y te revolcaste con él. ¿No es así, princesa? – Esa voz, Eiri – eres un idiota. Sabía que vendrías de vuelta. No puedes vivir sin mí. Te encanta que te toque. No soportarías sin mí ni un día.

El llanto de Shuichi era cada vez más fuerte, sus sollozos y jadeos aumentaban- Yo, no quería ver a otra mujer aquí. No quería escucharles

-Deberías dar gracias porque no te halla echado de aquí hace tiempo. No tienes ningún derecho, mocoso insolente – una bofetada. Shuichi callo su llanto, ahora era un sollozo apenas audible.

-Pero, yo creí… – fue callado por un golpe muy fuerte. Volvió a toser y respirar pesadamente.

Thoma no lo soporto más, y derribo la puerta. Se sorprendió al ver todo revuelto. Shuichi en el piso sangrando, un charco de sangre se veía bajo el. Sus ojos rojos del llanto, pálido por la falta de sangre. El horror y el dolor reflejados en ese rostro rompieron el corazón de Thoma. Miro a Yuki y este sorprendido, retrocedió hasta chocar la pared más cercana.

-¿Qué haces aquí?, no deberías estar aquí – se sentía inseguro ante los ojos de Seguchi. Sabía perfectamente lo que este era capaz de hacer.

Thoma se acercó a Shuichi. El pequeño intento escapar, sus ojos seguían botando lagrimas pero ya no tenían ningún brillo. No era el mismo niño feliz de antes. Ahora su alma estaba completamente destrozada. Thoma temía  nunca  volver a verlo sonreír. Con mucho cuidado y susurrando palabras tranquilizadoras, logro levantarlo del suelo. Se veía tan pequeño e indefenso entre sus brazos, el corazón de Thoma dio un vuelco. Clavo su mirada verde en el rubio.

-Me lo llevo. Si vuelves a acercarte a él, escúchame muy bien Eiri-san, si vuelves a ponerle una mano encima, no responderé de mí – la mirada seria y enojada que le dirigió, dejo petrificado al rubio. Había que irse con cuidado si se trataba con Seguchi Thoma y más si estaba enfadado.

 

Una vez fuera de ese lugar, llevo a Shuichi a un hospital privado. No se iba a arriesgar a que se filtrara información, no quería perjudicar a su vocalista estrella. En el hospital le atendieron de urgencia. El  médico que atendió a Shuichi le comento, que tenía varias fracturas, muchos golpes y contusiones, y un corte profundo en el bajo vientre.

La ira y frustración hirvieron en el interior de Thoma. No iba a permitir que Yuki Eiri se volviera a acercar a Shuichi Shindou nunca más. Pasaron algunas horas hasta que le permitieron ver al  peli rosa.

-Lo siento, Shindou-san. Debí protegerte. Perdóname – la voz del empresario estaba llena de pena y dolor. La culpa que anido dentro del pecho del rubio mayor, le oprimía el corazón causándole un horrible dolor.

Shuichi apenas podía abrir los ojos por la hinchazón y los sedantes que le inyectaron. No podía mantenerse despierto.

-No debí regresar. Sabía que esto pasaría- su voz apenas audible, llena de dolor y miedo, mucho más que antes, verlo así lastimo en lo más profundo del empresario.

Thoma rompió en llanto, el pequeño frente a él estaba muy delicado. El doctor  le dijo que podía perder uno de sus bellos ojos. La culpa no se marchó del pecho de Thoma. Lloro hasta quedarse dormido sobre la camilla de Shuichi.

Notas finales:

Es una idea que paso fugazmente por mi cabeza y quise compartirla. No estoy segura de que les guste pero bueno. Pensaba hacer un fic de por lo menos tres capitulos pero si no gusta ni me molesto en seguirlo. Por favor dejen un comentario y cuenteme si les gusto, eso me motivaria a continuarlo. Desde ya muchas gracias :)


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