– ¿Cuál es su fruta favorita, Capitán?
Todos miraron a Momoshiro descolocados –aunque se podría decir que Horio con miedo– ante la repentina pregunta formulada a las afueras de las canchas, en el campus, a la hora del almuerzo después de un pequeño descanso. Tezuka permanecía inmutado, acomodando su caja de bento sentado a la otra esquina del mantel que Oishi insistió en llevar. Ante el silencio, Takeshi se apresuró a continuar: –Es que la Víbora no puede tener razón en que sea la lechoza ¡es una fruta de gente aburrida!*
– ¡Yo no dije nada de eso, mentiroso irresponsable!
Tezuka elevó ínfimamente la ceja ante la ofensa indirecta aunque su respuesta no parecía ser tan ansiada como Takeshi hubiera sacado a relucir en un principio con el tema; con Roma desinteresado, Inui anotando posibles opciones descabelladas de qué jugos venenosos hacer con los frutos , Oishi tratando de calmar el bullicio de Takashi embutido en un apasionado debate con Kikumaru. Fuji sonriendo imperceptiblemente y aparentemente alejado del meollo del asunto.
Tezuka tosió discretamente para llamar la atención del grupo en su recién descubierta curiosidad en el asunto sin importancia para volver a las canchas, a aprovechar lo que quedaba de hora para el entrenamiento. Admitió para sí que la repentina pregunta le dejó descolocado.
–Diez vueltas adicionales, perdieron valioso tiempo en nada
Entre quejas y rezongos se dispersaron, quedándose atrás Fuji
–Tú no eres la excepción, Fuji, ve también a correr las vueltas– evadió la mirada exigente y ávida de información de Syuusuke al dirigirse de vuelta al banquillo junto a la entrenadora Ryuuzaki, porque sabía que no era el momento de andar llenando formularios. Menos a una pregunta tan aleatoria y fuera de lugar –considerando que las Intercolegiales comenzaban su tercera ronda en un mes– y que realmente nunca había considerado que Fuji desconocía ese detalle de él.
Si bien pequeño, no dejaba de ser una parte de su todo: de sus características, manías, costumbres y gustos. De su presente. De su personalidad. Y él quería que, en la medida de lo posible, esos datos por tontos que parecieran, poder compartirlos con quienes más aprecia. Incluyendo entre los primeros lugares a Syuusuke, claro.
– ¿Cuál es, Tezuka?
La suave voz de Syuusuke lo sacó de los pensamientos en los que estaba sumergido y lo trajo de vuelta a la realidad. A esa que les anunciaba la inminente graduación y consecuente legado del club de tenis con la promoción de los de tercero, la escogencia del nuevo capitán y la posterior despedida de sus compañeros de la primaria. De Syuusuke.
– ¿De verdad quieres saberlo?
–Si no fuera así no estaría aquí ganándome vueltas extras– chistó. Kunimitsu sonrió de lado
–Ya deberías saberlo: eres tú
Y se dio vuelta tras dejarle una mirada juguetona y un gesto de la mano para que lo siguiera, el genio no se hubiesen esperado que le respondiera con un juego de palabras** pero le pareció interesante.
Tezuka Kunimitsu nunca dejaría de serlo para él.