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El regreso por Bloomx

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Notas del capitulo:

YU-GI-OH no me pertenece yo solo utilizo sus personajes para crear nuevas historias.

Capítulo editado, pero con la misma historia, con el solo objetivo de mejorarla.

Cuatro caballos caminaban entre la arena de Egipto dirigiéndose al bajo pueblo, sobre sus lomos llevaban a las personas más importantes y respetadas de ese pequeño gran reino. Caminando tras el trote del caballo del faraón se encontraba una "pequeña" escolta de 20 hombres, encargados de cuidar de él y sus Sacerdotes, y según se le informó a estos al llegar al pueblo vería más seguridad designada.

Bajaron de los caballos y se dirigieron a una gran casa de madera construida para esas ocasiones. Su mayor comerciante acababa de llegar al pueblo y ese lugar se había convertido en el sitio perfecto para que pasara un par de días mientras decidían sus negocios a toda velocidad.

El lugar estaba rodeado de seguridad, un hombre mantuvo la sencilla y descuidada puerta para que entraran. De espaldas a él, mirando por una ventana sin vidrio y pequeña que evitaba entrar la luz ardiente, se encontraba una persona que conocía bien.

-¿Dartz? ¡Qué gusto verte de nuevo! Esperaba a tu comerciante como siempre -dijo con notoria alegría Atem, saludando con una reverencia correspondida al Rey de la Atlántida.

-Tenía muchas ganas de ver junto a Chris los cambios que oí que había en Egipto- dijo anunciando a su hija, la cual para Atem parecía haber crecido de golpe, ya debía tener 15 años, no la veía desde el final del duelo que tuvo con su padre en la otra vida.

Estaba sentada en una silla de madera junto a la mesa y vestida con un suelto vestido blanco. Se abanicaba con una mano, normal entre los que nunca han visitado estos rumbos. Le dedicó una reverencia, al estilo del lugar natal de la muchacha.

-Chris, que cambiada estás y como has crecido. Permíteme decirte que estas hermosa, es un placer verte de nuevo- dijo Atem, extrañamente ella se sonrojó por el cumplido, "hormonas de la adolescencia" pensó.

-El placer es todo mío, Faraón- respondió ella, se paró y compartió el saludo suavemente.

Yami miró alrededor del lugar, era un sitio cómodo y lo suficientemente oscuro para no morirse de calor, pero no era una correcta forma de recibir a un amigo y rey de un reino cercano.

-Quisiera que se quedaran en el palacio a pasar la noche- les dijo Atem firmemente dando a entender que no quería un no por respuesta. Dartz asintió sonriendo, sabía que no podría negarle nada al faraón estando en sus tierras, sería de mala educación.

 Se enfrascaron en negocios y Dartz le contó de las nuevas y tenaces monarquías que se formaban del otro lado del mar en el cual él estaba en medio, en su antigua isla. Atem sabía que estas serían las grandes ciudades, imperios, de las que tanto hablaba el abuelo Muto y contaban en las clases de historia de Yugi, de las que tanto ambos disfrutaban. Sintió nostalgia al recordarlo.

Al menos ahora podría verlas crecer con sus propios ojos. Nuevamente se repitió: no estaba tan mal.

Una hora antes de la caída del sol partieron en sus caballos de vuelta al palacio solo que esta vez con dos personas extras, aún más seguridad y el lobo blanco de Chris correteando alrededor mientras ladraba a los caballos.

+

Seth acompañó a Chris a instalarse en una habitación donde pasaría la noche acompañada de sus guardias, mientras que Marik se encargó de dispersar al resto de los guardias,  quedándose él como mi único y el de Shadi.

-Debo admitir faraón, que mi viaje hacia Egipto tiene segundas intenciones. Si no le molesta, claro está, me gustaría poder hablar con su sacerdote Shadi a solas –mencionó después de un rato en el que personalmente mostré a nuestro invitado el orgullo de mi pueblo en el palacio.

-Ciertamente, si fuera otra persona quien me lo pidiera, me negaría -pero Dartz es una de esas personas a las que no le negaría nada, ya que siempre tienen un motivo para actuar de tal forma-. Está bien, Marik y yo nos retiraremos.

Luego de darle mi autorización, Marik y yo nos retiramos de la sala del trono donde nos encontrábamos, aunque prácticamente estuvimos discutiendo durante minutos ya que él quería oír a escondidas.

Y eso que después anda diciendo que su maldad se fue, chismoso.

Para cuando había convencido a Marik de irnos, las puertas se abrieron dejando ver a Dartz mirándonos con las cejas alzadas en claro signo de pregunta y a Shadi mirándonos reprobatoriamente. Yo solo sonreí rascándome la nuca y dándole una patada en el tobillo al idiota que era mi amigo ahora.

Él solo sabe hacerme pasar vergüenza y quedar mal.

-Será mejor que pasen, debemos hablar con ustedes- dijo serio Dartz.

-¿Ambos? –pregunta extrañado Marik.

-Sí, tú también.

-¿Qué es lo que sucede? -pregunté una vez sentado en mi trono, no sé por qué, pero ya se me hacía raro hablar con alguien en ese lugar sin sentarme allí.

-Como ustedes saben, yo vine aquí para vigilar que los deseos de Atem y los Dioses para Marik y Bakura se produzcan, pero últimamente siento que algo está mal, algo se desmorona. Esos deseos ya no son deseados, faraón y tratan de volver hacia atrás, deshacerse, tratando de hacer feliz al soñador.

-No lo entiendo, yo pedí esos deseos, me hacen feliz. ¿Por qué nos los querría? -me pregunté y les pregunté cabizbajo. Yo quiero esto, después de todo, no estaba tan mal.

-Atem, los deseos no se equivocan -desde siempre Shadi solo me ha llamado por mi nombre cuando quiere llamarme la atención-. Piénsalo, tu padre se empezó a enfermar justo después de que empezaste a tener pesadillas. Esas pesadillas dan a entender que en realidad no quieres esto, el cambio en Egipto es agradable pero estas tratando de crear un mundo como en el que estabas antes y además tratas de cambiar a las personas para que se parezcan a las que tanto extrañas.

-¡Eso no es cierto! –esa acusación era simplemente ridícula.

-¿Eso crees? Has gastado un montón de dinero para que traigan arroz de china para la visita del príncipe de Libia, ¡y a ti ni siquiera te gusta el arroz! Tratas de cambiar todo para que sea una semejanza a lo que en realidad deseas.

-¡¿Y mi padre?! ¿Acaso creen que yo deseo que muera y me deje otra vez?

-No faraón- dice temeroso, mi puzle milenario brilla en mi pecho, cosa que supongo que no es buena señal para Shadi-. Como ya le he dicho antes, la muerte reclama el alma de su padre, al verlo a usted débil comenzó a actuar... lamento decírselo faraón, pero usted mismo está matando a su padre.

El silencio se hizo inmortal, trataba de digerir las palabras de Shadi pero solo sentía ganas de vomitar. Sé que tiene razón, pero quisiera golpearlo por acusarme de tal cosa. Sé que últimamente estoy confundido y tengo más seguido esos sueños, pero si no me lo hubieran dicho, creería que lo que hago es por el pueblo y que extrañar es por la amistad que me une a esas personas que una vez conocí.

Tomé el collar que me regaló Tea para colocar mi nombre, lo único que me traje de allá; siempre me recuerda a ellos y es lo que me dice que todo eso no fue un sueño. Toco el collar milenario, lo que me mantenía unido a mi hikari, ya se me hace raro no escucharlo, seguramente en este momento el estaría apoyándome.

-¿Y yo qué tengo que ver en esto?- la voz de Marik me despertó de mis pensamientos, lo miré fijamente y luego a los otros dos, yo también quería saber la respuesta. Él los miraba aburrido con cara de desinteresado.

-Esto es bastante complicado -esta vez al parecer explicaría Dartz-, esta línea de tiempo es diferente a la que estábamos, no estamos en el pasado, esto es como una línea de tiempo paralela a la otra, por eso podemos cambiar todo sin alterar el futuro. Como ya saben, todos vinimos acá por una segunda oportunidad de vivir, lo que hiciéramos con nuestra vida era nuestra elección. Yo vine aquí para darle una segunda oportunidad a mi pueblo, ese era mi deseo, Atem deseaba poder vivir la vida que no pudo tener, y tu Marik deseabas tener un cuerpo propio como el que tenías antes de terminar encerrado en el cetro de Seth y reconocimiento. Bakura también quería un cuerpo y algo más que no se me ha dicho, pero nosotros lo encerramos por recomendación de los Dioses y como castigo.

-¿Y entonces qué? Sigo sin entender. Ya dígame en qué participo yo -exigió Marik.

-Marik, ¿enserio no logras entender? Yo creo que tu cabeza está creando la respuesta- dijo tranquilamente Dartz ganándose una mirada matadora de parte de Marik, estaba claro que no le gustaba ser acusado de lo que sea que lo estaban acusando-. ¿Tú no tienes pesadillas con la otra vida Marik? ¿No sientes que algo te falta? ¿Por qué las concubinas y esclavos desfilan hacia tu habitación todos los días, Marik? ¿Acaso intentas superar a una persona que ya no puedes tener?

Miré a Marik, respiraba profundo y exhalaba fuerte, parecía como si hubiese corrido hacia el pueblo y de regreso. Se le veía enojado.

-No sé de qué me hablas, yo no extraño nada tan desesperadamente de la otra mugrosa vida -parece que habla por hablar, creo que entiendo de lo que habla Dartz, pero me parece tan sorpresivo que me es difícil creerlo-. ¡Mírame ahora! Tengo una buena posición, tengo dinero, vivo en un palacio, como como un rey, disfruto de todos los placeres de la vida, todos me respetan y hasta puedo considerar a algunos como mis amigos... ¿qué más voy a querer?

-Ra te enseñó lo que es tener eso, pero dime, ¿enserio es lo que tu deseas? ¿No extrañas a ese niño, a tu hikari, al que le robaste su primer beso y por el que casi pasas el resto de la eternidad en el mundo de las sombras con tal de hacerlo feliz? -contraatacó Dartz, pero esta vez con una voz más fuerte.

Marik tenía los ojos abiertos del miedo, dio un paso hacia atrás y negó con la cabeza. Mostro sus dientes apretados, parecía un lobo a punto de saltar sobre su presa mientras mantenía sus brazos cruzados sobre su pecho.

-Deja de insinuar estupideces. ¡Tú no sabes nada de mí, ni de mi pasado!

-En eso te equivocas –le dijo Dartz, lo miraba con superioridad pero estaba claro que sus intenciones no eran enojarlo-. Al contrario que tú, yo no hablo por hablar. Los Dioses me lo mostraron Marik, se más sobre ti de lo que piensas.

-Mientes –afirmó dando otro paso atrás, si no lo conociera pensaría que su intención era huir.

-No lo hago, hurgué en tus pensamientos y también en tus sentimientos como los Dioses me lo pidieron. Hay alguien ahí a quien no puedes remplazar, ni con otras personas ni con todo el oro o vino del mundo.

-No es verdad… -murmuró en su defensa y dio otro paso atrás, mis dedos se apretaron contra el asiento en desesperación, necesito respuestas claras. Y entonces Marik volvió a gritar-¡Mientes!

-También tienes miedo –con eso se ganó una dura mirada, la cobardía no es digna de un guardia real-, no lo tienes a tu lado y no puedes asegurarte de que un chico tan curioso como él no conozca a otras personas y se enamore. Él es joven, podría al final suplantarte y luego, se olvidará de ti. Esa es tu peor pesadilla.

Vi lo que nunca creí que vería en mi vida, Marik cayó de rodillas rendido ante las acusaciones. Se escuchó un sollozo y luego vi dos lagrimas deslizarse por sus mejillas, estaba de cabeza gacha mirando el suelo.

Dartz parecía querer seguir las acusaciones.- ¡Ya basta! ¡Es suficiente! Creo que su punto ya quedó claro para todos en esta sala -me paré de mi trono furioso, mi rompecabezas brillando, podría jurar que tengo el ojo de Horus en mi frente, siento vibraciones por toda la sala provocada por mi magia.

Destruir de la manera en que lo hizo a un hombre con un temple tan fuerte con Marik, debe ser absolutamente vergonzoso. Quizás se lo mereciera, quizá lo hiciera con buenas intenciones pero hacer llorar a un hombre de rodillas frente a su rey, eso era ir lejos.

No traté de evitar mirar con cierto odio a Dartz, él evitó mi mirada. Lamentablemente, ya consideraba a Marik parte de mis más cercanas amistades y si algo me había enseñado mi hikari es que si por algo vale la pena luchar, esa es la amistad.

Ambos, Shadi y Dartz, se inclinan sobre su pierna izquierda en forma de respeto y con la cabeza agacha, por más fuerte que sean saben que no es bueno provocarme en pleno Egipto, yo tengo el control y no vale la pena hacérmelo perder sin abstenerse a las consecuencias.

Marik se levanta secándose las lágrimas disimuladamente, pero sus ojos estaban claramente rojos y nos miraba con odio.

Decido sentarme y la magia se disipa, no había notado que había llegado al punto de hacer temblar el suelo.

Le doy el placer a Marik de dirigirle mi mirada y se la devuelvo con el mismo odio que él a mí.

-Me mentías -le dije serio a Marik-. Cuando hablabas de tu hikari a veces parecía que lo odiabas y despreciabas. Me mentías. Lo querías más que a cualquier otra cosa y los consejos de las concubinas iban enserio porque a ti te funcionaban. Lo amabas, lo amas y no logras olvidarlo...

Esto lo sentía como una traición, todo este tiempo podría haber obtenido como solución a mis problemas el apoyo de alguien que estaba pasando por la misma situación. Pero de él, solo recibía burlas.

Aun así lo entendía, entendía por qué lo hizo, a veces la mejor manera de engañarse a uno mismo es empezar engañando a los demás.

De todas formas, esto no era más que un engaño hacia mis ojos, en este momento solo recibía el honor de ser un cobarde o al menos de actuar como uno.

-Pues sí, es cierto -Marik me mira directo a la cara-. Al contrario que tú yo estuve con Malik desde que él tenía once años, le ayudé a crecer, crecimos juntos, le ayudé a superar sus miedos y a lograr obtener lo que quería. Amaba ver una sonrisa en ese rostro, haría lo que fuera para vérsela siempre. Él sabía que lo amaba, que solo trataba de hacerlo feliz, que a veces me comportaba extraño porque tenía actitudes de una época diferente. Pero todos le hicieron creer que yo quería encarcelarlo cuando yo quería liberarlo. Me equivoqué de forma, lo admito. Pero pasé años en una cueva esperando a un faraón que parecía nunca haber existido. No era justo, el estaba triste y yo solo quería ayudarlo. Me confesé, convencimos a Odión y nos fuimos lejos en busca de libertad.

-¿Pero por qué él te dejó en el mundo de las sombras?- le pregunté.

-Mi hikari es demasiado bueno –sonrió mirando a un lado-, no lastimaría a nadie. Pensó que yo solo quería lastimar gente, se olvidó de nuestro amor para salvar al resto del mundo a pesar de que le doliese -contestó apenado Marik.

Con el tiempo me fui haciendo amigo de Marik, sabía que él no quería el poder para sí, que solo quería ser libre y no lo juzgaba, después de vivir años como lo hizo, no podía esperar otra cosa. Pero nunca había llegado a pensar que lo que lo hacía actuar así era el amor por su hikari y es más, apostaría que Ishizu lo sabía y por eso deseaba más que nada separarlos. Seguramente creía que Marik confesaba un amor de mentira para engañar a Malik.

-No voy a juzgarte Marik -le contesté, el relajó su mirada-. Entiendo tus motivos para actuar así y no puedo juzgarte por enamorarte de tu hikari, Malik es una persona maravillosa -le ofrecí una sonrisa que me correspondió.

-Gracias por entender, faraón -dijo sarcásticamente haciendo una de sus exageradas reverencias, luego me dirigió una mirada de odio por breves segundos. Habían sido muchas confesiones para tan poco rato, no volveríamos a hablarnos así y esta conversación seria llevada a lo más profundo de nuestras tumbas.

Seguramente ambos estamos pensando en que nos comportábamos como niñas.

Me reí de solo pensarlo

-¿Y Bakura? Mejor dicho Akefia, como solemos llamarle ahora, ¿me van a decir que también está enamorado de su hikari?-pregunté con una sonrisa de lado.

Eso sería demasiado extraño, o sea vamos… no creo que su corazón sepa si quiera lo que es el respeto, menos sabrá lo que es el amor. ¿Verdad?

-No lo sé, pero sí sé qué extraña la otra vida y creo que es bastante normal ya que ha vivido encerrado desde hace un año. Akefia conoció a Ryou cuando este también era un niño, en uno de los viajes de su padre a Egipto. Se peleaban siempre. Ryou era muy tímido y él lastimó a muchas personas, por este motivo cambiaba de escuela constantemente y tenía graves cambios de autoestima. Cuando Ryou creció Akefia vio el momento de actuar al fin, su hikari ya no era tan pequeño y su cuerpo resistía más la magia. Lo utilizó como marioneta, no sé si sentía o no algo por él, amistad al menos, pero vivieron muchos años ellos dos solos, pudo haber pasado muchas cosas -dijo esta vez Shadi-. Pero más que nada lo suyo viene del deseo de libertad, no está feliz nunca. Ra quiere perdonarlo y nosotros no se lo estamos permitiendo.

-¿Y qué quieres que hagamos? ¿Que lo liberemos? Seguramente el pueblo estará contentísimo de verlo vagando por las calles -le respondí, estas historias no nos llevan a ningún lado.

Solo quiero detener estos deseos, parar las pesadillas, curar a mi padre y darle una mejor vida al pueblo.

-Lo que haremos con él se verá después de que arreglemos que haremos con ustedes -respondió Shadi. Marik y yo cruzamos miradas, creo que ni él ni yo entendíamos que hacer a continuación-. Esta noche cuando lo vayan a ver iremos con ustedes y contaremos lo que falta.

-¿Falta aún más?- dijo sarcásticamente Marik-. Me lo imaginé, estas cosas de hechicería y Dioses… nunca son fáciles... deberían comenzar a ser más claros al menos.

-Sí, falta -respondió Shadi, ignorando totalmente la mala broma de Marik-. Ahora es mejor que vayamos por la cena, deben estar esperando por nosotros. Hablaremos de esto cuando Ra se ponga.

-Está bien- dije mientras me ponía de pie y salí de la sala luego de abrir las macizas puertas con magia.

Sería una larga noche.

 

Notas finales:

Bueno este cap es más serio, pero ¿les gustó la confeción de Marik?

Gracias por leer!!

Nos vemos en el próximo capítulo!!


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