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¿Ni aunque...? por Princesa de los Saiyajin

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Notas del fanfic:

Quizás no tenga concordancia con la realidad, o que hayan cosas que de verdad son imposibles de suceder.

Los personajes le pertenecen a Akira Toriyama.

 

VEGEKAKA

¿NI AUNQUE…?

 

 

1

Odio

 

 

Ahí estaba, hablando plácidamente con Broly, ambos recargados en los casilleros, riéndose de quién sabe qué cosa.

     Era un sin vergüenza: estaba tan cerca de él, sus pechos estaban distanciados tan sólo medio metro. Se veían a los ojos mientras conversaban, sus risas eran constantes, esa plática era demasiado amena.

     Al parecer no le importaba en lo más mínimo ser más bajito que aquel pelinegro, a pesar de tener que verlo hacia arriba se veía tan a gusto.

     Ese ceño fruncido, esa cabellera en forma de flama, esos ojos negros, esa sonrisa de medio lado algo altanera y orgullosa, su piel color crema, su cuerpo trabajado por horas de entrenamiento… todas esas características que a muchas y muchos les parecía irresistibles, pero que en realidad sólo lo hacían un engreído.

     Sí, eso era: un presumido más. Un arrogante y pretencioso llamado Vegeta Saiyan.

     ¡Cómo lo detestaba!

     Él se había esforzado tanto, buscando destacar en todos los deportes, ser el mejor limpiamente, ganando cada uno de los torneos justamente para poder ganarse el título de “El Mejor”.

     ¿Y qué es lo que gana? ¿Que llegue ese imbécil para superarlo en todo?

     ¿Fútbol? Era el capitán, pero con su llegada tuvo que conformarse a ser co-capitán y compartir el liderazgo con ese cabeza de cerillo mal prendido.

     ¿Baloncesto? Su estatura le favorecía para encestar, las porristas siempre aclamaban su nombre por marcar la mayoría de los puntos que obtenía su equipo; pero ese enano se podía escabullir entre los demás jugadores para adelantarse y poder meter el balón en aquel aro.

     ¿Béisbol? Bateaba como todo un profesional, pero al parecer la velocidad de ese insecto favorecía para que marcara carreras.

     ¿Voleibol? ¿Handball? ¿Atletismo? En todos esos deportes y más sus méritos fueron frustrados.

     —Kakarotto.

     ¿Y qué hay de su título de galán? Al parecer ese bueno para nada era considerado como uno de los más apuestos de toda la escuela.

     —Kakarotto.

     Todos sus esfuerzos ahora parecían en vano. Sólo llegó para arruinar su éxito.

     —Kakarotto.

     ¿Y qué más daba ahora? Aunque se esforzara mucho él lo superaba sin el más mínimo esfuerzo.

     —Kakarotto.

     En serio odiaba demasiado a ese sujeto con cabeza de pincel.

     —Kakarotto.

     Y ni mencionar su cara de…

     —¡¡¡Kakarotto!!!—gritó exasperado su hermano mayor.

     —¡Ay! —gritó al escuchar semejante alarido muy cerca de su oído—. ¿Cuál es tu problema, Rad?

     —Llevo cinco minutos hablándote… ¿A quién mirabas?— preguntó y dirigió su vista hacia donde hace tan sólo unos instantes su hermano menor veía con insistencia y con el ceño fruncido—. No me digas que te gusta Vegeta—dijo con un tono insinuador. El menor hizo una mueca de asco.

     —¡Por supuesto que no! Es detestable ese idiota—respondió molesto. Dirigió su mirada hacia otro lado.

     —Bien. Aunque es preferible, porque dicen que Broly le pedirá que sea su novio, así que no te hagas ilusiones con ninguno de los dos—dijo tranquilamente. El rostro del menor se ensombreció, el mayor notó eso—. ¿Acaso Broly… te gustaba?

     El menor volteó a ver a los dos pelinegros que seguían charlando. Ahora comprendía todo: esa conversación probablemente era para que el más alto le pudiera pedir a ese cabeza de pájaro loco que sea su novio. Frunció su ceño con gran enojo. Esto era la gota que derramó el vaso.

     —Maldita sea, ¡cómo detesto a ese idiota! —dijo ese pelinegro exaltado.

     —Vamos, tampoco es para tanto…—le restaba interés a sus comentarios. Después de todo, ¿qué más daba? Debía admitir que ese idiota que tenía por hermano era alguien que podría tener a quien quisiera con sólo dedicarle una mirada… y que además era muy enamoradizo y en una semana probablemente ya estaría pensando en alguien más.

     —En verdad lo odio. No entiendo cómo alguien podría fijarse en él.

     —Ajá… A ver, dime, ¿y si fuera el último muchacho en la escuela?

     —Jamás me fijaría en él ni aunque fuera la única persona en este planeta. Es más, si ambos nos quedáramos solos en una isla desierta, yo me iría al otro lado con tal de no verlo. Lo odio…

 


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