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ONE SHOT por Artemisa El Britannia

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Notas del fanfic:

Si quieren continuación deben dejar comentarios. 

Notas del capitulo:

Espero que disfriten de leerlo como yo al escribirlo. 

One Shot.

 

-          Se puede saber ¿qué haces ahí abajo? – preguntó un castaño de ojos azules a una niña de cabello rubio y de ojos igual de azul que los del castaño más alto, se encontraba escondida debajo de una mesa de la enorme cocina.

-          Estoy esperando a que llegue Lya, hizo panques y los dejara sobre la mesa en cualquier momento, solo de esa manera podré llevarme un par a mi habitación sin que Pa se entere – A veces le sorprendía la capacidad de razonamiento, análisis y estrategia que tenía su hija, a pesar de sus 8 años ya había calculado el tiempo que debía de esperar y como lograr su objetivo, comer dulces antes de la cena sin que su Pa se enterara.

-          ¿Y me lo dices como si nada? – se sentía ofendido de que su hija creyera que él era más permisivo y que su Pa era el malo.

-          Son de moras azules, el segundo que robare es para ti – sonrió la niña como dando a entender que ahora él era cómplice de ella y se llevaría parte del botín con tal de que no dijera nada.

-          ¿Y qué te hace pensar que te ayudare? – la niña tomó la mano de su padre y lo escondió junto a ella y le hizo la señal de silencio, decidió acatar las órdenes de su hija porque se le hacía divertido robar los panques de la cocinera y aparte salir corriendo, tomando en cuenta que esa era su casa y si él lo ordenaba que le dieran los panques necesarios para que su hija nadara en ellos se haría a la brevedad posible, pero la idea de jugar a los ladrones con su pequeña era más divertida.

Se dio cuenta que la cocinera se detuvo justo a la altura de donde él estaba escondido y se dio cuenta de que sus piernas no había entrado del todo debajo de la mesa, pero sabía que su empleada no tendría el valor de asomarse debajo de la mesa para ver que buscaba su jefe, no sin sufrir un colapso nervioso por los fríos ojos azules que tenía su jefe, así que sólo fingió demencia y se retiró de la cocina esperando poder borrar la imagen de su cabeza para evitar reírse cada que viera a su jefe.

Al ver que la cocinera salía la niña volvió a respirar y salió corriendo y tomó los dos panques de moras azules y los escondió en una bolsa que tenía previamente preparada para el robo, así tomó de nuevo a su padre de la mano y ambos salieron corriendo de la manera silenciosa de la cocina y llegaron al cuarto de la pequeña cerrando tras de ellos la puerta, el castaño vio a su hija a los ojos y ambos se rieron como tontos por la travesura que habían hecho y por más ridículo que pareciera había sentido más adrenalina en ese momento que con cualquier duelo de monstruos.

-          ¡Lo logramos papá! – la niña sonrió de alegría y saco los panques de su bolsa y repartió el botín y ella se comió su parte con tanta felicidad que el castaño sólo podía sentirse feliz de haber participado.

-          Vaya de verdad estaban delicioso – sonrió y ambos estaban sentados detrás de la cama comiendo su porción, al terminar escucharon la puerta y ambos se espantaron y empezaron a limpiar poco a poco.

-          Musa ¿estás aquí dentro? – un hombre de cabello rubio hasta los hombros con ojos color miel y vestido con una playera blanca y pantalones de mezclilla entró a la habitación de su hija y la vio sobre la cama al parecer jugando con sus muñecos, pero algo era sospechoso no lo veía normal, ambos parecían que no estaban respirando y que sostenían los muñecos con demasiada fuerza al punto de casi asesinar a los peluches.

-          ¡Hola Pa! – sonrió la niña mostrando sus dientes y lengua de color azul delatándose completamente sola, a lo que el castaño suspiro, lo iba a matar su esposo por ayudar a su hija a comer dulces antes de comer.

-          Joey, no te esperaba tan temprano – tambien sonrió mostrándose cómplice de las circunstancias y esperando que su cachorro entendiera la indirecta de que no regañara a la pequeña.

-          Yo tampoco esperaba… verlos juntos – el castaño entendió a qué se refería y sonrió aliviado de que por esta ocasión su esposo le siguiera la corriente y no arruinara la fechoría que había llenado de felicidad a su pequeña hija – vamos a cenar, ya llegó Mokuba y su nueva novia, al parecer quiere que Musa le haga la prueba – el rubio sonrió tratando de aguantar la risa, porque no se imaginaba a su esposo comiendo cosas dulces y fingiendo que no lo había hecho imitando las malas mañas de su inteligente hija.

-          ¡Yeeey otra víctima! – la pequeña sonrió y corrió hacia la sala donde sabía que su tío la esperaba para que le diera el visto bueno a su novia.

-          Así que panque de moras azules – dijo el rubio cuando por fin pudo reírse de lo que había visto.

-          Me vi envuelto en está fechoría de la manera más ridícula, aún no sé cómo veré a Lya después de que me descubrió escondido debajo de la mesa, la risa de rubio se hizo más estridente imaginándose a su “poderoso marido” escondido debajo de una mesa listo para robar comida en su propia casa por orden de su hija.

-          A este paso aceptaras hasta que llegue con tatuajes a los 14 años – el castaño se sintió culpable por fomentar la vida delictiva de su única hija – anda vamos a cenar, muero de hambre.

 

La cena pasó sin mayor problema, hasta que la nueva novia de Mokuba salió de la casa molesta por que la sobrina de su novio era toda una pesadilla en todo sentido de la palabra y al final el atractivo pelinegro le había dicho que si no le parecía como era la rubia menor podía pasarse a retirar y cerrar la puerta por fuera.

 

Al caer la noche el rubio se estaba lavando los dientes y sintió los brazos bien trabajados de su esposo rodeando su cintura y al momento de pegar sus cuerpos, el otro se dio cuenta de que posiblemente hoy no dormiría sus 8 horas de rigor, así que empezó a mover su trasero sobre el mimbro de su esposo mientras seguía lavándose los dientes y su esposo empezó a mover sus caderas como si diera embestidas sobre la ropa causando que ambos empezaran a gemir bajito, el castaño empezó a desvestir a su esposo dejándolo completamente desnudo, al ver sus firmes nalgas al aire, lo recargo completamente en el lavadero subió una de sus piernas al mueble y recargo su peso sobre el estómago por si acaso le llegaba a fallar el equilibrio no acabar en el piso.

 

Bajo sus pantalones y saco su miembro totalmente duro y listo para penetrar a su esposo, abrió con sus manos ambas montañas claras que amaba besar y morder, viendo cómo ese agujero con sabor a cielo parecía llamarlo con ese movimiento que solo indicaba que su cachorro iba a succionarlo hasta que lo dejara sin caminar una semana, de una sola embestida lo metió, a pesar de que casi a diario lo hacía el agujero seguía igual de apretado y su cachorro se quejaba como si fuera su primera vez, así que espero a que le pidiera más y sintió el movimiento de cadera de su esposo así que empezó a embestirlo de manera profunda a una velocidad considerable, Joey se le empezaban a nublar los ojos ya que su esposo estaba dando de lleno en su punto G y su miembro era masturbado por su propio vientre con ayuda del lavabo que al estar frio y el caliente causaba pequeñas descargas eléctricas de sensaciones.

El castaño empezó a embestirlo de manera más rápida y profunda, amaba ver el rosto de su cachorro perdido en el placer y ese espejo le daba la mejor vista de todas y su esposo parecía perdido en alguna parte del nirvana, ya que sus ojos estaban perdidos, sus manos se habían agarrado de la llave del agua tratando de soportar las sensaciones, su boca gemía sin control y su piel blanca como la leche estaba roja por el calor que su cuerpo producía por la fricción entre ambos.

 

Estaban acostados ambos sobre la cama y el castaño estaba besando a su rubio cachorro mientras estaba penetrándolo nuevamente, bajo a sus pezones y empezó a morderlos causando que el rubio se volviera a correr entre ambos, pero su esposo parecía insaciable por que seguía con las embestidas ya que aún no llegaba al orgasmo y Joey ya no podía, su miembro le ardía de tanto que había expulsado, sus pezones estaban rojos, su boca le dolía porque había estado succionando el miembro de su marido, pero ni así había bajado su libido, al cabo de otros 5 minutos por fin el castaño había logrado llegar al orgasmo dentro de su cachorro, se sentía en el cielo volando con un montón de cachorros rubios listos para ser penetrados hasta el cansancio.

 

-          Seto… literalmente, me matas – el castaño se rio al ver como su rubio caía rendido por el sueño de inmediato al haber llegado al clímax.

-          Perdóname cachorro… es que no me canso de ti.

 

 

Fin.

Notas finales:

Dicen que nadie muere por dejar un RW. 


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