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Leyenda del Multiverso (LawZoLaw) por C C

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Notas del capitulo: ola nuevamente. Para los que siguen mi historia "La mirada de un vampiro" no me odien por no actualizar, pero en verdad tenía ésta rondando en la cabeza y quise escribirla antes de perder la inspiración.
Esta historia no será larga, tal vez dos capítulos más y listo. Es algo del momento y corto. Espero que les guste! A mi particularmente la temática me encantó y bueno, trataré de desarrollarla lo más entendible posible. Hasta la próxima.
Trafalgar Law, es un joven príncipe del Reino Francés. Dicho reino está gobernado por el rey Donquixote Doflamingo. Un hombre rubio y alto, de cuerpo fornido y una personalidad retorcida.
La historia comienza hace 20 años. Law era un chiquillo de apenas 6 años quien fue recogido por la familia real. En esos momentos el pequeño azabache vivía en la calle habiendo perdido absolutamente todo, desde su familia hasta su hogar, todo por culpa de deudas causadas por su padre. Desde ese momento lo perdió todo. Vagaba en las calles del reino cuando en uno de los rincones se encontró con un joven rubio de una gran sonrisa. Aquella persona fue muy amable con él, le preguntó sobre su vida y escuchó atentamente toda su historia. Pasaron algunas semanas donde el joven lo visitaba todos los días y le llevaba comida, ropa y dinero para que pueda sobrevivir.
Era una tarde soleada y aquella persona lo invitó a ser parte de su familia. Con dudas, negaciones y súplicas por parte del mayor terminó aceptando sin saber que se convertiría en el príncipe del reino.

En esos momentos el Rey Frances era Donquixote Homming, padre de Donquixote Doflamingo y el rubio alegre, Donquixote Rosinante.
El príncipe Doflamingo y el Rey no entendían al príncipe Rosinante, es decir el por qué acoger a aquel chiquillo. Ninguno se negó aunque la acción los sorprendió. Con el tiempo aceptaron a Law y lo quisieron como su propio hijo. El azabache había recuperado algo de la felicidad que le fue arrebatada tiempo atrás. Adoraba a los hermanos rubios, y el Rey lo consentía siempre. Aunque su persona favorita en aquella familia era el idiota de Rosinante, porque sí, aquel rubio era un grandísimo idiota.

Cuando Law cumplió los 14 años el Rey falleció por causas naturales, aunque era joven tenía una enfermedad en el corazón y no pudo resistir. La Corona le perteneció al príncipe Rosinante al ser el mayor de los dos hermanos. Law estaba orgulloso de él, era un gran Rey, noble, inteligente y sobretodo solidario.
Lo que el azabache no se dio cuenta es que entre las sombras se avecinaba algo.

Doflamingo había cambiado, ya no pasaba tiempo con él y con el Rey, siempre decía que tenía cosas que hacer y desaparecía del lugar. Al principio extrañaba pasar tiempo con el rubio pero se fue acostumbrado a su ausencia. Por otro lado Rosinante cumplía su labor como Rey y tampoco podía pasar mucho tiempo con el azabache así que Law comenzó a encerrarse aún más en sí mismo y decidió investigar el estudio, la biblioteca y todo lo que tenga que ver con el palacio y su historia.
Uno de los libros que encontró era una especia de diario, al parecer de uno de los primeros reyes. Aquellas hojas hablaban sobre una leyenda.
Hablando sobre aquel tema con Rosinante el rubio le explico de lo que se trataba.

-Segun los reyes anteriores existe una leyenda la cual dice que hay un objeto en la familia real que sirve para abrir un portal hacia un universo paralelo. Pero no cualquiera puede hacerlo, solo la persona que tiene un motivo expecifico en la vida podrá abrirlo. Hasta el momento nadie pudo desde hace muchos años, según dicen hubo un rey que en su momento logró atravesar aquel portal. Desde hace mucho ya no se cree esa leyenda pero aún así se sigue pasando de generación en generación.

-Es interesante, hay una teoría la cual dice que existen los multiversos, es posible que sea verdad. La familia real suele tener mucho poder, tal vez posean aquel privilegio.

-Quien sabe... en fin como veo que estas muy interesado en el tema y crees en él quiero darte ese objeto. Toma, Law. Me gustaría que puedas ver aquel privilegio.

El azabache sin decir nada, sorprendido por aquellas palabras tomo el pequeño objeto que el rubio le daba. Era un anillo, a simple vista era algo común pero al mirarlo bien podías ver algo grabado en él. Law apostaría que es una frase en algún idioma que no entiende.

-¿Seguro? Yo no pertenezco a la familia Real, no me corresponde la herencia de este objeto.

-Por supuesto que perteneces a esta familia, desde que llegaste supimos que el día de mañana te convertirías en rey. Doflamingo y yo no tendremos hijos, tu eres lo más cercano a un hijo.

Law no pudo decir nada, aquellas palabras lo dejaron mudo. La verdad no esperaba que los rubios lo vieran como un hijo y creyeran en él como un futuro rey.
Un impulso hizo que se acercara hacia Rosinante y lo abrazara, susurrando un "gracias". Ese anillo iba a ser su tesoro más preciado.

Tiempo después todo se derrumbó otra vez en la vida de Law a sus 17 años. Rosinante estaba muerto.

¿Cómo pasó? Simple, Doflamingo.

Law estaba paseando por el jardín del palacio, siempre salía a caminar y despejarse un poco de sus estudios. Al azabache le gustaba leer y conocer sobre todo. Leía sobre historia, medicina, matemáticas, física, química, literatura. Era una enciclopedia. Entonces luego de una día de lectura y estudios en la biblioteca del palacio solía caminar y tomar aire fresco.
Esa noche tuvo un pequeño escalofrío recorriendo por su cuerpo. Sentia que algo no iba bien.
Fue acercándose al pequeño bosque que había dentro del terreno. Unas voces lo sorprendieron, no pudo distinguir quienes eran hasta que se acercó un poco más y los vio.

Era el Rey con el príncipe.

Estaban discutiendo, por eso decidió no interrumpir. Solo se quedó a un lado escuchando un poco sobre lo que podían estar debatiendo. Era raro que peleen y sobretodo en el medio de la nada.
No pudo entender mucho los motivos, solo que al parecer a Doflamingo no le gustaba la forma de reinar que tenía Rosinante. Decía que estaban perdiendo ganancias y si seguían así corrían riesgo de perder la fortuna de la familia real. Eso no podría ser posible, Rosinante sabia lo que hacía aparte de que todo tenía un límite.
Doflamingo quería más, eso era lo que estaba sucediendo. Se había convertido en un ambicioso y egoísta. Tanto que llegó a asesinar a su propio hermano en ese mismo momento delante de Law.
El azabache estaba en shock. Luego del disparo vio caer el cuerpo del rey, mientras que Doflamingo se daba la vuelta y se iba del lugar. Reacciono unos minutos después acercándose al rey que sangraba donde fue el impacto de la bala, en el pecho. Todavía podía salvarse, eso era lo que pensaba Law. Rosinante estaba respirando, débil pero lo hacía.

-Por favor, no. Rosinante no me dejes- susurraba mientras se le caían algunas lágrimas.

-Law... tranquilo hijo.

-Te pondrás bien. Solo iré por ayuda.

-No... no hay nada... que hacer. Solo... déjame decirte... algo.

-No hables, no es bueno. Ire por ayuda.

-Espe...ra. Law... sé feliz... por favor no... hagas una... locura.

-¿Cómo puedes decirme esto?

-El rencor... es malo... no malgastes... tu tiempo... te quiero hijo mío...

-Rosinante. Oye, Rosinante.

Pero el pelinegro no obtuvo respuesta.

-Maldito seas Doflamingo.

La noticia de la muerte del rey llegó a todo el reino, según los informes no pudieron encontrar a ningún sospechoso. Law decidió hacerle caso a Rosinante y no delató al príncipe.

El tiempo pasó, el reino era gobernado por Doflamingo. Law no le dirigía la palabra, lo odiaba por lo que hizo. Mato a su hermano por el puesto de rey y lo logró. Doflamingo había dado vuelta el reino, todo lo bueno que hizo Rosinante se desmoronó enseguida.

*****

Era de noche y el joven príncipe de 26 años paseaba como siempre por el jardín del palacio. Había algo que le estaba rondando por la cabeza, el supuesto portal de la leyenda. ¿Dónde estaría?
Camino por todo el palacio durante el tiempo que vivió allí y jamás se abrió nada. Desde que Rosinante le regaló el anillo lo usaba siempre. No sabe por qué, pero ruega que el portal se abra para él.

Esa noche decidió meterse más adentro de los bosques del palacio. Un lugar donde nunca había estado, tal vez no creyó que pueda estar allí por eso no había ido. Pero allí estaba, adentrándose en aquel lugar, en lo más profundo. Por el momento no había nada fuera de lo normal, árboles, plantas, tierra, piedras. Él seguía por un camino de tierra que lo llevaba dentro del bosque. Miraba a su alrededor, solo la luna alumbraba un poco el lugar, completamente obscuro. Agarró su celular y marcaba las 21:17, pero lo que le extraño fue que no tenía señal, era raro ya que el bosque no se alejaba tanto del palacio. Sentia una pequeña corriente eléctrica en el dedo anular derecho, donde llevaba el anillo. Sin darle importancia siguió caminando por aquel sendero hasta que escuchó una suave melodía. ¿De dónde rayos provenía? Se supone que estaba solo, nadie vive allí. Dejó de caminar y a unos dos metros suyo estaba apareciendo una luz color celeste. Lentamente se iba agrandando en forma ovalada. Bajó un poco la vista y vio cómo a través del grabado del anillo se iluminaba del mismo color que aquella luz.
Eso era raro, pero no imposible. Había una leyenda, él la conocía y se supone que tiene la llave. Había abierto el portal.
Si, definitivamente estaba asombrado pero no dudó en cruzarlo, quería saber que había del otro lado, solo debería ser cauteloso, investigaría el lugar y se iría de nuevo a su palacio. Nada podía salir mal.

*****

No podía tener tanta mala suerte. Él solo quería investigar ¿Cómo terminó así?


Una vez cruzó el portal le sorprendió el lugar donde había aparecido. No cambiaba mucho a decir verdad, también era una especia de bosque pero su palacio no estaba, en su lugar había una especia de edificio. Cuando se acercó allí pudo leer en un cartel "Museo de Francia".

-¿Francia?

Era parecido pero no era igual. Tenía que saber más.
Decidió caminar por la zona, encontrándose con estructuras bastante altas, de vidrio, era muy ostentoso para su gusto. La gente vestía diferente, las mujeres en su mundo no iban mostrándose por la calle.
Y tal vez por ese motivo es que se sentía tan observado. Su vestimenta era completamente rara al lado de los demás. Lo veían como un loco o vaya a saber qué pensaban. Llevaba un pantalón y zapatos negros. Su saco también negro era largo, casi hasta las rodillas y tenía detalles bordados en dorado con forma de tribales. Una camisa blanca y un pañuelo del mismo color.
Tal vez sus tatuajes en las manos no combinaban con su elegancia en la vestimenta y al caminar. No lo parecía a simple vista pero Law al criarse gran parte de su vida en el reino sus costumbres cambiaron para convertirse en educación, elegancia y todo lo que conlleva pertenecer a la familia real.
No iba a mentir, se sentía incómodo, al parecer ese portal lo llevo a su mismo país pero en una época diferente o un mundo, todavía no podía comprender bien que era.
Caminaba por la ciudad y escuchó un "alto" a sus espaldas. Por inercia se volteó encontrándose a un joven de cabellos verdes vestido de azul. Sus ojos se encontraron por unos segundos y si cupido existe el pelinegro jura haber sentido una flecha. Ese joven a su vista era perfecto, no tenía explicación. Quedo sin palabras por unos segundos admirandolo hasta que notó que llevaba un uniforme pero ¿De qué? Lo inspeccionó por unos segundos viendo un arma. Al parecer era guardián.

-¿Me habla a mi?- preguntó un poco confundido el pelinegro.

-¿A quién más sino? ¿Que hace por estos lados vestido así?

-Eem, vengo de paseo ¿Hice algo malo?

-Esta llamando demasiado la atención y jamás lo vi por mi zona.

-Es que no soy de aquí. Lo siento ya me voy.- el pelinegro iba a darse la vuelta para ya irse pero la voz lo detuvo nuevamente.

-Muestreme una identificación y podrá irse.

Oh cielos. No traía con él algo así. Era el príncipe, no necesitaba identificarse con nadie, era absurdo.

-Eh, no tengo algo como eso.

-¿Tu nombre?

-No puedo decirte.

-¿Se está negando a identificarse ante un policía?

¿Policía?

-¿Usted es policía?

-Va a tener que acompañarme.

Y demonios. Así terminó en una silla frente al joven peliverde.

No podía explicarle quién era o de dónde venía. Lo iba a mirar más raro aún. Pero no tenía opción y paso lo que se imaginaba. Al contarle que venía de otro mundo donde él era el príncipe por supuesto que no le creyó. Le pidió su nombre nuevamente y sus huellas digitales. Cuando al final decidió decirle como se llamaba el joven lo buscó por la computadora.

-No es posible. Dígame su nombre real.

-Es ese. Me llamo Trafalgar Law.

El peliverde no dijo nada. Solo llevó al supuesto príncipe a una pequeña celda que había dentro de la oficina.

-Te quedarás aquí hasta ver que dicen tus huellas.

-No encontrará nada. No existo en este mundo ya se lo dije.

-Eso lo veremos.

-¿Tendrá un libro de historia?

-No estás de paseo.

Y el peliverde se fue dejándolo solo en un lugar chico con una pequeña cama donde decidió recostarse.

*****

-¿Alguien sabe dónde está el joven príncipe?- Preguntó una de las mujeres del palacio.

-No, hace unas horas que no se lo ve. Salió a caminar como todas las noches pero no ha vuelto.- le respondió un joven pelinegro.

-¿Kid no sabe dónde está? Él es quien siempre lo acompaña.- volvió a preguntar la joven de pelo naranja.

-Ya hablé con él y, como jefe de la guardia real nos encargó buscarlo por los alrededores, acabo de volver sin un rastro.

-Ace ¿Crees que le pasó algo?

-No Nami, el príncipe estará bien.

En el reino ya eran pasada la medianoche y el príncipe no había vuelto al palacio. Luego de su paseo nocturno vuelve a darse una ducha y ya se prepara para dormir pero esta vez no hizo acto de presencia. Todos lo estaban buscando, era extraño que haya desaparecido así ya que el palacio tiene solo una salida y por ahí no pasó nadie.
Kid, el jefe de la guardia real y mejor amigo del príncipe estaba desesperado, Law jamás desaparecería sin decirle nada y nunca tiene su celular apagado o sin señal.

*****

Mientras tanto en Francia el joven príncipe no tenía otra opción que esperar a que decidan largarlo. Su celular no funcionaba, no tenía como comunicarse con nadie.
Escuchó murmullos del otro lado pero no le prestó atención, él seguía acostado en aquella cama boca arriba admirando el hermoso techo blanco del lugar.

-¡Le digo que no es posible! ¡Yo mismo lo enterre!- decía una y otra vez un hombre acompañado de otro.

-Entiendo lo que dice, pero este joven dice llamarse así. Al no tener identificación y el resultado de las huellas digitales no nos quedó más opción que llamarlos a ustedes.

-¿Donde está ese idiota que se hace pasar por mi hijo? Le voy a partir la cara.- pregunto el otro hombre.

-Acompañenme. Necesito que igualmente lo identifiquen.

Los dos rubios siguieron al policía hasta la celda donde se encontraba el joven pelinegro.
El policía se detuvo golpeando los barrotes para hacerse notar pero el supuesto príncipe no le hacía caso.

-Oye maldito. Te estoy llamando.

-¿Qué quieres?

-No le hables así a un policía. Ahora quiero que vengas aquí.

Soltando un suspiro el joven se levantó refregandose un poco la cara, estaba cansado.
Los rubios no lo querían mirar, estaban tan enojados que si veían al chico lo iban a golpear.

Law llegó donde estaban y se sorprendió al verlos allí. Eran ellos, eran Rosinante y Doflamingo.

Los rubios voltearon la mirada y se encontraron con aquel rostro, maduro pero exactamente igual a como lo recordaban.

-Hijo...- Susurraron ambos.

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